Filosofía en español 
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Idea de Imperio

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Imperio diapolítico o diamérico: Imperio mínimo / Imperio intermedio / Imperio máximo o Universal

Concepto categorial de Imperio (acepción III), obtenido en la vía del progressus (vía de la reflexión progresiva) [716] que se abre al proyectar unas sociedades políticas ya constituidas sobre otras (que también habrán de tratarse como si estuvieran ya constituidas como Estados). Al igual que los conceptos de I y II [717], Imperio, en esta acepción III, es un concepto de segundo orden, por cuanto supone una reflexión entre los Estados elementales. En virtud de esta “reflexión” aparecerá un sistema o totalidad atributiva (no distributiva) [24] de Estados que ya no podremos llamar “Estado”, ni “Súper-Estado”, ni tampoco “sistema distributivo de Estados” o de “relaciones entre Estados”, sino precisamente “Imperio”. Otra cosa es que, en muchos casos, algunos sistemas de relaciones entre Estados distributivos se encuentren muy próximos a los sistemas de relaciones atributivas propias de los Estados constitutivos de un “sistema imperial”. El concepto diapolítico de Imperio está tallado desde una perspectiva preferentemente etic (que no excluye los conceptos emic homólogos).

El Imperio, en su acepción diamérica, es el Imperio como sistema de Estados mediante el cual un Estado se constituye como centro de control hegemónico (en materia política) sobre los restantes Estados del sistema que, por tanto, sin desaparecer enteramente como tales, se comportarán como vasallos, tributarios o, en general, subordinados al “Estado imperial”, en el sentido diamérico [34]. El Imperio diamérico no es un “Estado de Estados” porque las “totalidades centradas” no pueden, a su vez, dar lugar a otras “totalidades centradas” [25] de tipo holomérico [51]. Es un sistema de Estados organizado por la subordinación (no por la destrucción) de un conjunto de Estados al Estado Imperial. (Las “Leyes” o fueros del Estado subordinado habrán de ser mantenidos, en principio, en un sistema imperial, siempre que sean compatibles con las leyes del Estado hegemónico).

Las relaciones que el conjunto de los Estados constitutivos de un Imperio mantiene entre sí y con el Estado hegemónico pueden clasificarse en tres grupos:

a) Relaciones orientadas desde el Estado hegemónico hacia los Estados subordinados. Permiten definir el Imperio objetivo diamérico como una estructura de dominación a escala interestatal; estructura que no es lineal o de jerarquía simple, puesto que admite también estructuras ramificadas.

b) Relaciones recíprocas establecidas entre los Estados subordinados y el hegemónico. Permiten redefinir el Imperio objetivo como una estructura de soberanía. Imperio es ahora “soberanía” del primer eslabón de la jerarquía, que es el primero o arjé, no sólo porque tras de sí hay otros eslabones, sino sobre todo, porque antes de él, o por encima de él, no se reconoce a ninguno: imperio equivale aquí a soberanía absoluta.

c) Relaciones de “coordinación” de los Estados subordinados entre sí.

El concepto común de imperialismo podría reducirse, casi sin residuo, al concepto diapolítico de imperio; caben, sin duda, muchos grados y situaciones límites. Atendiendo a la cantidad de Estados subordinados, los Imperios diaméricos, en sentido politológico, podrían clasificarse en:

1. Imperio diamérico mínimo: Imperio unitario como situación límite. Constituido por un Estado imperial, respecto de un único Estado subordinado que, en el límite llegaría a ser el mismo Estado. Imperium, en esta línea, se utilizará también para designar, por sinécdoque, a una soberanía absoluta característica del Estado, tal como fue concebido por el absolutismo de Bodin o de Hobbes. El concepto diamérico de Imperio como soberanía absoluta puede conducir a una situación límite (similar a la que los lógicos llaman “clase unitaria”): la de un Estado que, sin tener debajo de sí a ningún otro, no tenga (o no quiera tener) por encima de sí a ninguno. Se llamará, entonces, Imperio, en el límite, no ya a un sistema de Estados, sino a uno solo considerado desde la nota de soberanía. Esta situación solo puede denominarse “Imperio” con el sentido de situación límite (como cuando llamamos “distancia cero” a la distancia entre dos puntos superpuestos); y esto, al margen de la cuestión de si es posible a un Estado existir en solitario (a un Estado que, por otra parte, no se confunda con ningún “Imperio Universal”). Como ejemplos-caricatura (tan efímeros como esperpénticos) de estos Imperios unitarios límite cabe citar dos casos constituidos en antiguas colonias francesas (sin duda, como consecuencia del recuerdo de Napoleón): el llamado “Imperio de Haití” (fundado en 1806 por el “Emperador Jacobo I”; en 1849, un tal Souluque se hizo con el poder de Haití y se autodenominó “Emperador Faustino I”). Y el llamado “Imperio Centro Africano” fundado sobre la antigua colonia francesa de Ubangui-Chasi, por el llamado “Emperador Bokaasa”, el 4 de diciembre de 1976. Otros dos casos de Imperios unitarios son los que se constituyeron en el México del siglo XIX: el “Imperio de Itúrbide” (elegido “Emperador de México” el 18 de mayo de 1822; abdicó el 20 de marzo de 1823 y fue fusilado el 19 de julio de 1824); el “Imperio de Maximiliano” (elegido por una “Asamblea de Notables” el 10 de junio de 1863; entró en la capital para empezar su mandato el 12 de junio de 1864, y fue fusilado el 19 de junio de 1867).

2. Imperio diamérico intermedio. Sistema constituido por un Estado imperial hegemónico, respecto de varios Estados subordinados, tributarios o vasallos. Es el caso ordinario de las “Ciudades Imperiales” de la antigua Mesopotamia o del antiguo Egipto; también del Imperio romano, siempre que Roma se considere como un Imperio, no tanto en relación con los bárbaros (supuesto que estos se encontraban en un estado tribal, prepolítico), sino en relación con otros Reinos, Ciudades o Repúblicas mediterráneas. Aunque Roma destruyó a Cartago, no destruyó los cientos y cientos de ciudades-Estado que llegó a incorporar a su sistema, ni tampoco llegó a destruir a todos los Reinos orientales sobre los cuales ejerció su control.

La estructura del Imperio en su sentido diamérico estricto aparecerá, por ejemplo, en el momento en el cual una ciudad-Estado (en las civilizaciones asiánicas, del Egeo al Cáucaso) comienza a ejercer su hegemonía sobre otras ciudades, de un modo análogo, aunque a escala mayor, a como la estructura del Estado originario habría comenzado en el momento en el que una ciudad haga girar en torbellino, en torno a ella, a un campo preurbano más o menos extenso. También podríamos incluir en esta rúbrica a ciertas situaciones más particulares conceptualizadas en el Derecho Internacional Público como “co-Imperios”, y que implican la relación entre diversos Estados que resultan asociados por el hecho de poseer la soberanía territorial sobre un territorio ajeno a ellos (cuando la soberanía se mantiene sobre el territorio propio de un Estado se habla de “con-dominio”). El régimen interno de Tánger, abolido el Tratado de 29 de octubre de 1956, era un co-Imperio, porque el territorio permanecía bajo la soberanía de Marruecos. El concepto de Imperio utilizado por los historiadores positivos y por los antropólogos se corresponde casi siempre con esta con la acepción diamérica intermedia (por ejemplo, J.H Steward y L.C. Faron, Native peoples of South America, Mc.Graw-Hill, Nueva York, 1959).

El límite inferior del Imperio en su acepción diamérica, es el Imperio depredador o colonial (situación en la cual, sin desaparecer la relaciones de subordinación, como es el caso límite del Estado solitario, se desvanezca o desaparezca la condición de Estado subordinado). Hablaremos aquí de Imperio depredador o colonial (y aún de “imperialismo”). Desde el punto de vista conceptual, el “Imperio depredador” se nos revela, no ya tanto como una alternativa dada dentro de los Imperios diapolíticos, sino como la situación límite de estos imperios en la cual la relación diamérica desaparece, al desaparecer los estados subordinados. El imperio depredador (como pudo serlo, por ejemplo, el llamado “Imperio de los vikingos”, es decir, el conjunto de las zonas a la que alcanzaban sus pillajes durante los siglos IX a XI), no es en rigor un imperio en sentido político, porque el Estado depredador se mantiene únicamente en el ámbito de la “razón de Estado de sí mismo”. Este es el caso de los primeros Imperios “recaudadores de tributos” como pudo serlo el Imperio cretense que tuvo su centro en Cnossos. Sin duda, sus planes y programas habrán de detener la depredación (o condicionarla) a los límites que hagan posible que se mantengan las sociedades explotadas (lo que podrá tener lugar mediante el llamado “gobierno indirecto” de las colonias). Ahora bien, el “gobierno indirecto” de los Imperios depredadores no tiene que ver, en principio, con la generación de Estados nuevos. Tal es el caso del “imperialismo capitalista” propio de los imperios depredadores de la última fase del capitalismo, cuya expansión más intensa habría tenido lugar entre los años 1884-1900, según Hobson y Lenin. Cabe constatar una tendencia sostenida, entre politólogos y antropólogos, a interpretar el Imperio diapolítico a partir de su límite (por ejemplo, cuando E.R. Service –en Los orígenes del Estado y de la Civilización–, expone la diferencia entre Estado e Imperio, de acuerdo con Steward); límite en el cual, según nuestras premisas, la estructura más característica del Imperio desaparece, sin perjuicio de semejanzas fenoménicas. Si los imperios depredadores son el límite inferior del Imperio diamérico, los imperios generadores son su límite superior [723].

3. Imperio diamérico máximo o universal. Estaría constituido como un sistema tal que un Estado mantuviera su hegemonía respecto de todos los demás Estados. Es el límite superior del Imperio diamérico, es decir, la situación en la cual la ratio imperii se extienda, no a un círculo de Estados, sino a la totalidad del Género Humano. El “imperio diamérico universal” no ha existido nunca en la Historia; y esto lo ha subrayado siempre, por cierto, la doctrina española al respecto, desde Alfonso X (Partida II, 11) hasta Francisco Suárez (“no hay potestad alguna que tenga jurisdicción en todo el Orbe o en todos los hombres, luego ninguna ley puede ser, de este modo, Universal”, De legibus, III, 4). En efecto, la Idea de un Imperio Universal, dotado de Unicidad, es imposible, por el carácter “límite” propio de la Idea de un tal Imperio Universal [721]: un Imperio Universal efectivo, con eutaxia irreversible (“el fin de la Historia”) que, al pasar al límite, por metábasis [104], afectase a todo el Género Humano, implicaría la extinción del Estado (si es que el Estado [574] implica siempre la pluralidad de Estados separados por sus “capas corticales”). Y, con ella, la ratio imperii en cualquier tipo de planes y programas. Lo que significa, a su vez, por tanto, que la Idea de Imperio, y esta es su contradicción dialéctica, no podría rebasar nunca un círculo particular de Estados y no podrá jamás extenderse a la totalidad del Género Humano. Sin embargo, en esta Idea están implicados, de algún modo, determinados Estados históricos, incluso Estados que se encuentran en situación de agonía. Y si esto es así, habrá que concluir que los planes y programas que vayan referidos a la “totalidad del Género Humano” [720], no podrán ser considerados propiamente como objetivos de una ratio imperii diapolítica, sino como objetivos de una razón metapolítica [719] que es la que puede proponerse estos objetivos.

{EFE 189-195, 202, 216 /
EFE 171-367 / → PEP 271-399 / → PCDRE 85-201 / → BS24 27-50}

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