Filosofía en español 
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El sindicalismo obrero cristiano continúa su propaganda en la provincia

El Sindicato Provincial del Trabajo persiste en su campaña de proselitismo obrero cristiano en Segovia.

Una veintena de sindicalistas cristianos se congregaban el pasado domingo en El Azoguejo, a las nueve de la mañana, para salir en peregrinación de su ideal por los nevados campos segovianos. Cuéllar, Hontalbilla y Torrecilla del Pinar fueron los pueblos escogidos para esta segunda salida de los propagandistas sindicales.

Más tarde, en el mes de Febrero, harán otras, y luego otras más excursiones con el mismo fin de organizar en nuestra provincia una fuerte Federación de Sindicatos Obreros Profesionales que sirva para la defensa y mejora de los trabajadores segovianos, no para la ayuda política de los vividores socialistas.

Con una buena entrada dio comienzo el mitin en el teatro Alfonsa, de Cuéllar, a las once y media de la mañana. Nicolás Martín, presidente del Sindicato Profesional de la localidad presentó brevísima, pero acertadamente, a los oradores y pidió al público que oyese con respeto.

Frutos Arribas Sacristán, bracero agrícola de Cogeces del Monte (Valladolid), comienza aclarando el alejamiento que estas propagandas y estos Sindicatos deben tener en la política, para dedicar su actividad, exclusivamente, a la defensa de la justicia social.

Era impresionante ver a aquel auténtico tipo de obrero del campo, con su cara curtida –como él mismo decía– por los hielos y los calores de Castilla, condenando al liberalismo económico y a los católicos que le habían adoptado por norma de su vida económica y social, diciéndoles a los patronos: “si sois católicos, cumplid las doctrinas de los Papas; en caso contrario, renunciad a ese honroso título”. Pero añade enseguida que los pequeños labradores no pueden pagar jornales justos porque los productos no son debidamente remunerados, siendo necesaria una unión de todos los elementos de la producción agrícola para lograr la revalorización de los productos del campo.

Habla luego Enrique Matorras Páez, que fue secretario de las Juventudes comunistas madrileñas, y empieza con un ataque brioso al socialismo en sus puntos teóricos y prácticos. Él los conoce. Ha luchado por ellos en las calles de Madrid hasta que ha visto la luz, por eso les fustiga con acritud, pero sin personalismos. Los elementos socialistas de Cuéllar, que hasta entonces habían asistido correctos, al ver atacadas sus posiciones, temiendo más por las consecuencias políticas que por el efecto doctrinal, se revuelven furiosos contra el orador, al que interrumpen con patochadas y vulgaridades fuera del caso, pero Matorras, pequeño, nervioso, masculino, no ceja en su empeño hasta que les explica ce por be cuanto es del caso con datos y citas auténticas de autores socialistas, que demuestran la gran verdad de que no hay tal dictadura del proletariado, sino dictadura sobre el proletariado. Los marxistas niegan veracidad a las citas. El ex comunista les dice con retintín y despacio, para que puedan tomar buena nota, los nombres de los autores citados, todos españoles, los títulos de los libros y las páginas en que las citas pueden leerse. Y cuando tiene dicho lo que se había propuesto decir, termina expresando el propósito de los Sindicatos cristianos de unirse incluso con los marxistas cuando se trate de la defensa auténtica de intereses obreros, jamás para crecimientos políticos.

Interviene seguidamente Joaquín Berajuen González, del Sindicato de Dependientes de Comercio de Vitoria. Este muchacho no ha hecho el viaje en coche cama, sino en un humilde vagón de tercera y ha llegado a Cuéllar después de una noche infernal. Transido de frío, pero con el corazón vibrante y encendido, con una oratoria mesurada y correcta, con una profundidad y fijeza de ideas extrañas a sus dieciocho años, expone con gran sencillez la doctrina social cristiana sobre la propiedad. Son muchos los obreros que no conocen lo que nosotros pensamos sobre la propiedad, dice, porque nosotros defendemos la propiedad privada como fundamento de nuestra propia felicidad, como derecho natural y justo, como aliciente de la producción, pero la propiedad debe cumplir su función social, porque Dios, al crear el mundo, ha puesto en él riqueza suficiente para que todos vivan y todos puedan comer y hay muchos que tienen más de lo necesario cuando otros muchos carecen de lo indispensable. Nosotros queremos el acceso de todos a la pequeña propiedad, porque repudiamos la igualdad de todos en la miseria, como pretende el marxismo, pero pretendemos la elevación de los obreros a un mayor nivel, para lo cual es necesario que muchos se priven de cosas superabundantes. Los jerifaltes socialistas callan. Sin embargo, algunos de los que están a su lado, ugetistas de buena fe, exclaman con sencillez: “¡Eso es, eso está muy bien!”

Finalmente habla Inchausti. El presidente del Frente Nacional del Trabajo es ya bien conocido en Segovia y su provincia para que le presentemos. Metalúrgico acostumbrado al manejo del martillo, las ideas que va desgranando son como golpes asestados al error, la ignorancia o la mala fe. Pasada ya la tormenta ocasionada por Matorras, iluminadas las inteligencias por la claridad de expresión de doctrina que ha hecho Berajuen, Inchausti hace un discurso de cordialidad, de afectos, de obrero a obrero, no de enemigo a enemigo, ni siquiera de exposición de doctrinas. ¿Para qué pegarnos los trabajadores cuando tantos problemas comunes esperan nuestro esfuerzo y ayuda mutua? ¡Basta de luchas! Luchemos todos contra el adversario común, contra el que abuse de nosotros, contra el que no respete nuestros derechos. No nos llaméis para asuntos políticos, pero cuando se trate de defender atropellos que habéis sufrido en vuestra condición de trabajadores, no tengáis reparo en pedir nuestro apoyo. Habla luego de la labor que deben desarrollar los Sindicatos: fortaleza desde la cual los obreros defienden y perfeccionan sus derechos y escuela en la que aprenden a cumplir con sus deberes. No sean nunca centro electoral, porque la política destroza a los Sindicatos. Fuera de ellos, cada afiliado piense como quiera de los partidos políticos. Dentro, nada más que profesionalismo. Termina haciendo votos por que en el Sindicato de Cuéllar todos los obreros de la localidad se den un abrazo de hermanos para conseguir la justicia social.

En Hontalbilla

Cuando a las tres de la tarde llegaron a Hontalbilla los excursionistas, la cellisca ciega y molesta extraordinariamente. El acto había de celebrarse en el salón de reuniones de la “Sociedad de Socorros Mutuos”. Tras unos momentos de espera, el presidente de la misma, don Mariano Martín Torres, autoriza el acto y comienza a hablar Juan Garcimartín Muñoz, del Sindicato de Segovia, que expone nuestros propósitos al hacer esta propaganda. Luego Frutos Arribas habla a los obreros del campo con calor y entusiasmo de sus problemas y finalmente Inchausti expone la necesidad de la colaboración de todos en la solución de los problemas sociales y económicos de los que trabajan en los campos de Castilla.

Al terminar, todos aplauden las doctrinas oídas, todos encomian a los oradores. Casi todos adquieren el periódico “Trabajo”, que les explana las ideas oídas y luego aclaran: Nosotros, hemos pertenecido a la U. G. T. y este local fue la Casa del Pueblo, pero como no nos gustaban aquellas cosas, lo dejamos hace algunos meses. No queremos más socialismo.

En Torrecilla del Pinar

El mitin tuvo lugar en un salón de baile. Asistió todo el pueblo. Como el local resultaba pequeño, muchos oían desde las puertas y ventanas a pesar de la inclemencia del tiempo. José Alonso, del Sindicato de Segovia, habló de temas mutualistas. Berajuen, de los Sindicatos, y Matorras, las doctrinas erróneas del socialismo.

Un buen día para la propaganda sindical obrera cristiana, cuya propaganda será continuada en el mes actual.