Filosofía en español 
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Verdades eternas

Verdades eternas

Desde el punto de vista de la teoría dogmática y metafísica del conocimiento, toda verdad auténtica es eterna, y si durante el desarrollo ulterior de la ciencia, esta verdad es sometida a un cambio, quiere decir que no era auténtica. “Las verdades efectivas son en general inmutables”, escribía el caracterizado representante del dogmatismo gnoseológico E. Dühring. La lógica formal, como lógica del dogmatismo gnoseológico, tiene que ver preeminentemente, con “verdades eternas”. La filosofía medioeval consideraba todas sus conclusiones como “verdades eternas”, basadas en la autoridad indiscutible de la Biblia y de los escritos de los “padres de la iglesia”. La religión, habiendo sido el campo del dogmatismo total, declaró sus absurdos y anticientíficos dogmas como “verdades eternas”. El materialismo dialéctico, discrepando decididamente con el dogmatismo gnoseológico y con el escepticismo, que expresa la duda en la posibilidad de un conocimiento veraz, afirma el carácter histórico del conocimiento humano. Existen verdades simples que pueden ser consideradas como “eternas”; por ejemplo, el hecho de que Napoleón muriese en la isla de Santa Elena en un día y hora determinados. Extender, sin embargo, la noción de “verdades eternas” a las teorías científicas que abarcan un inmenso círculo de problemas complejos, significa petrificar la verdad, dogmatizarla. Declarar definitivas y eternas las verdades científicas, significa cerrar a la ciencia el camino hacia un desarrollo ulterior; en realidad, cada verdad, en el proceso de la práctica histórico-social, en el proceso del desarrollo de la ciencia, puede ser profundizada, enriquecida y precisada. La ciencia avanzada revisa continuamente a la luz de los datos suministrados por la Práctica sus teorías y verdades, precisándolas y desarrollándolas, rechazando las caducas que dejan de ser exactas. (Ver: Verdad; Verdad Absoluta; Verdad Relativa).

Diccionario filosófico marxista · 1946:313-314

“Verdades eternas”

Los metafísicos consideran toda verdad como una “verdad eterna”, dada de una vez por todas e inmutable. “Las verdades auténticas son absolutamente inmutables”, escribía Dühring (Ver). En su crítica a éste, Engels mostró que las verdades verdaderamente científicas se desarrollan, se modifican, se perfeccionan, gracias al progreso de las ciencias y de la actividad práctica de los hombres. En su caracterización de los tres grandes dominios de la ciencia (naturaleza inanimada, naturaleza viva y sociedad), Engels señala que las verdades científicas se desarrollan, y que la fuerza de la ciencia reside precisamente en el hecho de que no admite conocimientos fijados de una vez por todas. Naturalmente, existen “verdades eternas” como, por ejemplo, la que comprueba que París está situado en Francia, &c.; pero las “verdades” de esa clase son extremadamente simples y no pueden ser comparadas a las verdades complejas que interesan a la ciencia y que no se obtienen de una vez por todas, sino en el curso de un progreso científico prolongado y laborioso.

Las verdades eternas son particularmente preferidas por los afectos a ver también en la historia humana verdades eternas, moral eterna, justicia eterna, &c. Esta actitud es propia de todos los ideólogos de las clases explotadoras quienes, con frases sobre la justicia y la moral “eternas”, &c., quieren disimular el antagonismo de las clases, negar a los explotados el derecho de luchar por una vida mejor, hacer pasar el régimen de esclavitud y de opresión por un régimen fundado en la justicia “eterna”, &c.

El materialismo dialéctico, que ha refutado la teoría metafísica de las “verdades eternas”, ha creado la única teoría valedera para el conocimiento de las verdades científicas. (Ver Conocimiento; Teoría y práctica; Verdad absoluta y verdad relativa.)

Diccionario filosófico abreviado · 1959:520-521

Verdad eterna

Término con el que se designa el carácter irrefutable de las verdades en el proceso que sigue el conocimiento al desarrollarse. En este sentido, la verdad eterna es análoga a la verdad absoluta. Sin embargo, en el proceso del conocimiento, el hombre encuentra ante todo verdades relativas que contienen en sí mismas únicamente una partícula de las verdades absolutas. La metafísica y el dogmatismo, que no consideran la verdad como dependiente de condiciones, sobrevaloran extraordinariamente el papel del momento absoluto en la verdad. Ello constituye la base gnoseológica para elevar todas las verdades al rango de eternas, irrefutables. Análoga era la concepción de la verdad por parte de Eugen Dühring, sometida a dura crítica por Engels en su libro Anti-Dühring. La religión, con su dogmatismo extremado, ve sus postulados como “verdades eternas” irrefutables.

Diccionario filosófico · 1965:480

Verdad eterna

Término que significa la irrefutabilidad de las verdades en el proceso de desarrollo del conocimiento. En este sentido, la verdad eterna es análoga a la absoluta. Ahora bien, en el proceso del conocimiento, el hombre trata por excelencia con verdades relativas, las cuales no contienen sino granos de las absolutas. Al considerar la verdad como independiente de las condiciones, la metafísica y el dogmatismo sobrestiman el papel del elemento absoluto en ella. Esa es la base gnoseológica para elevar todas las verdades al grado de eternas e irrefutables. La religión, como expresión del dogmatismo extremo, proclama que todos sus postulados son “verdades eternas” irrefutables.

Diccionario de filosofía · 1984:442