Revista española de ambos mundos
Madrid, noviembre 1853, número 1
 
tomo primero
páginas v-viii

 
Revista española
de
ambos mundos

 

Poner al frente de una publicación el título de Revista española de ambos mundos, es ya trazarnos un programa, es ya indicar la idea matriz, el fin y objeto principal que nos proponemos.

Tomando por tipo a la más acreditada revista europea, y siguiendo sus huellas en el fondo y en la forma, aspiramos a fundar una publicación seria, política, científica y literaria, dedicada no solo a nuestro país, sino también a la América española, y tan útil, amena, original y completa, como nos sea posible, sin ahorrar gastos, trabajo ni diligencia, para conseguirlo dignamente. Los nombres de los acreditados escritores con cuyo auxilio contamos, y que tomaran una parte activa en la redacción, responden, a nuestro juicio, del desempeño. En cuanto a la parte material, otras publicaciones de no menos importancia, llevadas a feliz término por el fundador de la presente, son la mejor garantía que podemos dar al público, que hace quince años le honra con su confianza.

Se trata, pues, de una empresa nueva y meritoria por mas de un concepto; y con los elementos que contamos, es indudable que, por poco que se nos ayude, conseguiremos realizarla, sino tal como la hemos concebido y desearíamos, al menos lo bastante para que sea siempre una publicación apreciable, útil, fecunda, y despeje el camino a otros mas competentes o mas felices.

La Revista española de ambos mundos aspira a ser en España y en América con el tiempo, lo que es hoy la francesa en Europa. Será por lo tanto, un libro y un periódico a la vez. [vi]

Contendrá en sus varias secciones una historia política de los acontecimientos del mes ocurridos en todo el mundo; artículos originales y traducidos de las mejores revistas extranjeras sobre administración pública, legislación, educación primaria, historia, estadística, economía política, colonización, sistemas de crédito, amortización de las deudas española y americana, ferro-carriles, canales y caminos, agricultura, industria, comercio, ganadería, metalurgia, viajes, descubrimientos, historia natural y geografía de todos los países.

Destinaremos cuatro o seis paginas en cada número y daremos un lugar preferente a la inserción de algunos manuscritos y documentos curiosos, existentes en las bibliotecas de Madrid, Sevilla, Simancas y Paris, precedidos de una ligera noticia histórica.

Alternarán con estos materiales novelas escogidas, leyendas en prosa y verso, poesías de todo género, menos el fastidioso o tonto; descripciones mas o menos completas de las fiestas o sucesos especiales que lo merezcan; y finalmente, como deseamos dar a nuestra revista toda la variedad y el interés general propios de la índole diversa y heterogénea del público americano y español, a quien va dirigida, no nos desdeñaremos de consagrar algunas paginas en cada número a un boletín o mosaico de modas, teatros, conciertos, publicaciones importantes, anécdotas, hechos raros, chistes ingeniosos, y a todo, en fin, lo que se llama en los salones chismografía, palabra vulgar, pero que expresa perfectamente nuestra idea. Esta sección esta exclusivamente destinada al bello sexo.

En este vastísimo cuadro tienen cabida desde las mas altas hasta las mas humildes cuestiones: es un plantel de variadas flores en el que cada uno podrá escoger lo que mas le agrade, y los intereses de América y el arte americano ocuparan por vez primera en Europa y en una publicación especial la supremacía y el lugar que les corresponde.

Al expresarnos de esta manera, no pretendemos agraviar a nadie ni entrar en el palenque calada la visera y lanza en ristre. Tampoco pretendemos establecer comparaciones odiosas; pero es innegable que una publicación del carácter de la nuestra no se ha planteado todavía y que llenara una de las grandes necesidades por todos reconocida.

Destinada a España y América pondremos particular esmero en estrechar sus relaciones. La Providencia no une a los pueblos con los lazos de un mismo origen, religión, costumbres e idioma para que se miren con desvío y se vuelvan las espaldas así en la próspera como en la adversa fortuna. Felizmente han desaparecido las causas que nos llevaron a la arena del combate, y hoy el pueblo americano y el ibero no son ni deben ser mas que miembros de una misma familia, la gran familia española, que Dios arrojó del otro lado del Océano para que con la sangre de sus venas, con su valor e inteligencia conquistase a la civilización un nuevo mundo. Los nietos de los conquistadores nacidos en España, pueden y deben ayudar a sus hermanos nacidos en América a llevar a cabo la grande obra que iniciaron sus gloriosos ascendientes, al clavar la cruz y el victorioso estandarte de Castilla en las vírgenes [vii] playas del continente indiano. La Revista consagrara artículos especiales al examen y solución de varias cuestiones en que están empeñados el porvenir y los mas caros intereses de España y América.

Parece inútil advertir que las cuestiones personales, tan comunes por desgracia en los tiempos que corremos, no tendrán derecho de asilo en las paginas de la Revista. Tampoco tomaremos parte en esas ruines polémicas de localidad y bandería a que suele mostrarse harto dispuesta la prensa. Nuestro objeto es mas elevado, y jamás trataremos ninguna cuestión sino bajo el punto de vista de interés general.

La Revista es un campo neutral en el que pueden encontrarse todos los hombres y todas las opiniones razonables, aunque opuestas y diversas en el fondo, fraternizando únicamente por el amor al arte y a los altos principios que defiendan. Nadie es responsable sino de la pagina que firma. Así se establecerá una noble emulación y alianza entre los escritores españoles y americanos: así se estrecharan por vez primera la mano al través de los mares y la inmensidad. Los últimos tendrán, además, la ventaja de darse a conocer en Europa, y de que su nombre, desconocido aquí, y tal vez en el resto de América, pase las fronteras de su natal región. Nadie ignora que por motivos que seria muy extenso enumerar, es mas fácil la comunicación entre París y cualquiera de las nuevas repúblicas que de estas entre si. La Revista, impresa a la vez en la capital de Francia y en la de España, podrá esparcirse fácilmente y con regularidad por todo el hemisferio americano. París y Madrid serán el centro hacia el cual convergerán para reflejarse en seguida en las dos Américas y en la Península, como los rayos de un disco luminoso, las ideas confiadas a la Revista.

Una vez establecida la corriente eléctrica entre las inteligencias de uno y otro hemisferio, de su mutuo impulso, acción y reacción, resultara el movimiento y la vida, y el terreno hospitalario en que caigan las benéficas semillas, arrojadas al viento de la discusión, no podrá menos de producir ricos y variados frutos. Las columnas de nuestra Revista serán entonces el reflejo fiel y el mejor barómetro de la situación, de las necesidades y del progreso de entrambos países.

Mientras llega esa época anhelada, la redacción y el editor confían en la indulgencia de los hombres ilustrados, que comprenden los muchos inconvenientes con que a menudo tendremos que luchar. Para podernos elevara la altura que deseamos, es forzoso, de absoluta necesidad, que el público y los escritores nos tiendan una mano amiga. Entretanto la Revista, tal como es y será, con todas sus faltas e imperfecciones, aspira a contentar al mayor número, poro no abriga la ridícula pretensión de agradar a todos. En religión es católica; en política liberal; en filosofía espiritualista; en comercio, en industria, en navegación, en economía política, se inclina a la escuela inglesa presidida por Peel; en legislación, ciencias y artes acepta el progreso europeo y busca en las fuentes eternas de lo justo, lo bello y lo bueno la realización del tipo ideal a que deben encaminar sus esfuerzos las naciones.

Tales son nuestras creencias, nuestras ilusiones, nuestros deseos y esperanzas. [viii] Tal es la bandera bajo la cual nos cabe el alto honor de convocar a todos los que quieran asociarse a esta obra generosa y patriótica. No se nos ocultan las dificultades de la empresa; pero por grandes que sean, no alcanzan a entibiar nuestra fe. Soldados, aunque oscuros, del progreso, sabemos que solo el mal brota espontáneamente de la tierra, y que el bien se debe a una serie no interrumpida de esfuerzos y sacrificios.

Cualquiera que sea la suerte que nos aguarda, vencidos o vencedores, tendremos siempre a honra haber dado vida y asociado nuestro nombre a un pensamiento honroso y noble. Solo a ese precio podíamos aceptar la ruda tarea que hoy voluntariamente y sin necesidad nos imponemos, y los contratiempos, disgustos y malos ratos que, como de costumbre, no dejara de proporcionarnos al lado de algunas cortas satisfacciones.

Todo estará compensado, no obstante, si logramos por premio de nuestros desvelos hacer algo provechoso en obsequio del suelo que nos vio nacer, y añadir una humilde hoja, aunque mas no sea, a la fragante guirnalda que el genio y la ciencia tejerán algún día para las sienes de la joven América. Esta consideración, unida a la de los ilustres aliados que nos acompañan, nos consuela de antemano de cualquier contraste. El Dante ha dicho:

«¡Cader tra’buoni é pur di lode degno!»

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