Filosofía en español 
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Necesidad y casualidad

Necesidad y casualidad

El materialismo dialéctico entiende por necesidad las leyes objetivas por las que se rige la Naturaleza, es decir, un desarrollo de los fenómenos que inevitablemente surge de otros fenómenos que los anteceden y de todo el curso interno del desarrollo de los sucesos. La filosofía idealista niega por completo la existencia de la necesidad, en la Naturaleza, o la deduce de fuerzas inmateriales, de disposiciones divinas, de las ideas. El materialismo dialéctico afirma el carácter objetivo de la necesidad, su sujeción a leyes, sin negar, al mismo tiempo, la existencia de la casualidad. La casualidad también existe objetivamente, pero no se deriva necesariamente del desarrollo, sujeto a leyes, de algún fenómeno, aunque tenga también su causa. Así, de la semilla brota necesariamente la planta si la semilla cae en condiciones favorables. Pero también es posible que la planta no madure, si, por ejemplo, el granizo destruye su brote. En relación al brote de la planta, el granizo viene e ser una casualidad que, de no producirse, habría dejado madurar la planta. La casualidad es aquello que puede ser y no ser. La metafísica considera la casualidad y la necesidad como dos conceptos que se excluyen mutuamente: para ella, los fenómenos sólo son casuales o necesarios. Los mecanicistas niegan del todo la existencia de la casualidad. El materialismo dialéctico afirma que la necesidad y la casualidad están mutuamente relacionadas, que la casualidad sólo es el complemento y la forma de manifestación de la necesidad. En el proceso de la evolución pasan una a la otra. Así, las diferencias orgánicas inadvertidas y casuales que se operan en los individuos de diversas especies, pueden acentuarse al extremo de llegar a producir el cambio de la propia especie. Los cambios casuales se convierten, entonces, en necesarios. También en la Sociedad existen necesidad y casualidad. “...Donde en la superficie de las cosas parece reinar la casualidad, ésta se halla siempre gobernada por leyes internas ocultas, y de lo que se trata es de descubrir estas leyes” (Engels). Por ejemplo, en el mercado capitalista, los precios de las mercancías oscilan en razón de una serie de causas casuales. Pero en medio de las oscilaciones casuales de los precios la ley del valor del trabajo manifiesta su acción como una necesidad. Así, pues, “lo casual representa la forma detrás de la cual se oculta la necesidad” (Engels).

Diccionario filosófico marxista · 1946:230

Necesidad y casualidad

Categorías filosóficas de gran importancia para la comprensión del carácter de los procesos que se operan en el mundo objetivo. La filosofía premarxista había planteado ya la cuestión de saber qué es lo que reina en la naturaleza y en la sociedad: la necesidad o la casualidad. Pero ni la filosofía idealista ni la metafísica se hallaban en condiciones de zanjar este problema. Ciertas escuelas filosóficas pretendían que los fenómenos de la naturaleza son necesarios, negaban absolutamente la contingencia e identificaban la necesidad con el fatalismo (ver). Otras proclamaban el carácter puramente fortuito de todo lo que se produce en la naturaleza y en la sociedad, y negaban la necesidad. Aun cuando reconocieran la necesidad, las escuelas idealistas la hacían derivar de fuerzas inmateriales, de la voluntad divina, de la “idea absoluta”, &c. Sólo el materialismo dialéctico ha podido resolver científicamente este problema.

Según el materialismo dialéctico, en la naturaleza y en la sociedad reina la necesidad y no la casualidad. Por ejemplo, la sucesión del día y de la noche, la rotación de la Tierra y otros planetas alrededor del Sol, la evolución de las especies orgánicas, en una palabra, todos los fenómenos esenciales del mundo objetivo son necesarios, es decir, determinados por leyes objetivas de la naturaleza, de la evolución. Pasa lo mismo en la historia de la sociedad: la sucesión de las formaciones sociales, el cambio del carácter de la superestructura con el cambio de la base económica, la lucha de clases y las revoluciones en una sociedad antagónica, todo eso es necesario y no accidental.

Por necesidad, el materialismo dialéctico entiende todo lo que tiene su causa en la esencia misma de los fenómenos y procesos, lo que deriva de las conexiones internas de las cosas, de sus relaciones, y no puede ser diferente en sus rasgos esenciales. El materialismo dialéctico admite el carácter objetivo de la necesidad, es decir, la existencia de la necesidad en la naturaleza y en la sociedad, al margen e independientemente de la conciencia y de la voluntad humanas.

Por otra parte, el materialismo dialéctico no niega la casualidad, por la que entiende lo que tiene su causa no en sí, sino en otra cosa, lo que deriva no de las conexiones internas y las relaciones de los objetos, sino de causas accesorias que pueden producirse de tal o cual manera, lo que puede ser o no ser. Así, una semilla da nacimiento necesariamente a una planta si se encuentra en condiciones favorables. Pero esta planta puede no madurar, la helada puede aniquilar a los tiernos brotes. Con relación al crecimiento de la planta, la helada es un hecho accidental: si no hubiera atacado a la planta, ésta hubiera podido madurar. La casualidad tiene también así, un carácter objetivo. Negarlo, explicar la casualidad por la ignorancia de las causas como lo hacen los mecanicistas, es cometer un grave error.

Los metafísicos consideran la casualidad y la necesidad como dos nociones que se excluyen mutuamente. El materialismo dialéctico sostiene que la necesidad y la contingencia se encadenan, que lo fortuito no es más que una manifestación y un complemento de la necesidad. Las contingencias disimulan siempre una necesidad que determina el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, y que la ciencia está llamada a descubrir: “...allí donde en la superficie de las cosas parece reinar la casualidad, ésta se halla siempre gobernada por leyes internas ocultas, y de lo que se trata es de descubrir estas leyes” (Engels, “Ludwig Feuerbach y el fin...”, en Marx/Engels, Obras escogidas, t. II, p. 365, Ed. esp., Moscú, 1952). Por ejemplo, en el mercado capitalista, los precios oscilan en función de numerosas causas fortuitas. Pero a través de las fluctuaciones accidentales de los precios, se manifiesta necesariamente la acción de la ley del valor.

El conocimiento sólo es científico cuando aborda los hechos de la naturaleza y de la sociedad desde el ángulo de su necesidad. El conocimiento no puede fundarse sobre lo accidental. La ciencia es enemiga de la contingencia. La ciencia busca siempre las causas necesarias de los hechos accidentales. La negación de la necesidad objetiva, del determinismo, cierra el camino al conocimiento científico, conduce inevitablemente a representaciones erróneas según las cuales, la naturaleza y la sociedad constituyen el reino del caos y de las contingencias. Por ejemplo, la doctrina michurinista (ver) en oposición a la teoría del weismanismo-morganismo (ver), es una ciencia auténtica, pues ella revela la necesidad, el determinismo del desarrollo de los organismos y permite así actuar conscientemente sobre la naturaleza, y transformarla en beneficio del hombre. El weismanismo-morganismo, que cede la prioridad a lo accidental, sólo puede desarmar al hombre frente a la naturaleza. Michurin trataba de buscadores insensatos de tesoros quiméricos a los que en agrobiología se apoyaban en sus trabajos exclusivamente en las modificaciones fortuitas del organismo. La doctrina michurinista es una ciencia revolucionaria fundada no en la contingencia, sino en la aplicación consciente de las leyes del desarrollo de la naturaleza viva.

Por regla general, la sociología burguesa apela a lo accidental cuando quiere explicar la marcha de la historia humana. Los intereses de clase que defiende la sociología reaccionaria, colocan a ésta en contradicción irreductible con el conocimiento científico de la sociedad, que exige el descubrimiento de la necesidad histórica objetiva, el descubrimiento del determinismo objetivo en la evolución social. El marxismo ha sido el primero en la historia del pensamiento humano en revelar las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad. En la producción capitalista, basada en la competencia y en la anarquía, y en donde lo accidental desempeña un papel considerable, la necesidad, cual una fuerza ciega, se abre paso a través de un conjunto de contingencias. En la sociedad socialista soviética, fundada en la economía planificada, la necesidad objetiva histórica se desarrolla y se realiza en la actividad adecuada de los hombres organizados por el Partido Comunista. Aquí, la acción de las contingencias en la vida social, se reduce al mínimo; los hombres se convierten en amos de las leyes objetivas del desarrollo y actúan de conformidad con esas leyes. Apoyándose firmemente en el conocimiento de la necesidad objetiva, de las necesidades que maduran en el curso del desarrollo de la vida material de la sociedad soviética, el Partido Comunista fija las tareas prácticas y moviliza a las masas para su cumplimiento. (Ver igualmente Ley; Previsión científica).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:374-376

Necesidad y casualidad

Categorías filosóficas que reflejan dos tipos de conexiones objetivas del mundo material. La necesidad se desprende de la esencia interna de los fenómenos, designa la ley, el orden y la estructura de los mismos. La necesidad es lo que ha de ocurrir obligatoriamente en unas condiciones dadas. La casualidad, en cambio, no tiene su fundamento en la esencia del fenómeno, sino en otra cosa, en la acción de otros fenómenos sobre el fenómeno dado; es lo que puede ser y puede no ser, lo que puede ocurrir de tal o cual modo. La concepción materialista dialéctica de la relación entre necesidad y casualidad se contrapone a dos concepciones, una de las cuales niega la necesidad y lo reduce todo a casualidad, a la conjunción casual de circunstancias, mientras que la segunda, por el contrario, intenta hacer tabla rasa de la casualidad negándola en redondo, reduciéndola a la necesidad. La primera concepción se ha expresado en numerosas teorías idealistas subjetivas (por ejemplo, en el populismo ruso). A la segunda se han atenido tanto el determinismo de Laplace como el fatalismo religioso. Sin embargo, la teoría fatalista, al considerar inicialmente tan necesaria cada desviación casual de la norma como las leyes fundamentales de la naturaleza, en realidad no eleva la casualidad al nivel de la necesidad, sino que, por el contrario, rebaja ésta al nivel de la casualidad. Hegel fue el primero en superar, desde posiciones idealistas, ambos extremos metafísicos, mas únicamente el materialismo dialéctico ha proporcionado una concepción científica de la esencia de la necesidad y la casualidad así como de su relación recíproca. En virtud de las interconexiones universales y de los tránsitos recíprocos de todos los fenómenos, es posible considerar cada uno de ellos como en relación esencial o no esencial con otro fenómeno cualquiera; por tanto, en cada fenómeno o conjunto de fenómenos, en cada proceso cabe siempre distinguir las propiedades esenciales (necesidad) y no esenciales (casuales). Necesidad y casualidad son contrarios dialécticos, se hallan ligadas entre sí y no existe una sin la otra. En virtud de la unidad material del mundo, todo acontecimiento tiene una causa conectada en la concatenación causal universal. La necesidad es la expresión de esa concatenación y, en consecuencia, “la necesidad es inseparable de lo universal”, es “lo universal en el ser”, la conexión universal absoluta. Cada fenómeno surge en virtud de la necesidad interna, mas la aparición del fenómeno está unida a numerosas condiciones exteriores que, en virtud de su peculiaridad concreta y de su diversidad infinita, son fuente de la casualidad, de rasgos y facetas casuales del fenómeno dado. Todo fenómeno es tan inconcebible sin su necesidad interna como sin sus premisas “casuales” externas. En consecuencia, la necesidad interna se complementa inevitablemente con la casualidad externa. Esta tiene su cimiento en la necesidad, es la forma de su manifestación. Tras las casualidades siempre se oculta la necesidad, que determina el curso del desarrollo en la naturaleza y en la sociedad humana, “allí donde en la superficie de las cosas parece reinar la casualidad, ésta se halla siempre gobernada por leyes internas ocultas, y de lo que se trata es de descubrir estas leyes” (Marx y Engels, t. XXI, pág. 306; Marx-Engels, “Obras escogidas”, Ed. esp., Moscú 1952, t. II, pág. 365). La concepción materialista dialéctica de la relación entre necesidad y casualidad permite investigar la cadena causal, sujeta a ley, de los fenómenos. Con ello, dicha concepción se halla en consonancia con el cometido de la ciencia, llamada a descubrir tras los nexos casuales de los fenómenos su carácter necesario. La ciencia, incluido el materialismo dialéctico, es adversa a la incognoscibilidad e incontrolabilidad por principio. La ciencia, dice Marx, cesa donde pierde vigor la conexión necesaria. Por complejo que sea un fenómeno dado (por ejemplo, el desarrollo de la sociedad), cualquiera que sea el conjunto de casualidades aparentes de que dependa, el fenómeno, en última instancia, está regido por leyes objetivas, por la necesidad objetiva. El materialismo dialéctico contribuye a ver no sólo la conexión entre necesidad y casualidad, sino, además, sus tránsitos recíprocos. La teoría darviniana de la evolución del mundo orgánico se basa en la consideración de esos tránsitos recíprocos. Marx descubrió esta importante faceta de la dialéctica de la necesidad y la casualidad en su teoría acerca del desarrollo de las formas del valor. La ciencia natural moderna enriquece con nuevos datos (regularidades estadística y dinámica, &c.) las conclusiones materialistas dialécticas acerca de la esencia de la necesidad, de la casualidad y de sus nexos.

Diccionario filosófico · 1965:334

Necesidad y casualidad

Categorías filosóficas que expresan la relación que con la esencia del proceso tienen sus manifestaciones. Unos u otros fenómenos, siendo realización y desarrollo de la esencia, son necesarios, pero en su singularidad e incomparabilidad son casuales. En otras palabras, la necesidad es lo que debe suceder obligatoriamente en las condiciones dadas, mientras que la casualidad, en cambio, no se basa en la esencia del fenómeno, sino en la influencia que sobre él ejercen otros fenómenos; es lo que puede ser, pero también puede no ser, puede suceder así, pero puede suceder también de manera distinta. El enfoque metafísico, intelectivo-empírico, de la interacción de los fenómenos y de su desarrollo levanta ante el hombre una contradicción insuperable. Por una parte, todos los fenómenos, acontecimientos, &c., surgen bajo la acción de alguna causa y, consiguientemente, no pueden no surgir. Por otra parte, su aparición depende de un número incontable de condiciones diversas en las que es válida esta causa, y la conjugación imprevisible de dichas causas hace no obligatoria, casual, esta aparición. Siendo incapaz de resolver esta contradicción, el pensamiento metafísico llega o bien al fatalismo, para el cual todo acontecimiento resulta predeterminado de antemano o bien al relativismo e indeterminismo (Determinismo e indeterminismo), que convierten en última instancia a los acontecimientos en un caos de casualidades. En uno y otro caso, la actividad racional del hombre pierde el sentido. La necesidad y la casualidad en su interconexión interior sólo pueden ser concebidas por vía de la intelección dialéctica del proceso de desarrollo como proceso de devenir, en formas irrepetibles, de los acontecimientos singulares sobre la base de un modo determinado de superación de la contradicción inicial. Todo proceso es la solución en el tiempo y en el espacio de una contradicción ya madura. La contradicción que ha madurado debe ser necesariamente resuelta, pero las formas de este proceso pueden ser distintas y, en su incomparabilidad, casuales, pues en el momento dado y en las condiciones dadas participan en él muchos acontecimientos y fenómenos que han nacido sobre una base más amplia. Así pues, la necesidad, es decir, el modo de solución inevitable de la contradicción, se abre paso a través de las casualidades, y éstas resultan complemento y forma de manifestación de la necesidad. La misión de la actividad racional del hombre consiste en este caso en establecer la correlación entre los diversos acontecimientos o circunstancias únicas, casuales, y su base común y, discriminando los modos de solución de las contradicciones, cambiar estas circunstancias. La filosofía marxista parte de que en todo acontecimiento pueden destacarse las propiedades esenciales (necesarias) y no esenciales (casuales). La necesidad y la casualidad son contrarios dialécticos que no existen el uno sin el otro. Detrás de la casualidad siempre se oculta la necesidad, base imprescindible de los fenómenos, que determina el curso de desarrollo en la naturaleza y la sociedad. “…Allí donde en la superficie de las cosas parece reinar la casualidad, ésta se halla siempre gobernada por leyes internas ocultas, y de lo que se trata es de descubrir estas leyes” (C. Marx, F. Engels, t. 21, p. 306). La tarea de la ciencia consiste en desentrañar en las concatenaciones casuales de los fenómenos su base necesaria. Por complejos que sean uno u otro fenómeno y el conjunto de casualidades de las que depende su desarrollo, este fenómeno se rige en fin de cuentas por leyes objetivas, por la necesidad. El materialismo dialéctico ayuda a comprender no sólo la concatenación, sino también las transiciones mutuas de la necesidad y la casualidad. La ciencia moderna enriquece las conclusiones materialistas dialécticas sobre la esencia de la necesidad y la casualidad con datos nuevos (Teoría de las probabilidades, Regularidades estadística y dinámica).

Diccionario de filosofía · 1984:307-308