Nuevo Mundo
Madrid, 19 de octubre de 1928
 
año XXXV, número 1813
páginas 26-27

Dionisio Pérez

«Una profesión de fe nacional»

El presidente Irigoyen y las colonias hispanas...

El retorno de Hipólito Irigoyen a la presidencia de la República Argentina, votado y proclamado por inmensa mayoría del sufragio popular, tiene para España una clara significación y tendrá una fecunda trascendencia. Importa a todos señalar los diversos aspectos de este suceso.

Valor representativo de Irigoyen

El nuevo Presidente de la República Argentina, doctor Hipólito Irigoyen
El nuevo Presidente de la República
Argentina, doctor Hipólito Irigoyen

Un periódico madrileño, de significación católica más que conservadora, profesionalmente católica, ha dicho de Irigoyen que es demagogo más que demócrata. Sin embargo, este demagogo fue ya presidente de la República Argentina desde 1916 a 1922, y su administración, comenzada en momentos bien difíciles, cuando estaba indecisa aún la contienda europea y el mundo entero angustiado por las mayores perturbaciones económicas, fue ordenada y justa y beneficiosa para todos los intereses argentinos; para el de la libertad del pueblo, en primer término; para la riqueza de la nación y para el acrecentamiento del bienestar de todos. Sin este notorio resultado de su período presidencial, no se hubiera robustecido y acrecentado la popularidad apasionada y ardiente que ya gozaba Irigoyen cuando fue elegido presidente la primera vez, tanto más cuanto que en este hombre singular no puede admirarse al orador ni al escritor, sino solamente al político, al demócrata; al demagogo, si así lo quiere el católico periódico madrileño, que en esta evolución humana engendrada en los horrores de la guerra estúpida encendida por los Estados, la palabra democracia se ha calcado, se ha incrustado, se ha fundido en la palabra demagogia, y ya, en adelante, será forzoso que los demócratas piensen como demagogos y gobiernen como hombres; que, al cabo, Irigoyen no es más que esto: un hombre; el hombre de corazón para amar la justicia, de voluntad para imponer la ley, y de inteligencia para tener una clara visión del porvenir, encaminando hacia su logro al pueblo que gobierna, conciliando la libertad y el derecho de todos los ciudadanos... Esto es un demagogo, y así, el pueblo pone en él su fe y sus esperanzas.

El sentimiento de hispanidad de Irigoyen

12 octubre 1928 Día de la Raza en el Retiro, Madrid
Acto de descubrir en el Retiro, en la mañana del Día de la Raza, la lápida costeada por varias entidades españolas de la Argentina, en homenaje al Dr. Irigoyen, nuevo Presidente de la gran República y autor del decreto que declaró Fiesta Nacional el 12 de Octubre, en recuerdo del descubrimiento de América

Este demagogo gobernante tiene el recio temple de los vascos y los castellanos, cuya ascendencia alienta en su sangre y cuya evocación surge constantemente en su memoria. En su declaración reiterada de fe hispánica, frente a la labor tenaz de los latinistas que quieren desespañolizar a la República Argentina, repitiéndole la huera frase de Víctor Hugo, de que su libertad es hija de Francia, y frente a la labor de ingleses y de yanquis, que quieren convertir la significación racial en un problema de empréstitos y de negocios, hay en este demagogo Irigoyen un tradicionalismo que mejora en mucho y aun sublima a los tradicionalismos que voceamos y aventamos en estas tierras peninsulares. Búsquese en los dolientes anales del tradicionalismo español, con sus guerras civiles, sus horcas y sus hogueras, quien haya hecho declaración de amor a España tan fervorosa, tan apasionada como la de este demagogo Irigoyen en su famoso decreto de 4 de Octubre de 1917...: «...la obra no quedó circunscrita al prodigio del descubrimiento, sino que la consolidó el genio hispánico con la conquista, empresa esta tan ardua y ciclópea, que no tiene términos posibles de comparación en los anales de todos los pueblos. La España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales, y obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones americanas...» ¡Hermosa demagogia la que acierta a dictar estas palabras desde la Presidencia de una República, que es crisol donde se funden aportaciones de muchas distintas razas...

Una heredad hispánica...

Vista general del Hospital Español
Vista general del Hospital Español

En esta heredad inmensa, que fue tierra española, y en que hoy florecen las naciones americanas, como dice Irigoyen, queda aún –acaso quede para poco tiempo, si persistimos en nuestra política antiemigracionista– una magnífica, una admirable heredad hispánica poco conocida, poco estimada y aun muchas veces confundida por los funestos profesionales del hispanoamericanismo, con los pueblos americanos. Esta heredad es la «colonia española»; los núcleos de españoles emigrados, que, como impulsados y espoleados por un designio providencial, continúan la obra de la colonización y mantienen la hispanidad de América, ellos solos, y a veces, aun contra la acción desvariada del Estado español. Numerosa y guiada por hombres de mucha valía en Cuba, en Méjico, en la Argentina, en Chile y Uruguay; más reducida en número y en acción en las demás repúblicas, representa esta «colonia» nuestra afirmación y nuestra continuidad en América. Ninguna nación del mundo dispone de un valor político semejante; grave descuido es ignorarlo, grave error desdeñarlo, y más grave aun querer disminuirlo.

Apenas si enaltecemos a estas colonias más que cuando recordamos el dinero que giran a sus regiones originarias; las escuelas que construyen, supliendo deficiencias del Estado, o la parte que toman en el remedio de adversidades nacionales: guerras y terremotos; inundaciones y sequías. Y esto es lo de menos en la obra admirable de esas colonias, casi desconocida aquí enteramente. Vale más aún la labor hispana que allí realizan: las instituciones de cultura y de beneficencia que crean; el espíritu de solidaridad que engendran; los periódicos, revistas y libros que publican; la propaganda ardiente de todas las horas. Y ahora ya, de algunos años a esta parte, el afán legítimo de intervenir en la vida nacional, de aportarnos, no ya su dinero, muchas veces torpemente solicitado para obras minúsculas, como monumentos, libros de oro, películas estrafalarias, etcétera, sino sus iniciativas, sus consejos y su experiencia.

Ved esta hermosa iniciativa...

Justo López de Gomara
El Sr. López de Gomara,
que en nombre de los españoles
residentes en la Argentina asistió
al descubrimiento de la lápida
en homenaje de Irigoyen

Don Ricardo Varcárcel, D. Justo López de Gomara, elementos directivos de El Diario Español, de Buenos Aires, asociaciones españolas de la Argentina, qué gratitud os debemos por haber traído al Retiro madrileño, grabadas en letras perdurables, las hermosas palabras del decreto de Irigoyen, dando ocasión para que el ilustre embajador de la República, Sr. García Mansilla, proclamara con verbo emocionado que «no puede dudarse de que aquellas palabras que aparecen grabadas en el monumento sintetizan en su nobilísima expresión los sentimientos fundamentales del alma argentina. Vienen a ser –agregó– como un artículo de nuestro decálogo político, una profesión de fe nacional: el inquebrantable amor a España.»

La iniciativa de los españoles residentes en la Argentina, trocada en realidad y ofrendada por quien lleva este apellido insigne: López de Gomara –toda la vida de un gran periodista ofrendada a España entre recelos que antes existían allí y desdenes que perduran aún aquí– no puede quedar reducida a la ceremonia de destapar un monumento. Es una orientación que España debe emprender; más aún, es un mandato de las admirables colonias hispanas, que sería ceguera inconcebible dejar de acatar y de cumplir...

Dionisio Pérez

Dionisio Pérez, El presidente Irigoyen y las colonias hispanas
Casa de la Asociación Patriótica Española · Edificio de la Sociedad Española de Socorros Mutuos · Casa del Centro Gallego

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