Filosofía en español 
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Cuestiones proemiales

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Determinaciones φ / Determinaciones π (del material antropológico)

Los tres ejes del espacio antropológico sólo lo son en tanto en ellos quepa disponer todas las realidades antropológicas. ¿Cuáles son éstas? Se agrupan en dos grandes rúbricas que tradicionalmente suelen designarse como corpóreas (físicas, morfológicas, fisiológicas) y espirituales (lingüísticas, artísticas, religiosas). Esta división está sobrecargada de presupuestos metafísicos. Por ello acudimos a dos símbolos abstractos (φ como inicial de φύσις, Naturaleza; π, como inicial de πνεύμα, Espíritu). Las realidades antropológicas, o bien son de índole φ (como «genitor»), o bien son de índole π (como «padre»). Las formaciones π (dialelo antropológico) han de suponerse ya humanas (cuando se dan a través de un φ a su vez humano), si bien pueden generalizarse a las formaciones de las culturas animales. Las relaciones circulares, en su nivel φ, son de índole zoológica, y en su nivel π son de índole simbólica (por ejemplo, lingüístico gramatical); las relaciones radiales, en su nivel φ, son de índole fisiológica, o termodinámica, y en su nivel π, son de índole tecnológica; y las relaciones angulares, en su nivel φ, tienen un contenido biológico o ecológico, y en su nivel π, tienen un contenido religioso [351-362]. Las determinaciones φ se organizan, en general, según el formato lógico de una especie porfiriana, mendeliana, en la que suponemos incluida la individualidad (si se quiere, bajo la forma de una totalidad distributiva 𝔗). No consideraremos, salvo como excepciones, a las formas físicas de vida humana no estrictamente individual. Suponemos que el homo sapiens sapiens se ha fijado desde hace (pongamos) cincuenta mil años y que esta fijación tiene que ver con las determinaciones π (espirituales, culturales). Y no precisa o exclusivamente, creemos, en el sentido de que la cultura humana, la «hominización», sea un resultado de características φ (por ejemplo, el lenguaje humano un resultado de un cierto desarrollo cerebral) sino también, recíprocamente, en el sentido de que estas características morfológicas y fisiológicas φ sólo han podido mantenerse, y aun originarse, a través de los procesos culturales y sociales. Es el espíritu humano aquello que condiciona y hace posible la propagación de las propias características fisiológicas del cuerpo humano.

Sin duda, multitud de determinaciones φ han aparecido a partir de condiciones biológicas preculturales, por mutaciones. Pero estas determinaciones carecerían de toda significación antropológica si se considerasen descontextualizadas de los marcos π pertinentes (la aparición, por mutación, de las cuerdas vocales nada significa antropológicamente, al margen del lenguaje humano). Las determinaciones π no pueden ajustarse, en general, a aquella forma canónica: su escala es supraindividual. El lenguaje, la Langue de Saussure, que es una formación π, no es una totalidad porfiriana, porque sus partes no son sin más, elementos de una clase φ, tal como se ha definido. Hay una inconmensurabilidad entre la Lengua y el Habla (multiplicada según la forma de los organismos φ). Las viviendas (salvo que sean celdas «monásticas») ya no mantienen la estructura individual y se coordinan no con los individuos sino con las familias. Cuando las relaciones φi / φj no incluyen la mediación de determinaciones π nos remiten fuera de la antropología y se mantienen en el campo de la biología. Los procesos de fusión de gamentos de dos indidividuos humanos (Hi/Hj) en la medida en que tienen lugar al margen de toda determinación π, son procesos biológicos. Asimismo muchas relaciones que se mantienen entre los términos culturales no son de suyo antropológicas. ¿Dónde trazar la línea divisoria? Sugerimos el siguiente criterio: cuando las relaciones entre las determinaciones π tengan lugar a través de φ (πi / φ πj) –en condiciones sobre todo β-operatorias– estaríamos en el reino de la antropología. Pero si φ pudiera ser eliminado, nos saldríamos de él. Así, las relaciones geométricas entre figuras fabricadas (π) por el hombre, no son antropológicas, sino resultancias objetivas. Y lo mismo se diga de las relaciones lógicas o de las relaciones cibernéticas o incluso de las estructuras estadísticas. En conclusión, el ámbito de las categorías antropológicas estrictas brota de las confluencias de las determinaciones φ y de las determinaciones π. Cuando consideramos las formaciones φ disociadas de π, entramos en el reino de las categorías zoológicas o incluso psicológicas; cuando consideramos las formaciones π disociadas de φ, entramos en un campo de categorías praeterculturales. [427-433, 217, 227-232] {E&U/EPI 185 / SV 102-103, 104-108, 109-111 / → AAC}

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