Filosofía en español 
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Establecimiento de una Universidad católica en Sevilla

Felicitamos a Sevilla porque, siguiendo el ejemplo de la Junta superior de la Asociación de Católicos en España, ha fundado una Universidad católica, según aparece del siguiente programa:

Estudios de la Asociación de Católicos en Sevilla, bajo la protección de María Inmaculada, e inmediata inspección del Emmo. y Rmo. señor Cardenal Arzobispo de esta diócesis.

La Junta provincial de la Asociación de Católicos de esta ciudad cree cumplir uno de sus más imperiosos deberes estableciendo en esta capital unos Estudios que sean el plantel de una [624] Universidad católica, a imitación de los que ha establecido en Madrid la Junta superior de la misma Asociación.

De nadie es desconocida la necesidad de que la enseñanza universitaria sea completa y absolutamente católica, y de que se impida la perversión de la inteligencia y del corazón de la juventud bajo el especioso pretexto de difundir una falsa ciencia. La generación actual es víctima del descuido que en esta parte ha existido hace muchos años, y tiene que llorar aun con lágrimas de sangre la debilidad de los gobiernos por un lado, y de otro su tiránica imposición en este punto.

Esta funesta imposición se ha dejado notar en el hecho de alejar al Episcopado de toda intervención en la enseñanza, secularizándola por completo, y sometiéndola en su lugar al criterio gubernamental, que en la aprobación de los libros de texto, en los que todo se ha procurado menos la pureza de la doctrina, ha causado un verdadero perjuicio a la enseñanza católica. Esto, unido al no escaso número de profesores que en todas las Universidades del reino no se han ajustado, como debieran, a la doctrina de la Iglesia, dándose el caso de que algunos la combatan directamente, ha producido el tristísimo resultado que todos tocamos.

Evidentemente el Estado no debe regir la enseñanza, no puede erigirse en cuerpo docente, porque el Estado, como tal, no puede señalar dónde está la verdad y dónde radica el error, siendo, como es, falible. Un gobierno no puede juzgar de la bondad o malicia de la doctrina de aquellos que saben mas que él; y supuestas y conocidas su falibilidad e ignorancia en muchos ramos del saber humano, no cabe duda de que es absurdo y tiránico que, sabiendo que puede errar, se empeñe en que sus errores se enseñen en las cátedras como si fueran la expresión de la verdad. Pero si el gobierno no debe inmiscuirse en la enseñanza, no se deduce de aquí que esta deba ser libre en un país católico como el nuestro. El hombre no es libre para adoptar las opiniones que tenga por conveniente. La libertad de pensar es un absurdo, aun filosóficamente considerada. Ante la verdad, el hombre debe inclinar con humildad la cabeza; reconocerla y difundirla, es uno de sus principales deberes. Si el gobierno, por su falibilidad, no debe dirigir la enseñanza, esta dirección pertenece de derecho a aquella institución única en la tierra que goza del privilegio de la infalibilidad. Esta institución es la Iglesia católica, que, siendo infalible, es la que puede decir dónde está la verdad y dónde nace el error. La Iglesia católica, pues, y nadie mas que ella, es la que debe intervenir en la enseñanza, la cual debe estar sujeta a su inspección y vigilancia.

Sostener este principio y poner los medios necesarios para su realización práctica es el objeto que se propone la Junta provincial de la Asociación de Católicos, [625] al establecer estos Estudios y ponerlos bajo la inmediata vigilancia del Prelado de la diócesis.

No puede la Junta, por ahora, establecer todos los ramos de enseñanza que desea: bajo el modesto título de Estudios solo establece, por hoy, la enseñanza de las materias correspondientes a las facultades de filosofía y letras, y de Derecho civil y canónico. Para ello cuenta con un profesorado dignísimo, cuyo cuadro aparecerá al pie de estas líneas, que sin retribución alguna se ha comprometido a prestar este señalado servicio, guiado únicamente por su amor a la ciencia, y sobre todo al catolicismo: y cuyo trabajo será sin duda recompensado por Aquel que no deja sin premio el vaso de agua dado en su santo nombre.

Pero solo el profesorado no bastaba para crear los Estudios; era preciso un local conveniente donde establecerlos, lo cual se presentó desde luego como una dificultad grave, pues esta Junta apenas tiene los recursos suficientes para sus ordinarias atenciones; y tan grande se mostraba, que ella por sí sola hubiera bastado para que el proyecto no llegara a realizarse. Desapareció, sin embargo, mediante la generosidad del Sr. D. Julián Benítez, propietario y director del Colegio politécnico católico que, bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, se halla instalado en la calle de Don Pedro Niño, en la casa-palacio del señor conde de Montelirios. El Sr. Benítez, una vez que tuvo noticia del proyecto de esta Junta, ofreció generosamente el local necesario al intento, y desde luego pudo aquella trabajar con asiduidad para la realización del pensamiento que la ocupaba. Esta Junta no puede menos de dar públicamente las gracias al Sr. D. Julián Benítez por su desprendimiento, y reconocer, como reconoce, que a su favor se debe el que este año puedan inaugurarse los Estudios; siendo de notar que la circunstancia de estar estos Estudios y el mencionado Colegio en un mismo local completa en gran parte el pensamiento de la Junta, pues el Colegio, perfectamente montado, da por sí la segunda enseñanza hasta el grado de bachiller.

Si este pueblo, y especialmente la juventud estudiosa, corresponden eficazmente a los esfuerzos de la Junta, podrá esta establecer, en el próximo curso académico, otras cátedras, además de las que comprenden las facultades que hoy establece.

Al hacerlo, esta Junta no ha olvidado que existe una enseñanza oficial en esta ciudad; pero este recuerdo no la ha detenido en la realización de su pensamiento, considerando por un lado que las cátedras que hoy funda pueden ser de repaso para los alumnos de la Universidad; y teniendo en cuenta por otro que, dada la libertad de enseñanza, la oficial puede desaparecer; y, para este caso, justo es que los católicos se encuentren preparados. [626]

Por otra parte, no puede desconocerse de buena fe por persona alguna que, hecha abstracción de la personalidad de los profesores que hoy desempeñan en esta ciudad la enseñanza oficial, esta no tiene por base la verdad católica. Ahora bien: poner un correctivo a este mal, mirando, si se quiere, mas al porvenir que al presente, es el objeto de esta Junta, y por ello espera merecer bien de los verdaderos católicos.

Sevilla 7 de noviembre de 1871.- El Presidente, Joaquín de Goyeneta.- El Secretario, Nicolás Gómez de Orozco.

(Sigue el cuadro de la enseñanza y de los profesores.)