André Lalande, Vocabulario técnico y crítico de la filosofía [1926]
Librería El Ateneo, Buenos Aires 1953
tomo 1
páginas 464-465

Felicidad

Griego ευδαιμονια, en el sentido B; latín Felicitas; alemán Glück, Glückseligkeit, en el sentido C; inglés Happiness; francés Bonheur; italiano Felicità.

A. Sentido etimológico: suerte favorable (el mismo significado en Happiness, de Happen, suceder por casualidad; y en Glück, de Gelingen, tener buen éxito; cf. en inglés Luck (Good luck). Glückseligkeit parece que se ha empleado para borrar este matiz).

B. Estado de satisfacción completa, que llena toda la conciencia.

C. «La felicidad (Glückseligkeit) es la satisfacción de todas nuestras inclinaciones (die Befriedigung aller unserer Neigungen) tanto en extensión, es decir, en multiplicidad, como en intensidad, es decir, en grado, y en protensión, es decir, en duración.» (Kant, Crítica de la Razón Pura, Métod. transcend., cap. II, 2ª sección.)

Crítica

La idea griega de la felicidad estable, ευδαιμονια, que resulta de cierta disposición del alma, fue rechazada a segundo plano por la moral cristiana y por el kantismo. Pero ha vuelto a tomar una importancia considerable en la ética contemporánea. (Cf. Brochard, La morale ancienne, Revue philosophique, 1901, I, y La morale éclectique, Ibíd., 1902, I). Proponemos, pues, que se emplee siempre la palabra felicidad en la acepción C, que, por otra parte, tiende a tomar en la filosofía y hasta en el lenguaje corriente, en los cuales se opone justamente a la felicidad la alegría, el placer, el gozo y todas las satisfacciones pasajeras o parciales de la sensibilidad.

Rad. int.: Felic.

Sobre Felicidad.

Es de observar que la oposición de los sentidos A y B existe en Aristóteles entre la ευτυχια y la ευδαιμονια (M. Blondel).

C puede parecer al principio que se confunde con B; pero Kant, en el texto citado, entiende Glückseligkeit en el sentido más fuerte de la palabra felicidad, que implica un estado adquirido y en adelante permanente. (A. L.)

La idea de duración no es esencial para la felicidad, sin lo cual no se podría hablar de una felicidad breve, de un instante de felicidad. Y, efectivamente, ¿es la felicidad alguna vez otra cosa que un calderón? ¿Puede haber un estado permanente de la sensibilidad, si no somos sensibles más que a las diferencias? –No se distingue lo suficiente en mi opinión felicidad y beatitud; ésta, ideal y noble, y con la duración ínsita en ella; aquella, más psicológica, más humana, más grosera si se quiere: Stendhal salía todas las mañanas «a caza de la felicidad». Pero si puede ser útil distinguir convencionalmente felicidad y beatitud, corrientemente confundidas por los mejores autores, es importante sobre todo no confundir la felicidad efectiva, hecho psicológico, a menudo casi animal, y la idea o más bien el ideal de la felicidad (que representa también la palabra beatitud), producto de la imaginación, tal vez contradictorio, y en todo caso condenado a permanecer inaccesible. Si la beatitud no es la cuadratura del círculo, es por lo menos tan diferente de la felicidad que se puede realmente disfrutar como el círculo matemático de un círculo trazado a pulso. (M. Marsal.)


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