Filosofía en español 
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Teoría y práctica

Teoría y práctica

El materialismo filosófico marxista considera que la práctica social, y ante todo la práctica material, productiva, de los hombres, es la base, la fuente de la teoría. Por eso, “el punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el primordial y fundamental de la teoría del conocimiento” (Lenin). Los datos de la ciencia se comprueban siempre por la práctica, por la experiencia. La práctica es el criterio de la verdad más profundo y decisivo en el conocimiento. La teoría, siendo la síntesis de la experiencia y de la práctica, proporciona a los hombres una perspectiva en su actividad práctica. La teoría marxista-leninista es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. “La fuerza de la teoría marxista-leninista consiste en que da al Partido la posibilidad de orientarse dentro de la situación, de comprender el nexo interno que une los acontecimientos que le rodean, de prever la marcha de los acontecimientos y discernir, no sólo cómo y hacia dónde se desarrollan los acontecimientos en el presente, sino también cómo y hacia dónde habrán de desarrollarse en el porvenir” (Historia del P. C. (b) de la U.R.S.S., Compendio). La teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, y la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su camino. “…La teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si esta teoría se forma en indisoluble relación con la práctica revolucionaria” (Stalin). Los oportunistas de la Segunda Internacional cultivaban el divorcio entre la teoría y la práctica; castraron el alma viva, revolucionaria de la teoría del marxismo, y, al separarla de la lucha viva y revolucionaria de las masas, la convirtieron en dogma mezquino, refutado por la práctica de la lucha por la revolución. La unidad de la teoría y de la práctica obtiene su expresión máxima en la actividad del Partido Bolchevique. El marxismo-leninismo es la auténtica unidad de la teoría y de la práctica revolucionarias. “Poseer la teoría marxista-leninista significa asimilarse la esencia de esta teoría y aprender a aplicarla para resolver los problemas prácticos del movimiento revolucionario en las diversas condiciones de la lucha de clases del proletariado” (Historia del P. C. (b) de la U.R.S.S., Compendio).

Diccionario filosófico marxista · 1946:298-299

Teoría y práctica

El problema de la relación entre la teoría y la práctica es una de las cuestiones fundamentales de la ciencia marxista en general, de la teoría marxista del conocimiento, en particular. El marxismo considera la teoría y la práctica en su vínculo indisoluble y en su interacción, reconociendo a la práctica el papel decisivo. Por práctica se entiende el conjunto de las actividades humanas tendientes a crear las condiciones indispensables para la existencia de la sociedad. Para e] marxismo, la práctica es, ante todo, la actividad material, la producción, pues la existencia misma de la sociedad, la vida de los hombres dependen de ella. Uno de los elementos constitutivos más importantes de la práctica es la actividad revolucionaria de las clases, de los grupos sociales, destinada a suprimir los regímenes sociales caducos y substituirlos por sistemas nuevos, avanzados, favorables al progreso de la sociedad. La experiencia científica constituye también una forma de la práctica. La teoría nace sobre la base de la práctica, es el resultado de una generalización de la experiencia práctica de las masas. Sin práctica, no puede haber teoría científica. La práctica plantea problemas que la teoría está llamada a responder. Para el marxismo, no hay teoría que se baste a sí misma. Sólo una teoría ligada a la práctica, al servicio de la práctica y verificada por la práctica, hunde sus raíces en la vida. De ahí la tesis marxista según la cual “el punto de vista de la vida, de la práctica debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 152, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Las necesidades de la práctica han desempeñado siempre un papel determinante en el progreso de las ciencias. Así, las necesidades de los pueblos agricultores y criadores de ganado, las necesidades de la navegación, hicieron nacer la astronomía y las matemáticas. El desarrollo de las ciudades, de los talleres, del tráfico, &c., engendra la mecánica. Sobre todo después de la Edad Media, con la aparición y el progreso de la producción capitalista, las ciencias florecen. “Si después de la oscura noche de la Edad Medía, las ciencias renacen bruscamente con una fuerza insospechable y aumentan con la rapidez del milagro, debemos ese prodigio directamente a la producción” (Engels, Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa).

En la sociedad socialista, la actividad de los hombres liberados de la esclavitud capitalista, da libre curso al progreso de la ciencia. El socialismo significa una ampliación sin precedentes de todas las esferas de la actividad humana. El auge impetuoso de la industria, la reorganización de la pequeña economía campesina en una gran agricultura socialista ricamente dotada de la técnica moderna, la transformación planificada de la naturaleza en escala jamás conocida, &c., todo eso plantea a la ciencia problemas grandiosos. Así, las conquistas de la doctrina michurinista (ver) se explican por su vínculo con la práctica nueva de la edificación koljosiana, con las necesidades de la gran agricultura socialista. Sucede lo mismo con la física, la química, la geología, &c.

Engendrada por la actividad práctica de los hombres, la teoría ejerce a su vez una influencia enorme sobre la práctica, y descubre ante los hombres perspectivas nuevas. Así, la teoría marxista-leninista es la generalización de la experiencia del movimiento obrero de todos los países. Por otra parte, no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria. La fuerza del marxismo-leninismo reside en que, al generalizar la práctica revolucionaria, la historia de la sociedad, revela la conexión de los fenómenos, las leyes objetivas del desarrollo, la marcha de los acontecimientos presentes y futuros; prevé con anticipación de años, las tendencias fundamentales de la evolución social, lo que permite al partido comunista trazar planes de actividad práctica rigurosamente científicos. Así, pues, la teoría y la práctica se completan y se enriquecen recíprocamente. La teoría se convierte en algo sin objeto si no se liga a la práctica revolucionaria, y la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no ilumina su camino. La teoría debe no sólo generalizar la práctica adquirida, sino también anticiparse a ella, mostrarle el camino a seguir, pertrechar a los hombres en su actividad práctica. Los trabajos de los grandes dirigentes del proletariado, Marx, Engels, Lenin, Stalin, ofrecen ejemplos de ello.

Entre los oportunistas de la II Internacional había una divergencia completa entre la teoría y la práctica. Habían vaciado la teoría marxista de su espíritu revolucionario vivo, la habían separado de la acción revolucionaria de las masas para reducirla a dogmas lamentables que fueron barridos por la lucha revolucionaria. La unidad de la teoría y de la práctica halló su expresión brillante en la actividad del Partido Comunista de la Unión Soviética. El marxismo-leninismo encarna la teoría y la práctica revolucionaria en una unidad verdadera que es la estrella directriz del partido proletario.

El marxismo concibe la unidad de la teoría y de la práctica de una manera dialéctica tomando en cuenta las contradicciones que surgen entre las tesis teóricas caducas y los nuevos datos de la práctica. Esas contradicciones son superadas por medio de la generalización de la práctica nueva, por el reajuste de la teoría a la práctica. Nuestros datos prácticos tienen un límite histórico concreto, y no pueden ser considerados como definitivos. Las condiciones históricas nuevas amplían la actividad práctica de los hombres y exigen la revisión de tal o cual tesis teórica a la luz de datos prácticos nuevos. La práctica es no solamente la base y la fuente del progreso de la teoría, sino también el único criterio científico de la veracidad de nuestro conocimiento. (Ver Criterio de la verdad.)

Diccionario filosófico abreviado · 1959:497-498

Teoría y práctica

Categorías filosóficas que designan los aspectos espiritual y material del proceso histórico-social único de conocimiento y transformación de la naturaleza y de la sociedad. La teoría es la experiencia de los hombres generalizada en la conciencia, es el conjunto de conocimientos acerca del mundo objetivo; es un sistema, relativamente independiente, de conocimientos concatenados por la lógica interna de los conceptos, que reproduce la lógica objetiva de las cosas. A diferencia del viejo punto de vista empírico y positivista (en particular pragmático), la filosofía marxista no concibe la práctica como experiencia sensorial subjetiva del individuo ni como acción llevada a cabo exclusivamente por motivos subjetivos. La práctica es la actividad del hombre que asegura la existencia y el desarrollo de la sociedad, es ante todo, el proceso objetivo de la producción material, base de la vida de los hombres, y también la actividad revolucionaria y transformadora de las clases, así como toda otra forma de actividad social que conduce a la transformación del mundo. El experimento científico es también una de las formas de la práctica. Teoría y práctica se encuentran en indisoluble unidad, no existe la una sin la otra y se influyen recíprocamente sin cesar. La base de dicha interacción es la práctica. La práctica de la producción social es la que, precisamente, engendra la conciencia y la determina en cada etapa de desarrollo, a la vez que, con ello, determina la aprehensión teórica de la realidad. El hombre actúa de manera consciente, comprendiendo de uno u otro modo la realidad. Ello no significa que en sus actos se guíe directamente por alguna teoría científica rigurosamente consecuente. Pero su actividad siempre se halla orientada por un determinado conjunto de conocimientos. En la aurora de la historia humana, la única forma en que tales conocimientos podían existir era la de la “conciencia ordinaria”, única e indivisa. La comprensión de los hábitos de trabajo, la generalización empírica de los resultados de la acción y de las observaciones, las tradiciones y creencias, el reflejo fiel o fantástico del ser social, toda esa “teoría” no constituía un sistema lógico y armónico de conceptos, no era una reproducción científica de las leyes objetivas de la realidad. En cambio, su nexo con la práctica era tan completo, que dicha “teoría” se hallaba directamente “entretejida” con “el lenguaje de la vida real”, con el quehacer práctico de las personas. Al producirse la división del trabajo en intelectual y físico, la teoría y la práctica se bifurcan hacia distintos polos sociales. Siguen dependiendo una de la otra y continúan influyéndose recíprocamente, pero se convierten en formas hasta cierto punto independientes del hacer social. «…Desde este instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría “pura”, de la teología “pura”, de la filosofía y la moral “puras”, &c.» (C. Marx y F. Engels, t. III, pág. 30, La ideología alemana“, E.P.U., 1959, pág. 31). La aparición de la teoría “pura” constituyó uno de los saltos revolucionarios más importantes en la historia de la humanidad. El desarrollo de la investigación teórica, la forma lógico-abstracta de la teoría “pura”, permitieron al hombre penetrar hondamente en la esencia de los fenómenos naturales, crear una imagen científica del mundo, imagen que se encuentra en constante desarrollo. Por otra parte, para los sabios mismos el nexo entre la teoría y la practica dejó de ser tan patente. Esta circunstancia, unida a la concepción individualista del mundo propia de la sociedad en que impera la propiedad privada, hizo que surgieran diversas ilusiones: desde el criterio de que la cognición es un acto de pasiva contemplación individual del “teórico” sobre el medio que lo circunda hasta los sistemas filosóficos idealistas que entienden la conciencia teórica (las ideas) como creador de la realidad. “Desde este instante, puede ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y algo distinto que la conciencia de la práctica existente…” (ibid.). El modo capitalista de producción, que ha socializado el trabajo y desarrollado fuerzas productivas nunca vistas anteriormente; crea las premisas objetivas para superar el divorcio entre la teoría y la práctica, y se incrementa inconmensurablemente el papel de la teoría no sólo en el proceso de la producción. También el movimiento práctico de las masas orientado a liquidar la propiedad privada se une a la avanzada teoría marxista, la cual descubre las leyes objetivas de la sociedad y dirige toda la actividad del partido del proletariado al logro de un fin científicamente comprendido: el comunismo. Liberado el trabajo, liquidados los antagonismos de clase, borrado el límite entre trabajo intelectual y trabajo físico, se eliminan asimismo la escisión y la contraposición entre teoría y práctica. La teoría que ha conquistado a las masas se convierte en una fuerza material. Después de la victoria del socialismo y ante todo, en el período de la edificación del comunismo en todo el frente; la teoría marxista-leninista y la ciencia en general se unen aun más íntimamente con la práctica. Las fuerzas productivas nuevas y poderosas que han cobrado vida gracias al trabajo libre en bien de todos, exigen la participación directa de la teoría científica en el proceso de la producción. Y la ciencia, como forma superior de la actividad teórica, al convertirse en un aspecto necesario de los hábitos del trabajo mecanizado y automatizado, se convierte ella misma en fuerza productiva. Tan sólo el advenimiento de la auténtica historia de la sociedad humana revela de manera patente la esencia del proceso único –histórico-social, práctico y teórico– en virtud del cual el hombre conoce y transforma la naturaleza y la sociedad.

Diccionario filosófico · 1965:460-461

Teoría y práctica

Categorías filosóficas que designan los aspectos espiritual y material de la actividad objetiva socio-histórica de los hombres: conocimiento y transformación de la naturaleza y la sociedad. La teoría es resultado de la producción espiritual social, que forma los fines de la actividad y determina los medios de su consecución y que existe como nociones en desarrollo sobre los objetos de la actividad humana. A diferencia de los puntos de vista empírico y positivista, la filosofía marxista no enfoca la práctica como experiencia sensorial subjetiva del individuo, experimento del científico, &c., sino como actividad de los hombres que asegura la existencia y el desarrollo de la sociedad y, ante todo, el proceso objetivo de producción material, que constituye la base de la vida humana, y también como actividad transformadora revolucionaria de las clases y como otras formas de actividad social práctica que conducen al cambio del mundo. En el conocimiento es la práctica, precisamente la que constituye su base y criterio de la verdad. La actividad de los hombres siempre es racional. En los albores de la historia humana, el trabajo apropiador de nuestros antepasados, que sólo conocían la división del mismo según sexo y edad, también era racional. Pero en aquel entonces no existían ni actividad teórica específica ni teorías. La división social del trabajo en agricultura y ganadería originó el trabajo productivo, que por primera vez separó la producción de los medios de producción (por ejemplo, cultivo de tierra y siembra) de la producción de los medios de consumo (recogida, almacenaje y transformación de la cosecha). Las consecuencias de esta división del trabajo fueron la separación del trabajo intelectual respecto al manual y la estratificación de la sociedad en clases. Junto con ellas se forman las premisas del surgimiento y aislamiento de la teoría y la práctica. La producción de los medios de producción no satisface directamente las necesidades vitales. Sirve de base para conseguir los objetivos sociales finales, y sus propios fines recaban organizar el trabajo y administrarlo. Por ejemplo, planificar el trabajo futuro en un campo sin arar significa ver sus límites que todavía no existen en realidad y trazar una línea ideal entre el campo y las tierras sin cultivar. La actividad que se aisló en la división social del trabajo y cuyo objeto son los modos y medios valederos para todos de transformación racional de los objetos en las condiciones de la estratificación de la sociedad en clases se separa de la actividad propiamente práctico-material, convirtiéndose en una producción espiritual específica, en la que domina ya el trabajo intelectual. Al dividirse el trabajo en intelectual y manual, la teoría y la práctica se separan en efecto una de otra y se convierten en formas relativamente independientes de actividad social. El desarrollo de la teoría “pura” en calidad de esfera relativamente autónoma y específica de actividad fue uno de los saltos más grandiosos en la historia de la humanidad y permitió a los hombres penetrar profundamente en la esencia de los fenómenos naturales y crear un cuadro científico del mundo en constante desarrollo. Por otra parte, se hizo menos evidente la unidad entre la teoría y la práctica. Sobre esta base y en conjugación con la concepción del mundo individualista, típica de la sociedad basada en la propiedad privada, fueron apareciendo distintas ilusiones: desde el enfoque de la teoría como resultado de la contemplación pasiva individual del medio ambiente por el “teórico” hasta los sistemas filosóficos idealistas que estudian la conciencia teórica (ideas) como artífice de la realidad. El modo de producción capitalista, que socializó el trabajo y desarrolló las fuerzas productivas hasta un grado jamás visto, crea las premisas objetivas necesarias para superar el divorcio entre la teoría y la práctica. Aumenta inconmensurablemente el papel de la teoría no sólo en el proceso de producción. El movimiento práctico de las masas, que persigue el objetivo de liquidar el régimen burgués, se une a la teoría marxista de vanguardia, que descubre las leyes objetivas de la sociedad y encauza toda la actividad del partido proletario hacia la consecución del fin científicamente concientizado: el comunismo. Al ser liberado el trabajo, suprimidos los antagonismos de clase y eliminada la contrariedad entre el trabajo intelectual y el manual, desaparecen las condiciones objetivas del divorcio y la contraposición entre la teoría y la práctica. La edificación del socialismo y el comunismo es imposible sin la ligazón orgánica entre la teoría y la práctica, sin una constante generalización teórica de la experiencia práctica de las masas populares y sin la introducción de la teoría científica de vanguardia en la práctica.

Diccionario de filosofía · 1984:421-422