El Correo de Ultramar
París [23-29 mayo] 1853
año 12, nº 21
páginas 335-336

La secta de los espíritus

La secta de los espíritus

Mirad con cuidado a las ocho personas reunidas alrededor de la mesa en el grabado de la página siguiente, y poco os costará el adivinar que son alemanes. ¡Qué fisonomías tan tranquilas! Pero no os fiéis de esto, y recordad el refrán que dice: Dios nos libre del agua mansa. Esperad un cuarto de hora, nada más, y estas ocho personas cuyos semblantes respiran la calma, y que forman una cadena poniendo cada cual sus dedos meñiques en contacto con los de los costados, se levantarán agitadas entregándose a una especie de baile, como si hubieran sido picadas por la tarántula, y lo que hay de más cómico en todo esto, es que la mesa seguirá sus movimientos, balaceándose al principio como un bailarín en los preludios del vals, pero animándose por grados hasta tomar la parte más importante en la gresca general.

En el momento en que escribimos estas líneas, los vecinos de Leipzick y otras ciudades de Alemania se divierten –¡rara diversión!– en bailar alrededor de una mesa.

Pero antes de hablar más extensamente de este singular fenómeno sobre el cual ha dado un informe notable el doctor Andrés de Breme en la Gaceta de Augsburgo, vamos a atravesar el Océano, y dirigir la vista a los Estados Unidos; porque en este pueblo donde tienen fácil acceso todas las ideas razonables y todas las locuras, tuvo su origen la comedia de que vamos a hablar. ¡Verdaderamente es un pueblo bien extraño el norteamericano! Su carácter es un compuesto de elementos que braman de verse juntos. No hay en el mundo una nación más activa, más positiva, más grave que la de los Estados Unidos; pero tampoco hay un pueblo más supersticioso y crédulo que aquel. Allí es donde las religiones nacen y se improvisan tan fácilmente como los gobiernos en Francia.

Ya hemos hablado del mormonismo; pero la secta de los mormones ya es vieja, ¡puesto que cuenta veintitrés años de existencia! Ahora, el pueblo que tiene siempre en la boca la palabra go-a-head, apetece lo nuevo, y para satisfacer esta imperiosa necesidad ha hecho brotar desde el mormonismo dos o tres sectas nuevas, entre las cuales figura la de los espiritualistas.

Estas pueden correr parejas con los sacudidores, tembladores, y otros convulsionarios que en los primeros años de este siglo causaron tanto escándalo en los Estados Unidos. Los fundadores de dicha secta son dos mujeres, dos hermanas, Misses Ana-Leah Fish, Margarita y Catalina Fox, que se atribuyen el poder de evocar los espíritus de los muertos (de aquí el nombre de espiritualistas) manifestándose al hacer un ruido ¡tap! ¡tap! ¡tap! semejante al que se produce cuando se toca en un cuerpo hueco. Los norte-americanos cayeron en el lazo, puesto que las hermanas Fox recorrieron las ciudades de la Unión explotando la credulidad pública, y recogiendo bastante para vivir en la actualidad de sus rentas.

La primera reunión de los sectarios tuvo lugar el 14 de noviembre de 1849 en Corinthian Hall. Margarita y Catalina Fox asistieron a ella, y los espíritus obedecieron a estas insignes fundadoras tan pronto como hicieron la consabida seña de ¡tap! ¡tap! ¡tap! Al momento se nombró una comisión que redactara un informe, y éste fue redactado sin que se descorriera el velo de la farsa. ¿Debemos asombrarnos de ello? No, ciertamente; porque los individuos de la comisión pertenecían a la más fea mitad del género humano. En seguida se nombró otra comisión formada exclusivamente de señoras; estas se encerraron con las jóvenes Fox a quienes registraron escrupulosamente, como hicieron los doctores con Juana de Arco para asegurarse de que el ruido no provenía de algún mecanismo oculto. Esta segunda investigación tampoco dio resultado, y desde entonces se convino en que los espíritus eran seres visibles, pero reales y corporales que anunciaban su presencia cuando se les llamaba del modo indicado.

Esta reunión verificada en Corinthian Hall de Rochester fue sin embargo eclipsada en octubre del año pasado por uno de esos meetings tan comunes en el pueblo yankee. El número de las concurrentes era de unos 800, y entre otras medidas que adoptaron es digno de atención un decreto autorizando el establecimiento de reuniones trimestrales y la fundación de las comunidades armónicas o círculos espirituales. «Cada una de estas comunidades (decía el decreto) comprenderá un número igual de fieles y será organizada conforme al modelo del cuerpo humano: el presidente, será el Cerebro; los vicepresidentes, la Nariz y la Boca; los secretarios, los Ojos y Orejas.» –Digan ustedes si es posible que el género humano se entregue a extravagancias más garrafales.

Acto continuo tomaron la palabra varios oradores. El uno decía que acababa de recibir noticias de los espíritus de Washington, Franklin y otros americanos célebres. Otro gritaba: ¡es preciso abolir el matrimonio! Una mujer daba gritos espantosos diciendo que sentía deseos irresistibles de andar a cachetes: había quien redactaba un mensaje atestado de revelaciones celestes. Por fin, uno de los miembros que había conservado su sangre fría en medio de aquel guirigay, dijo que debían cesar aquellos absurdos. El que habló de este modo era el único hombre sensato de la reunión, y sin duda por esto fue expulsado de la sociedad.

Pero esta secta de convulsionarios no podía permanecer encerrada en los límites de un continente, y Mistris Hayden la ha trasplantado a Inglaterra donde la nueva Pitonisa evoca los espíritus haciendo pagar por asistir a sus sesiones la friolera de cinco guineas. No es caro.

Ahora, como un prodigio nunca viene solo, y el que admite lo más debe admitir lo menos, he aquí que ya los espíritus no solo responden a las preguntas que se les hacen, sino que tienen la propiedad de bailar alrededor de las mesas, lo que los norte-americanos llaman table-moving y de lo cual los alemanes han hecho su tischrüeken. Los habitantes de ultra Rin, gentes de naturaleza más positiva, han desechado desde luego el charlatanismo de la secta de los espíritus, aceptando no obstante el fenómeno. Se han hecho ensayos en Leipzick, en Brême, &c., obteniendo resultados satisfactorios, y hoy reproducimos por medio del grabado uno de los experimentos verificados en Leipzick. Un redactor de la Illustrirte-Zeitung dice que ha seguido el movimiento de rotación de una de esas mesas hasta caerse rendido de cansancio. Según dicho sujeto, el procedimiento es de los más simples. Algunas personas se reúnen alrededor de una mesa redonda en la posición indicada por nuestro grabado, de manera que todas sus manos estén en contacto como hemos dicho. Al cabo de cinco minutos se desarrolla, según dicen, una corriente magnética que de las personas se comunica a la mesa. Este mueble empieza entonces a moverse, lentamente al principio, pero tan rápidamente después, que la concurrencia hace retirar las sillas por el placer de bailar alrededor de la mesa. He aquí un precioso ejercicio, ¡sobre todo para facilitar la digestión después de comer! Es necesario que la mesa descanse sobre el piso entarimado, porque la estera, la alfombra o las junturas de los ladrillos amortiguarían la fuerza magnética, y por esta misma razón la mesa debe estar desembarazada de todo objeto extraño.

Tales son los hechos consignados en los periódicos alemanes. Parece que este fenómeno es ocasionado por el magnetismo animal. ¿Pero en virtud de qué leyes se desenvuelve este fluido para poner en movimiento los cuerpos inertes? Esto es lo que los alemanes tratan de profundizar.


www.filosofia.org Proyecto Filosofía en español
© 2006 www.filosofia.org
  1850-1859
Hemeroteca