La Esperanza
Periódico monárquico
 
Madrid, viernes 3 de octubre de 1856
año duodécimo, número 3067, páginas 3-4

Anuncio de Philosophiae rudimenta ad usum academicae juventutis..., Joseph Fernández Cuevas, La Esperanza, Madrid, viernes 3 de octubre de 1856

[Philosophiae rudimenta ad usum academicae juventutis, opera et studio P. Joseph Fernández Cuevas]

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No hay duda que estamos atravesando una época en extremo crítica y azarosa. El espíritu de incredulidad, después de inficionar las clases ricas y elevadas, ya va instilando su mortal ponzoña en el corazón del pueblo; y no contento con escarnecer toda verdad revelada, pretende con temerario empeño oscurecer la misma luz de la razón. En efecto, las nociones más claras del derecho natural, la espiritualidad del alma y libre albedrío del hombre, la unidad de Dios, y el dogma de la creación, son a los ojos de muchos pretendidos sabios vanas quimeras e ilusiones añejas, que muy pronto desvanecerá con sus rayos el nuevo sol de la filosofía llamada humanitaria: por el contrario el materialismo, el fatalismo, el panteísmo y hasta el comunismo más abyecto y grosero están destinados a regenerar la humanidad y a trasformar en florido y delicioso Edén este valle de lágrimas, cubierto de abrojos y espinas. España ha abierto en mal hora las puertas a esta filosofía, tan repugnante al carácter nacional por lo que tiene de extraña y advenediza, como por el alarde que está haciendo de descreída; y es lo cierto que no logrará establecer su imperio en las inteligencias, sin arrancarnos el tesoro de la fe y condenar al más ingrato olvido las glorias de nuestra patria y los dulces recuerdos de nuestros mayores.

Pues entre los más eficaces remedios para cortar de raíz el mal que lamentamos, no ocupa el último lugar la enseñanza de una filosofía, sana en sus principios, fácil y clara por su método, y de tendencias verdaderamente católicas, en las universidades y colegios, adonde acude la juventud a recibir las primeras lecciones del saber. Y aunque existen a la verdad varias obras de incontestable mérito bajo todos estos aspectos, todavía ha creído el antor acometer una empresa provechosa y agradable, así a la juventud española como a sus dignos maestros, al publicar un nuevo curso de filosofía, escrito por un español, donde ocupa el puesto que se merece la filosofía española, menos fecunda en errores que las extrañas, pero no menos rica en caudales de profundos conocimientos. El título de la obra es Philosophiae rudimenta ad usum academicae juventutis, opera et studio P. Joseph Fernández Cuevas, Societatis Jesu Presbyteri, cuyo primer volumen acaba de salir do las acreditadas prensas de D. Eusebio Aguado, y contiene las tres primeras partes de la filosofía: la Lógica, Ontología y Cosmología. El segundo, donde se han de comprender la Psicología y Teodicea, verá la luz pública para principios del próximo enero, y será completada la obra, a la mayor brevedad posible, con el tercer volumen, que ha de constar de la Ética y de la Historia de la filosofía general y particular de España.

El idioma en que se halla escrita esta obra es el latino, por exigirlo así, fuera de otras consideraciones, el estar especialmente destinada a los Seminarios y casas de educación eclesiásticas. El título del primer volumen indica suficientemente que en la división y orden de las partes de la filosofía no ha tenido a bien el autor seguir el plan de varios autores modernos, porque le considera destituido de fundamento racional: asimismo ha procurado con singular esmero que la división de las materias no fuese arbitraria, sino que fluyese naturalmente de su examen analítico, pues de aquí nace la principal hermosura y esplendor de la ciencia, y sin este requisito no puede haber unidad en el todo, ni armónica trabazón y contextura de las partes. Si el método de demostración no es de lo más riguroso y severo, será porque a pesar de su continuo ahínco no habrá logrado conseguirlo. Para mayor fuerza y claridad ha usado el silogismo, al cual siempre ha considerado como la más genuina y adecuada expresión del raciocinio. Por último, en el discurso de la obra se presentan las opiniones y doctrinas de muchos filósofos españoles, cuyos nombres tienen tanto derecho a resonar en las controversias filosóficas, como los de Decartes, Mallebranche y otros varios, que a todas horas estamos oyendo repetir con fastidiosa monotonía.

¡Ojalá se vean coronados de buen éxito los sinceros deseos del autor de hacer menos agria y escarpada la cumbre de la filosofía para la juventud estudiosa de los colegios y Seminarios, en la cual cifran de consuno sus más halagüeñas esperanzas la religión y la patria.

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