Filosofía en español 
Filosofía en español


Alma

G. Ψυχή; L. Anima; D. Seele; E. Soul; F. Âme; I. Anima.

A. El principio de la vida, del pensamiento o de ambos a la vez, en cuanto es considerado como una realidad distinta del cuerpo por el que manifiesta su actividad. “ἡ ψυχὴ δὲ τοῦτο ᾧ ζῶμεν καὶ αἰσθανόμεθα καὶ διανοούμεθα πρώτως” (¹ “El alma es el principio primero por el cual vivimos, sentimos y pensamos”.) Aristóteles, Περί Ψυχής [Del Alma], 414a12. Esta realidad puede por otra parte ser concebida sea como material: “ἡ ψυχὴ σῶμά λεπτομερὲς” (² “El alma es un cuerpo compuesto de pequeñas partes.”) Epicuro, en Diógenes Laercio, X, 33: “Dei flatu natam, immortalem, corporalem, effigiatam.” (³ “Nacido del soplo de Dios, inmortal, corporal, que tiene una forma.”); Tertuliano, De Anima, 8, &c.; cf. al pie, Renouvier, Observaciones; – sea como inmaterial: “El alma es de una naturaleza que no tiene relación alguna con la extensión ni con las dimensiones u otras propiedades de la materia de que el cuerpo está compuesto.” Descartes, Passions de l'Âme, I, art. 30, &c.

Sobre el sentido amplio y el sentido estricto de la palabra alma (1º toda mónada; 2º las únicas mónadas que tienen percepciones distintas y acompañadas de memoria), ver Leibniz, Monadologie, § 19.

B. Principio de inspiración moral. “Tener alma” [F. Avoir de l'âme], expresión de Ancillon alabada por la Sra. de Staël, quien añade: “Es ese soplo divino que hace a todo el hombre: amar enseña más sobre los misterios del alma que la metafísica más sutil.” De l'Allemagne, 3ª parte, cap. II.

Crítica

Esta palabra implica siempre una dualidad de naturaleza y de fines, una oposición, por lo menos provisional, con la idea del cuerpo, sea desde el punto de vista metafísico, sea desde el punto de vista empírico, sea desde el punto de vista moral, “sea hasta desde el punto de vista estético, por ejemplo, cuando se dice que es necesario tener alma para tener gusto.” (Carta del señor Maurice Blondel). Se distingue de la palabra espíritu *: 1º en que contiene la idea de una substancia individual; 2º en que es más comprensiva, ya que la palabra espíritu se aplica sobre todo a las operaciones intelectuales. Se opone igualmente al yo en la cuestión de saber si nuestra alma “es más grande que nuestro yo”, es decir, si nuestra existencia psíquica es más rica en contenido que aquello de lo cual tenemos conciencia.

Hasta tiene casi siempre, en los modernos, un matiz religioso, a consecuencia de una asociación muy general: 1º entre la idea de alma y la idea de inmortalidad; 2º entre la idea de alma y la idea de Dios, considerado como el origen y el vínculo de las almas según el cristianismo (Descartes, Malebranche, Leibniz, Berkeley, &c.).

Rad. int.: Anim.

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Sobre Alma. El señor Prat añade, a los textos citados en el § A: “Zenón Citieo, Antípatro en sus libros Del Alma y Posidonio llaman alma a un espíritu dotado de calor, que nos da la respiración y el movimiento.” Diógenes Laercio, trad. anónima (Amsterdam, Schneider, 1761), tomo II, pág. 172. (Vida de Zenón). – El señor Van Biéma recuerda el texto siguiente de Leibniz: “Sin embargo, para volver a las formas ordinarias o almas materiales, esta duración que es necesario atribuirles, en lugar de la que se había atribuído a los átomos, podría hacer dudar, si no van de cuerpo en cuerpo, lo que sería la metempsicosis”; y la doctrina que en él opone sobre “la conservación no solamente del alma, sino también del animal mismo y de su máquina orgánica, aunque la destrucción de las partes groseras lo haya reducido a una pequeñez que no escapa menos a nuestros sentidos que aquélla en que estaba antes de nacer.” Système nouveau de la nature et de la communication des substances, §6 y 7. Ver todo el pasaje, y cf. Théodícée, 397.

Se encuentra también en Renouvier una concepción hipotética del alma como “compuesto sutil, fino, inasible para los órganos o instrumentos aun demasiado toscos”, pero sin embargo material, y capaz de palingenesia *. Ver Psychologíe rationnelle, cap. XXIV; ed. Armand Colin, II, 290.

Más que la palabra espíritu, la palabra alma evoca el sentimiento de lo que es vital, cálido, cordial. Pero la palabra espíritu no excluye estos harmónicos (y bien lo recuerda la etimología); solamente hace resaltar más lo que es independiente de las condiciones materiales o animales, lo que participa de lo universal, de lo eterno; se hablará de “puro espíritu” más bien que de “pura alma”. (Maurice Blondel).

La idea de inmortalidad ha sido señalada en la Crítica a propuesta del señor G. Beaulavon, quien hace notar que es en lo que, comúnmente, la palabra alma hace pensar en seguida en nuestras sociedades cristianas. – Se podría añadir que evoca también, aunque, para nosotros, secundariamente, la doctrina de la transmigración de las almas. (Ver anteriormente). Todas estas ideas me parecen que se relacionan con la del principio individual y separable, que he tratado de poner de relieve en el texto de este artículo. (A. L.).

Alma del mundo, ἡ τοῦ παντός ψυχή, Aristóteles, Περί Ψυχής [Del Alma], 407a3. Cf. Platón, Timeo, 34 B sqq., en el que es llamada simplemente ἡ ψυχή. – L. Anima mundi, Fludd; Principium hylarchicum, Henri More; D. WeItseele, Weltgeist; E. Soul of the world; F. Âme du monde; I. Anima del mondo.

Alma que representa en relación con el mundo entero el papel del principio de unidad y de movimiento definido más arriba. Es definida por Schelling: “Was die Continuität der anorganischen und der organischen Welt unterhält, und die ganze Natur zu einem allgemeinen Organismus verknüpft.” [“Lo que sostiene la continuidad del mundo orgánico e inorgánico, y une toda la naturaleza en un organismo universal.”] Ueber die Weltseele, Sämtliche Werke, I, Abth, II, 569. Es considerada ya como haciendo las veces de Dios, ya como un intermedio entre Dios y los seres visibles.

Alma pensante [F. Âme pensante], διανοητικὴ ψυχή, Aristóteles, Περί Ψυχής, 431a14; νοητική ψυχή, Ibíd., 429b28. El alma, o la parte del alma que es el principio del pensamiento. Cf. Activo * (intelecto). – Sobre la división general de las funciones del alma, o de las almas, ver Ibíd., 413b12, 414a32.

Alma sensible [F. Âme sensible] (Anima sensibilis, o Spiritus vitalis, Bacon). Los espíritus animales, comprendidos poco más o menos como en Descartes. Es una substancia puramente material “...tanquam aura composita ex flamma et aere.” [“Como una aura compuesta de llama y de aire.”] Historía Vitae et Mortis [Historia de la Vida y de la Muerte], ed. Ellis, II, 213-215. Ver Observaciones.

Alma sensitiva [F. Âme sensitive], αίσθητική ψυχή, Aristóteles, Περί Ψυχής, 415a1, &c. El alma, o la parte del alma, que es el principio de la sensación y de la sensibilidad, hasta en los seres que no poseen razón.

Alma vegetativa [F. Âme végétative], θρεπτική ψυχή, Aristóteles, Περί Ψυχής, 415a1, &c. El alma, o la parte del alma que produce la nutrición, el crecimiento, la reproducción y la declinación de los seres vivos, aun de los no dotados de sensación y de sensibilidad.

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Sobre Alma del mundo. El dios de los estoicos enlaza el “alma del mundo” platónica con las doctrinas posteriores. Se convierte en la Tercera Hipóstasis de Plotino, y es éste el origen del sentido de esta palabra en Schelling. (R. Berthelot).

Sobre Alma sensible y Espíritus animales. “Anima siquidem sensibilis sive brutorum plane substantia corporea censenda est, a calore attenuata et facta invisibilis: aura, inquam, ex natura flammea et aerea conflata... corpore obducta atque in animalibus perfectis in capite praecipue locata; in nervis percurrens, et sanguine spirituoso arteriarum refecta et reparata, quemadmodum Bernardinus Telesius et discipulus ejus Augustinus Donius aliqua ex parte non omnino inutiliter, asseruerunt... Est autem haec anima in brutis anima principalis, cujus corpus brutorum organum; in homine autem organum tantum et ipsa animae rationalis, et spiritus potius quani animae appellatione, indigitari possit.” (¹ “Pues el alma sensible, o alma de las bestias, debe ser considerada claramente como una substancia material, rarificada por el calor y hecha invisible; quiero decir un fluído (o: un soplo) compuesto de la esencia del fuego y de la del aire... encerrada en el cuerpo, y, en los animales superiores, colocada principalmente en la cabeza; que recorre los nervios, mantenida y reparada por la sangre espirituosa de las arterias, así como Bernardino Telesio y su discípulo Agustín Donio lo han sostenido en cierto modo, y no sin utilidad... En las bestias, es el alma principal, y su cuerpo es su instrumento; pero en el hombre es el instrumento del alma razonable, de manera que se podría designarla con el nombre de espíritu* más bien que con el de alma.”. *Spiritus, producto de destilación, en el sentido en que se habla de espíritu del vino, de espíritu de la sal, &c.) F. Bacon, De Dignitate [Del Valor y del Progreso de las Ciencias], libro IV, cap. III, §4.