Madrid diario de la noche. Director: Antonio Fontán
Madrid, miércoles 8 de julio de 1970
 
año XXXII, nº 10.004
página 21

Manuel Pizán

¿Qué es filosofía? una pregunta actual

Gustavo Bueno En el panorama cultural de nuestro país suele ser lo habitual, dentro de los libros que se llaman, no se sabe a veces por qué, de pensamiento, la obra que se limita a ser un «comentario de un comentario de un comentario» de un libro más o menos importante, y que cuando no es de Aristóteles o de Santo Tomás –y en ocasiones hasta de algún clásico más reciente–, pertenece a un autor extranjero, por lo general. Por ello hay que sorprenderse, y gratamente, ante libros de investigación original y actual como el que ahora traemos{1}.

Porque esta publicación de Gustavo Bueno es una de esas obras potentes, ricas, importantes, como hace tiempo no he visto escritas –o, mejor dicho, editadas– en España. Junto con Razón mecánica y razón dialéctica, de Tierno; La filosofía y su sombra, de Trías, y alguna otra obra más de estos últimos años, El papel de la filosofía en el conjunto de saber, de Gustavo Bueno, es uno de esos libros a los que no hay más remedio que tomárseles en serio, y se esté o no de acuerdo con ellos –y en este caso concreto haré algunas objeciones más tarde– hay que reconocerles un nivel objetivo que sobrepasa con mucho las antiguallas neoescolásticas o camelísticodivagatorias que nos vemos forzados a sufrir.

El libro, de gran claridad expositiva, nace por un motivo concreto: Gustavo Bueno, el catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo, replica a un ensayo de Manuel Sacristán Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores. Este ensayo, que a su aparición no obtuvo el eco publicístico que

por su importancia merecía –aunque me parece recordar que en la sección literaria de un vespertino se le hizo una amplia recensión–, levantó una tremenda polvareda entre los profesionales y estudiosos de la filosofía. A unos les pareció insultante, a otros muy bien y la mayoría prefirió ignorar el tema desde detrás de un olímpico silencio.

Defensa de la filosofía académica

Sin embargo, aquel ensayo de Sacristán era de una contundencia extrema. Su reprobación, como recuerda Bueno, va dirigida «contra los filósofos profesionales, esos especialistas en todo y en nada que, sin dominar ninguna técnica científica, tienen la insolencia de atreverse a hablar de todo lo divino y lo humano». Pero Bueno es también un filósofo profesional, y rompe su lanza en defensa de la filosofía académica, entendida no como sistema cerrado de reflexión metafísica, sino sencillamente la filosofía en cuanto especialidad. Y por la estructura de su libro queda bien claro que lo hace de convicción y buena fe, no por intereses gremiales de defender el oficio de que se vive.

Para ello, Bueno empieza esta divagación filosófica alrededor de sí misma; es decir, alrededor del tema de qué es filosofía, para, una vez llegado a una conclusión sobre el problema, ver en qué escaque del casillero científico encaja semejante disciplina, parafraseando las tres proposiciones a las que reduce el ensayo de Sacristán: «La filosofía no es un saber sustantivo», «La filosofía ha pasado a ser un saber adjetivo», «La Filosofía debe suprimirse como especialidad universitaria». Y ahora, antes de pasar a analizar el libro de Bueno propiamente dicho, y las soluciones que da o cree dar, debo subrayar una cosa: la importancia de aquel ensayo de Sacristán de hace unos dos años, que aparte de una tempestad de discusiones, tiene fuerza como para motivar un libro, con diez veces más páginas, de uno de los pensadores que –en el contexto del panorama actual de la cultura española– debe ser considerado entre los de primera fila. Algún punto sensible en pleno centro de la diana debió tocar, y el hecho es que sigue siendo convincente.

¿Qué es filosofía?

Bueno parte de un conocimiento profundo, sólido, sin ostentación, del pensamiento tradicional, moderno y contemporáneo. Desde este punto de partida, constata que filosofía es, por una parte, una actividad, «filosofar», y, por otra parte, unos especialistas en esa actividad, que llegan a unos resultados cuya

acumulación se llama filosofía. Desde un horizonte dialéctico, aunque con referencias continuas a lo más importante del pensamiento actual no marxista, y manteniendo en todo momento un esfuerzo crítico exorcizador de dogmatismos –aunque ello no le salva de algunas caídas metafísicas–, intenta definir, en primer lugar, si la filosofía es o no un saber sustantivo; es decir, con un campo de conocimiento propio y exclusivo, que la libra de ser mera palabrería sin sentido. Para ello parte de la relación entre los conceptos «organización social totalizadora» y «filosofía», de forma a establecer los distintos tipos de negación de la filosofía desde las diferentes clases de «organizaciones totalizadoras». El paso siguiente es establecer los distintos sentidos de la expresión «saber sustantivo», en relación con la tarea filosófica. Todo esto, de hecho, y en el libro que nos traemos entre manos, no es tan lineal, sino que Gustavo Bueno viene y va por los temas marginales relacionados, que en muchos casos deja sólo insinuados.

La posición a que llega Bueno sobre la filosofía, que quiere voluntariamente intermedia entre la teoría metafísica –ahistórica– y la teoría sociologista –la filosofía como mero episodio cultural–, es que la filosofía «es una forma de totalización racional crítica universal, no regional». Esta postura la opone a la actitud metafísica, de la que es antagónica. Y tras tratar a la filosofía en cuanto a sus relaciones con la lingüística, pasa a las distintas concepciones de sí misma que ha ido ofreciendo la filosofía, las que clasifica en tres grandes grupos: metafísico, analítico y dialéctico. Todos estos grupos aparecen como no dependiendo de otros oficios, aunque sí coordinados con ellos, y dominante el tercero.

El lugar que ocupa

Desarrolla el concepto de la «autoconcepción» de la filosofía como especialidad, relacionándolo con el lugar a ocupar por la filosofía dentro de lo que llama la «república de las ciencias»: «la filosofía es razón, y razón crítica –dice Gustavo Bueno–; es, pues, la misma razón científica». Sin embargo, este punto me parece que, en la exposición del catedrático de Oviedo, no queda suficientemente aclarado.

Por otra parte, en el paso siguiente, al intentar justificar la presencia de la filosofía académica como especialidad –quizá el punto menos fuerte del libro–, pregunta: «¿Qué disciplina académica, distinta de la filosofía, podría asumir su tarea? La respuesta es la siguiente: ninguna.» Esto replantea el problema de cuál es su tarea, y si no se admite la tesis de Bueno sobre ella, si no tiene tarea propia, como afirma Sacristán, tampoco hay disciplina. Plantear la necesidad de la filosofía académica en orden a una vocación pedagógica, de medicina del alma «individual», como hace Bueno, en vez de como construcción teórica, es algo que implicaría una muy larga discusión. Y las conclusiones me parecen abruptas y fragmentarias.

Tres temas

En cuanto a ciertos temas que se tocan en la obra, y que están un poco inorgánicamente incrustados en ella, quisiera puntualizar algunas cosas.

El primero de estos temas es la «Materialidad trascendental», que el autor prefiere citar púdicamente con las iniciales M. T., «algo así como el espacio o universo ontológico», de raíz kantiana y valor metafísico, poco coherente con el espíritu general de la obra, y al que hace un comodín filosófico. Este concepto merecería una mayor definición, de forma que se viera si coincide o no con el metafísico de «Ser», y evitar que se convierta en el horizonte irracional de la razón.

En segundo lugar propone la creación de una «Noetología», a caballo entre la lógica y la psicología, que ofrezca un esquema general de la conexión entre la verdad y el error, en el proceso dialéctico del conocimiento, una normativa. Exponer un tema tan amplio en unas pocas páginas no nos parece serio. Lo cual no quiere decir que una exposición en forma de semejante propuesta disciplinaria no lo fuese. Algo semejante habría que decir del concepto de «symploké», entendido como las relaciones de ideas correspondientes a las relaciones mismas de la multiplicidad de lo real, concepto básico para su teoría de un «república de las ciencias» de la que la filosofía es «ciudadana».

El tercer punto al que quería referirme es la tesis de Gustavo Bueno de que el modelo canónico de la actitud filosófica es estoico. Aunque haga la distinción entre «verdadera filosofía» y «filosofía verdadera», la salida no puede ser más sorprendente. De todas formas, aquí se plantea un problema sumamente fructífero, que permitiría concebir un tratamiento crítico a las distintas escuelas filosóficas. Pero ello requeriría mayor desarrollo y separarlo del tema concreto estoico.

Demasiado mucho

Este es, en general, el problema que nos plantea este sugeridor libro de Gustavo Bueno: todos sus apartados requerirían mayor desarrollo. Porque se trata de una obra cuyo planteamiento ambicioso desborda la realización, con ser ésta notable. Es un libro demasiado rico, con demasiados temas marginales y cabos sueltos. Esto no es un libro: es el esquema de por lo menos una docena. Todo está insinuado; poco está enteramente razonado.

Porque el libro aborda nada menos que el saber en su conjunto, y no es realista pretender agotarlo en una obra, aunque sea tan heterogénea –en el sentido de que hay de todo, como en cajón de sastre– como la de Gustavo Bueno. Pero me parece que lo mismo que sus fallos son resultado de sus méritos, ellos mismos constituyen un mérito: el de ser una obra abierta, viva, dinámica, dialogante. Puede resultar a veces sistemáticamente confuso, pero es debido a simple exuberancia ideológica. Y aunque se discrepe de algunos puntos concretos, no por ello se puede dejar de reconocer la densidad e importancia de esta obra.

A todos aquellos que se han preguntado alguna vez sobre la posibilidad de la filosofía como ciencia, o simplemente como ideología, sobre si el marxismo es una antifilosofía, o si tiene sentido la existencia de una disciplina académica llamada filosofía, les recomiendo que lean El papel de la filosofía en el conjunto del saber, de Gustavo Bueno. Este libro, nacido de una polémica, va a dar lugar a muchas otras.

Manuel Pizán

{1} El papel de la filosofía en el conjunto del saber, de Gustavo Bueno. Editorial Ciencia Nueva, Madrid 1970. 320 páginas, 180 pesetas.

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Gustavo Bueno
1970-1979
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