Filosofía en español 
Filosofía en español


Este es el Siglo de los conversos

Apenas si pasa un mes sin que la prensa diaria se haga eco de la entrada en el seno de la Iglesia católica de alguna personalidad de gran relieve en el mundo de las ciencias, de la política de las letras. Estamos en el siglo de los conversos, es decir, dando a esta palabra su prístina significación de los que, desengañados de lo que el mundo, la simple materia, puede ofrecerles, vuelven sus ojos hacia Dios como única y verdadera solución para la congoja que les atormenta. Unos, ciertamente, quédense a mitad del camino. Pero aquellos que con serenidad y valor innegables saben llevar su íntima argumentación a las últimas consecuencias, encuéntrense siempre en la meta de la felicidad su ingreso en la iglesia católica mediante la regeneración bautismal, o el retorno a sus antiguas creencias católicas en mal hora abandonadas. No son pocos los que, embriagados de dicha por haber encontrado la Verdad que tanto buscaran, abrazan el estado religioso.

El hecho de que el número de personas que se han alejado de la Iglesia después de la gran Guerra del 14 sea superior al de las que han ingresado en ella no es un argumento contra la tesis de estas líneas. En primer lugar, porque ese alejamiento no obedece casi nunca a verdaderas exigencias espirituales, sino precisamente a la carencia de ellas, a la herencia tardía y lejana que algunas masas han recibido de los dirigentes del siglo pasado; en segundo lugar, porque los hombres, cuando se trata de un sacrificio, se engañan con facilidad a sí mismos. Ello revaloriza el hecho de que algunos heterodoxos, después de meditado estudio e imponiéndose sacrificios personales, retornen a la verdad católica. Hablamos de un retorno actual de las mentes de vanguardia, y de la necesidad de que apresuremos la recogida de los frutos que ese retorno puede aportar en los entes gregarios. En realidad, entre los intelectuales casi puede decirse que «está de moda» el hacerse católicos, si es que ese término puede aplicarse a cosa tan santa. Como ha dicho Chésterton, el hacerse católico es sólo cuestión de solidez de pensamiento. Una solidez tal que no pueda subir a la cabeza el vino exquisito de la ciencia, como dijo Pío XII en su discurso a los universitarios de la Acción Católica italiana.

Conversiones en Europa

En Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Italia, en Portugal, en los principales países de todo el occidente europeo, el catolicismo recobra energías. Por un lado, los desengaños que han seguido en las masas ante el fracaso de modos y formas que algunos pudieron creer con mayor capacidad vital; por otro, el retorno a la Iglesia de personalidades muy caracterizadas de estos países y la perduración de ésta como único baluarte del espíritu contra el que no prevalecen las puertas del infierno, han hecho que las manifestaciones exclusivamente religiosas del catolicismo, así como los movimientos políticos que en los principios cristianos se apoyan, cobren un auge extraordinario.

Sería prolijo enumerar y trazar la biografía de cada uno de los prohombres que se han alistado últimamente en las filas de Cristo. En un precioso libro recientemente editado en España se recogen detalladamente los caminos que condujeron a Cristo a 42 personalidades de todos los países. Nombres como los de Chésterton, Francis Dudley, Burges Bayly, MacFarlane-Barrow, en Gran Bretaña, la tierra del «no popery»; doctor Schmith, profesor Roloff, Hans Carl Wendland, en Alemania, la cuna del protestantismo y del neopaganismo, puede decirse que ya han pasado a la historia. Francia, cuya influencia espiritual en el mundo ha sido tan grande durante dos siglos, ha visto renacer su vida católica después de esta guerra, y hoy son allí los católicos el único dique contra la invasión atea y materialista inspirada por Moscú; en las filas de la intelectualidad francesa, que ha tornado, por bien diferentes caminos, hacia la Iglesia, son muy conocidos los nombres de Bourget, Huysmans, Copée, Brunetiére, Claudel, Peguy, Lotte, Dumesmi, F. James, Valois, Retté, Maritain, Pshichari, Bertrand, Gheon,  Ruville; legión, en fin.

Holanda suma a la lista de conversos el nombre de Walkeren y el de Van Leer; Dinamarca, el de Joergensen, junto con los del párroco Jacobo Olrik y la baronesa Erika Rosenorn-Lehn; en Italia, al de Giovanni Pappini, tan conocido, habría que añadir los del franciscano Gemelli y muchos otros. Portugal también giró en redondo, y sus intelectuales, junto con los del Brasil, hace tiempo que están de vuelta del «cientismo». Suiza aporta el nombre de Irma Di Lema, Noruega, el del cónsul Einar Berrum: Suecia, los de Sigrid Swanbom y Nils E. Santesson; Irlanda, de tan recia estructura católica, el del profesor Stockeley. Rusia, los del príncipe Dimitri Galitzin y el profesor Ivan Puzyma. Verdadera vanguardia de católicos de altura, que llegaron a postrarse ante la Eucaristía después de un examen concienzudo y penoso de los errores en que se debatían y de los que, guiados por la gracia divina y sin negarse personalmente ningún esfuerzo, supieron salir.

América y Asia

La tierra fecundada por España y Portugal en el Nuevo Mundo no ha tenido, a este respecto, problemas. El catolicismo tiene allí fuertes raíces, que tratan de arrancar, con derroche de elementos, las sectas protestantes más diversas. En los Estados Unidos, donde la duplicidad de religiones existe, al igual que en Canadá, como consecuencia de haber surgido del seno de países europeos en los que el protestantismo había creado la dualidad de confesiones, es donde la cuestión se ha planteado. Y es alentador saber que, desde todos los errores y desde los más opuestos ángulos espirituales, hombres de talla y los que no lo son han ido a buscar en la Iglesia católica el consuelo para sus almas. Rosalía María Levy, John Moody, Takizaki San, el jugador de fútbol Knute Rockene, Ralph H. Metcalfe se han hecho bautizar para pasar a formar parte de la Iglesia. Si en Inglaterra las conversaciones sobrepasan anualmente de las 11.000, en los Estados Unidos el compacto grupo de 25 millones de católicos ve aumentadas sus listas anualmente con más de 40.000 nuevos fieles. En Canadá, los habitantes de origen francés conservan la religión de sus mayores, y su influjo en la vida política, literaria y científica del país es evidente; especialmente sus universitarios constituyen un baluarte firmísimo contra toda penetración protestante; entre los más notables conversos de este Dominio inglés habría que citar al doctor Sam Atkinson.

Pero no es sólo en el mundo occidental donde las conversiones tienen lugar. El de las misiones cuenta también entre sus millones de catecúmenos con intelectuales de primera fila. En el Japón se han convertido al catolicismo miembros de la familia imperial y famosos políticos y militares como Pablo Tokaro Tanaka, el contralmirante Yamamoto y otros muchos. China nos da el nombre del coronel Chan P' Ei Fu; la India, los de L. S. Balasubrahamamiam, que ingresó en la Compañía de Jesús, y Bramchari Rewachand Animananda. Incluso hay que anotar, en África, el periodista Rodolfo A. Mndaweni.

El caso de España

Merece estudio especial el caso de España. También en esto puede hablarse de que «España es un mundo aparte». Como dijo Ganivet, «en España no hay un hereje que levante dos palmos del suelo», y todos ellos, al fin y a la postre, tienen en sus problemas y en las soluciones que les buscan un evidente contenido cristiano. Casi nada puede añadirse al magnífico estudio hecho por el director de Ecclesia en su capítulo adicional al libro del Cardenal Patriarca de Lisboa. «La Iglesia y el pensamiento contemporáneo». Por otra parte, en este mismo número encontrará el lector un estudio sobre «los heterodoxos españoles y su sello germánico». Sería imperdonable, sin embargo, dejar de citar a don Oscar Pérez Solís y el caso de Ramiro de Maeztu, tan influido en su juventud, como los demás herejes españoles, por la filosofía hegeliana, y que, sin embargo, supo retroceder a tiempo y encontró en la tradición española y en su amor a la Patria el camino de su conversión. También es notable el caso de don Enrique Matorras que, de secretario general de los comunistas españoles pasó a ser un fiel adorador de Cristo. En los más significados de los heterodoxos españoles, en Giner de los Ríos, en Valera, en Galdós, en Núñez de Arce, en Unamuno incluso se encuentran frecuentemente párrafos en los que se echa de menos la fe más o menos perdida. La figura de Morente está demasiado cerca de nosotros y ha merecido tan copiosa bibliografía que sería innecesario insistir aquí sobre la significación de su vuelta a la Iglesia. Pero, además, y para satisfacción nuestra, no hay que olvidar que, como dice don Jesús Iribarren, «la Iglesia no crece fundamentalmente con los convertidos, sino con los nacidos. Y el panorama de España no se parece en nada al de comienzos de siglo».

Los últimos conversos

Para terminar este estudio, traemos aquí las biografías sucintas de las últimas personalidades que han ingresado en la Iglesia católica en el último año en los últimos días.

Puede encabezarla la del director del periódico norteamericano Daily Worker, órgano comunista, quien ingresó en la Iglesia católica en octubre último. Luis F. Budenz, periodista notable, secuaz durante muchos años de las consignas moscovitas, ha visto también, como San Pablo, una luz celestial que ha iluminado su espíritu y le ha hecho volver a la fe de sus padres.

Junto a este norteamericano, hay que citar entre los últimos conversos de aquel país el senador Robert F. Wagner, que a finales de enero último ingresó en la Iglesia católica en una solemne ceremonia celebrada en la iglesia del Santísimo Sacramento, de Nueva York. El senador Wagner cuenta sesenta y ocho años de edad, y es uno de los senadores más caracterizados de su país. Apoyó calurosamente la política del presidente Roosevelt y es autor de la ley de Relaciones Laborales, que rige la vida del trabajo en Norteamérica. Nació en Alemania de padres protestantes. Trasladado muy joven a los Estados Unidos, se nacionalizó en este país a poco de residir en él. Es amigo íntimo personal del famoso Arzobispo de Nueva York, Francis J. Spellman y de otros eminentes miembros del clero católico norteamericano.

También el año pasado ingresó en la iglesia católica el rabino de Roma Israel Poli, catedrático de universidad. Fue bautizado en la iglesia de Santa María de los Ángeles por el vicegerente del vicariato de Roma. Como homenaje a la caridad del Papa para con sus hermanos de raza, tomó el nombre de Eugenio, al que añadió el de María, Eugenio Poli es conocido como persona de vasta cultura. Sus contactos con el mundo católico eran ya antiguos, si bien ejercía el cargo de gran rabino de Roma desde 1910, y como tal estaba a la cabeza de todos los rabinos de Italia. Goza de gran autoridad y prestigio como exégeta del Antiguo Testamento.

En diciembre pasado ingresó en la Iglesia católica la periodista norteamericana Clara Boothe, procedente de la secta protestante episcopaliana. Clara Boothe, a diferencia del senador Wagner, fue una encarnizada detractora de la política del presidente Roosevelt. Como miembro del Congreso de su país, como periodista y corresponsal de los periódicos de su marido (las famosas revistas Life y Time, entre otras, cuya tirada suma veinte millones de ejemplares), estuvo siempre frente a las directrices del fallecido presidente de los Estados Unidos. Clara Boothe es millonaria y tiene fama de ser la mujer que viste mejor en los Estados Unidos Su belleza es bien conocida. Últimamente pasó por una gran crisis espiritual, a la que sólo ha encontrado solución entrando a formar parte de la Iglesia católica, tan floreciente en Norteamérica, y que está llamada a ejercer gran influjo sobre las directrices políticas de aquel país, hoy la mayor potencia del mundo.

El mundo anglosajón, un tiempo tan alejado de Roma, ha dado pruebas últimamente de no ser insensible a la grandeza de la Iglesia católica. El Presidente Roosevelt, con sus enviados extraordinarios cerca de la Santa Sede, demostró que había comprendido la importancia internacional del Vaticano. Las personalidades que ingresan en la Iglesia de Roma son cada vez más, por otra parte, es conocida la gran labor efectuada en el Ejército de los Estados Unidos por los capellanes castrenses; por lo que al Ejército británico se refiere, no hay que olvidar que durante la pasada guerra, más de 5.000 de sus miembros se convirtieron al catolicismo.

También entre los artistas de fama internacional, incluso entre los artistas no siempre enteramente frívolos de Hollywood, ha habido en los últimos años dos conversiones. Conocida es la del artista mexicano José Mójica, el hombre de la dentadura excepcional, que, después de buscar en todas las religiones, incluso en las más disparatadas, un bálsamo para su espíritu, ingresó en la Iglesia católica y se hizo franciscano en el noviciado de esta Orden en Lima. En los últimos días, por último, ha ingresado en la Iglesia católica la famosa artista Norma Shearer.

Y es que, en definitiva, como ha dicho Pío XII, una es la Verdad y sólo encontrará la felicidad quien venga a ella, porque solo la fe «aquieta en la felicidad las esperanzas y los anhelos del ánimo humano».

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Aclaratoria
¿Rectificación o ratificación?

Recientemente (SIC Enero de 1947 pág. 543) escribí un artículo sobre Mauricio Thorez, comunista Traidor, para quien en nuestra Asamblea Constituyente hubo lluvia de flores. Mi intento fue demostrar que Thorez, el secretario del partido comunista francés había sido traidor a su patria, que el partido comunista francés había sido traidor a su patria y que puestos en la alternativa de escoger entre Francia y Rusia, no titubearon en irse con Rusia y que entre la Jefatura de Daladier y Stalin prefirieron la del tirano ruso. Nada inventamos. Ese artículo fue escrito sobre auténticos documentos que reposan en nuestro poder.

Un comunista, esclavo de Stalin, uno de los muchos que pululan, me escribió una carta, afirmando que «ese artículo podía figurar en una colección de cuentos o formar parte en una novela de ficción; que, pasada la excitación del momento, estaba en la obligación de rectificar...»

Las recientes escandalosas sesiones de la Asamblea francesa han puesto en claro todas mis afirmaciones. El mismo Thorez, con una franqueza que lo condena, pues es la admisión abierta de su traición, confesó estos días que entre el llamamiento de la Patria y el del Partido Comunista, era su deber seguir al Partido y abandonar a su Patria.

Ante tales confesiones, estamos en la obligación, de no rectificar, sino de ratificar nuestras dos primeras conclusiones.

Mauricio Thorez, Secretario del Partido Comunista francés fue traidor a su Patria. El Partido Comunista francés fue traidor a su patria.

V. Iriarte.