Filosofía en español 
Filosofía en español

Personalidad en la historia

Personalidad en la historia

Las teorías burguesas reducen a menudo la historia a la actividad consciente de los grandes hombres (reyes, caudillos militares, &c.), sin ver en ella ninguna ley que la rija; o equiparan la actividad de los hombres a cero, considerando al hombre como un instrumento de la ciega necesidad, de la voluntad divina o de un destino desconocido. En el primer caso, la historia es considerada como el dominio en el que todo se crea por el arbitrio, por los deseos y por los ideales de los intelectuales o por los “héroes” “que piensan críticamente”. Tal fue, por ejemplo, la teoría populista de los “héroes” y de la “multitud” pasiva. En el segundo caso, la historia adopta un carácter fatalista: todo en ella está predestinado y sa realiza al margen de la actividad de los hombres. A tal concepción de la historia conduce inevitablemente y en particular la posición de los materialistas economistas vulgares, como en el caso de los “economistas”, mencheviques, &c. La subestimación del valor de la actividad práctica del partido revolucionario, la orientación sobre la espontaneidad, la negación del gran papel de las teorías y de las ideas de avanzada, tal es el contenido de la concepción economista vulgar de la historia. Con ninguna de semejantes concepciones resulta posible prever los acontecimientos y, por consiguiente, una política científica. El marxismo-leninismo enseña, que son los propios hombres los que crean su historia pero siempre en condiciones materiales históricamente determinadas. La influencia de los personajes ilustres sobre el curso de los acontecimientos es tanto mayor cuanto mejor saben comprender las leyes objetivas y el rumbo del desarrollo. “...Tampoco la idea de la necesidad histórica menoscaba en nada, ni mucho menos, el papel de la personalidad en la historia” (Lenin). El curso de la historia es determinado por las condiciones de la vida material de la sociedad. Pero la personalidad, al comprender las exigencias del desarrollo económico de la sociedad, las exigencias de la clase avanzada, puede ponerse al frente de los acontecimientos y, agrupando en torno suyo a los hombres, impulsar estos acontecimientos. En ello radica el fundamento del valer auténtico de la personalidad, de su autenticidad y de su papel en la vida social. El marxismo-leninismo resuelve el problema del papel de la personalidad en la historia en íntima relación con el problema del papel de las masas. “La piedra angular del marxismo es la masa, cuya liberación es la condición primordial para la liberación del individuo, es decir, que para el marxismo, es imposible la liberación del individuo en tanto no se libere a los masas, y de ahí su consigna: ‘Todo para las masas’” (Stalin). La revolución proletaria y el triunfo del socialismo en la Unión Soviética emanciparon a millones de trabajadores de la opresión y de la explotación y crearon una posibilidad no vista hasta entonces para el florecimiento de la personalidad humana.

Papel de la personalidad en la historia

Ver: Personalidad en la historia.

Diccionario filosófico marxista · 1946:241-242+239

La personalidad en la historia

Las teorías burguesas refieren frecuentemente la historia ya a la actividad consciente de grandes individuos (zares, jefes militares, etcétera), no viendo en la historia ninguna sujeción a leyes; ya igualan a cero la actividad de los hombres y consideran al hombre como un instrumento de la ciega necesidad, de la voluntad de Dios o de un destino desconocido. En el primer caso, la historia se considera como un dominio donde todo se crea por el arbitrio, los deseos y los ideales de intelectuales o “héroes”, que “piensan críticamente”. Tal es, por ejemplo, la teoría populista de los “héroes” y de la “multitud” pasiva. En el segundo caso, la historia adopta un carácter fatalista: en ella todo está predestinado y se realiza al margen de la actividad de los hombres. A una concepción de la historia conduce, inevitablemente, el punto de vista en particular de los materialistas economistas vulgares, cual ocurría entre los “economistas”, mencheviques y otros. Disminuir el significado de la actividad del partido revolucionario, colocarse en la espontaneidad; negar el gran papel de las ideas y de las teorías avanzadas, tal es la esencia de la concepción economista vulgar de la historia.

Ni con uno ni con otro punto de vista son posibles la previsión de los acontecimientos y, por consiguiente, una política científica. El marxismo-leninismo enseña que son los propios hombres quienes crean su historia, pero siempre en condiciones materiales históricamente determinadas. La influencia de una personalidad destacada sobre el curso de los acontecimientos es tanto mayor, cuanto mejor comprenda la sujeción objetiva de las leyes y la dirección del desarrollo. “…La idea de la necesidad histórica en nada menoscaba el papel del individuo en la historia” (Lenin). El curso de los acontecimientos se determina por las condiciones de la vida material de la sociedad. Pero una personalidad que haya comprendido las necesidades del desarrollo económico de la sociedad y de la clase avanzada, puede ponerse a la cabeza de los acontecimientos y, reuniendo en su derredor los hombres, impulsar esos acontecimientos adelante. En esto consiste el fundamento de la verdadera importancia de la personalidad, de su autoridad y su papel en la vida social.

El problema sobre el papel de la personalidad en la historia, se resuelve por el marxismo-leninismo en estrecha relación con el problema sobre el papel de las masas. “La piedra angular del marxismo es la masa, cuya liberación, a su juicio, es la condición principal de la liberación del individuo, es decir, que en opinión del marxismo, la liberación del individuo no es posible hasta tanto no se libere la masa, en vista de lo cual, su lema es: ‘Todo para la masa’” (Stalin). La revolución proletaria y el triunfo del socialismo liberaron de la opresión y de la explotación a masas de millones de trabajadores y crearon posibilidades desconocidas –aun no vistas– para el florecimiento de la personalidad humana.

Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:54-55

no figura

Diccionario filosófico abreviado · 1959

no figura

Diccionario filosófico · 1965

no figura

Diccionario de filosofía · 1984