Arriba. Fundado por José Antonio Primo de Rivera
Madrid, jueves 18 de abril de 1963
Organo de F.E.T. y de las J.O.N.S.
II época, nº 9.486, página 2

Primero, la Filosofía
 

En su discurso para inaugurar la Asamblea de Catedráticos de Filosofía y Letras en Granada, el Ministro de Educación dijo que «ante la crisis de crecimiento que la Universidad sufre en el mundo, la nuestra ha de padecerla más sensiblemente, con exigencias de más radicales remedios». No es solamente crisis de Universidad, es crisis de cultura. Una crisis similar, pero en un grado mucho mayor, a la que en la decimonónica época produjo la revolución industrial. Si en el siglo pasado la aparición de la máquina provocó la natural reacción de expectativa, de interés por algo que entraba en la vida humana, sin que esto fuera obstáculo para que la Filosofía y las Humanidades siguieran su curso ascendente –y conste que ni se intenta juzgar el valor del movimiento filosófico y humanístico de aquella época–, hoy es un auténtico enfrentamiento de la técnica a las Letras y la Filosofía. Por poner dos ejemplos, la abolición del latín en los Liceos y Centros de Enseñanza Media de Italia y la enorme protección que encuentran los estudiantes de países árabes y algunos hispanoamericanos al cursar carreras técnicas. Las aspiraciones de poderío industrial de las naciones han atraído a la juventud, tanto por la rapidez de colocación y mejor remuneración como por la mejor consideración social que el ingeniero, el perito o el arquitecto tienen frente al hombre de letras.

España, hoy, necesita de técnicos. El Plan de Desarrollo ha determinado una serie de disposiciones para dar salida con mayor fluidez y urgencia a titulados en carreras técnicas. Y esto puede traer consigo una desvalorización del humanismo, de los estudios de Letras. El peligro existe, y para acallar futuras inquietudes en este terreno, el Ministro de Educación salió al paso con estas palabras: «La Universidad "literaria", raíz y núcleo de la Universidad actual, ha de conservar siempre su privilegio genealógico, aunque la multiplicidad de los saberes la diversifique hoy en variedad de Facultades. Esa es la gloria y dignidad de las Facultades de Filosofía y Letras y esa es también su enorme responsabilidad en la rectoría del pensamiento.»

Las civilizaciones que ha conocido el hombre hasta ahora han tenido su raíz precisamente en la Filosofía, ciencia de todas las ciencias, fundamento de los saberes y base de las investigaciones. La Filosofía, ciencia que investiga la causa de las cosas, es la auténtica matriz en la que han germinado las técnicas de todos los siglos y de las que hoy tan contentos se sienten algunos, sin darse cuenta de que no hacen más que poner en práctica el continuo porqué de la Filosofía, que la técnica no es ni más ni menos que la «praxis» de la Filosofía.

Alguien podrá objetar que, según lo antedicho, la técnica lleva la Filosofía a sus últimas consecuencias y, por lo tanto, hace la mejor de todas las filosofías. El argumento no pasa de ser un puro sofisma, puesto que el tecnicismo actual pretende hacer de sí mismo un sistema filosófico, dando de lado la verdadera causa de toda ciencia, y hasta ha llegado a olvidarse de la última pregunta que el hombre tiene que hacerse, la que le relaciona con Dios. Bastante de esto ocurre ya hoy en el mundo, y también en España puede suceder si a los estudios e investigación humanística y filosófica no se le proporciona la ayuda y el rango que merecen. Ha habido recientemente un movimiento de alerta precisamente por parte de la juventud –Asamblea del SEU, Convivencias de Filósofos Jóvenes, y esta misma Asamblea de Granada–. Si el momento es crítico e importante, también lo es para no tener más tarde que lamentarse.


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