Filosofía en español 
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Carlos de Zayas

Informe especial

El socialismo en España (I)

Zayas con Pablo Castellano
Carlos Zayas (izquierda) con Pablo Castellano

La reciente encuesta llevada a cabo para Cambio 16 ha dado el más alto porcentaje dentro de esa mitad de españoles que tienen preferencias políticas –o que se atreven a manifestarlas– en favor de partidos socialistas y socialdemócratas.

Dada la ambigüedad de los términos socialistas y socialdemócratas, los consideramos sinónimos y como correspondientes a la praxis política de los partidos reconocidos por la Segunda Internacional o Internacional Socialista.

La noción general de socialismo democrático sería la de una ideología política que propugna la transformación de las estructuras sociales, económicas y políticas de una comunidad, con objeto de hacerla más solidaria y más igualitaria dentro de un marco de respeto a la libertad individual y al pluralismo de partidos políticos, como portadores de los intereses antagónicos y diferenciados de los diversos grupos y clases sociales.

El deseo y la voluntad de cambio –mediante reformas reales– de las relaciones de producción de las sociedades desarrolladas, como es el caso de la española actual, parece estar plenamente vigente en la mente de una mayoría de nuestros compatriotas. Ya la sección no publicada del informe Foesa de 1970 ponía en evidencia esa disposición mayoritaria en favor de una evolución gradual y pacífica de las estructuras políticas y económicas de nuestro país.

Los organismos de la Administración encargados de pulsar el estado de ánimo de las gentes y de hacer respetar el orden público hace muchos años que conocen esa abierta inclinación de gran parte de los españoles hacia la democracia y el socialismo.

Por si cupiera una demostración por analogía, el restablecimiento de la democracia y la libertad para actuación de los partidos políticos en Portugal, país tan próximo, histórica y culturalmente al nuestro, tras cuarenta y ocho años de dictadura derechista, ha puesto en evidencia la dificultad, por no decir la imposibilidad, de radicar entre la población la conciencia política que corresponda a sus diversos intereses.

Socialismo y falangismo

Pensamos que ello es aún menos posible en nuestro país, donde las masas han estado sometidas a un “tratamiento” mucho más inteligente y menos brutal. A la expectación por el fútbol (con quinielas) se unió, entre nosotros, no en Portugal, la posibilidad de adquirir un coche y aun un piso, pero también la de aumentar las oportunidades para elevar el nivel educativo.

La idea del socialismo ha incrementado tanto su popularidad en nuestro país que personajes muy oficiales han intentado con astucia arrimar el ascua a su sardina y no han tenido inconveniente en hablar de socialismo nacional de compatibilidad entre el socialismo y el falangismo e incluso de la conveniencia de la creación de una tendencia laborista dentro del Movimiento.

Y es que una sociedad económicamente desarrollada con una tradición cultural rica y variada como la española, es necesariamente pluralista y compleja igual que el resto de las sociedades vecinas en Europa Occidental. Bajo tales condiciones su permeabilidad a los principios del socialismo democrático es objetivamente inevitable, a pesar de las dificultades que encuentra para plasmarse en acción política concreta dentro de nuestras fronteras.

El socialismo democrático está representado oficialmente en nuestro país bajo las siglas históricas del PSOE. El Partido Socialista Obrero Español, declarado ilegal con el resto de los partidos políticos republicanos al estallar la guerra civil, ha sufrido, sin embargo, numerosas vicisitudes durante casi treinta y cinco años de vida en la clandestinidad.

Debido a diversos factores y especialmente a que su estructura democrática interna lo hacía muy vulnerable a las persecuciones, pero también por causa de errores en el planteamiento de su estrategia política excesivamente dependiente de una ilusoria intervención exterior de las democracias occidentales y, sobre todo, al personalismo de su dirección exiliada en Francia y que llegó a perder el contacto con la sociedad española, a fines de los años sesenta el PSOE dejó de constituir un núcleo político coherente y con capacidad de reacción ante las profundísimas transformaciones que la industrialización, el turismo de masas y la emigración interior y exterior estaban operando sobre la sociedad tradicional española.

Hubo no obstante diversos intentos serios de renovar el viejo tronco cada vez más carcomido del PSOE. El más importante partió de la Agrupación Socialista Universitaria, que entre 1956 y 1960 se esforzó en vano en actualizar el programa y dinamizar la acción del veterano Partido Socialista Obrero Español.

Debilidad organizativa

Seguidamente fueron las Juventudes Socialistas quienes intentaron lo propio con idénticos pobres resultados. La dirección exiliada continuó esperando el milagro de una intervención extranjera o de un pronunciamiento militar que restaurara los partidos políticos tradicionales. Y mediante maniobras dilatorias y manipulación de los congresos de Toulouse (Francia) siguió basando su aparato en la lealtad de los supervivientes entre los antiguos militantes socialistas de la preguerra, cada vez más ancianos y por ello cada vez más incapaces para la acción y más sentimentalmente unidos a los viejos líderes que se iban consumiendo biológicamente en el exilio europeo o latino-americano. Es de reseñar que en Francia, así como en el resto de los países de Europa Occidental, el PSOE, organización política extranjera, ha sido siempre tolerado a pesar de carecer naturalmente de existencia legal y a sus congresos han acudido con frecuencia personalidades de los partido socialistas hermanos, alguna de las cuales ocupan hoy día puestos en diversos gobiernos europeos.

La debilidad organizativa que ha tenido el PSOE durante muchos años ha producido un vacío político grave en nuestro país. Vacío que se han esforzado en llenar por un lado, organizaciones situadas algo más a la izquierda con estructura más disciplinada y apoyadas en la solidaridad de los partidos comunistas en el poder en Europa Oriental.

Asimismo, militantes procedentes de las organizaciones especializadas de la Acción Católica Obrera han ocupado parcialmente ese vacío dejado durante años por la baja operatividad del PSOE.

También surgieron, siempre en la clandestinidad, insertando en la vieja idea socialista componente regionalistas y federalistas vivos en las zonas periféricas de la península, organizaciones tales como el Moviment Socialista de Catalunya y el Partit Socialista Valencia, entre otras, que autónomamente han ido perdiendo la llama del socialismo incorporando a ella los intereses y peculiaridades especiales de sus culturas regionales.

El socialismo en España (II)