Filosofía en español 
Filosofía en español

Filosofía de la Historia

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Reliquias

Son «hechos», hechos físicos, corpóreos, presentes, que subsisten en contigüidad con otras realidades que no son reliquias, es decir, que no hayan sido construidas por el hombre ni por nadie que opere antropomorficamente: que no pueden ser comprendidas en un plano β-operatorio, sino en un plano α-operatorio [227-232]. Es necesario al concepto de reliquia el que las formas conceptuadas como tales no puedan explicarse como efecto de causas impersonales, mecánicas, sino como efecto de la actividad humana. Las reliquias constituyen, por tanto, una clase de objetos corpóreos, dados entre otros objetos corpóreos (fundidos al paisaje, o a otras formas naturales de las que difícilmente pueden disociarse), pero caracterizados precisamente por esto: porque se nos presentan como efectos de operaciones humanas. En el momento en que una sola de las reliquias fuera interpretada como resultado de la actividad fabricadora de un demon (de un «extraterrestre»), el campo de las ciencias históricas perdería su propia estructura, sus propios límites. Éstos se establecen a partir de una interna percepción de lo que es fabricado por sujetos, similares en todo a nosotros mismos, y en continuidad física (tradición) con ellos. Las reliquias son objetos corpóreos, fabricados por sujetos similares al sujeto gnoseológico. Pero, a su vez, las reliquias no han sido fabricadas por hombres actuales, sino por sujetos similares a los hombres actuales, por hombres pretéritos que, por tanto, no pueden ser percibidos. Las reliquias son perfectas en la medida en la cual, quienes las fabricaron, ya no pueden volver a fabricarlas ni pueden comparecer jamás ante nosotros. Los objetos actuales (máquinas, viviendas) son infectos, porque están siendo utilizados y desarrollados, sin que hayan llegado a su acabamiento. ¿Cómo podemos pasar de la determinación de los objetos presentes como reliquias o, lo que es lo mismo, cómo podemos pasar del presente al pasado? Si nos atuviéramos únicamente a los objetos culturales, habría que decir que éstos no podrían remitirnos a un pretérito: ellos son puro presente, incluso cuando su aspecto sea ruinoso; porque las «ruinas» también son presentes. Nosotros suponemos que es a partir del presente social anómalo como es necesario y suficiente proceder para llegar al concepto de pasado histórico. La anomalía del presente consta de los diversos escalones constituidos por las «clases por edad» de los sujetos que conviven envueltos en un sistema de relaciones «simétricas, transitivas y reflexivas» mantenidas principalmente en el proceso lingüístico. A partir de la estructura del «presente anómalo» podemos intentar construir el concepto de Historia. No ya a partir de un supuesto interés por el «pasado», sino a partir de la presencia, para clase de edad, de las clases de edades más viejas: la presencia sistemática de personas (dotadas de lenguaje) que poseen experiencias (tecnológicas) propias, y que relatan (tradición) a las clases de edad más jóvenes. Sólo a través de estos relatos podemos concebir cómo algunos objetos culturales pueden asumir la forma de reliquias. {BP01a 8-11}

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