Filosofía en español 
Filosofía en español


La supresión de la Facultad de Teología y de la enseñanza religiosa en las escuelas

Sabido es que el gobierno de la gloriosa revolución de setiembre suprimió la enseñanza de la teología en las Universidades españolas, y no contento con esto el señor ministro de Fomento, ha intentado pocos días ha alcanzar de las Cortes la abolición de la enseñanza religiosa en todas las escuelas del reino. Así nuestros regeneradores, después de haber hablado tanto contra los gobiernos que favorecían la ignorancia; después de haber repetido a son de trompeta que querían a toda costa favorecer la ciencia, han empezado por suprimir la facultad de teología, y ahora quisieran proscribir de las escuelas el catecismo católico.

Nosotros creemos que los ministros no conocen ni la teología ni el catecismo, porque, a haberlos conocido, no habrían llegado a tal extremo.

En efecto: ¿qué es la teología que han suprimido? Es la ciencia de Dios, y por consiguiente la ciencia de todas las ciencias. «La teología, dice el mismo Michelet, es el mundo del amor y de la gracia.» Juan Reynaud hace notar que no hay ciencia que no dependa de la teología, y a la que esta no lleve inmensa ventaja. «Por esto, continúa Reynaud, es preciso dividir las partes de una ciencia tan sublime, y, a ejemplo de la Iglesia, seguir en común su estudio. Puesto que, en sustancia, no hay otra felicidad para el hombre que conformarse con la voluntad de Dios, y la teología es la que nos enseña a conocer al Ser divino y nuestras relaciones con Él, resulta de aquí que ningún progreso de otra ciencia alguna pueden importar tanto al género humano. La ley principal del mundo debe ser, pues, tender continuamente, no solo al aumento, sino también a la comunicación de las verdades teológicas.»

Pero los ministros del reino de España no han querido comprender todo esto, que han comprendido hasta algunos libre-pensadores. Nuestros ministros suprimen la teología, señora y reina de toda ciencia, y sin la cual la filosofía no puede subsistir ni aun en principio, ni dar un solo paso, privada del auxilio de la palabra religiosa. Suprimen la teología en España, la patria de Vázquez, de Cano, de Montano y del Tostado, la nación que fue siempre la primera en las ciencias teológicas.

Y como si esto no fuese bastante para daño de la ciencia, se ha intentado abolir el catecismo, o sea la enseñanza religiosa, donde se encierra la verdadera filosofía, la filosofía completa, que resuelve todas las cuestiones que se refieren a la humanidad, a la filosofía universal o popular; que a todas las inteligencias se acomoda; filosofía inmutable, que desafía todos los ataques; filosofía eminentemente social, que sobrepuja a todas las Constituciones políticas{1}. Si el señor ministro hubiese tenido un poco de ciencia infusa, comprendería que la palabra credo es la primera de toda enseñanza, como lo sabe el que ha aprendido a leer, por haber creído al maestro que b y a dicen ba.

Un ilustre filósofo francés, cuya palabra tiene más valor que la de un ministro de Parlamento, Jouffroy, ha dicho: «Hay un libro pequeño que se hace aprender a los niños, y sobre el que se les pregunta en la iglesia. Leed este reducido volumen, que es el Catecismo, y en él encontrareis una solución a todas las cuestiones que he propuesto, a todas, sin excepción.» Y añade Jouffroy «que el niño que sabe el catecismo no ignora nada, y cuando llegue a ser hombre, no vacilará lo mas mínimo en las cuestiones de Derecho natural, de Derecho político y de Derecho de gentes, porque todas ellas se derivan clara y espontáneamente del cristianismo{2}

Si quitáis la instrucción religiosa de las escuelas, ¿con qué otra la sustituiréis? ¿De dónde haréis derivar los criterios de la vida, y las nociones de lo injusto y de lo honesto? ¿De los libros de los filósofos? «Desde niño, dice Pedro Leroux, he abierto vuestros libros ¡oh filósofos! y con ellos he nutrido mi inteligencia durante veinte años. No hay Babel comparable con vuestra confusión y discordia{3}

Toda aquella discordia y confusión reinan hoy en los ministerios y en las Cortes, porque en ellas se ignora el Catecismo, y porque de los ministros y diputados puede decirse que maldicen lo que ignoran. ¿Y sabéis por qué suprimen la teología y quieren suprimir hasta el Catecismo? Porque no conocen la una ni el otro, y odian al Dios de quien blasfeman; porque querrían borrar de nuestra mente y de nuestro corazón toda idea, todo pensamiento del Creador y Señor del cielo y de la tierra. Eradamus eum de terra viventium, et nomen ejus non memoretur amplius, dijeron diez y nueve siglos ha los judíos deicidas; y en otros términos lo ha repetido un ministro del reino católico de España. No se hable más de Dios ni de Jesucristo en nuestras escuelas ni en nuestras Universidades. ¡Viva la ignorancia, si puede servir para combatir a la Iglesia! (Boletín de Toledo.)

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{1} Véase Martinet: La Philosophie du Cathechisme catholique. París 1853.

{2} Jouffroy: Melanges philosophiques, pág. 424.

{3} Pierre Leroux: Revue Independante, tomo I.