La Revista Universitaria
Madrid, martes 1 de abril de 1856
 
Año I, número 3
páginas 10-11

Mariano Sánchez Almonacid

Importancia del estudio
de la Economía política y la Estética

Objeto de ambas. La utilidad. La belleza. Necesidad de poner el estudio de la segunda al nivel del de la primera.

(Remitido.)

Dos nuevas ramas del árbol general de los conocimientos humanos, han brotado en el último siglo, y robustecídose en el presente. Dos ciencias, cuyo objeto es tan interesante como poco conocido de la generalidad, y cuyos principios andaban formulados con más o menos exactitud y aplicación posible en refranes o sentencias vulgares, vienen influyendo en los adelantos de la civilización moderna; aunque bien es verdad no tan perceptiblemente como sería de desear. La materia y el espíritu, el cuerpo y el alma, hallan en cada una de ellas los secretos de sus funciones principales, de las relaciones de placer y de disgusto, del bien y del malestar que siente el hombre durante su permanencia en este mundo. La Economía política y la Estética han sido contadas en el catálogo de las ciencias; y ambas han merecido la atención de los sabios de todas las naciones, si bien el estudio de la segunda no se ha generalizado con tanta extensión como el de la primera.

Nosotros vamos a procurar, al propio tiempo que darlas a conocer ligeramente, manifestar la necesidad de dar impulso y ostensión al estudio de la Estética, hasta armonizarle con el de la Economía política, pero no impidiendo a esta su marcha progresiva, sino haciendo caminar a aquella paralelamente. El desarrollo de las ideas positivas, que tan notable se ha hecho en el siglo XIX, tiene su origen en el excesivo impulso que se ha dado a cierto género de estudios, mientras otros eran pausadamente propagados.

Dos cosas constituyen al hombre esencialmente distintas: una visible e inerte que es la materia, el cuerpo: y otra invisible y productiva que es la fuerza, el alma. Como espiritual y activa, la fuerza tiende a obrar, extenderse, desarrollarse hasta lo infinito; pero la materia como pasiva, inerte, opone mil obstáculos constantemente a este desenvolvimiento: todos los esfuerzos de la humanidad, todas las ciencias y artes se ocupan de investigar los medios de favorecer el desarrollo, la vida del hombre aquí en la tierra. Nuestra naturaleza íntima, fundamental es la fuerza; si esta es oprimida por los obstáculos de la materia, el hombre sufre, mas si los vence, el hombre goza. Así, pues, este ama casi instintivamente cuanto favorece o puede favorecer el triunfo de su naturaleza, el desarrollo de su fuerza: por esta razón nos causa placer lo útil, lo que nosotros juzgamos a propósito para satisfacer alguna necesidad vital. Pero aun el hombre ama otra clase de objetos, cuyo carácter principal es ser inútiles y no corresponder a necesidad alguna positiva, los cuales causan un placer, tan vivo como el de las cosas útiles, producido por el reconocimiento mutuo de dos fuerzas en actividad: tales son los objetos bellos. La Economía política se ocupa de los primeros; la Estética analiza los segundos: una y otra deben auxiliarse en sus investigaciones y adelantos.

Exhala vapores nuestro globo, con los cuales se forman las nubes en el espacio; la acción de la gravedad obra sobre ellas, y al cabo de cierto tiempo, caen regando la tierra de donde tuvieron su principio: así alternativamente se eleva el agua en vapor y cae en gotas: tal es el fenómeno de la lluvia, que la Física nos enseña. La Economía política nos da razón de otro semejante, respecto de la producción y consumo de la riqueza; y aunque ambos hechos con otros accesorios vienen sucediéndose desde que el mundo es mundo, nadie apenas se apercibía [11] o detenía en ellos, hasta que sabios observadores analizándolos filosóficamente, determinaron sus leyes, erigieron sus principios y fundaron la ciencia. Después han sido bien fértiles las consecuencias prácticas, se ha enseñado al hombre a recoger el mayor fruto con el menor trabajo posible, a que haciendo su felicidad procure la de sus semejantes; se han aprendido medios mejores para sacar más provecho de los recursos que ofrece la naturaleza, se ha reconocido por principio que no es el país más rico aquel que posea más oro, sino el que mejor le emplea, que el bienestar consiste en el libre ejercicio de toda clase de funciones individuales y sociales; y por último, que el amor al trabajo es la fuente de la riqueza y de la felicidad en esta vida, porque con él se logra destruir todo obstáculo que impida nuestro libre y constante desarrollo.

Luego que el hombre ha satisfecho, según su condición social, las necesidades materiales, siente el deseo de satisfacer otras creadas por la infatigable actividad del espíritu. Aquí la utilidad de la Estética. En ella se enseña al hombre, ser sensible, inteligente y libre, los principios de la belleza, la filosofía del arte, de la expresión, de la comunicación íntima con los demás seres, con el mundo exterior. La Estética nos da razón del placer que sentimos a la vista de un objeto que nos afecta agradablemente, profundiza las causas del sentimiento, y fija las leyes del buen gusto en la Literatura y las Bellas artes.

Por falta del estudio de esta ciencia, en la época presente, en que el movimiento literario ha recibido el impulso correspondiente al progreso de la civilización, pretendiendo correr a la par que el vapor y la electricidad; ¿cuántos no hemos visto, partos de imaginaciones desenfrenadas y salvajes, por decirlo así, arrastradas por la fuerza infinitamente activa, los cuales han causado notables males a naciones enteras, extraviando unas veces con intención, otras sin ella, la inteligencia del pueblo, sumiéndole en abismos insondables, o aherrojándole con el servilismo y la esclavitud más desgraciada?

La suerte del pobre se dulcifica por medio de los espectáculos, de las lecturas amenas y morales, de cualquier arte en fin, que exprese la belleza con más o menos precisión y exactitud. El hombre de Estado, el parlamentario, el escritor político, el poeta, el novelista, el literato y otra multitud de personas que influyen más o menos directamente en el destino de la sociedad y la suerte de los pueblos, necesitan haber alimentado su inteligencia con los principios de la Estética, para no extraviarse ni extraviar por falta de criterio, con la multitud de ideas diversas que se agolpan sin cesar a las imaginaciones fuertes y emprendedoras. Todos ellos pueden modificar las costumbres de un país, cambiar su faz política, mejorar las situaciones del pueblo, ennoblecer su alma y prepararla para las grandes acciones, por medio de la pintura de las pasiones elevadas, la generosidad del corazón y los bellos sentimientos, porque enseñándole no mas que a proporcionarse comodidades con la adquisición de bienes de fortuna, se acostumbraría a no ver delante de sí mas que el positivismo, que conduce a la avaricia insaciable, y de aquí a todo género de esclavitud, a la insensibilidad.

(Se continuará.)

Mariano Sánchez Almonacid

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