Los resellados y La Internacional

Es curioso el afán que tienen los neo-conservadores, los nuevos resellados, de hacer indicaciones acerca de las debilidades que los progresista-democráticos tendrían para con La Internacional de trabajadores.

Y no le calificamos de curioso precisamente por las noticias que nos han comunicado, y de las que nos ocupamos en nuestro artículo de hoy La crisis suprema.

Nació La Internacional a la luz del día; publicó su programa; empezó a organizarse; ocupáronse de ella algunos periódicos y revistas que dedicaban parte de su tiempo a tratar las cuestiones sociales, y los que arman tanto ruido pidiendo ostensiblemente la metralla contra los internacionalistas (que bajo cuerda ya parece que se tocan por ahora otros registros) ni se ocuparon de La Internacional, ni dieron importancia alguna a aquellos primeros trabajos de la Exposición obrera en Londres, ni tal vez tuvieron de nada de esto conocimiento.

Pasó el tiempo; La Internacional trasformó sus medios de acción; modificó su programa; llegó a ser La Internacional de Karl Marx, y los que hoy hablan de suprimir La Internacional por un real decreto, seguían ciegos, sordos y mudos; tal vez ignoraban que había un Karl Marx en el mundo.

Empezó Bakounine sus trabajos acentuando las tendencias internacionalistas, y los que hoy hablan de debilidades progresista-democráticas, seguían mudos, ciegos y sordos; tal vez porque ignoraban hasta la existencia de Bakounine.

Organizáronse en España las primeras secciones de La Internacional, vieron la luz pública los primeros números de los periódicos internacionalistas, y los neo-conservadores continuaban sin sospechar siquiera que «la sociedad estaba en peligro» y que ellos habían de ser sus salvadores refrendando un real decreto.

Celebróse el congrego internacionalista en Barcelona, en el que pronunciaron algunos de los oradores de La Internacional discursos esmaltados de cuantos delirios socialistas y comunistas les pasaron por el magin, y los resellados tan tranquilos.

Llegaron los sucesos de París; vinieron los días de la Commune y entonces empezaron a sospechar los que hoy piden la metralla contra La Internacional que allí había mezclados hombres del internacionalismo. Pero, ¿qué pensaba? ¿qué quería La Internacional? ¿cuál era su programa? ¿de qué modo estaba organizada? Esto era un misterio para los neo-conservadores.

¿Había una Internacional en España? Esto era otro misterio para los mismos resellados, a pesar de haber en España periódicos internacionalistas y haber sido publicadas las actas del congreso internacional de Barcelona.

Sólo cuando las secciones madrileñas de La Internacional manifestaron deseos de abrir conferencias públicas en la capilla de San Isidro, cuando algunos progresista-democráticos acudieron a aquellas conferencias a sostener la discusión, a hacer que los mismos internacionalistas sacasen allí a luz sus teorías y a combatirlas en presencia del numeroso concurso de obreros que a las conferencias asistían, sólo entonces fue cuando empezó a despertarse la curiosidad en los que hoy ostensiblemente fulminan rayos contra La Internacional.

EL IMPARCIAL, que ya de antes había dedicado varios artículos a estas cuestiones sociales, y después a La Internacional, al ver la ignorancia en que generalmente se estaba respecto al internacionalismo en España, publicó una serie de artículos que fueron una verdadera revelación para los que hoy tantas alharacas hacen, y continuó la campaña llevando la iniciativa, pues que los demás colegas se limitaban, por punto general, a reproducir sus sueltos o parte de sus artículos.

¿Dónde estaban y qué hacían los resellados, cuando los progresista-democráticos abrían la campaña anti-internacionalista, ni cuando la continuaban haciendo conocer algo de lo que había ocurrido en el congreso de Barcelona?

¿Quién de los resellados hizo conocer, por ejemplo, aquello del «número mil y tantos de Figueras», hasta que lo reprodujimos nosotros de las actas de aquel Congreso?

¿Por qué no prorrumpían los resellados en las alharacas de hoy cuando EL IMPARCIAL llamaba la atención pública repetidas veces acerca del manifiesto que los obreros ginebrinos dirigieron a los obreros españoles, no mucho después de la revolución de setiembre, manifiesto en el que se decía que «la propiedad hereditaria es una institución inicua

Y respecto a medidas tomadas por el Gobierno cuando los internacionalistas se saliesen del terreno pacífico, la huelga de Villanueva y Geltrú, ocurrida durante el ministerio Ruiz Zorrilla, es la única en que la autoridad ha tomado medidas enérgicas para reprimir atentados contra el orden público, sin necesitar para ello que los resellados las pidieran.

¿Necesitó acaso el ministerio Ruiz Zorrilla que los resellados anunciasen un manifiesto en el cual se hagan terroríficas declamaciones e insidiosas y pérfidas indicaciones respecto a los progresista-democráticos para hacer lo que hacer debía? ¿Necesitó el ministerio Ruiz Zorrilla, que si reconocía el derecho de coalición pacífica no consentía ataque alguno al derecho y a la seguridad de los demás ciudadanos por parte de algunos de los huelguistas, necesitó, repetimos, pedir que se ametrallasen las ideas socialistas, ni que se suprimiese La Internacional por un real decreto, para que la huelga de Villanueva y Geltrú haya sido la única en que se hayan reprimido aquellos ataques?

Que los resellados prorrumpan en alharacas de fervor anti-internacionalista, están en su derecho, pero no lo están para acusar de complacientes en esta cuestión a los progresista-democráticos, sin los cuales, ni sabrían qué cosa era La Internacional en España. Y si lo sabían ¿a qué fue el Sr. Sagasta al Congreso a hablar contra La Internacional de trabajadores, llevando en la mano los números de EL IMPARCIAL?

Si lo sabían, ¿qué necesidad tenía el prohombre de los neo-conservadores de llevar como texto al Congreso los números de nuestro diario?

Aquella plácida tranquilidad, aquel silencio de otros tiempos, aquel mutismo, forman singular contraste con las alharacas de hoy. ¿No ocultarían estas los tratos secretos, las combinaciones ocultas, las negociaciones semi-montpensieristas semi-internacionalistas de que en otro lugar nos ocupamos?

El curioso lector lo dirá.