Filosofía en español 
Filosofía en español

Tiempo y espacio

Tiempo y espacio

En la Naturaleza y en la Sociedad todo se halla en estado de “perenne movimiento y cambio constante, como algo que se renueva y se desarrolla incesantemente y donde hay siempre algo que nace y se desarrolla y algo que muere y caduca” (Stalin). Todos estos cambios se efectúan en el espacio y el tiempo; el espacio y el tiempo constituyen las formas objetivas de existencia de la materia y son inseparables de ésta, igual que la materia es inseparable de aquéllos. El idealismo subjetivo considera el tiempo y el espacio sólo como un producto del raciocinio humano, separándoles, así, de la materia; por oposición a ello, el materialismo dialéctico estima que el tiempo y el espacio, sin la materia, carecen de todo contenido. “…Ambos modos de ser de la materia, no representan sin ella más que un fantasma, una abstracción que sólo existe en nuestras mentes” (Engels). Las ciencias naturales, particularmente la física contemporánea, confirman plenamente el punto de vista del materialismo dialéctico. Hubo un tiempo en que la física, siguiendo la teoría de Newton, estudiaba el tiempo y el espacio separados de la materia; Newton enseñaba que el tiempo es absoluto, que transcurre siempre igual, “sin ninguna relación con algo externo”, es decir, independientemente de la materia; del mismo modo consideraba absoluto el espacio igual a sí mismo en todas partes. La inexactitud de esta teoría de Newton fue puesta de relieve en el siglo XX por el creador de la teoría de la relatividad (ver), Einstein, quien demostró que si, por ejemplo, dos cuerpos (o dos sistemas de cuerpos) se mueven uno con relación al otro, el tiempo transcurre en ambos de diversa manera y de igual modo difieren las correlaciones espaciales. Einstein demostró, además, que la propia simultaneidad es relativa (y no absoluta como lo enseñaba Newton); lo que es simultáneo en diversos lugares de uno de los cuerpos que se mueve con relación al otro, no lo es desde el punto de vista del observador, situado en el otro cuerpo. Según Einstein, el curso del tiempo depende aún de la acción de los campos de gravitación; cerca de los cuerpos de gran masa, el tiempo corre más lentamente que lejos de ellos. En torno a la teoría de la relatividad de Einstein hay todavía entablada una disputa de principios, pero sea como fuere, lo importante es que la física actual ha renunciado al modo metafísico newtoniano de abordar el tiempo y el espacio, asociando sus propiedades con la materia. Comparando las ideas de Newton sobre el tiempo y el espacio con las de Einstein, vemos que las ideas y conceptos científico-naturales sobre el tiempo y el espacio cambian y evolucionan. Pero es inmutable el hecho de que la Naturaleza sólo existe en el tiempo y en el espacio. “…Nuestros conceptos, en continuo desarrollo, sobre el tiempo y el espacio reflejan el tiempo y el espacio objetivamente reales” (Lenin).

Diccionario filosófico marxista · 1946:299-300

Tiempo y espacio

Formas fundamentales de la materia. “…las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo como lo sería un ser concebido fuera del espacio” (Engels, Anti-Dühring, p. 69, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). No hay espacio ni tiempo separados de la materia, de los procesos materiales. El espacio y el tiempo al margen de la materia no son otra cosa que una abstracción vacía de sentido.

El materialismo dialéctico fue en la historia de la filosofía y de las ciencias la primera concepción que planteó y resolvió científicamente el problema del espacio y del tiempo. El materialismo dialéctico combate al idealismo, que, negando la realidad objetiva del espacio y del tiempo, los considera como un producto de la conciencia, y combate a la metafísica, que separa a la materia de las formas de su existencia. Engels hizo la crítica de las lucubraciones metafísicas de Dühring (ver), quien afirmaba que al principio, el mundo se hallaba en estado de reposo absoluto, existía, por así decir, al margen del tiempo. Partiendo de las indicaciones de Engels sobre el espacio y el tiempo, y generalizando los nuevos datos de las ciencias de la naturaleza, Lenin hizo dar un gran paso adelante al estudio de este problema. En la lucha contra la concepción idealista de los kantianos y de los “machistas”, según la cual, el tiempo y el espacio son formas de la “sensibilidad” humana, Lenin demuestra que el reconocimiento de la realidad objetiva del tiempo y el espacio deriva necesariamente del reconocimiento de la realidad objetiva existente independientemente de nuestra conciencia, o dicho de otro modo, de la materia en movimiento. “En el universo no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 190, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Lenin indica que, a ese respecto, el problema gnoseológico fundamental consiste en saber si el espacio y el tiempo son reales o si no son más que productos del pensamiento humano en el curso del desarrollo. Al reconocer la realidad objetiva del espacio y del tiempo y de sus reflejos en nuestra conciencia, el materialismo dialéctico permite a las ciencias de la naturaleza estudiar fructíferamente sus propiedades físicas.

El progreso de la ciencia modifica y profundiza nuestras ideas sobre el tiempo y el espacio. En los siglos XVIII y XIX, aun considerando el tiempo y el espacio como una realidad objetiva, los físicos veían en ellos, de acuerdo con Newton (ver), formas exteriores de la materia, independientes de la materia y del movimiento. El idealista alemán Kant (ver) y sus adeptos, se alzaron contra las ideas materialistas de esa época sobre el espacio y el tiempo. Los descubrimientos de la ciencia rusa, al establecer que el espacio y el tiempo, como propiedades de la materia, se hallan en ligazón regular con las propiedades físicas y químicas de los cuerpos materiales, tuvieron una gran importancia para el progreso de las nociones científicas de espacio y de tiempo y para la refutación de las teorías metafísicas e idealistas. El eminente sabio ruso Lobachevski (ver) demostró que las propiedades geométricas del espacio dependen de las propiedades físicas de la materia, oponiéndose enérgicamente a las concepciones idealistas de Kant y asestándoles un golpe demoledor. Lobachevski refutó igualmente las interpretaciones metafísicas de la geometría de Euclides y de la mecánica de Newton, y preparó así el terreno propicio al desarrollo de las nociones científicas modernas sobre el espacio y el tiempo. Los trabajos del químico ruso Butlerov (ver) sobre la disposición espacial de los átomos en las moléculas de las combinaciones químicas, y los descubrimientos del gran cristalógrafo ruso Fedorov, quien formuló las leyes de la disposición espacial de los átomos, de los iones y de las moléculas en los cristales, enriquecieron aún más los conocimientos humanos sobre el espacio y el tiempo, formas de existencia de la materia. Butlerov, Fedorov y sus discípulos establecieron la dependencia de las propiedades espaciales con relación a la naturaleza física de los cuerpos materiales, pusieron en claro el papel que desempeña la disposición espacial de los átomos en lo que concierne a tal o cual propiedad de la materia.

Revelando propiedades físicas siempre nuevas del espacio y del tiempo, las ciencias de la naturaleza confirman la tesis del materialismo dialéctico sobre el vínculo orgánico que liga esas formas fundamentales de la existencia de la materia recíprocamente y a la materia en movimiento, sobre la interdependencia entre las formas (el espacio y el tiempo) y el contenido (la materia). Estas tesis del materialismo dialéctico encuentran una confirmación brillante en la teoría de la relatividad (ver) debida a Einstein, Lorentz y otros sabios, y que constituye la teoría física contemporánea del espacio y del tiempo.

Por el hecho de que nuestros conceptos de tiempo y de espacio se modifican, los filósofos y los físicos idealistas (ver Idealismo “físico”) extraen la conclusión de que la realidad objetiva del espacio y del tiempo está “refutada”. Con ese fin, se explota especialmente la mecánica cuántica (ver). En el estudio de las partículas microscópicas, los físicos idealistas proponen renunciar al espacio y al tiempo que consideran como algo incognoscible e irreal. “En la física clásica”, escribe Heisenberg, “la investigación se proponía como finalidad estudiar los fenómenos objetivos que se desarrollan en el espacio y en el tiempo… Ahora bien, en la teoría de los cuantos nos encontramos con un estado de cosas completamente diferente… para la mecánica cuántica, la cuestión no es, en absoluto, establecer objetivamente los acontecimientos en el espacio y en el tiempo”.

Al denunciar las tentativas que hacen los idealistas para refutar la concepción científica del espacio y del tiempo, formas objetivas de la materia en movimiento, el marxismo enseña que no se debe confundir la cuestión de la variabilidad de las nociones de espacio y de tiempo con la cuestión gnoseológica de su realidad objetiva. Nuestras ideas sobre el espacio y el tiempo, que reflejan el tiempo y el espacio reales, nos dan un conocimiento relativo, incompleto de ellos; pero esas verdades relativas componen poco a poco la verdad absoluta. Los idealistas “físicos” confunden estas dos cuestiones, e invocando la relatividad de nuestras representaciones, pretenden refutar la objetividad del espacio y del tiempo.

De perfecto acuerdo con las ciencias de la naturaleza, el materialismo dialéctico afirma que el espacio y el tiempo existen objetivamente, al margen e independientemente de nuestra conciencia, y que nuestro conocimiento se adapta “…cada vez más al espacio y al tiempo objetivos, reflejándolos cada vez más exacta y profundamente” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 204, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:499-500

Tiempo y espacio

Formas básicas de la existencia de la materia. Lo que ante todo interesa a la filosofía es si el tiempo y espacio son reales o constituyen puras abstracciones existentes sólo en la conciencia del hombre. Los filósofos idealistas niegan el carácter objetivo del tiempo y el espacio: los sitúan en dependencia del contenido individual de la conciencia (Berkeley, Hume, Mach), los ven como formas apriorísticas de la contemplación sensorial (Kant) o como categorías del espíritu absoluto (Hegel). El materialismo reconoce el carácter objetivo del tiempo y el espacio, niega la realidad fuera del uno y del otro. El tiempo y el espacio son inseparables de la materia. En esto se revela su universalidad y su generalidad. El espacio es tridimensional; el tiempo una dimensión y sólo una; el primero expresa el orden en que están dispuestos simultáneamente objetos que coexisten; el segundo, en cambio, expresa la sucesión en que van existiendo los fenómenos que se sustituyen unos a otros. El tiempo es irreversible, o sea, todo proceso material se desarrolla en una dirección, del pasado al futuro. El avance de la ciencia natural ha demostrado la inconsistencia de la concepción metafísica, según la cual el tiempo y el espacio existen con independencia de los procesos materiales y cada uno de por sí. El materialismo dialéctico no parte del simple nexo del tiempo y espacio con la materia en movimiento, sino de que el movimiento constituye la esencia del tiempo y el espacio y de que, por ende, la materia, el movimiento, el tiempo y el espacio son inseparables. Esta idea ha sido confirmada por la física moderna. La ciencia natural de los siglos XVIII-XIX, a la vez que reconocía el carácter objetivo del tiempo y del espacio, los consideraba, siguiendo a Newton, separados uno del otro y como algo independiente, con existencia por completo aparte de la materia y del movimiento. En concordancia con las concepciones atomísticas de los filósofos clásicos de la naturaleza (Demócrito, Epicuro), los naturalistas casi hasta el propio siglo XX identificaban el espacio con el vacío, lo consideraron como algo absoluto, siempre y en todas partes igual e inmóvil, mientras que concebían el tiempo como fluyendo uniformemente. La física moderna ha desechado las viejas representaciones del tiempo y el espacio como recipientes vacíos y ha demostrado la profunda interconexión existente entre ambos y la materia en movimiento. La principal conclusión de la teoría de la relatividad de Einstein estriba, precisamente, en establecer que el tiempo y el espacio no existen de por sí, al margen de la materia, sino que se encuentran en una interconexión universal de tal naturaleza que en ella pierden su independencia y aparecen como partes relativas de un espacio-tiempo único e indivisible. La ciencia ha establecido con exactitud que el curso del tiempo y la extensión de los cuerpos dependen de la velocidad con que dichos cuerpos se mueven, y que la estructura o las propiedades geométricas del continuo tetradimensional (espacio-tiempo) cambian en dependencia de la acumulación de masas de substancia y del campo de gravitación por ellas engendrado. Han influido mucho en la formación de las modernas teorías del espacio y el tiempo las ideas de Lobachevski, Riemann, Gauss y Bolyai. El descubrimiento de la geometría no euclidiana refutó la doctrina kantiana sobre el tiempo y el espacio como formas extra-experimentales de la percepción sensorial. Las investigaciones de Bútlerov, Fiódorov y sus sucesores han revelado la dependencia en que se encuentran las propiedades espaciales respecto a la naturaleza física de los cuerpos materiales, han descubierto que las propiedades fisicoquímicas de la materia están condicionadas por la disposición espacial de los átomos. El hecho de que varíen nuestras representaciones acerca del tiempo y el espacio es utilizado por el idealismo filosófico y “físico” para negar la realidad objetiva de aquéllos. Según el materialismo dialéctico, el conocimiento humano proporciona una representación cada vez más profunda y correcta del tiempo y el espacio objetivamente reales.

Diccionario filosófico · 1965:462-463

Tiempo y espacio

Formas fundamentales de existencia de la materia. La filosofía se interesa, ante todo, por el problema de la relación del tiempo y espacio con la materia, es decir, son reales el tiempo y el espacio o constituyen puras abstracciones que sólo existen en la conciencia. Los filósofos idealistas niegan la dependencia del tiempo y espacio respecto de la materia y los consideran como formas de la conciencia individual (Berkeley, Hume, Mach), o como formas apriorísticas de la contemplación sensorial (Kant), o como categorías del espíritu absoluto (Hegel). El materialismo subraya el carácter objetivo del tiempo y espacio. El hecho de ser inseparables de la materia constituye una manifestación de su universalidad. El espacio expresa el orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente, mientras que el tiempo la consecutividad de los fenómenos que se sustituyen unos a otros. El tiempo es irreversible, es decir, todo proceso material se desarrolla en una dirección: del pasado al futuro. El materialismo dialéctico reconoce no simplemente el nexo exterior del tiempo y espacio con la materia en movimiento, sino que considera que el movimiento es la esencia del tiempo y espacio y que, por consiguiente, la materia, el movimiento y el tiempo y espacio son mutuamente inseparables. Esta idea ha sido confirmada por la física moderna. Al hablar de la objetividad del tiempo y espacio, las ciencias naturales de los siglos 18-19 los tomaban, siguiendo a Newton, separadamente uno de otro, considerándolos como algo que no depende en absoluto de la materia y el movimiento. De conformidad con los criterios atomistas de los filósofos naturalistas antiguos (Demócrito, Epicuro), hasta el siglo 20, los naturalistas identificaban el espacio con el vacío, considerándolo absoluto, homogéneo e inmóvil siempre y en todas partes, y el tiempo transcurre uniformemente. La física moderna echó por la borda la vieja noción sobre el espacio como recipiente vacío de cuerpos y sobre el tiempo, como fenómeno único para todo el Universo infinito. La conclusión principal de la teoría de la relatividad de Einstein consiste precisamente en que el tiempo y espacio no existen por sí solos, separados de la materia, sino que se encuentran en una interconexión, en que pierden toda independencia, constituyendo los aspectos de un todo único y diverso. La teoría general de la relatividad demostró que el correr del tiempo y la extensión de los cuerpos dependen de la velocidad del movimiento de los mismos y que la estructura o las propiedades del continuo tetradimensional (espacio-tiempo) cambian en dependencia de la aglomeración de las masas de substancia y del campo gravitacional engendrado por ellas. En la creación de la teoría moderna del tiempo y espacio desempeñaron un gran papel las ideas de Lobachevski, B. Riemann, K. F. Gauss, J. Bolyai. El descubrimiento de la geometría no euclidiana refutó la doctrina kantiana del tiempo y espacio como formas extraexperimentales de la percepción sensorial. Las investigaciones de Bútlerov, E. Fiódorov y sus partidarios pusieron de manifiesto el hecho de que las propiedades espaciales dependen de la naturaleza física de los cuerpos materiales y que las propiedades físico-químicas de la materia están condicionadas por la ubicación espacial de los átomos. La variabilidad de nuestras representaciones sobre el tiempo y espacio es utilizada por el idealismo para negar la realidad objetiva de los mismos. Según el materialismo dialéctico, el conocimiento humano en su desarrollo ofrece una idea cada vez más profunda y certera acerca del tiempo y espacio como calidades objetivamente reales.

Diccionario de filosofía · 1984:423-424