Ecclesia. Órgano de la Dirección Central
de la Acción Católica Española. Madrid
año 2, nº 26, página 23 (47)
sábado, 10 de enero de 1942

CINES

Raza

La raza, en el concepto español y cristiano, no es un fenómeno material determinado por rasgos somáticos y caracteres fisiológicos. Su fuerza no dimana de impulsos de la sangre, ni su color o estructura corporal justifican el desdén o el privilegio. Para nosotros la raza es una hermandad de hombres a través del tiempo y el espacio, unidos en el servicio de un ideal eterno, y alentados por el espíritu de Dios. Su fuerza trasciende lo temporal y caduco y alcanza las cumbres de la perennidad, porque son eternos los principios que la sostienen. España, instrumento de destinos providenciales, es la encarnación y el núcleo inicial de esa raza.

El Consejo de la Hispanidad ha querido exhibir ante los públicos del mundo entero una lección de grandeza y espiritualidad en esta película Raza, orgullo de España y triunfo de nuestra cinematografía.

Jaime de Andrade, espíritu fuerte de nuestra raza, dominado, como pocos, por la emoción de España, ha trazado en el guión la historia cautivadora de una imaginaria familia española, desde la víspera de nuestra última tragedia colonial, hasta el resurgimiento de la Patria en nuestra guerra, que el Caudillo Franco llevó a la victoria. Los individuos de esta familia son símbolos de nuestra vida y nuestras costumbres. Ellos encarnan los eternos principios de nuestra raza, la religión, la milicia, la caballerosidad, el hogar. No falta el hijo que se tuerce y desvía, pero un impulso íntimo, inmortal, de español, le devuelve al buen camino en el momento supremo. En torno a esta familia, encarnación típica de nuestros héroes, otros, españoles pasan y desaparecen anónimos y desconocidos, pero unidos todos en la hermandad y grandeza del espíritu.

Nuestras máximas ambiciones de espectadores y críticos han quedado colmadas en esta película totalmente española.

La fuerza extraordinaria del argumento original de Jaime de Andrade, la pericia de los directores José Luis Sáenz de Heredia y Antonio Román, y la justa interpretación de los actores, han merecido, de público y crítica, los más sentidos y entusiastas aplausos que hayamos visto en la proyección de ninguna película nacional o extranjera.

A nosotros nos satisface plenamente recomendarla y señalar a nuestros cineastas el camino de la «hispanidad» para hacer películas dignas de nuestra Raza.


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