Región Oviedo, sábado 12 de agosto de 1939

La hispanidad triunfa sobre el
neo-cristianismo francés

Primero el panamericanismo; después el neocristianismo de Maritain, han sufrido reveses en Lima, en el espacio de unos pocos meses.

Sabido es que en diciembre de 1938, Corder Hull, el representante norteamericano, llegado a la Ciudad de los Reyes, con grandes y sugestivos reclamos de «protección» contra supuestas agresiones, quiso arrastrar a la Conferencia Panamericana allí reunida a que prácticamente se colocasen todos los países del Nuevo Mundo bajo la tutela de los Estados Unidos del Norte.

Sabido es también que principalmente por la actitud firme de los delegados argentinos, la declaración de la Conferencia quedó sólo en la ambigua expresión de unos buenos deseos de paz...

La onerosa tutela «made in U. S. A.» fue rechazada. El principio de la solidaridad continental se resquebraja. Porque está claro que no hay más solidaridad aquí que la de un déspota que subyuga a unos hombres libres. La solidaridad de la fuerza impuesta.

Indirectamente, España y la causa católica había obtenido una gran victoria en un frente que no figuraba en los planos de los Estados Mayores. El panamericanismo es por definición enemigo de España, y, como consecuencia, del Catolicismo, ya que tiene unos turbios orígenes protestantes.

De la derrota del neocristianismo «mariteniano» nos llegan ahora las noticias con el regreso de la delegación española que ha asistido al II Congreso Iberoamericano de Estudiantes Católicos, celebrado en Lima también.

Aunque los representantes de la Juventud de Acción Católica de España fueron acogidos cordialísimamente por todas las demás delegaciones, pronto se pudo observar que en la Asamblea el conocimiento de la realidad española era sumamente imperfecto. La labor falaz de los seculares enemigos de España daba sus frutos, aún entre nuestros hermanos.

Los temas del Congreso eran estos dos: «El Catolicismo actitud auténtica de la mentalidad iberoamericana» y «Acción Católica del Universitario».

Como síntesis final del primer tema, el Congreso había de estudiar «El sentido de la Hispanidad». He aquí, pues, que la Hispanidad saltaba del ensayo de los estudiosos al campo de las realidades. La letra iba a tomar encarnadura.

Los recelos de los que tenían una noción deformada de la España de hoy, cristalizaron pronto en una negativa, por parte de algunas delegaciones, a tratar del ser de la Hispanidad. Se hizo entonces patente cómo en los medios del catolicismo más depurado de Chile y Colombia se había infiltrado el neocristianismo francés de Maritain –por medio de la Caridad y el Apostolado.

Discutible es lo de la total inutilidad del cristiano de hoy (¿Es que no supone nada los mártires de Méjico y de España?); verdad es el gran poder de la Caridad y el Apostolado; pero también es verdad que Dios ha puesto a disposición de los que ejercen el Apostolado y sienten esa Caridad, unos medios humanos, instrumentos de la propagación y mantenimiento de la Fe.

Esto aparte de que sería muy interesante saber dónde encontraba entre los «rojos» la Caridad y el Apostolado el señor Maritain. Porque los hechos, con su cruda realidad, están mostrando que la verdadera España, arrastrada por el Apostolado, se ofreció como víctima propiciatoria para liberar a Europa de los furores demoniacos de la revolución roja. Y están mostrando también, implacables, que Maritain se puso del lado del verdugo. «Por sus frutos los conoceréis.»

Y así, cuando España acude, tras la gran victoria, a alegrarse con ella con sus hijas, encuentra a algunas de éstas seducidas por aquellos neocristianos, cómplices de ateos, de iconoclastas... Se encuentra con que hoy que ha revalidado gloriosamente sus títulos de Campeón de la Fe, se niega legitimidad a estos títulos. Pero no por mucho tiempo.

Joaquín Ruiz Jiménez, concejal de Madrid, y Maximino Romero de Lema, delegados de la Juventud de la Acción Católica de España, centraron firmemente la cuestión. Los delegados de Méjico, conocedores por triste experiencia de los frutos amargos de la deshispanización, secundan decididos a los delegados españoles. «No basta hablar de catolicismo en los momentos actuales.» Hay que afirmar la existencia de una comunidad espiritual y cultural hispánica, basada en el Catolicismo y dirigida en actitud de misión, a su defensa y extensión. Se recalcó el sentido de la acción colonizadora y evangelizadora de España y sobre todo el significado de su pasada Cruzada –reentronque con la tradición bajo vigorosas y heroicas formas– poniendo de relieve los pilares radicalmente cristianos de su estructura social y política.

«Entre el ser nacional de cada pueblo hispanoamericano y la gran familia católica, podía y debía reconocerse la realidad de una comunidad espiritual y cultural, de un estilo de vida colectiva de signo netamente hispánico.»

«La Hispanidad no es desconocimiento de la independencia política y de la sustantividad nacional de los pueblos de la América española, sino precisamente su complemento y salvaguardia contra las tendencias imperialistas de tipo territorial y económico de otras naciones.»

Los delegados de Méjico insisten especialmente en que se les conceda, en su lucha por la Religión Católica, la férrea base del sentimiento hispánico, único valladar contra el imperialismo yanqui.

El hielo está roto. Estamos entre hombres de buena voluntad. El verdadero conocimiento de los hechos va haciendo modificar las opiniones adversas. El presidente de la delegación de Colombia se acerca al final a los jóvenes de Acción Católica de España y les dice: «Me habéis convertido a la Hispanidad.»

El II Congreso Iberoamericano de Estudiantes Católicos sienta en sus conclusiones que «la C. I. D. E. C. afirma en nuestros países la existencia de elementos de una cultura hispanoamericana, basada principalmente en las comunes tradiciones católicas, la identidad de idioma y la semejanza de costumbres, que han sido y son los más valiosos vínculos naturales entre ellos. Se propone 'investigarlos, revalorizarlos y aprovecharlos' como medios de primer orden para alcanzar sus fines».

La Hispanidad se abre paso. La juventud católica intelectual de América, libre de extraños tóxicos, se coloca a su servicio. La Juventud de Acción Católica de España, combatiente ayer en la guerra, misionera siempre, fiel a su juramento de Cruzado, puede hoy ofrendar a su Patria esta primera gran victoria de la Hispanidad. De la que por otra parte no dudó nunca.

Porque ¡Dios ayuda y Santiago!


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