Nuestra Bandera, revista teórica y política
del partido comunista de españa
· Madrid, enero 1965
número 40
páginas 89-92

Documento-plataforma fraccional de Fernando Claudín
acompañado de las «notas críticas» de la redacción
de «Nuestra bandera»

Pequeña y media burguesía urbana

La pequeña y media burguesía de la industria, del comercio, de los servicios, es objetivamente amenazada por el proceso de concentración monopolista. Pero las formas en que esa amenaza se realiza son extraordinariamente contradictorias. La experiencia de España, como de otros países capitalistas, demuestra que, incluso en períodos de aceleración del ritmo de concentración monopolista, esas capas medias de la burguesía pueden desarrollarse en su conjunto. Las empresas de ese tipo se multiplican, sobrepasando este crecimiento la destrucción parcial que tiene lugar al mismo tiempo.

El mismo desarrollo de las grandes empresas exige frecuentemente la existencia de centenares y miles de pequeñas que se integran más o menos en el sistema de producción o distribución de las primeras. Este es uno de los problemas más importantes del capitalismo actual que exige de nuestra parte un serio estudio.

Esta integración no elimina, naturalmente, la contradicción entre la gran empresa y la pequeña, pero esta contradicción es, pudiéramos decir, contradictoria en sí misma, incluye oposición y coincidencia de intereses: que la [90] situación de estas pequeñas empresas es muy distinta de la de aquellas que son directamente concurrentes con las grandes y no pueden soportar su competencia. De ahí que en el actual desarrollo del capitalismo en nuestro país, entre el capital monopolista y esas capas burguesas medias haya no sólo contradicciones, sino también ciertos intereses comunes en una serie de casos. El que las contradicciones, en última instancia, sean más esenciales que las coincidencias, aparte de la coincidencia fundamental de estar todas históricamente condenadas a desaparecer con el triunfo del socialismo, no significa que estas coincidencias no tengan gran importancia, tanto en el análisis de las posibilidades, dificultades y perspectivas de nuestro capitalismo en su etapa actual, en la esfera económica, como para evaluarlas en la esfera política.

Es indudable que hay una base objetiva para la acción antimonopolista y democrática de estas fuerzas, que hoy se expresa sobre todo en la oposición al régimen franquista, en la necesidad que tienen de libertades políticas para defender sus intereses, que mañana después de la liquidación de la dictadura se expresará en la lucha por el desarrollo de la democracia política y también en el apoyo a medidas tendentes a limitar la acción de los monopolios, a procurar cierto control democrático en los órganos de gestión económica, &c. Pero sólo en una fase muy avanzada de esa etapa, y en una coyuntura realmente de crisis del sistema del capitalismo monopolista estatal, puede ser posible atraer a esas capas a una lucha decisiva al lado de la clase obrera por eliminar del poder político al capital monopolista.

En las fuerzas políticas, más o menos formalizadas, que ya hoy reflejan más o menos los intereses de estas clases, junto a tendencias liberales y democráticas, pesan considerablemente otros factores: temor a la revolución popular, recuerdo de la guerra civil, prevención contra los comunistas y una aspiración neta a que los cambios políticos y reformas democráticas se realicen de manera gradual, pacífica, dentro del orden y la paz civil.

En la medida que la actual fase de auge económico proporciona un mayor desahogo material a estas capas, esos factores pesan más. No hay que olvidar que en importantes sectores de estas capas hay una mentalidad muy conservadora. Esa característica, la dificultad tradicional, mayor hoy por su mayor debilidad relativa, en esas fuerzas para tener instrumentos políticos realmente suyos hace que una parte de esas capas medias, pese a la contradicción de sus intereses con el capital monopolista, puedan ser una base social y política para los grupos liberalizadores de la oligarquía hoy y en una serie de fases en la etapa siguiente a la liquidación del franquismo.

Otra parte nutrirá la fuerza reformista de centro-izquierda, socialistas, católicos, &c. En la pequeña y media burguesía de Cataluña, Euzkadi y Galicia, el factor nacional refuerza considerablemente la potencialidad antimonopolista y democrática de estas capas sociales. Por eso está siendo ya, y lo será más todavía el día de mañana, un importante factor en la lucha por la democracia política. En cambio, la pequeña y media burguesía de provincias atrasadas puede ser más fácilmente instrumento transitorio de las fuerzas políticas de las clases dominantes.

Las capas medias formadas por los funcionarios de la administración del Estado, del personal administrativo y técnico de las empresas, los abogados, médicos, maestros, profesores universitarios, investigadores científicos, escritores, artistas, &c., constituyen una capa social muy heterogénea, tanto por sus medios materiales de vida como por su mentalidad, cultura, ideología, aunque haya ciertos denominadores comunes que enmarquen esa diversidad.

En estas capas hoy predomina el antifranquismo, desde un antifranquismo vago y pasivo, que probablemente es aún el de la mayoría, hasta un antifranquismo militante y una actividad política de primer orden. En los núcleos que se distinguen por esa actividad política (abogados, intelectuales, &c.) se reclutan los cuadros y elementos activos de las más diversas fuerzas políticas, tanto del régimen, de la nueva oposición como de los grupos burgueses liberales, democráticos, del socialismo reformista, y también surgen en ellos cuadros valiosos para nuestro Partido. Tomadas así en su conjunto, vistas desde el ángulo de sus intereses objetivos, estas capas pueden ser atraídas a la lucha por objetivos antimonopolistas y democráticos. Hoy ya lo es una minoría más consciente y activa. Mañana, en circunstancias políticas más favorables, pueden incorporarse a la lucha activa sectores más amplios. Hay que tener muy presente, sin embargo, que en amplios sectores de estas capas pesan aún considerablemente los prejuicios anticomunistas, la influencia de la Iglesia y, en general, de la ideología de las clases dominantes, el temor a la revolución, a la guerra civil.

En estas capas ha habido en los últimos años una mejoría de su situación material y aspiran a una evolución hacia formas liberales, occidentales, de convivencia política sin poner en peligro la paz civil. [91]

 

Nota crítica

A la vez que F. C. reconoce en este punto las contradicciones entre estas capas y el capital monopolista, se ve que su afán es subrayar que existen también coincidencias, «intereses comunes en una serie de casos». Y agrega: «aparte de la coincidencia fundamental de estar todas históricamente condenadas (o sea el capital monopolista y las capas burguesas medias) a desaparecer con el triunfo del socialismo». Según esta idea, lo lógico sería una unidad cada vez más sólida de la pequeña y media burguesía con el capital monopolista, apoyada en esa «coincidencia fundamental» que destaca F. C., dirigida contra el socialismo. Con tal concepción, las posibilidades de alianza del proletariado con estas capas serían extraordinariamente limitadas, casuales y pasajeras.

Pero en realidad no sucede así. Por dos causas fundamentales

1) Porque muchas empresas de la pequeña y media burguesía no desaparecerán «con el triunfo del socialismo» sino que están desapareciendo hoy, cada día, como consecuencia de la dominación de la oligarquía financiera. Para, estos grupos, la presunta «coincidencia fundamental» no existe. Lo que ellos tienen ante sí es una contradicción radical con el pulpo monopolista que les asfixia.

2) Porque el triunfo del socialismo significará dos cosas completamente diferentes para el capital monopolista y para la pequeña y media burguesía.

Al referirse a esta cuestión, F. C. se encierra en una concepción dogmática y deja completamente de lado la elaboración hecha por nuestro Partido, sobre todo a partir del VI Congreso, sobre las vías para realizar el socialismo integrando de forma gradual en la nueva economía las empresas de la pequeña y media burguesía, cuyos dueños podrán seguir así trabajando y pasar de la situación de propietarios a la de técnicos, o administradores, o ingenieros, sin sufrir quebranto en sus condiciones de existencia. A esta concepción en orden a las clases y capas sociales para las cuales el socialismo puede representar una solución favorable, corresponde la posición del Partido sobre la posibilidad de que colaboren en la realización del nuevo régimen socialista, al lado del Partido Comunista, el Partido Socialista, grupos católicos progresistas, fuerzas sindicalistas y otros sectores democráticos.

Estas perspectivas que ofrece la política del Partido no tienen interés sólo con vistas al porvenir. Tienen repercusiones, en la actualidad, facilitando el que entre grupos de la pequeña y media burguesía disminuyan los prejuicios anticomunistas y se abra paso la idea de establecer entendimientos para una acción común con la clase obrera, con los comunistas, frente al franquismo, frente a la oligarquía financiera.

F. C. se extiende sobre las influencias conservadoras, reaccionarias que tanto pesan aún en el seno de esas capas. Ya nos referimos a este aspecto en otra nota y no queremos volver sobre ellas. Queremos agregar, no obstante, que no se puede olvidar, al examinar esos problemas, el impacto que entre esas capas ha tenido la política de reconciliación nacional propugnada por el Partido Comunista; esa política ha contribuido a desvanecer prevenciones, a desmantelar la barrera entre gentes que estuvieron en bandos contrarios durante la guerra, a presentar una imagen más real de lo que somos los comunistas. Hoy en amplios círculos de técnicos, funcionarios, profesores, ingenieros, abogados, de profesionales y personas de las capas medias –y no nos referimos sólo a los más progresistas– se habla de los comunistas de [92] una forma muy diferente a lo que ocurría hace unos años. Ayudan a esa evolución, por otro lado, los éxitos de la URSS en la ciencia, en la economía, en el cosmos; las relaciones de diversa índole, hasta familiares, con Cuba; la presencia tan cercana de una Argelia que edifica el socialismo. El anticomunismo ha sufrido serios quebrantos, lo que se refleja incluso en las columnas de una prensa tan cerril como la franquista. A este lado positivo de la medalla F. C. no se refiere. Pero estas corrientes nuevas que, de una u otra forma, penetran en los ambientes de las capas medias constituyen un factor importante que confirma el realismo de la política del Partido encaminada a crear una coalición antimonopolista.

 

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