Revista española de ambos mundos
Madrid, junio 1854, número 8
 
tomo segundo
páginas 129-148

Julián Sanz del Río

Biografías comparadas

Kant - Krause

III

Krause {1}

Carlos Cristian Federico Krause, nació en 6 de marzo de 1781 en Nobitz, pueblo pequeño de Sajonia. Tuvo una infancia débil y enfermiza, tanto que se temió no verle llegar a mayor edad. Las crisis de la infancia fueron para Krause enfermedades peligrosas, y hasta los once años puede decirse que no salió de su cuarto ni de los brazos de sus padres.

A pesar de su naturaleza delicada mostró en poco tiempo un talento precoz: teniendo solo cinco años hablaba sobre asuntos religiosos y políticos con una sorprendente claridad de ideas. Anunció también muy luego genio feliz para la música y el canto. Habiendo comenzado a los siete años este estudio bajo la dirección de su padre, se aplicó tanto a él, [130] que éste temió por su salud; y como se negara a comprarle algunas composiciones, pasaba Krause noches enteras copiando sonatas de Haydn, Bach y Mozart, sus autores favoritos. Fue notable que durante esta época y desde los cinco o seis años oía a veces, según afirma él mismo, una voz interior: «Piensa en la muerte.» Igual voz pretende Krause haberse repetido en varias ocasiones hasta sus últimos años{2}.

Otra de las cualidades manifestadas en él fue un amor entusiasta hacia los niños; y de la belleza de la naturaleza estaba tan prendado, que alguna vez se postraba en tierra y la besaba.

En 1792 fue llevado a comenzar sus estudios en la escuela claustral de Dondorf. El rigor con que eran tratados allí los educandos, favoreció en parte a la salud de Krause, que cobró nuevas fuerzas y mayor agilidad, y comenzó a crecer y desarrollarse; pero un dolor tenaz de cabeza que le molestaba desde los primeros años, no desapareció a pesar de esto. En Dondorf continuó sus estudios de música bajo la dirección del celebre profesor Schichs; y en general los progresos de su espíritu en esta época fueron tan rápidos, y juntamente tan sólidos, que a los trece años conocía el griego, el latín y el francés; había traducido para su estudio la Odisea, y se ejercitaba con perfección en el piano y el órgano; todo, es verdad, a costa de esfuerzos dañosos a su salud.

Vuelto al lado de sus padres en 1794, los dejó en el siguiente de 1795 para entrar en la escuela de Altemburgo, donde permaneció hasta el otoño de 1797. Sin embargo de la aplicación extraordinaria y de frecuentes vigilias, su constitución continuaba robusteciéndose; pero acometido de pesadillas desde los catorce años, acompañadas a veces de [131] congojas mortales, hubo de buscar un alivio en la sangría, repetida primero anualmente, y después cada medio año hasta edad avanzada. No por estos accidentes se detuvo su desarrollo intelectual, que crecía en generalidad y profundidad con admiración de sus maestros y de cuantos le trataban. Bien pronto se despertó en su espíritu esta idea: «que el principal interés del siglo presente en el individuo y en la sociedad para elevarse al bien y al bello-ideal, es el conocimiento de nuestra naturaleza en forma de una ciencia sistemática.» Esta idea vivamente concebida por Krause, decidió su vocación de consagrarse a la indagación filosófica.

Desde 1797 a 1800 estudió en Jena la teología según el deseo de su padre; pero su inclinación lo llevaba a la filosofía y a las matemáticas; esta predilección que le era innata, se fortificó después oyendo las lecciones de J. G. Fichte y de A. Schelling, profesores entonces de filosofía en aquella universidad. En 1801 recibió el grado de doctor en filosofía y matemáticas; fue admitido bajo el debido examen como candidato pastoral en Altemburgo, y se habilitó en Jena en calidad de Privat-docens, después de defender públicamente su disertación: de Philosophiae et Matheseos notione et earum intima conjunctione. Observaba una vida regular y retirada; pero por confesión propia la aplicación y vigilias en los años de 1797 a 1801 debilitaron tanto sus fuerzas, que los médicos sospecharon que estaba tísico. Aconsejado de ellos, guardó en adelante la costumbre de acostarse a las diez, levantarse a las cuatro, y seguir un régimen igual de vida.

Con aplauso creciente dio en Jena desde 1802 a 1804 lecciones sobre las matemáticas puras, la lógica, el derecho natural, la filosofía natural, y sobre el sistema de la filosofía: junto con esto escribía manuales para sus lecciones. No por estas ocupaciones olvidaba su educación musical, y se señaló por su maestría en varios conciertos, ejecutando algunas obras de los mejores compositores. En 1804 los sucesos de la guerra alejaron a los estudiantes de Jena, cuya interrupción aprovechó Krause para comprobar en el estudio de las obras maestras en pintura, escultura y música la teoría de las bellas artes que estaba trabajando. Al efecto se encaminó a Dresde, como lugar acomodado para cumplir su deseo. Mas antes, y para prepararse a este estudio, se detuvo un año en Rudolstadt, disfrutando por el favor de aquel príncipe su escogida biblioteca y museo. Fijado en Dresde hasta 1813, tratando con los maestros de la celebre capilla de esta ciudad y estudiando la música católica y la antigua italiana, completo su educación artística. Fuera de esto le ofrecía la [132] biblioteca abundantes medios para continuar el asunto principal de su vida; desenvolver en unidad y sistemáticamente la ciencia humana. Este asunto le era tan querido y empeñaba tanto su atención, que por muchos años rehusó varias invitaciones que se le hicieron para enseñar.

Meditando una vez sobre las ideas del estado y del derecho, al revisar un libro trabajado en 1804 (la segunda parte de su derecho natural) se despertó en él el conocimiento de esta verdad: «que nuestra humanidad terrena es una parte interna de un superior mundo y sociedad humana, que viviendo en relación con toda la naturaleza en los grandes cuerpos planetarios, y siendo a su vez parte interna y viviente de un mas alto reino natural y humano en otros y otros sistemas solares, corresponde con una humanidad universal en el mundo todo. Que por tanto nuestra humanidad terrena es parte viva y subordinada de la humanidad universal, y que el más alto fin del hombre está en vivir en la tierra como parte y miembro interior de esta humanidad. Que el destino del hombre y de la humanidad es en la esencia uno, viviendo el hombre en su humanidad como el miembro en el cuerpo, para realizar en su parte la unidad y finalidad del todo. Que el hombre y la humanidad solo llenan su destino, en cuanto viven el uno en el otro y por el otro en espíritu y obra y en correspondencia omnilateral de vida y funciones, siendo el destino del individuo una parte esencial no indiferente del destino del todo. Que siendo la humanidad siempre anterior y superior al hombre, e interesándose en cada individuo la salud y el bien de toda la humanidad, es la más alta de las obligaciones y la primera cuestión de la vida en esta tierra: «educarse el hombre como un todo orgánico humano, uniformemente en todas sus partes, facultades y fuerzas, realizándose de todos lados y en todas relaciones como ser y vida armónica. –Que la educación de la humanidad como una sociedad homogénea y concertada en todas sus personas, hombres, pueblos y pueblo humano, y la educación consiguiente del hombre todo en toda su naturaleza y en todas relaciones, no ha sido hasta hoy objeto de interés directo, ni de una institución propia para ello; puesto que la institución del Estado de la Iglesia y las demás particulares, toman al hombre y lo educan cada una de un lado y para un fin, esencial sin duda, pero no total humano ni armónico con plan comprensivo y arte de relación. Que este fin superior pide una institución propia, que se ocupe del hombre y de los intereses comunes puramente como humanos, sobre todo carácter y tendencia particular: Institución que abrazando en asociación [133] orgánica todos los hombres y todas las sociedades fundamentales, desenvuelva uniformemente en el todo las fuerzas y fines y personas particulares. –Que lo hasta hoy realizado de verdadero, bueno y bello en las instituciones sociales debe ser utilizado y reunido por esta superior institución, despojándolo de lo opositivo y exclusivo que hasta hoy ha impedido a aquellas dar todos sus buenos frutos, y lo aplique bajo una idea más elevada para la realización del destino total humano en la tierra. –Que para semejante institución está hoy preparada la humanidad; porque las instituciones particulares, el Estado, la Iglesia, la ciencia, el arte y la vida doméstica, obran con más libertad, con más conocimiento de su fin particular y con más relación de unas con otras.» Vivamente penetrado Krause de esta alta idea, poseído de amor y sentido humano, y convencido que en la historia nada sucede sin preparación, esperaba encontrar alguna esfera activa que trabajara ya en el sentido de aquella idea, y presumió que algunos principios semejantes a este se profesaban en la sociedad llamada de los Hermanos masones{3}. Confirmándole en esta opinión un su amigo J. A. Schneider, fue presentado por éste, como pretendiente, en la sociedad titulada Arquímedes, en Rudolstadt. Krause llevaba, pues, a la sociedad formadas sus ideas y su sistema científico. Al entrar en ella, su pensamiento era buscar sin prevención, ni favorable, ni adversa, y sin perdonar medio, los gérmenes de la idea e institución humana, que él presumía hallar en aquella sociedad. Aunque ni el ritual ni el estado de las pocas sociedades que conoció le dejaron satisfecho, se decidió a estudiar a fondo la historia de esta institución antes de dar un juicio definitivo sobre ella.

Sus primeros trabajos para ello le salieron tan bien que un socio distinguido, R. Fischer, declaró que Krause había hecho doble y triple de lo que jamás aplicación humana había alcanzado hasta allí en la investigación de los monumentos de la sociedad masónica. Con esto pudo cinco [134] años después, en el de 1810, publicar una obra: «Los tres primitivos momentos de la sociedad de los hermanos masones» en que se dilucida todo lo relativo a esta institución y su idea bajo la de una sociedad orgánica humana para el destino de la humanidad en la tierra.

Krause demostró en esta obra que la ley del secreto contradecía a los dos más antiguos monumentos de la sociedad: que la idea esencial de esta no consistía ni sola ni principalmente en su liturgia, ni en sus símbolos, los cuales debían subordinarse a la idea interna de la sociedad; idea que encerraba en sí un presentimiento vago de la declarada arriba. Que la sociedad no debía estacionarse en este camino ni retrogradar; sino volver francamente a su principio y a sus fines legítimos. Que él se proponía en la citada obra excitar a la sociedad a entrar en este camino y abolir enteramente el secreto, como ilegítimo en sí y contrario al derecho común humano y sospechoso para los Estados: que todo lo que mira a intereses comunes humanos es público de su naturaleza y no puede sin injusticia, sin desamor y sin corrupción tratarse en secreto. «El disimulado y encubierto obrar, dice en un pasaje, es el triunfo del mal; al contrario, la llana y abierta publicidad en las cosas humanas es un camino de Dios y firme escollo en el que se estrella todo lo anti-humano.»

La conducta de Krause antes de esta obra y en ella fue legal respecto a la sociedad masónica: ningún socio le acusó de haber traspasado los límites del estricto derecho. Krause preveía, sin embargo, el premio que le esperaba: así terminaba el proemio a la primera edición con el siguiente pasaje que muestra la dignidad de su carácter y la nobleza de su corazón: «he escrito lo que he creído verdadero y bueno; he obrado como el deber conocido manda. Con viva consideración en Dios, he comenzado y acabado este libro. Ahora lo que quiera que me venga de parte de la sociedad, me hallará bien dispuesto. El testimonio de la conciencia vale más que el favor de los hombres; y el honor delante de Dios más que la gloria de la tierra.»

No podía en vista del libro de Krause desconocerse cual era la primitiva ley de la sociedad masónica; pero al mismo tiempo resaltaban las aberraciones y los abusos que han degradado la Historia del masonismo. Así, apenas anunciada la obra y antes de ser examinada, fue condenada por las logias de Bautzen, Gorlitz y Hamburgo, y los tres grandes maestres de Berlín propusieron la expulsión de Krause. En las conferencias tenidas sobre esto defendieron a Krause con toda la energía de la justa causa varios socios, y señaladamente el predicador Riquet y el [135] doctor Burkhardt; pero en vano: la mayoría votó la exclusión. Algunos socios dejaron espontáneamente la sociedad con este motivo.

Desde entonces fue Krause perseguido con tenaz encono por varias logias y socios de esta poderosa hermandad, que disponía en muchos estados alemanes de todos los destinos y los honores.

El esfuerzo de aplicación a una obra de tan prolijas investigaciones como la anterior, teniendo además diariamente varias horas de enseñanza y trabajando en su Sistema de la ciencia, dañó gravemente a su salud: por segunda vez fue atacado de pesadillas, acompañadas de convulsiones epilépticas. En 1810 publicó uno de sus principales escritos con el título de Ideal de la humanidad, donde se desenvuelve la doctrina de la sociedad fundamental humana en sus funciones orgánicas: sociedad científica, sociedad artística, sociedad moral, sociedad religiosa, &c., y juntamente en las personas humanas desde el individuo a la familia, el pueblo, la total humanidad terrena. Además escribió su Sistema de la Moral, y publicó en los cuatro primeros meses de 1811 periódicamente el Diario de la vida de la humanidad.

Obligado en 1813 por la guerra a abandonar a Dresde, partió para Tharandt, y de aquí al medio año para Berlín, donde esperaba, no obstante los sucesos políticos, seguir tranquilamente sus trabajos científicos y atender a la educación de sus hijos: también deseaba obtener un puesto en aquella universidad, habiéndose habilitado previamente en 1814, mediante su Oratio de scientia humana, disertación de que dice el profesor Kern en el Manual de la metagnóstica, que es el trabajo más profundamente meditado y más científico de todos los contemporáneos sobre la filosofía trascendental. En el mismo año fundó, en unión de Jahn, Zeune y otros, la Sociedad berlinesa para la lengua alemana, presidiéndola durante un año, y cuyas constituciones publicadas en 1817 fueron escritas por Krause. Mas no habiendo obtenido, a causa principalmente de la oposición masónica, una plaza de profesor que por fallecimiento de J. G. Fichte vacó en la universidad, regresó restablecida la paz y en consecuencia de una invitación del ministro conde de Einsiedeln, a Dresde para continuar allí sus estudios filosóficos y matemáticos, y publicar la obra principal de su vida, en que trabajaba hacia muchos años: el Sistema de la ciencia. También en Dresde supieron sus enemigos prevenir desfavorablemente al ministro, de cuyo favor se vio improvisamente privado.

Ya en Berlín y entre los trabajos de la Sociedad para la lengua alemana había concebido el plan de un Diccionario matriz de la lengua alemana. [136] Krause estaba convencido de que todo nuevo progreso en la cultura humana, pedía un correspondiente progreso en la lengua, y que la imperfección de la lengua alemana, como lengua científica, era causa principal del estacionamiento de la ciencia. Mas esta obra de grande extensión, no fue continuada a falta de medios pecuniarios, sino hasta la mitad y trabajos preparatorios hasta la conclusión: todo lo cual forma parte de las Obras póstumas, cuya publicación se esta haciendo.

Seguidamente se ocupó en Dresde hasta 1821 en revisar y completar la segunda edición de la obra citada, Los tres primitivos monumentos de la sociedad masónica.

Con el deseo de restablecer su salud, aprovechó en 1817 la invitación de un amigo para hacer un viaje artístico a Alemania, Italia y Francia. Aquí estudió las obras maestras del arte, asunto al que ya desde 1803 en Dresde y desde 1813 a 1815 en Berlín, había dedicado mucho tiempo, utilizando los ricos museos y colecciones de estas dos ciudades. Ocupado en este trabajo concibió la idea, realizada mas adelante, de tratar la Estética como parte del Sistema de la ciencia, apoyándose en la historia del arte y en el estudio de los modelos. En Roma estudió bajo la dirección de Zingarelli el Tesoro musical de la Capilla Sixtina; en Nápoles los Nuevos maestros de la Opera; en París el Método del Conservatorio, y en general durante todo el viaje la pintura y la plástica. Pero vuelto a Dresde, tuvo necesidad de acabar en breve tiempo un trabajo literario, durante el cual no salió de casa en cuatro meses, acometiéndole de resultas frecuentes vértigos y calambres.

Los trabajos preparatorios para la publicación de su Sistema científico que debía comprender en relación orgánica la filosofía y la matemática, quedaron concluidos a pesar de sus enfermedades, en 1822.

En los tres primeros meses de 1823 explicó en Dresde ante una sociedad ilustrada y mediante invitación especial, una serie de lecciones sobre las verdades fundamentales de la ciencia que fueron publicadas en 1829.

Krause miró entonces como su deber inmediato publicar su sistema científico, y convencido de que después de veinte y cinco años de indagaciones podía hacer en esto algún servicio real a la ciencia y tratar la filosofía con certidumbre matemática, concibió el deseo de explicar como profesor ordinario en una universidad su sistema y en general los resultados de sus estudios, para lo cual se había preparado desde 1797, y que había desempeñado desde 1802 a 1804 en Jena y en 1804 en Berlín con éxito brillante. Desgraciadamente sus estudios y [137] la vida retirada a que le obligaban le habían alejado de las relaciones para obtener un puesto de profesor ordinario, y por otra parte la enemiga de muchos masones influyentes contrariaba sus esfuerzos e inutilizó las relaciones que se procuró después. No le quedaba, pues, otro medio de seguir su vocación que habilitarse en una universidad para la enseñanza libre. Eligio la de Gotinga, a donde partió en el verano de 1823, y en la que, después de sostener al estilo académico sus veinte y cinco tesis filosóficas, recibió la autorización de enseñar.

En el primer semestre dio pocas lecciones impedido por sus dolencias; pero desde el segundo semestre hasta el año de 1830 enseñó sin interrupción: a las veces daba cinco lecciones diarias asistidas de numeroso concurso, teniendo además conferencias privadas. Las lecciones versaban en totalidad sobre ciencias filosóficas, a saber: introducción a la filosofía, lógica, derecho natural, psicología, estética, historia de los sistemas filosóficos, filosofía de la historia y teoría de la música; además dirigía semanalmente una conferencia sobre filosofía, y en lecciones privadas trató ante un público mixto la teoría y la historia de la música. Ocupaba el tiempo restante en trabajar para la imprenta varios tratados doctrinales.

En medio de esta extraordinaria laboriosidad a que estaba Krause empeñado por su vocación y sus deberes domésticos, tuvo que luchar con la oposición de sus enemigos, acarreada por un hecho que ante la ciencia y la humanidad era uno de los mayores méritos de este profundo pensador y virtuoso hombre; el haber presentado el primero en su verdad los orígenes y la historia de la sociedad masónica. Estas oposiciones fueron tales, de tal modo se concertaron para privar a Krause del favor de personas elevadas, para alejarle discípulos y hacerle enojosa la estancia en Gotinga, que se decidió a abandonar esta universidad; aunque para ello era no pequeño obstáculo su aplicación y sus tareas literarias. En tres universidades principales estaba autorizado para la enseñanza pública mediante pruebas honrosas; pero con escaso resultado para su situación económica.

No pudo obtener el curatorio de la universidad; posteriormente en 1829 fue postergado en la provisión de una cátedra de filosofía, con lo cual perdió la esperanza de una colocación digna. ¡Que extraño que contrariado por tantas circunstancias cayese su naturaleza en una consunción, que lo llevó pronto al sepulcro! Movido por estas causas resolvió en 1829 trasladarse a una ciudad meridional. Habiendo emprendido al efecto y además para restablecer su salud un viaje a Munich, se halló en [138] Francfort tan postrado, que tuvo que volverse a Gotinga. Aun aquí si hubiera gozado algún reposo, habría quizá vencido el mal; pero tenía una obra urgente en prensa; además su estado económico entonces muy apurado, le obligaba a dar cuatro horas de lección pública y dos privadas y trabajar para la impresión dos tratados a costa de extraordinarios esfuerzos y entre alternativas de postración y restablecimiento. Con esto no pudo realizar el viaje proyectado, cuanto mas necesitando para ello medios pecuniarios, que no tuvo hasta 1831, por herencia de un pariente en Eisemberg. El estado de su salud le impidió también continuar las lecciones desde el verano de 1830.

En la primavera de 1831 ya algo recobrado decidió su partida a Munich, ciudad abundante en medios para el cultivo de la ciencia y el arte, y donde esperaba vivir tranquilo bajo la protección de un rey justo, y al abrigo de persecuciones y acaso obtener algún puesto en aquella universidad. Aquí se proponía dar la última mano a sus obras principales, y presentar a la academia de ciencias algunas memorias matemáticas con nuevas investigaciones en la geometría, álgebra y el análisis superior. Pero también en Munich hallaron sus enemigos modo de perseguirlo y calumniarlo ante el gobierno, alcanzando contra Krause en 17 de marzo de 1832 una orden del director de policía para que dejase la ciudad en el término de catorce días. No habiéndosele admitido el recurso legal que interpuso, se presentó al ministro, príncipe de Wallenstein; le expuso en breve la historia de su vida, de sus trabajos literarios y el espíritu de su doctrina; le hizo ver que nunca había atacado la calumnia a hombre más inocente, que él lo estaba de las acusaciones de sus contrarios. Le declaró, que estaba pronto a justificar toda su conducta en un juicio contradictorio regular y público; pero que contra acusaciones fraguadas en la oscuridad no tenía medios que oponer. Finalmente, ante la justificación del rey y del ministro, y bajo la garantía de algunos hombres respetables, en particular el filosofo F. Baader, que respondió personalmente por él, se estrellaron por entonces los planes de sus enemigos y se le permitió quedar en Munich. Pero desgraciadamente no recobró su salud, y él mismo preveía su fin cercano en la primavera de este año, aunque no perdió por esto la igualdad de animo, ni interrumpió sus tareas hasta la última hora. Acompañado de una hija y un amigo, visitó por cuatro meses los baños de Partenkirchen en los Alpes, con lo que pareció mejorarse; pero a los ocho días de su vuelta murió de un ataque apoplético el 27 de setiembre a las nueve y media de la noche, habiendo trabajado hasta las ocho y media, y pasando la última hora en [139] conversación con su familia. Acabó con estas palabras. «Se me oprime el corazón; quedad con Dios hijos míos.» El cuerpo quedó sereno y sin notable mudanza el rostro. Hecha la autopsia, se le encontraron muchas osificaciones en el corazón.

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Su carácter y máximas

Pensamos de un filósofo, que será tal como filósofo, cual fuese como hombre; que su doctrina científica será según fuere su vida; de suerte que conociendo al hombre, conocemos aproximadamente el sistema. Fundado en esto, nos resta completar la noticia histórica de Krause, añadiendo algunas de las máximas prácticas nacidas de su doctrina y a las que él mismo ajustaba su conducta. Esta parte de la ciencia de Krause, puede conducir a juzgar del espíritu y tendencias de su sistema científico.

En el preámbulo a un breve tratado Mandamientos de la humanidad (Gebote der Menscheit) declara Krause algunos de estos mandamientos y entre otros el de la religión y el amor del bien en estos términos:

El amor de Dios es el principio de toda ciencia y de toda vida. Así, las leyes de la vida humana principian con Dios, con la elevación del hombre a Dios, y a los seres fundamentales en Dios: el espíritu, la naturaleza y la humanidad. Solo el hombre que se conoce como parte esencial y viva en Dios y bajo esto, como parte y miembro del espíritu de la naturaleza y de la humanidad puede estimar su dignidad y en ella sentir un santo respeto hacia sí propio y obrar en recta relación consigo; porque el hombre es para sí la inmediata dignidad, pero no la suprema dignidad.

La ley de vivir el hombre como uno y todo consigo, mira a la unidad indivisible humana en conocer, en sentir y obrar, y bajo esta unidad a la armonía interior de sus partes, facultades y fuerzas, en cuyo concierto se muestra el hombre como una armonía del mundo, particular, pero semejante a Dios. El hombre, pues, debe en su pensar y obrar estar presente a sí como uno e indivisible, y en esta forma debe ordenar y cumplir todas sus obras; y en toda cosa que haga o relación que le toque, debe estar sobre sí en espíritu y animo, educándose como una [140] armonía activa entre los seres, sin que por ninguna inclinación particular, aun en sí buena y bella, olvide la relación de todas.

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Debemos hacer el bien, no ciertamente sin esperanza, ni tampoco sin temor; pero temiendo sobre todo la propia culpa, podemos mediante una vida moral librarnos del temor y confiar de nuestra salud en Dios. Entendemos por esperanza una previsión con presentimiento de lo venidero; luego la verdadera, la firme y última esperanza nace de Dios y nos lleva a Dios, es hija del claro conocimiento y del recto obrar. La esperanza es necesaria a nuestra naturaleza, que hace su vida dentro del tiempo entre el momento presente y el venidero: sin esperanza no cabe ningún plan racional de vida. Pero la esperanza no debe ser el motivo último de la buena resolución, porque el bien es eterno sin la oposición de pasado o venidero, y el sujeto moral está obligado al bien por motivo de bueno, esto es, absolutamente.

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Dividiendo luego los Mandamientos de la Humanidad en generales y particulares, expone primero los generales.

1.º Debes conocer y amar a Dios, orar a el y santificarlo.

2.º Debes conocer, respetar, amar y santificar la naturaleza, el espíritu, la humanidad y todo ser natural, espiritual y humano.

3.º Debes conocerte, respetarte, amarte, santificarte como semejante a Dios y como ser individual y social.

4.º Debes vivir y obrar como hombre todo con entero sentido, facultades y fuerzas.

5.º Debes conocer, respetar, amar y santificar tu espíritu y tu cuerpo y ambos en unión, manteniendo cada uno y ambos puros, sanos, bellos, viviendo tú en ellos como un ser armónico.

6.° Debes hacer el bien con pura, libre, entera voluntad y por los buenos medios.

7.° Debes ser justo con todos los seres y contigo en puro, libre, entero respecto al derecho.

8.° Debes amar a todos los seres y a tí mismo con pura, libre, leal inclinación. [141]

9.º Debes vivir en Dios, y bajo Dios vivir en la razón, en la naturaleza, en la humanidad, con ánimo entero y abierto a toda vida, a todo goce legítimo y a todo puro amor.

10.º Debes buscar la verdad con espíritu atento y sentido común.

11.º Debes conocer y cultivar en tí la belleza, como la semejanza a Dios en los seres limitados y en tí mismo.

12. Debes educarte con sentido dócil para recibir en sí las influencias bienhechoras de Dios y del mundo.

Mandamientos particulares y prohibitivos

13. Debes hacer el bien, no por la esperanza, ni por el temor, ni por el goce, sino por su propia bondad: entonces alcanzarás la esperanza firme en Dios y gozarás tu vida sin temor y sin egoísmo y con santo respeto hacia la vida de Dios y del mundo.

14. Debes cumplir el derecho a todo ser, no por tu utilidad, sino por la justicia.

15. Debes procurar la perfección de todos los seres, y el goce y alegría a todos los seres sensibles, no por el agradecimiento o la retribución de ellos y sin impedir su libertad; y al que bien te hace, muéstrate agradecido.

16. Debes amar individualmente una persona y hacerle bien, no por tu goce o tu provecho, sino porque esta persona forma contigo bajo Dios una persona superior (el Matrimonio).

17. Debes ser social, no por tu utilidad, ni por el placer, ni por la vanidad, sino para reunirte con otros seres en amor y mutuo auxilio ante Dios.

18. Debes estimarte y amarte no mas que estimas y amas a los otros hombres; sino lo mismo que los estimas a ellos, en la humanidad.

19. Debes admitir la verdad sólo porque y en cuanto la conoces, no porque otro la conozca: sin el propio examen no debes afirmar ni negar cosa alguna.

20. No debes ser orgulloso, ni egoísta, ni perezoso, ni falso, ni hipócrita, ni servil, ni envidioso, ni vengativo, ni colérico, ni atrevido; sino modesto, circunspecto, moderado, aplicado, verdadero, leal, y de llano corazón, benévolo, amable y pronto a perdonar.

21. Renuncia de una vez al mal y a los malos medios aun so pretexto del buen fin; nunca disculpes ni excuses en ti ni en otros el mal conocido. Al mal no opongas mal, sino solo bien, dejando a Dios el resultado.

22. Así, combatirás el error con la ciencia, la fealdad con la belleza; [142] el pecado con la virtud; la injusticia con la justicia; el odio con el amor, el rencor con la benevolencia; la pereza con el trabajo; la vanidad con la modestia; el egoísmo con el sentido social y la moderación; la mentira con la verdad; la provocación con la firme tranquilidad y la igualdad de animo; la malignidad con la tolerancia; la ingratitud con la beneficencia; la censura con la docilidad y la reforma; la venganza con el perdón. De este modo combatirás el mal con el bien, prohibiéndote todo otro medio.

23. Al mal histórico que te alcanza en la limitación del mundo y la tuya particular, no opongas el enojo, ni la pusilanimidad, ni la inacción; sino el ánimo firme, el esfuerzo perseverante, la confianza, hasta vencerlo con la ayuda de Dios.

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Veamos algunas Reglas del arte de la vida que se leen en el Diario de la vida de la humanidad, 13 de enero de 1811.

I. ¡Cuanta diligencia pone el pintor en expresar en el lienzo el ideal de cada figura y sobre todo del personaje principal! En cada hombre que tienes delante, dejas pintada tu propia imagen y una parte de tu historia. Esta imagen tuya queda en muchos viva y durable y se renueva cuantas veces piensan en tí, y a veces influye en ellos como ejemplar de su vida y acaso trasciende mas allá. Expresa, pues, e imprime cuidadosamente tu imagen en la fantasía de los otros hombres, pero con fidelidad al original. Procura manifestarte ante tus consocios tan bello como eres en tí; nada dejes aparecer inhumano o indigno o feo en estas mil imágenes que dejas de tí en el comercio con otros hombres: que puedan todos renovar en sí tu imagen con respeto y amor!

Aun tú mismo reproduces en tí en traslado indeleble cada vez tu último hecho y estado histórico. La ciencia, conforme con la experiencia, enseña que en las enfermedades o en las crisis de la vida se representa al hombre con extraña lucidez su vida pasada desde la infancia. Ten presente que puede volverse hacia ti tu imagen propia, inquietándote o tranquilizándote en los momentos lúcidos de la muerte a la entrada de una nueva vida, y que esta imagen puedes hoy trazarla libremente y embellecerla.

II. Estima el amor de Dios sobre todo amor. Descansa confiadamente en Dios, como el hijo en el seno de su padre. Si te ves desconocido o [143] contrariado por los hombres, piensa que el Padre común conoce igualmente a tí y a ellos, y nos abraza a todos con igual amor. Si te sientes desalentado para el bien, piensa en Dios y en el orden divino del mundo, y recobrarás el amor y la fuerza para el bien general, como ser y parte del mundo en Dios.

III. Si deseas influir sobre tus amigos, sobre tus amados o el pueblo en que has nacido, o sobre la historia contemporánea, comienza por el hombre mas cercano: Tú mismo. Si quieres vivir según el hombre mayor en la tierra, comienza por formar en tí con idea y carácter el hombre menor; Tú mismo, como hombre individual y social.

IV. Toda buena y bella obra cumplida por otro hombre, debe serte tan grata como si tú la hicieras y cumplieras. Todos somos igualmente miembros de la humanidad: el bien que toca a cada uno toca inmediatamente a los demás. Si a tu hermano se le logra algún fin mejor que a tí, congratúlate de ello como hombre; porque de lo bueno hay infinito y nuevo que hacer; todos dejan a todos y a tí harto que trabajar y merecer. ¿La rosa que crece al lado de otra más bella es menos bella por esto? o ¿pueden otras innumerables rosas quitarle su particular belleza? Si a tu hermano le sonríe la fortuna cuando tú sufres, cuando tus esfuerzos son contrariados, gózate todavía en el bien del otro, y reúnete con él en la común humanidad. La contemplación de la propia desgracia ante la fortuna o la elevación inmerecida ajena, engendra pasión en las almas débiles: en las nobles, al contrario, engendra animo constante, esfuerzo perseverante y simpatía humana hacia el bien de todos.

V. Cuando te sientes tibio para el bien general, acuérdate del anciano abandonado, del enfermo, la desamparada viuda y el huérfano, el esclavo corporal, el sensual grosero, el injusto triunfante, el inocente oprimido, las penas corporales que degradan todavía a la humanidad, los suplicios, el salvaje que mata a su hermano para devorarlo… y piensa que pecas contra la humanidad, si no trabajas para desterrar de la tierra por medios legítimos todo lo inhumano y enfermo, procurando con obra y doctrina hacer conocida y amada de los hombres la ley de la humanidad.

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Los escritos de K. Chr. F. Krause se dividen en cuatro secciones:

1.ª Escritos filosóficos: A. Filosofía analítica. B. Filosofía sintética.

2.ª Escritos matemáticos. [144]

3.ª Escritos filológicos.

4.ª Escritos históricos.

1. Escritos filosóficos. A. Filosofía analítica.

1. Disertatio philosophico mathematica, de philosophiae et matheseos notione et earum intima conjunctione. Jena, 1802.

2. Compendio manual de la lógica histórica, para servir a las lecciones orales, con laminas para la exposición prospectivo-combinatoria de las formas de los conceptos y los juicios. Jena 1803; 304 fols., 4.°

3. Plan del sistema de la filosofía. Primera parte, comprensiva de la filosofía fundamental, con una introducción a la filosofía de la naturaleza. Jena y Leipsik, 1804.

4. Oratio de scientia humana, et de via ad eam perveniendi; habita Berolini, 1814.

5. Compendio del sistema de la filosofía. Primera parte: filosofía analítica. Gotinga, 1825.

6. Lecciones sobre la lógica analítica y sobre la enciclopedia de la filosofía. 1826; 517 fols.

7. Lecciones sobre la antropología psíquica o psicología. Gotinga, 1828 y 1848; 401 fols.

8. Una serie de lecciones, tratados y aforismos sobre el concepto de la filosofía y sobre el carácter del método científico, con consideraciones sobre el desenvolvimiento futuro de la ciencia. Gotinga, 1828.

9. Lecciones sobre el estudio académico y plan para una asociación científica-humana. (Mss.)

B. Filosofía sintética.

10. Filosofía de la ciencia (doctrina de la ciencia), u órgano sintético, en aforismos. En este tratado se incluyen lecciones sobre la lógica sintética y trabajos preparatorios para un manual completo de la lógica. (Mss.)

11. Theses philosophicae, 25. Gotinga, 1825.

12. Lecciones sobre el sistema de la filosofía. Id., 1828: analítica 400 fols.; sintética 208 fols.

13. Lecciones sobre las verdades fundamentales de la ciencia en su relación con la vida: acompaña una breve exposición y juicio de los [145] sistemas de la filosofía, en particular los de Kant, Fichte, Schelling, Hegel y la doctrina de Jacobi. Gotinga, 1829; 586 fols.

14. Compendio del sistema de la lógica: segunda edición aumentada con el principio y construcción metafísica de la lógica y una lámina. Gotinga, 1828: 162 fols.

15. Filosofía de lo bello y del arte o Estética; compendio, lecciones y aforismos. Se comprenden lecciones sobre la teoría de la acústica y la estética de la música. Gotinga, 1828.

16. Teología especulativa, fragmento. (Mss.)

17. Filosofía absoluta de la religión. Gotinga. T. I: 1824; 520 fols. T. II: 1834; 390 id. T. III: 1834; 303 id.

18. Construcción filosófica del espíritu. (Ed. anunc.)

19. Construcción filosófica de la naturaleza. (Mss.)

20. Teoría científica del hombre y de la humanidad o theantropología (Ed. anunc.)

21. Filosofía moral: compendio y aforismos.

22. Sistema de la moral. Primer tomo: fundamento científico de la doctrina moral. Leipzig, 1810; 454 fols.

23. Erótica o filosofía del amor; aforismos (Ed. anunc.)

24. Principios de la teoría de la música, según los principios de la filosofía real. Gotinga, 1828; 176 fols.

25. Fundamento del derecho natural, o tratado filosófico sobre el ideal del derecho. Jena, 1803; 176 fols.

26. Compendio del sistema de la filosofía del derecho. Gotinga, 1828; 220 fols.

27. Ideal de la humanidad. Dresde, 1811; 552 fols.

28. Diario de la vida de la humanidad: primer cuatrimestre. Dresde, 1812.

2. Escritos matemáticos.

29. Tratados y disertaciones sobre la idea de la matemática y su relación con la filosofía. (Mss.)

30. Fundamentos para una filosofía de la matemática. Primera parte: Tratado sobre la noción y la división de la matemática y de la aritmética. Jena y Leipsik, 1804.

31. Órgano de la matemática. (Ed. anunc.) [146]

32. Novae theoriae linearum curvarum originariae et vere scientificae specimina quinque. Munich, 1835, 102 fols.

33. Novae theoriae curvarum specimina secunda. Munich, 1832.

34. Theoriae curvarum originarium secundi ordinis. (Mss.)

35. De lineis rectis earumque poligonismis. (Mss.)

36. Elementos de Geometría. Primer curso para la enseñanza de las escuelas. Lecciones explicadas en la universidad.

37. Aritmética: nueva edición aumentada, primera y segunda parte. Jena y Leipsik, 1804; 384 fols.

38. Tratado de las combinaciones y de la aritmética, para la enseñanza de las escuelas y para el estudio privado, con una nueva teoría del infinito; y una demostración elemental del teorema binómico y polinómico (Fischer y Krause). Dresde, 1812; 388 fols.

39. Varias disertaciones y aforismos sobre puntos de la aritmética y del análisis: particiones y cálculo diferencial e integral, y de las variaciones. (Ed. anunc.)

40. Investigaciones sobre las ecuaciones algebraicas (Ed. anunc.)

41. Tabla de factores y números primarios; calculada y ordenada desde 1 hasta 100.000, con una instrucción para su uso y un tratado teórico. Jena y Leipsick, 1804.

3. Escritos sobre la gramática.

42. Filosofía del lenguaje, con un ensayo para una lengua real universal. Pasilalia y Pasigrafía.

43. De la dignidad y excelencia de la lengua alemana y de la cultura de la misma en general y como lengua científica. Dresde, 1816.

44. Prospecto para un diccionario matriz de la lengua alemana o tesoro de la lengua alemana. Dresde, 1816.

45. Diccionario completo o tesoro de la lengua alemana. (Ed. anunc).

4. Escritos histórico-filosóficos y sobre asuntos varios.

46. Espíritu de la historia de la humanidad, o lecciones y aforismos sobre la filosofía de la historia. Primera parte: Gotinga, 1837; 563 folios.

47. Filosofía aplicada de la historia. Lecciones y aforismos; segunda parte. (Ed. anunc.) [147]

48. Fragmentos sobre la historia de la humanidad, con investigaciones históricas acerca de los caldeos. (Ms.)

49. Aforismos para una geografía histórica-científica. (Ms.)

50. Trabajos preparatorios para reconocer en la historia la forma fundamental de la humanidad en la tierra, con proyecto para una confederación política-europea. (Continuación de artículos publicados en los nn. 142, 45, 47, 51 y 52 del periódico las Hojas alemanas.)

51. Discursos a la humanidad para edificar el reino de la humanidad religiosa en la tierra.

52. Trabajos preparatorios sobre la filosofía del arte de la vida, y en particular sobre la filosofía de la educación.

53. Ensayo de un plan general de instrucción, junto con ensayos sobre la instrucción en las escuelas primarias.

54. Lecciones sobre la historia de la filosofía. (Ed. anunc.)

55. Exposición histórico-crítica de los nuevos sistemas filosóficos alemanes desde Kant.

56. Los tres primitivos monumentos de la sociedad masónica en cuatro partes. Dresde, 1810, 13, 19, 21; 324 y 483 folios.

57. Consideraciones sobre el estudio de la música, con estudios para la teoría de la misma. Gotinga, 1827.

58. Tratados y juicios críticos sobre asuntos varios.

Comparación.

La vida de Kant fue mucho más larga que la de Krause. El genio del primero tuvo dificultades que vencer en su carrera literaria; pero triunfó de ellas al cabo y gozó del respeto y el amor de sus contemporáneos. El genio de Krause fue contrariado dentro por la naturaleza y fuera por la sociedad; fue desconocida su doctrina{4}, sospechada su [148] conducta, perseguida su persona y las de sus amigos. ¡Verdad es que no es el primero que ha llenado su destino a pesar de los hombres! Kant era principalmente metafísico; Krause era igualmente metafísico que matemático, historiador y aun artista teórico y práctico: obras tan maestras son en su género el sistema de la filosofía y el de la lógica, como la filosofía de la historia y la del derecho, o la historia de la sociedad masónica: la teoría de las líneas curvas como la de la música: y en la filosofía práctica el ideal de la humanidad. Y en la filosofía fundamental, la luz que Kant anunció, o mejor la cuestión que puso, conviniendo al espíritu de la simple y crédula contemplación del mundo sensible hacia sí mismo, pero encerrándolo aquí como en un círculo de hierro, lució de lleno en Krause, elevándose sobre la oposición inconciliable del sujeto con el objeto, al objeto absoluto, en quien tiene su última razón y su solución definitiva la ciencia del hombre y en cuya realidad se une la ley de la ciencia con la de la vida y la de la religión. Trazó Krause bajo este principio de antemano el camino que la humanidad andará paso a paso en muchos siglos. Pero de aquí a entonces no faltará quien vuelva la vista hacia la obra hecha y el autor, y anuncie a la humanidad el nombre de uno de sus hijos bienhechores.

――

{1} Para esta biografía nos hemos servido de la obra que con el título de Vida y sistema filosófico de C. Chr. F. Krause publicó en Munich el profesor Lindeman, recogiendo para ello algunos apuntes hallados entre los papeles del autor; de noticias que nos comunicó verbalmente el doctor H. Leonhardi. Actualmente se trabaja en Nuremberg una biografía completa de Krause (15 de julio de 1851).

{2} Como historiadores no debemos pasar este hecho que es siempre importante en la vida del hombre, y que aquí viene atestiguado por la persona misma. De la veracidad del testigo nos asegura toda su vida. Solo resta pensar que pudo este dejarse creer él mismo de un estado extraordinario de su ánimo o de una representación viva de la fantasía, no siendo en esto, como se dice, frío observador de su vida interior. Sobre esto carecemos los de afuera de medios para juzgar. Solo podemos asegurar que la nota de observador ligero o prevenido respecto a los fenómenos del alma, es la que con menos fundamento puede achacarse a Krause.

Pero en general y por nuestra propia cuenta, preguntamos ¿qué hombre hay que no tenga voz interior? ¿quién que si observa atentamente su propia historia no crea haber oído alguna vez esta voz ya más clara, ya más vaga y como de lejos, bien le de este nombre, bien otro diferente?

Sócrates como hombre y como filósofo nada menos era que visionario, antes era en su tiempo lo que hoy entendemos por hombre de espíritu crítico y práctico. Y sin embargo, no por esto ha dejado de ser uno de los que con más claridad y más frecuencia han oído la voz interior. Con lo dicho no pretendemos dar autoridad al hecho citado de Krause; pero queremos alejar la extrañeza con que suelen recibirse semejantes narraciones, no con menos preocupación por cierto que la preocupación contraria.

{3} El nombre de la sociedad masónica es de mala nota; pero no se ha de formar juicio por esto. Su primer origen se pierde en la historia de la edad media, en que el cuerpo social aun el público y legítimo tendía a dividirse en cuerpos aislados, privilegiados y entre sí opuestos: de aquí los oprimidos o rechazados tendían a asociarse en secreto. Sin embargo, los principios de la sociedad masónica fueron puros y compatibles con el Estado; la degeneración alimentada al abrigo del secreto vino más tarde. Aun así, en los estados del Norte conservó un fin serio y una apariencia de regular organización (Alemania e Inglaterra). En los estados del Mediodía perdió aun esta apariencia, y podía llamársele una conspiración permanente. Hoy, cuando la sociedad legítima entra más en su ley de pública y libre, la sociedad masónica como todas las secretas, carece aun del pretexto aparente, y lo que es más notable, procura ella misma concertar con la sociedad legítima, de lo cual ofrece dicha sociedad ejemplos en Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos.

{4} En España ha sido desconocida la doctrina de Krause por el único autor que habla de ella (Balmes: filosofía elemental: Hist. de la filosofía f. 183.) Pero el censor no debe haber leído ninguna de las numerosas obras de Krause, puesto que obligado a citar algún texto, acude a una obra francesa de Mr. Ahrens, a quien carga con la responsabilidad filosófica de aquel. Resultó de aquí lo que era natural; que después de citar aislados algunos pasajes de la segunda parte de esta obra (Lib. II. Cap. 10,) pasando por alto la primera, y según venía bien al fin deseado, deshace con algunas palabras el castillo que quería deshacer: Por ejemplo; después de un pasaje en que traslada libremente algunos puntos de esta doctrina, llegándole su vez al censor, dice §. 334... «¿Cómo se sabe todo esto? Pruebas no alega, solo expone; se trata, pues, de un sistema hipotético, como tantos otros, obra de la imaginación...» Dejando aparte lo absoluto en el juicio de este párrafo y de todo el capítulo, diré que las pruebas que el censor busca las habrá leído en el libro primero y las nueve lecciones del segundo de la obra citada y a mayor abundamiento las puede leer en la serie de obras que componen la parte analítica del sistema; en el sistema de filosofía, Jena 1828, en la lógica, Jena 1836, y la antropología, Berlín 1848, como preparación y base subjetiva de la parte sintética, no como fundamento absoluto, que de esta como de aquella es Dios en su realidad, no siendo la filosofía analítica de Krause sino la preparación del espíritu al conocimiento de Dios, en cuyo solo punto, no antes, adquiere la filosofía su certeza absoluta. No se diferencia, pues el sistema de Krause del de la sana razón y la religión racional, sino en que la verdad que esta enseña por la fe y aquella por el presentimiento, Krause ensaya mostrarla por la ciencia, aunque sin desestimar la fe y el presentimiento en su justo límite, excepto el privilegio, y restableciendo a la razón científica en su derecho natural anteescrito. Pero el señor Balmes combate por el puesto, no por la cosa: tan enemigo y por la misma razón como se muestra de la razón escéptica del siglo XVIII, se muestra de la razón religiosa del siglo XIX: qui non est pro me, contra me est. Interesaría poco salir aquí a la defensa de esta doctrina, si la ciencia no tuviera por patria el mundo todo, y si la doctrina en cuestión no fuera tratada en el citado libro con injusticia y falta de sinceridad científica. Así, puesto el censor a condenar, no se detiene en ningún límite. Traduciendo sin más (fol. 196) los seres fundamentales, pero bajo Dios limitados: el espíritu y la naturaleza, por los modos de la única sustancia (Dios) de Espinosa; la extensión y el pensamiento, concluye el señor Balmes: luego el sistema de Krause viene a ser un panteísmo; palabra tan horrísona hoy para muchos, como la antigua de herejía, y con razón, donde es tal panteísmo como se dice; pero con sinrazón cuando se señala para asustar con esta palabra la única doctrina que ataca en su raíz o mas bien imposibilita el panteísmo. Más llano y sincero hubiera sido, que al llegar a este nombre hubiera dicho el señor Balmes: No conozco bastante sus obras, o no las he leído, para dar un juicio fundado sobre ellas. El señor Balmes acusando de panteísmo la doctrina de Krause, nos recuerda a los atenienses acusando de ateísmo la doctrina de Sócrates, y a los romanos acusando de impíos e idealistas peligrosos a los cristianos.

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1850-1859
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