Filosofía en español 
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Los judíos y el general Serrano

El general Serrano, español y católico, es más atento, más fino, más benévolo y complaciente con los judíos, con los deicidas, que con las nobles y piadosas damas españolas.

A las súplicas, a las lágrimas de estas, ha sellado sus labios, y ni han merecido un decreto negativo: a la simple carta de una turba de judíos ha contestado lo siguiente:

«A los miembros del comité local de alianza israelita universal de Burdeos.

Madrid 1.º de diciembre.

He recibido, señores, vuestra carta, en que preguntáis al gobierno provisional, que tengo el honor de presidir, si ha sido derogado el edicto de 1492, que expulsaba de España a los judíos.

Al responder a esta pregunta, debo manifestaros que en el hecho mismo de haber proclamado nuestra gloriosa revolución la libertad religiosa, juntamente con las demás conquistas de los derechos del hombre, ha quedado derogado dicho edicto del siglo XV.

Por consiguiente, sois libres de entrar en nuestro país, y de ejercer aquí libremente vuestro culto, lo mismo que los partidarios de todas las religiones.

Recibid, &c. —Francisco Serrano

No creemos que los judíos se atrevan a usar de todos esos derechos que les concede el general Serrano, sin saber nosotros con qué autoridad, ni en virtud de qué poderes. Sea comoquiera, vamos a consignar la opinión de un judío de Sevilla.

A los pocos días de la revolución se encontraron unos librecultistas a un judío en la calle de las Sierpes, y le dijeron:

—Ya puedes tener aquí una sinagoga.

—No, cristiano, replicó el judío; no hacer yo eso, porque si tú, cristiano, derribas hoy tus iglesias, ¿qué harías mañana con mis sinagogas?