Nuestra Bandera, revista teórica y política
del partido comunista de españa
· Madrid, enero 1965
número 40
páginas 93-96

Documento-plataforma fraccional de Fernando Claudín
acompañado de las «notas críticas» de la redacción
de «Nuestra bandera»

La oligarquía

La composición de la oligarquía, como ya se ha visto en el análisis del desarrollo capitalista en nuestro país, es heterogénea, y la diferenciación dentro de ella tiene suma importancia para la comprensión del actual proceso político y de sus perspectivas.

El sector puramente latifundista ligado a las formas más arcaicas, absentistas, irracionalmente explotadas de propiedad agraria ha disminuido mucho su peso específico económico y político en el bloque de las clases dominantes. Su propiedad agraria sigue intacta y constituyendo la rémora fundamental para el progreso del país, pero la significación económica de esta propiedad en el conjunto de la economía nacional ha disminuido de forma apreciable, debido al crecimiento de la industria, de los servicios, del comercio y del capitalismo agrario. La contradicción entre este sector y el capital monopolista interesado en el desarrollo capitalista del país se ha profundizado.

Esa contradicción es particularmente aguda con los grupos más dinámicos del capital monopolista interesados en la vía de la integración. Dentro de ese sector latifundista hay un grupo que ha ido ampliándose en estos años, el cual tiene un pie en el latifundismo y otro en los negocios financieros, industriales, comerciales, &c. Los elementos de la oligarquía que actúan en esa situación, que están en esa situación, portan en ellos mismos la contradicción antes indicada, y el peso que en cada caso tenga uno u otro de los aspectos de la misma puede determinar su actitud tanto hacia la política y tendencias económicas como hacia las opciones políticas.

Dentro de los grupos más específicamente representativos del capital monopolista, financiero, industrial, comercial, hay también una línea divisoria importante. Aquellos cuyos intereses están más ligados a las formas de capitalismo monopolista estatal vigentes en el período de la autarquía, a las formas que en algunas ocasiones hemos denominado burocráticas, aunque ésta sea una definición muy confusa, y que más pueden sufrir de la actual, evolución de liberalización económica e [94] integración. Y aquellos otros que han ido adquiriendo cada vez más importancia desde los últimos años de la década del 50, ligados a los sectores y empresas que tienen más perspectiva en un sistema dominado por las leyes del mercado, en un proceso de integración, en un sistema da capitalismo monopolista de Estado más flexible y moderno, más similar al existente en los países capitalistas desarrollados.

Estos grupos son los que llevan la iniciativa dentro de la oligarquía, tanto en la esfera económica como política. Para todos estos grupos la dictadura franquista ha sido durante un largo período el instrumento político, estatal, necesario y eficaz. Pero esta necesidad y eficacia han ido perdiendo su virtualidad para el conjunto de ellos, en la medida que el crecimiento de la lucha obrera, popular, de la oposición antifranquista en general, aislaba y debilitaba cada vez más al franquismo; en la medida también que el crecimiento de las fuerzas del socialismo y de la democracia en el mundo entero lo aislaban internacionalmente. Para los grupos más dinámicos del capital monopolista, más interesados en el desarrollo económico del país, por ser los que más pueden beneficiarse de éste –porque este desarrollo llegado a un cierto punto no podía proseguirse, por la vía capitalista se entiende, en el marco de la autarquía y de la rígida reglamentación de la actividad económica–, sólo podía acelerarse sometiendo el proceso económico a la acción implacable de la concurrencia interior y exterior, es decir, pasando a la liberalización económica. Pero esta liberalización económica, precisamente por significar el choque más abierto de unos y otros capitalistas y grupos capitalistas, exige que éstos dispongan para librar esa lucha de cierta libertad política, de ciertos instrumentos políticos.

Los grupos del capital monopolista interesados en esta vía saben que sin esta lucha política no pueden vencer la resistencia de los otros grupos ligados a las estructuras económicas anteriores. La dictadura franquista se convierte así en un obstáculo objetivo para esos grupos en relación misma con las exigencias de su desarrollo como tal capital monopolista. Por eso no me parece acertada la opinión del camarada Santiago de que no interviene el factor económico en la renuncia de la oligarquía a las formas fascistas. Siendo las necesidades políticas un factor fundamental, hay también estos imperativos económicos muy importantes, que acabo de señalar.

A lo largo del precedente análisis de las fuerzas sociales, me he referido a algunos aspectos generales de su actual estado político e ideológico. Pero es necesario ahora examinar cómo se refleja ese estado general en la esfera concreta de las fuerzas políticas.

Es evidente que la crisis de las formas fascistas de ejercicio del poder político se traduce en la descomposición y descrédito de los grupos políticos que las han encarnado. Unos, como Falange, hace tiempo que entraron en esa fase de descomposición, aunque todavía sus restos, enquistados en una serie de eslabones del aparato del Estado, y sobre todo en organizaciones como los sindicatos verticales, hermandades, &c., juegan un papel de cierta importancia. En unos casos, de freno del proceso actual de liberalización; en otros, adaptándose a él e incluso tomando posiciones más a la izquierda. El grupo del círculo José Antonio, por ejemplo, incluso se presenta ya con una plataforma democrática, entre comillas. Pero es indudable que estos grupos, si no son barridos del todo, una vez que el proceso actual rebase ciertos límites, quedarán reducidos a un papel muy secundario en la nueva situación.

 

Nota crítica

Ya nos hemos referido en notas anteriores a las deformaciones caprichosas en que incurre F. C. al clasificar y diferenciar diversos grupos o sectores del capital monopolista. Aquí nos vamos a referir exclusivamente a un aspecto político: la tesis de F. C. de que existen en España unos sectores «dinámicos» del capital monopolista, de la oligarquía, que están interesados en libertades políticas, y que tienen la «iniciativa» en los momentos actuales.

Esta tesis de F. C. está en contradicción directa con la tesis leninista de que el capital monopolista tiende siempre a la reacción, a la supresión de las libertades, de la democracia.

En España, esa tesis leninista ha tenido una confirmación trágica y exhaustiva. Los veinticinco años de dictadura fascista son la expresión brutal de esa tendencia del capital monopolista. Parecía difícil que un comunista –y menos un comunista español– pudiese poner en duda esa tesis. [95]

Sin embargo, F. C. se sale ahora con la tesis contraria: en el capital monopolista español hay unos sectores que tienden, sí, a la reacción; pero hay otros sectores, que están interesados en ciertas libertades políticas, que tienden a la democracia...

¿En qué se basa F. C. para hacer esta afirmación? Según él hay en el capitalismo monopolista estatal español, de un lado, los grupos ligados a las formas del «período de la autarquía»; y luego, de otro, los que han adquirido más importancia desde 1950, partidarios de un capitalismo monopolista estatal más flexible y moderno, los grupos «más dinámicos» que se orientan a Europa, hacia la integración...

Ahora bien, la expresión política de esos grupos del capital monopolista «más modernos y dinámicos» es –en lo esencial– el equipo opusdeista que ocupa las carteras económicas del Gobierno de Franco desde febrero de 1957; o sea desde hace ocho años. Este es el equipo que desplazó y sustituyó a los elementos más ligados a las formas del período de autarquía. Para saber por lo tanto si ese sector «dinámico» y «moderno» del capital monopolista tiende a cierta libertad política –como afirma F. C.– examinemos cuál ha sido su política en los ocho años en que tiene sus ministros en el Gobierno de Franco. ¿Y qué vemos? Bajo la presión de las masas, ha habido algunos cambios, un debilitamiento de las formas fascistas del Poder, un mayor papel de los «grupos de presión» que representan a determinados sectores del capital monopolista y chocan entre sí de forma cada vez más abierta. Pero a su vez, esos sectores «más dinámicos» del capital monopolista y sus representantes políticos, han sido copartícipes de las medidas represivas dirigidas a impedir el restablecimiento de las libertades políticas, e incluso de las formas de represión más salvajes –pensamos en el asesinato de Julián Grimau– sin haber roto su solidaridad ministerial con el Gobierno. Es decir que, por lo que respecta a los diferentes grupos del capital monopolista, hay contradicciones entre ellos en cuanto a las formas y métodos de prolongar un régimen dictatorial y autoritario; unos se inclinan a formas de despotismo más «ilustrado» que otros; chocan entre sí en cuanto a las personas o grupos que deben dirigir el Estado. Pero hay una tendencia común, que es la de resistirse al restablecimiento de las libertades políticas; es la tendencia general a la reacción que ya definió Lenin, y que hoy F. C. pretende negar.

La realidad es que el restablecimiento de las libertades políticas será una victoria del pueblo, de la clase obrera, de las fuerzas antimonopolistas. Estas son las fuerzas que luchan y presionan en pro del restablecimiento de las libertades políticas. Con lo cual no negamos que las contracticciones en el seno del capital monopolista, la descomposición de la dictadura de Franco, no sean un factor que puede también facilitar la lucha en pro de las libertades políticas; y que incluso, en la medida en que la presión popular alcanza un ímpetu mayor, determinados sectores del capital monopolista no comprendan que tienen que aceptar, como un mal inevitable para ellos, el restablecimiento de ciertas libertades y que se preparen con esa perspectiva. Pero esto es una cosa completamente diferente de lo que dice F. C.

El restablecimiento de las libertades políticas en España va a ser un golpe tremendo para el capital monopolista en su conjunto. Para su influencia política, ideológica, económica. Ese quebrantamiento del poder del capital monopolista facilitará la apertura de un proceso revolucionario, el auge de las fuerzas democráticas. Pero esto es precisamente lo que F. C. no quiere aceptar. Su tesis central es que el capital monopolista seguirá teniendo todas las posibilidades de seguir dominando. Y para argumentar esa tesis, necesita inventarse un sector del capital monopolista especial, que no existe en la realidad: un sector que se ha desarrollado sobre todo en los años 50 (con lo [96] cual le quiere lavar sin duda de la responsabilidad de los años más sangrientos de dictadura) y que es partidario del restablecimiento de libertades políticas. Este presunto capital monopolista «democrático» es una ficción inventada por F. C., que no existe en la realidad. Pero él la necesita para que no se le venga abajo toda su posición política oportunista.

 

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