Filosofía en español 
Filosofía en español

Cuestiones preambulares

[ 707 ]

Pensamiento español realmente existente en el marco histórico de la sociedad española

Para la determinación del Pensamiento español (entendido como un proceso histórico) habrá que considerar, según la reclasificación de los idiomas propuesta [706], como idiomas comunes (universales) de todos los españoles a lo largo de su historia, tanto al español y el latín, es decir, a los idiomas cuyo marco es la propia sociedad española: el primero, como idioma popular (román paladino) y efectivo; el latín, como idioma de élite, selectivo (pero común a todos los españoles, a todas sus partes integrantes [29], en tanto que desde cualquier parte de la sociedad española, gallegos o catalanes, plebeyos o aristócratas, clérigos o civiles, podían hablar también o escribir en latín). Y, desde luego, el campo de estos idiomas comunes era genérico y no específico de la sociedad española. Nos parece evidente que la condición de “genérico” contribuyó, si no determinó, la condición “común” de estos idiomas.

En cambio, los idiomas particulares (el gallego, el vasco, el catalán o el valenciano) han sido también idiomas específicos de esas sociedades o “nacionalidades”; jamás fueron idiomas genéricos a otras sociedades, jamás fueron, como el español o el latín, idiomas internacionales. Dicho de otro modo, los cuadros II-A y I-B son cuadros prácticamente vacíos, al menos para el pensamiento español histórico. No decimos que no puedan llenarse algún día. Decimos que hoy por hoy sólo son futuribles, y es desde este punto de vista desde donde podemos denominar al pensamiento español que transcurre a través del marco IA, como el pensamiento español efectivo o real; mientras que el pensamiento español que transcurre por el marco IIB será, hoy por hoy, sólo un “pensamiento virtual”.

Y si examinamos combinadamente, desde los criterios lingüísticos y sociales, concluiremos que el pensamiento español realmente existente expresado en idiomas particulares y específicos ha sido mucho más débil, por no decir inexistente, a lo largo del curso histórico, que el pensamiento español expresado en idiomas genéricos y comunes. No es, por tanto, que no haya existido pensamiento gallego, pensamiento vasco o pensamiento catalán; lo que ocurre es que este pensamiento ha utilizado como marco el idioma español o el latín, es decir, los idiomas comunes de la sociedad española. Las figuras más representativas del pensamiento gallego (Gómez Pereira, Francisco Sánchez, Benito Feijoo, Ramón de la Sagra o Amor Ruibal) han escrito en latín o en español. La hermosa lengua gallega fue utilizada históricamente para la música o para la poesía (incluso por castellanos), pero no para el “pensamiento”. E incluso lo mejor de esta poesía en gallego que hoy conservamos, como son las Cantigas de Santa María, no representarían tanto el espíritu gallego (si creemos a Xose María Dombarro Paz) cuanto el espíritu de la aristocracia feudal dominante en el Reino de Castilla. Y si nos atenemos a los pensadores más reconocidos del País Vasco (Unamuno o Zubiri), también ellos escribieron en español y no en euskera. En cuanto a la Corona de Aragón-Cataluña, la situación es algo diferente. Raimundo Lulio o Eiximenis escriben en mallorquín o en valenciano; sin embargo, Raimundo de Sabunde o Luis Vives escriben en latín; y Jaime Balmes o Eugenio d'Ors escriben en español.

Frente a la que llamamos “metodología negra” [711], nuestra metodología materialista comienza impugnando el supuesto de una “historia lineal” y, por consiguiente, la categoría historiográfica del “retraso histórico” como categoría explicativa; nuestra metodología parte del supuesto del desarrollo multilineal, paralelo al que los biólogos evolucionistas utilizan hoy en el análisis de la evolución orgánica. El pensamiento de una sociedad en marcha habrá de ser analizado desde la perspectiva de esa sociedad, que, por otra parte, no es una sustancia [703] de cuyo seno puedan brotar los pensamientos como si fuesen una secreción orgánica suya. La sociedad de referencia, en este caso la sociedad española, es un marco a través del cual los aportes externos de todo tipo son su “alimento” ordinario, y lo que habrá que explicar son los procesos de recepción, selección, composición y combinación de estos alimentos en función de la sociedad de referencia. En ningún caso, estos aportes tendrán que ser necesariamente interpretados como meros “reflejos del exterior”, porque esto equivaldría a admitir que “debiera haber” un pensamiento sustancial y autónomo. El criterio decisivo para analizar un pensamiento público es su propia existencia; si existe tendrá sus características propias. Es cuestión oblicua, aunque importante, la de su “originalidad”, porque en cualquier caso esta jamás puede ser absoluta (hablar de creación, en el terreno del pensamiento, no tiene más alcance que el puramente propagandístico o narcisista). Lo que importa es que el pensamiento de una sociedad pueda mantenerse entretejido, casi siempre de modo polémico, con los pensamientos de otras sociedades.

Dejaremos de hablar, por tanto, de un pensamiento español refiriéndonos a la antigüedad romana o a la edad media visigótica; lo que no significa que, en el curso del pensamiento español (de la sociedad española) no haya que tener en cuenta, como líneas privilegiadas que atravesando sus marcos, son los pensamientos peninsulares, ya sean romanos, como los de Séneca, ya sean visigodos o hispanorromanos como el de San Isidoro. Pero supuesto que el pensamiento español, y es mucho suponer, pueda decirse que es senequista o isidoriano, no lo sería porque el senequismo o el isidorianismo expresasen unas “constantes históricas esenciales” de la sociedad española, cuanto porque habían influido históricamente en su posterioridad. Y entonces, es muy improbable que una influencia tal, por importante que ella fuera, pudiera haber imprimido una dirección constante y única a un pensamiento de siglos.

Una nueva situación histórica y social se configura en el siglo VIII a raíz de la invasión musulmana, organizándose un mapa histórico diferente que define a la sociedad española [705] frente a las sociedades de su escala (europeas e islámicas).

Nuestro propósito es tratar de “deducir”, de lo que podamos considerar en cada momento como marco del pensamiento de la sociedad española en su desarrollo histórico, algunas de las características que pudieran considerarse como esenciales y, en consecuencia, en parte, como diferenciales, para la constitución de ese pensamiento, a saber:

  1. El marco del proyecto teológico-político imperialista [708].
  2. El marco del Imperio hispánico [709].
  3. El marco de la sociedad del presente [710].

{BS26 76,78 /
BS24 27-50 / → EFE / → ENM / → ZPA 249-268 / → EC20}

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