El Clamor Público
Periódico político, literario e industrial
 
Madrid, viernes 28 de noviembre de 1845
número 494, página 3

Ramón de la Sagra

Frenología
 

D. Ramón de la Sagra ha dirigido a uno de nuestros colaboradores desde Granada la siguiente carta.

Mi querido amigo: Aprovecho el primer día de descanso para entretenerme un poco con Vd., y satisfacerle a la pregunta que en esa me hizo, sobre mi opinión relativamente a la frenología, hacia la cual el señor Cubí y Soler ha conseguido dirigir la curiosidad madrileña. Preliminarmente diré a Vd., que cuando se trata de una ciencia, no deben admitirse opiniones, sino verdades demostradas, y por lo tanto, me permitirá Vd. que reforme su pregunta y la reduzca a otra más categórica y exacta. Vd. desea que yo le diga lo que sobre frenología. – Voy a responder en breves palabras, y aun estas serían innecesarias si Vd. quisiese tomarse el trabajo de buscar, en el resumen de mis estudios sociales, los aforismos 36, 37 y 136 de la edición española, y a los cuales corresponden los números 35, 36 y 139 de la traducción francesa leída en la academia de ciencias morales y políticas del instituto real de Francia. Helos aquí, para que Vd. los recuerde.

«36. El criterio de la razón, aplicado al orden científico, llegó sucesivamente al período presente, que es el conocimiento del mundo fenomenal, donde todo aparece material.»

«37. Así todos los hechos consignados por la razón, mostrando el predominio y la primacía de la materia, constituyen la ciencia del día materialista

«136. El actual periodo material de la ciencia, debe ser transitorio.»

En la lectura que hice en el instituto, precisé más este aforismo, diciendo:

«139. El periodo del materialismo científico, es solo transitorio al espiritualismo científico.»

Estas cortas líneas contienen la esposición de todo cuanto he llegado a saber relativamente a las ciencias, inclusa la frenología, y de consiguiente, lo que voy a añadir, para satisfacer a Vd., serán solo comentarios. Pero antes diré dos palabras sobre el sistema adoptado por el señor Cubí, de rechazar con vigor toda acusación de materialismo, dirigida a su ciencia favorita. En esta parte, hubiera yo deseado hallarle tan lógico como entusiasta en la esposicion de la doctrina; tan valeroso para sostener las consecuencias, como instruido en la manifestación de los principios; hubiera deseado, en fin, ver reunidos en el señor Cubí los talentos que posee de la observación de Gall y de Spurzheim, con el severo y franco raciocinio de Broussais.

Y no es la falta de valentía en el señor Cubí, lo que yo censuraría, si tal defecto fuese solo debido a una contemporización prudente con las contrarias opiniones españolas, que podían, alarmándose, interrumpir la carrera del ilustrado y celoso profesor, sino que creo haber conocido, en la energía de sus espresiones, y protestas que estas tienen por móvil un profundo convencimiento.

Yo no emprenderé ahora la tarea de demostrar que la frenología es una ciencia materialista, y que como tal, establece el predominio absoluto del organismo. Esta calificación no es una censura; es una definición que comprende, como dejo indicado, a todas las ciencias de observación, que en sus deducciones proceden por analogía. Tampoco encierra mi aserto la mera acusación contra el curso de lecciones del señor Cubí, pues en tal caso, habría de hacer aquella estensiva a todos los cursos de ciencias dados en el jardín de plantas de París, en la Sorbona, en las escuelas especiales de medicina, de minas &c. &c. El señor Cubí profesa una ciencia, en el estado en que se halla, y la profesa enriquecido de hechos y animado por un entusiasmo de convicción. Si la tal ciencia se halla aún en el período materialista, como todas las otras, el señor Cubí no tiene la culpa. Adelantarse al tal período, decirlo con decisión, sin poder aún demostrarlo a un auditorio, le emanciparía al momento todo el que se reúne en el Liceo de Madrid.

Pero a lo menos, yo desearía que el señor Cubí demostrase sólo los principios que constituyen la ciencia frenológica, sin inquietarse de las consecuencias. De este modo, no se hallaría embarazado en su marcha; con los hechos, digámoslo así en la mano, puede desafiar todo género de réplicas y rechazar toda especie de objeciones; pero si sale del campo científico de la observación material de los fenómenos, no le será posible contrarestar la demostración del sistema de materialismo que lógicamente puede deducirse.

La anatomía humana y la general o comparada, la fisiología, la antropología, la geología, &c. cooperan en su marcha progresiva a generalizar el tal sistema. La esplicacion de los fenómenos de la inteligencia, por el organismo; la determinación de las series inteligentes, en razón al organismo; el principio de la reforma de la educación por el organismo; la correspondencia de grados inferiores de inteligencia a grados imperfectos de organismo; la cadena de los seres en serie progresiva, &c., &c. todos principios fundamentales de las ciencias de observación del día, o en el período presente, no son otra cosa que partes componentes del sistema general materialista, que constituye la ciencia moderna. El señor Cubí profesa una de estas partes, y nada hay que decir sobre ello. Tiene en su apoyo la opinión de la época y el voto de todos los gobiernos ilustrados, que promueven y protegen las ciencias.

Después de lo que acabo de escribir a Vd., ¿dudará de mis convicciones sobre la frenología? Creo que no. Pero si Vd. dedujese una consecuencia, relativamente al orden moral, entonces seré aun mas esplicito. Si del convencimiento físico del predominio del organismo que demuestran las ciencias del día, quisiese Vd. pasar al convencimiento moral; si del mundo científico de verdades relativas quisiese Vd. pasar al mundo de verdades absolutas; si de la existencia esterior, fenomenal y variable, quisiera Vd. deducir principios fijos para la existencia interior, real e invariable, entonces al oírme calificar de materialista como hombre científico, respondería a Vd. con el comentario de los aforismos citados antes, diciéndole que ese orden físico, descubierto por la ciencia moderna; esa serie de verdades físicas que demuestran la supremacía de la materia o del organismo, constituyen un orden, una serie de transición, que es solo aparentemente real, mas no verdadero. Diría a Vd., que todas las verdades de las ciencias modernas, son verdades relativas, ciertas solo en el orden fenomenal de la observación esperimental. Diría, en fin, a Vd. otra porción de cosas, cuya demostración Vd. me pediría con justicia antes de admitirlas; pero demostración que no me sería dado manifestar a Vd.

Esta conclusión debe sorprenderle a Vd., y tal vez atraerme a mí una calificación de parte del público, poco favorable a mi inteligencia. No penaré por ello. A los que califiquen de estraviada mi razón, porque admitiendo las verdades científicas, solo como verdades relativas y fenomenales, desecho su certeza aparente para deducir consecuencias de verdad moral y absoluta, les demostraré que irremediablemente deben ser materialistas, y haré mas, deduciré las consecuencias lógicas e irrecusables del materialismo, funestas para los individuos y para la sociedad.

Ahora, discurra Vd. como le parezca; pero sea Vd. consecuente con lo que admita o establezca. Si Vd. desecha, porque no se la presento claramente determinada, la tabla de salud para salvarse del materialismo científico, contribuya Vd. a él como el señor Cubí y todos los sabios que profesan las ciencias de observación. No por esto le condenaré a Vd. ni a nadie que tal senda sigue; al contrario, les estimularé a que la corran con ardor, único medio de salir de ella lo más pronto posible, salvando así el periodo de transición a que he aludido en mis aforismos.

Granada 21 de noviembre 1845.

Ramón de la Sagra

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Mariano CubĂ­ Soler
1840-1849
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