Filosofía en español 
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Individuo y Persona

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Hetería soteriológica en función de sus objetivos prolépticos

En cuanto a asociaciones, colegios o corporaciones, las heterías soteriológicas han de especificarse, ante todo, por sus objetivos intencionales (émicos) [237]. Y aquí encontramos la primera gran dificultad metodológica: ¿acaso estos objetivos intencionales han de entenderse, desde luego, como entidades fenomenológicas (émicas)? En este caso, sería muy dudosa la pretensión de alcanzar una idea antropológica, salvo que supusiéramos que las intenciones emicamente determinadas tienen una consistencia ontológica y no son más bien superestructuras ideológicas detrás de las cuales operan las verdaderas causas («el ser»). Los objetivos intencionales (prolépticos [234]) a los cuales nos referimos, están aquí tomados en una perspectiva que no quiere agotarse meramente en la esfera de la conciencia (de los objetivos explícitos), puesto que quiere abarcar también la esfera de la realidad (antropológica). De lo que se trata, por consiguiente, es de describir estos objetivos (prolépticos) en términos tales que su realidad pueda ser reconocida desde nuestra axiomática antropológica. (Objetivos tales como la «obtención de la reconciliación de la persona humana con las personas divinas de la Trinidad» no pueden ser reconocidos como objetivos reales en una axiomática antropológica materialista, aun cuando tengan una evidente entidad y eficacia histórica y psicológica, una entidad que deberá poder ser reducida dentro los límites de la propia axiomática. En cambio, los objetivos tales como «alcanzar la reconciliación de la individualidad subjetiva con la personalidad» podrán tener sentido, al menos, dentro de nuestra axiomática). Estos objetivos a veces podrán ser formulados de forma muy próxima a la que es utilizada (emicamente) por alguna corporación históricamente documentada. En cualquier caso, las fórmulas fenomenológicas son siempre los materiales de los cuales es preciso partir. Ahora bien, la expresión objetivos intencionales contiene, por lo menos, tres clases diferentes (aun cuando siempre vayan intersectados) de objetivos, que denominamos respectivamente fines, planes y programas. [120, 238]

Los objetivos de las heterías soteriológicas se nos presentan, ante todo, como fines particulares: son los fines de una corporación de especialistas, no son fines que puedan ser atribuidos a todos los hombres –entre otras cosas, se exige un alto grado de entrenamiento para poder asumirlos («Con un solo hombre que posea el arte de la medicina, basta para tratar a muchos, legos en la materia; y lo mismo ocurre con los demás profesionales, Platón, Protágoras, 322c). Sin embargo, ¿cabría afirmar que los planes de las heterías soteriológicas, buscan salvar a todos los hombres? Acaso su diferencia con las iglesias universales, ecuménicas, pueda ponerse en este punto. En algún sentido podría decirse que las heterías soteriológicas tienen una «vocación ecuménica» –aun cuando luego, de hecho, su acción esté escandalosamente reducida a una región de la humanidad. «Id a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (San Marcos, 16, 15). Este objetivo, aunque es fin de una pequeña comunidad (colegio apostólico) tiene planes universales («toda criatura»), si bien de hecho debieron transcurrir dieciséis siglos (el descubrimiento de América) para que esta universalidad intencional pudiera alcanzar un significado objetivo: un lapso de tiempo demasiado largo para la consistencia de esos planes que se vieron por ello gravemente comprometidos. Ahora bien, los programas apostólicos eran (tal es nuestra interpretación, sin duda muy discutible) programas específicos –predicar el Evangelio– no genéricos, abstractos. La especificidad de estos programas podría, además, corroborarse si se tiene en cuenta que en ellos estaba siempre presente el objetivo del encuentro o identificación con Cristo, como figura idiográfica, y este objetivo es el que propiamente comportaba la salvación. Por aquí, cabría especificar la idea de hetería soteriológica en tanto a ella le asignamos objetivos –programas– de índole genérica, formal, &c., y no específica. Y esto sin perjuicio de reconocer que, en la medida en que la presencia de Cristo se haga más lejana e inconcreta, en la medida en que el Dios salvador comienza a funcionar más bien como un Deus absconditus irrepresentable, es decir, sin contenido concreto, en esa medida, es muy probable que los conventos cristianos puedan pasar a desempeñar las misiones de una hetería soteriológica.

Concebimos el objetivo programático de las heterías soteriológicas como un objetivo abstracto, indeterminado, genérico, a saber, el objetivo de la formalidad misma de la individualidad personal, en cuanto tal. Este objetivo lo consideramos abstracto, precisamente porque figura como tal objetivo –puesto que suponemos que la individualidad personal resulta originariamente del curso mismo de la realización de los proyectos materiales (fines, planes, programas) del individuo que actúa en el contexto de los otros individuos de su entorno «circular» [245]. Solamente cuando el proceso directo (material) de formación de la individualidad personal se interrumpe (sin que quede interrumpida la actividad del individuo), puede surgir como objetivo reflejo la propia forma de la individualidad personal, erigiéndose de este modo en un programa formal, por cuyos lineamientos y métodos de ejecución se constituirán como tales las heterías soteriológicas.

La figura genérica que nos interesa aquí considerar es la figura del «individuo flotante». Las heterías soteriológicas aparecerán en el momento en que el número de «individuos flotantes» alcance un punto crítico determinado. {BP13 21-22, 24}

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