Filosofía en español 
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Weismanismo-morganismo

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Diccionario filosófico marxista · 1946

Weismanismo-morganismo

Corriente reaccionaria y antidarwinista en biología, así designada por el nombre de los biólogos Weismann (1834-1914) y Morgan (1866-1945), que disimula su esencia metafísica e idealista bajo la falsa insignia del neodarwinismo. El weismanismo-morganismo apareció a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX como reacción ideológica de la burguesía a la teoría materialista del desarrollo de las formas orgánicas de la materia. Aunque se hacen pasar por continuadores de Darwin, los weismanistas-morganistas intentan desfigurar, por todos los medios, el fondo mismo del darwinismo, su concepción materialista de la evolución, la teoría de la selección natural, de la variabilidad de los organismos y de sus propiedades hereditarias bajo la influencia del medio exterior, y la teoría de la trasmisión de los caracteres adquiridos.

El weismanismo-morganismo se basa en una falsa interpretación de la herencia, resultante de la teoría anticientífica, metafísica de Mendel (ver Mendelismo). A pesar de la diversidad de su arsenal terminológico (genes, determinantes, genofondo, reservas de mutación, &c.), en su manera de comprender la herencia, todos los weismanistas-morganistas están de acuerdo en un punto: la herencia es trasmitida por una substancia especial que se encuentra en los cromosomas de las células sexuales. Para los weismanistas-morganistas, la substancia hereditaria es eterna e inmutable; independiente del medio exterior en el que viven los organismos, no se renueva jamás, sino que se trasmite de generación en generación sin experimentar modificaciones cualitativas. La substancia hereditaria, proclaman, es incognoscible. Según esta teoría, el organismo se compone de dos partes independientes entre sí: la substancia hereditaria inmortal e invariable, y el cuerpo perecedero. El cuerpo no es sino el medio que nutre al organismo, la envoltura de la substancia hereditaria. Los caracteres y las propiedades del organismo dependen únicamente de esta substancia. Cualesquiera que sean las modificaciones de que pueda ser objeto el organismo, no influirán en la generación siguiente pues carecen de efecto sobre la substancia hereditaria. Los caracteres nuevos adquiridos por el organismo no son trasmisibles. Los weismanistas-morganistas se esfuerzan por explicar la diversidad de los organismos y de las especies por nuevas combinaciones entre los genes inmutables, por mutaciones de la substancia hereditaria, &c. Sin embargo, las explicaciones de los weismanistas-morganistas son incapaces de disimular el hecho de que su concepción de una substancia hereditaria inmortal e inmutable y de un cuerpo perecedero, sólo es otro aspecto de la teoría teológica de la inmortalidad del alma incorpórea y de la carne perecedera; no es sino una variedad del vitalismo.

La concepción metafísica de la inmutabilidad de las especies y de los organismos asume, entre los weismanistas-morganistas, aspectos diferentes. Según Hugo de Vries y Morgan, las especies no sufren ningún cambio durante millares de años, pero de vez en cuando, por razones desconocidas, se producen mutaciones, saltos, que tienen por consecuencia la aparición repentina de especies nuevas. Los morganistas imaginan una llamada “reserva de mutación” que se gastaría con el tiempo. Una vez agotada esta reserva de mutación, la evolución cesa. De ese modo, profesan la hipótesis de la extinción de la evolución de las especies y de la naturaleza viva en su conjunto. Según esta teoría, la materia viva debe tender inevitablemente a su fin. Semejantes teorías constituyen una demostración palpable de la naturaleza idealista y metafísica de las teorías weismanistas-morganistas. Considerando los animales y los vegetales al margen de todo vínculo y de toda interacción con sus condiciones de existencia, los weismanistas-morganistas se muestran impotentes para poner en claro las leyes objetivas reales del desarrollo de las formas orgánicas.

La falsedad de las concepciones weismanistas-morganistas es evidente. No es posible considerar una planta o un animal al margen de las condiciones en que existen. Las variaciones de las condiciones de existencia, del tipo de intercambio entre los organismos y el medio exterior, provocan modificaciones de los caracteres hereditarios. La doctrina michurinista considera el proceso de desarrollo del mundo orgánico como una sucesión de modificaciones no solamente cuantitativas, sino también cualitativas en las que aparecen nuevas formas organizadas. De acuerdo con la definición de Lisenko, la herencia es en cierto modo, la quintaesencia de las condiciones del medio exterior asimiladas por los organismos en el transcurso de una serie de generaciones anteriores. La teoría michurinista es diametralmente opuesta al weismanismo-morganismo.

Las bases filosóficas del weismanismo-morganismo se hallan en el kantismo, el machismo (ver), el pragmatismo (ver) y otras escuelas idealistas. A fin de imprimir una orientación idealista a la biología, los weismanistas-morganistas utilizan todas las categorías y tesis fundamentales de la filosofía idealista: negación de las leyes objetivas del desarrollo de la materia, reconocimiento de un carácter absoluto a los fenómenos contingentes, substitución de la realidad por ficciones matemáticas, división kantiana en fenómenos y en noumenos, afirmación según la cual la esencia de las cosas es incognoscible, &c. Sobre el fondo del weismanismo-morganismo ha surgido la eugenesia (ver) pseudociencia burguesa. Ciertos biólogos en la URSS han sufrido la influencia del weismanismo-morganismo. La doctrina michurinista, que se inspira en el materialismo dialéctico y se apoya en los datos de la práctica agrícola socialista, ha puesto en claro la completa inconsecuencia teórica y práctica del weismanismo-morganismo. La doctrina michurinista pertrecha a los prácticos de la agricultura con la comprensión de las leyes objetivas de la vida de las plantas y de los animales.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:528-529

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Diccionario filosófico · 1965

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Diccionario de filosofía · 1984