Voltaire, Diccionario filosófico [1764]
Sempere, Valencia 1901
tomo 6
páginas 44-45

Platón
II

Cuando Platón repitió a los griegos lo que los filósofos de otras naciones dijeron antes que él, que existía una inteligencia suprema que organizó el universo, ¿creyó que la inteligencia suprema residía en un sitio determinado, como los reyes del Oriente en su serrallo, o creyó que esa poderosa inteligencia se difundía por todas partes como la luz o como un ser más sutil todavía, más activo y más penetrante que la luz? En una palabra: ¿el dios de Platón existía en la materia o separado de ella? Vosotros, los que habéis leído atentamente a Platón, esto es, siete u ocho visionarios que vivís desconocidos en algunas boardillas de Europa; si llega hasta vosotros esta cuestión, os suplico que la decidáis.

La isla bárbara de Cassitérides que hoy es Inglaterra, en la que los hombres vivían en los bosques en los tiempos de Platón, [45] produjo mucho más tarde filósofos tan superiores a Platón, como éste fue superior a sus contemporáneos, que no raciocinaban. Entre estos filósofos quizás Clarke ea el más profundo, claro y metódico de todos los que se han ocupado del ser Supremo. En cuanto publicó su excelente libro, se le apareció un joven gentilhombre de la provincia de Glocester que con el mayor candor le presentó objeciones tan contundentes como sus demostraciones. Esas objeciones se encuentran al final del primer volumen de Clarke y no contradicen la existencia necesaria del Ser Supremo, sino su infinidad y su inmensidad. Efectivamente, Clarke no demostró que exista un ser que penetre íntimamente en todo lo que existe, y que este ser, del que no podemos concebir las propiedades, goce de la facultad de extenderse más allá de los límites imaginables.

El grande Newton demostró que en la naturaleza existe el vacío. ¿Pero qué filósofo es capaz de demostrarme que Dios está en ese vacío y que lo llena? ¿Cómo siendo tan limitados hemos de poder sondear esas profundidades? Debe satisfacernos haber probado que existe un Ser Supremo, ya que nos es imposible averiguar lo que es, ni cómo es.

Parece que Locke y Clarke fueron dueños de las llaves del mundo inteligible. Locke abrió todos los departamentos donde se puede entrar; pero Clarke quiso penetrar demasiado más allá del edificio. ¿Cómo Benito Espinosa, dotado de tan profunda inteligencia como Clarke, elevándose hasta la metafísica más sublime, no pudo comprender que una inteligencia suprema creó las obras tan maravillosamente organizadas? ¿Cómo Newton, el más grande de los hombres, pudo comenzar el Apocalipsis del modo que hemos referido en otra parte? {(1) Véase el artículo titulado Newton y Descartes}. ¿Cómo Locke, después de desarrollar muy bien el entendimiento humano degradó su entendimiento, escribiendo el libro titulado Cristianismo razonable? Esos grandes hombres me parecen águilas que, descendiendo de las nubes, van a pararse sobre un estercolero.


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