Alférez
1947-1949
artículos

Alférez

Significativa revista publicada en Madrid, entre febrero de 1947 y enero de 1949, realizada por jóvenes universitarios que tenían en común cierto falangismo difuso aderezado por un fuerte componente católico liberal «anteconciliar». El nombre militar de la revista, Alférez, llevaba un subtítulo de resonancias bíblicas: Quis ut Deus? [¿quién como Dios?, en hebreo Mi-ca-el, San Miguel Arcangel]. Para que no pasara desapercibida la síntesis buscada, la primera página del primer número ofrece un dibujo (de José María de Labra) que representa al ángel guerrero, al archistrátegos o generalísimo de los ángeles buenos, en actitud de reposo y observación, con las alas en descanso. En esta representación no atraviesa el arcángel con su lanza ningún dragón infernal, pero tampoco está desarmado, sino que apoya su calma sobre una tremenda espada, tal alta como él. Y para que no quepa duda alguna, su nombre, MICHAEL, dentro del nimbo.

El primer número se abre con un artículo del presbítero Juan R. Sepich, «Misión de la inteligencia». Sepich publicaría sólo otro artículo más en Alférez, precisamente el que ocupa la última página del último número: «La filosofía en Hispanoamérica». Este clérigo argentino, y convencido peronista, abre y cierra por tanto la revista. En el segundo número encontramos otros dos importantes mentores de la revista: el jesuita José María de Llanos (que años después se infiltraría hasta confundirse en los ambientes comunistas y obreros) hace «Balance de una generación», los jóvenes de los 40, los mismos a los que Pedro Laín Entralgo (nacido en 1908) se dirige en la última plana con unos «Avisos breves a un joven ambicioso». Pero los jóvenes que hacían la revista no se iban a dejar adoctrinar fácilmente. El lector que pueda quitarse las orejeras del prejuicio y pueda abandonar los análisis de brocha gorda podrá encontrar a lo largo de la revista la contraposición de posiciones que iban a señalar en buena medida el futuro ideológico de España.

En el primer número de Alférez figuran los nombres de los ocho varones que se presentan como fundadores de la revista (relación que no vuelve a repetirse en ningún otro número). Tiene el mayor interés recordar brevemente quienes eran en 1947 esas personas, y su evolución vital e ideológica, como ejemplo de la persistencia, más de medio siglo después, de buena parte de los impulsos y vínculos que unieron aquel grupo. De los ocho fundadores (tenían entonces entre 32 y 21 años) sólo el primero había vivido la guerra civil en edad militar. Estos fueron, de más viejo a más joven:

Ángel Álvarez de Miranda Vicuña (1915-1957). Nació en Manzanos, Alava; abandonó sus estudios en el Seminario y se licenció en Filología Clásica en Madrid, completando su formación en el Instituto Bíblico de Roma, con Raffaele Pettazzoni, doctorándose en Ciencias histórico religiosas por la Universidad de Roma. Después de la guerra fue colegial del Cisneros y director de Cisneros, la revista que publicaba ese Colegio Mayor de Madrid. Desde 1948 a 1954 permaneció en Roma, dirigiendo el Instituto Español que él organizó. Protegido por el ministro Ruiz Giménez, en julio de 1954 ocupó la primera Cátedra de Historia de las Religiones de la universidad española, hasta su muerte temprana en 1957. En el prólogo a sus Obras, Laín Entralgo le califica de «héroe cristiano».

Ángel-Antonio Lago Carballo (1923). Natural de León, colegial del Cisneros, en la Semana Santa de 1943, como dirigente del Consejo Nacional de Jóvenes de Acción Católica, impartió junto con José María Mohedano (Presidente de la Juventud de Acción Católica Española) los segundos «Cursillos de Jefes de Peregrino» (Santuario de Lluch, Mallorca), uno de los precedentes de los «Cursillos de Cristiandad» (según Francisco Forteza). Fue Director General de Patrimonio Artístico y Subsecretario de Educación. En 1971 y 1972 escribió en Historia y Vida sobre Perón y Eva Perón (nº 49 y 68). Vinculado desde su fundación en 1986 al CESAL, Centro de Estudios y Solidaridad con América Latina. Socio de honor del Instituto de Estudios Bercianos. Presidente del Instituto Español Sanmartiniano. Coordinador académico de la Cátedra Sarmiento del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca. Miembro del Patronato de la Fundación Cánovas del Castillo (fundada en 1980 por Manuel Fraga y vinculada al Partido Popular), donde preside su Consejo Cultural. Miembro de la Junta Directiva de AIETI, Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos. En 1997 la editorial Trotta publicó su libro América en la conciencia española de nuestro tiempo, con prólogo de Pedro Laín Entralgo. En 1998 publicó en Insula nº 616 el artículo: «Pedro Lain: el diálogo con Hispanoamérica».

Rodrigo Fernández Carvajal (1924-1997). Licenciado en Derecho, y durante tres décadas Catedrático de Derecho Político en la Universidad de Murcia. La Fundación Cánovas del Castillo, creada en 1980 por impulso de Manuel Fraga Iribarne, presidida por Carlos Robles Piquer, y cuyo Consejo Cultural preside Angel Antonio Lago Carballo, tres nombres de Alférez, promueve la Universidad del Mar Menor «Rodrigo Fernández-Carvajal».

Juan Ignacio Tena Ybarra (1924-1995). Natural de Burgos, colegial del Cisneros, estudiante de Derecho. Junto con la que sería su esposa, Pilar García Noreña, compuso la letra de la famosa canción Montañas Nevadas. Embajador de España, falleció en 1995 en San Juan de Puerto Rico, donde había sido embajador.

Juan A. de Luis Camblor (-2011). Estudiante de Derecho, colegial del Cisneros. En 1955 ya era Secretario del Colegio de España de la Ciudad Universitaria de París [creado en 1927]; y el 17 de mayo de 1968, al frente del Colegio de España como administrador por ausencia de su director, vivió la okupación de esa institución española en París por «elementos revolucionarios» antifranquistas vinculados al PCE y al anarquismo [entre ellos Fernando Arrabal y Paco Ibañez; Colegio de España que permaneció cerrado hasta 1987, en que lo reabrió el socialdemócrata José María Maravall, ministro de educación en gobierno del PSOE, que en él había vivido cuando su padre, el historiador José Antonio Maravall, lo dirigió]. El 14 de julio de 1977 fue reconocido, en la residencia de los Embajadores de Francia en Madrid (en presencia de personalidades como los ministros Joaquín Oreja e Iñigo Cavero; el presidente del Senado, Antonio Fontán; el presidente del Congreso, Fernando Álvarez de Miranda; representantes de Alianza Popular: Manuel Fraga Iribarne, Licinio de la Fuente, Laureano López Rodó; representantes del Partido Comunista de España: Santiago Carrillo, Ramón Tamames, Simón Sánchez Montero, y Marcelino Camacho como Secretario General de CCOO; Felipe González y Javier Solana por el PSOE; Enrique Tierno Galván por el PSP; miembros del cuerpo diplomático como Alfonso de Borbón o Gonzalo Fernández de la Mora, &c.) y en nombre del Gobierno francés, con la condecoración de Caballero de la Orden Nacional del Mérito, en tanto que Subdirector General de Cooperación Internacional del Ministerio de Educación y Ciencia.

José María de Labra Suazo (1925-1994). Nacido en La Coruña, en 1942 consigue el Primer Premio en la 2ª Exposición de Arte del SEU. Colegial del Cisneros, en 1947 comienza los estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, para terminarlos en 1950. En 1956 obtuvo el Premio Francesco Perotti a la mejor obra de tema religioso en la XXVIII Bienal de Venecia. En 1989 Martín Alia Alia publicó su tesis doctoral sobre Análisis y valoración de la obra de José María de Labra. Este importante artista falleció en Palma de Mallorca en 1994.

Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio (1925-1995). Hijo del ministro falangista Rafael Sánchez Mazas, hermano de Rafael Sánchez Ferlosio, licenciado en matemáticas (por la Universidad de Zaragoza) y muy interesado por la filosofía de la ciencia, ya en 1946 publicó en Arriba varios artículos sobre asuntos científicos (Leibnitz, Eddington). Había de jugar un papel importante en La Hora (donde escribió varios editoriales, como Carlos París), de donde pasó a Alcalá, donde impulsó un suplemento científico filosófico, la revista Theoria (1952-1955). En 1956 intervino activamente en los «sucesos estudiantiles de febrero» y tuvo que abandonar España, movido por sus ideas socialistas, asentándose en Ginebra. A principios de los años ochenta fue nombrado catedrático extraordinario de la Universidad del País Vasco, donde en 1985 inició la segunda época de la revista Theoria, que dirigió hasta su fallecimiento diez años después.

José María Valverde Pacheco (1926-1996). Nacido en Valencia de Alcántara, Cáceres, estudió Filosofía en Madrid, donde se doctoró con una tesis sobre la filosofía del lenguaje en Humboldt (Guillermo de Humboldt y la filosofía del lenguaje, Gredos, Madrid 1955). No tenía veinte años cuando publicó su primer libro de poesía: Hombre de Dios (salmos, elegías y oraciones) (INEM Ramiro de Maeztu, Madrid 1945, prólogo de Dámaso Alonso). La espera (Colección Poesía de España y América, Cultura Hispánica, Madrid 1949), Versos del domingo (1954), Voces y acompañamientos para San Mateo (1959). Entre 1950 y 1955 residió en Roma. Estudios sobre la palabra poética (Biblioteca del Pensamiento actual, Rialp, Madrid 1952). A los 29 años obtuvo la cátedra de Estética en la Universidad de Barcelona. Cartas a un cura escéptico en materia de arte moderno (1959). Logos, curso de filosofía (Teide, Barcelona 1962, varias reediciones). En febrero de 1965, cuando a raíz de la famosa manifestación estudiantil varios profesores fueron apartados de la Universidad (Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo, José Luis López-Aranguren, Santiago Montero Díaz y Mariano Aguilar Navarro), renunció a su cátedra movido por la solidaridad: se le atribuye una frase que habría escrito a modo de despedida: «Nulla aesthetica sine ethica. Ergo apaga y vámonos.» Desde 1968 a 1977 fue profesor en Estados Unidos y Canadá. Destacado traductor: Joyce, Rilke, Eliot, Hölderlin, recibió en 1991 el Premio Nacional de Traducción. La editorial Trotta comenzó en 1998 la publicación de sus Obras completas.

Alférez es la primera revista universitaria de Madrid en la que participaron activamente miembros de la nueva generación que entraba en escena, la de quienes ya no tenían por qué haber luchado en la guerra (pues habían nacido a partir de 1924). La decadencia de Alférez coincidió con la reaparición de La Hora, el periódico estudiantil más importante de final de los años cuarenta y principios de los cincuenta, revista de los estudiantes españoles que, llegado el momento, sería eliminada y sustituida por Alcalá, revista de los universitarios españoles (donde los profesores de la generación anterior intentarían reconducir a unos estudiantes que se les estaban escapando de las manos). Y el final de Alférez no es, por supuesto, ajeno a las diferencias ideológicas existentes: por ejemplo, en Aclaraciones, uno de los últimos editoriales, se responde, entre otras, a la calificación de «cautos demócratas cristianos» que se les había dirigido.

Alférez y Pax Romana

En la revista Alférez colaboraron poco más de setenta autores. Si nos propusieramos analizar las circunstancias vitales e ideológicas de este grupo de setenta personas, que tienen en común haber publicado en Alférez, podríamos comenzar la tarea procurando distinguir subgrupos significativos en función de distintos criterios: edad (si pudieron intervenir o no activamente en la guerra civil...), oficio (estudiantes, profesores, clérigos...), carrera (filosofía, derecho, medicina, letras, ingenierías...), procedencia (familiar, españoles –Madrid y provincias–, hispanoamericanos), irisaciones ideológicas (religiosas, políticas), &c. Como una primera entrega de este posible análisis vamos a ensayar un criterio que podrá parecer caprichoso, pero que no tiene por qué ser esteril por completo (pues en realidad lleva implícitas determinaciones mucho más complejas): la participación o no participación de quienes escribieron en Alférez en un acontecimiento que se celebró en 1946, siete meses antes de que apareciese la revista, el XIX Congreso de Pax Romana, organización de estudiantes católicos sin ningún vínculo explícito con la revista. Pero es obvio que si estas dos instituciones no hubieran tenido nada en común sería ridículo esperar algún resultado significativo.

Al XIX Congreso de Pax Romana asistieron en 1946 más de quinientas personas de más de treinta países. Y, en efecto, diecisiete de ellas tendrán en común, a partir de 1947, haber publicado en Alférez (siete procedentes de cinco países hispanoamericanos): Manuel Calvo Hernando, Pablo Antonio Cuadra (Nicaragua), José de Cuadra Echaide, Torcuato Fernández Miranda, José Fraga Iribarne, Constantino Láscaris Comneno, Osvaldo Lira (Chile), Salvador Lisarrague, José María Lozano Irueste, José María de Llanos, Carlos Martínez Rivas (Nicaragua), Jorge Mencías Chaves (Ecuador), Carlos París Amador, José Luis Rubio Cordón, Juan Ramón Sepich (Argentina), Jorge Siles (Bolivia) y Julio Ycaza Tigerino (Nicaragua).

El tono clerical que, en general, cabe suponer en el subgrupo de autores de Alférez que participaron en el congreso de Pax Romana, contrasta con el tono más laico y falangista que, en general, podría percibirse en los autores de Alférez que no tomaron parte en aquél congreso católico: Carlos Alonso del Real, Angel Álvarez de Miranda, Rodrigo Fernández-Carvajal, Manuel Fraga Iribarne, Angel Antonio Lago Carballo, Pedro Laín Entralgo, Leopoldo Panero, José Luis Pinillos, Carlos Robles Piquer, Jose María Ruiz Gallardón, Rafael Sánchez Ferlosio, Miguel Sánchez Mazas, Juan Ignacio Tena Ybarra, Antonio Tovar, José Angel Valente, José María Valverde, Juan Velarde Fuertes...

No hace falta señalar los límites inherentes a la aplicación de un solo criterio de discriminación, y el carácter circunstancial que puede afectar a cada nombre en particular, pero sirva como una primera entrega de posibles agrupaciones tendenciales que, tras contemplar otros criterios, pueden producir asociaciones interesantes. Conviene advertir por otra parte, y es algo que tiene que llamar la atención, que en todo Alférez no hemos encontrado ni una sola mención a Pax Romana. Ninguno de los ocho fundadores de Alférez estuvo en el Congreso de Pax Romana, pero sí lo hicieron los dos clérigos que tuvieron más protagonismo: el padre Llanos y el padre Sepich.

24 números en 20 entregas

Alférez publicó 24 números en 20 entregas (fueron dobles los números 9-10, 14-15, 18-19 y 23-24). Cada número está formado por ocho páginas (carentes de numeración), excepto los dobles que ofrecen doce páginas (la revista consta, por tanto, de 176 páginas en total, más otras dos que publicó con los índices de «Los 24 números de Alférez»). Las páginas de nuestra colección, que está encuadernada, miden 265 x 380 mm. Impresa a una sola tinta (negra), la mayor parte de sus páginas tienen el texto organizado a tres columnas (aunque las hay de dos y de cuatro). Abundan los grabados y dibujos, la mayor parte originales. Los autores de estas ilustraciones son: José María de Labra, Ignacio Gárate, María Droc, Antonio Valdivieso, Tadeo Wojnarsky, Carmen de Laurnaga, Enrique Casamayor, Consuelo de la Gándara, Aldo Patocchi y Eduardo Vicente.

Las fechas de publicación de los números aparecidos en 1947 (año I) son: 1: 28 febrero, 2: 31 marzo, 3: 30 abril, 4: 31 mayo, 5: 30 junio, 6: 31 julio, 7: 31 agosto, 8: 30 septiembre, 9-10: octubre y noviembre, 11: 31 diciembre. Las fechas de publicación de los números aparecidos en 1948 (año II) son: 12: 31 enero, 13: 29 febrero, 14-15: 30 abril, 16: mayo, 17: junio, 18-19: julio y agosto, 20: septiembre, 21: octubre, 22: diciembre. El último número, el 23-24, lleva fecha de enero de 1949, y en él se anuncia el final de «la primera etapa de la revista Alférez».

En un recuadro colocado en la última página de cada número figuran los datos generales de la revista. Sólo tres elementos de ese recuadro perdudaron sin cambios a lo largo de los dos años: «Alférez. Revista mensual», «Suscripción anual, 15 pesetas; por semestre, 8 pesetas» e «Impreso por Benzal». El precio de los números sueltos 1,50 pesetas, los números dobles señalaban 3 pesetas (excepto el primero de ellos, el 9-10, marcado en 2,50 pesetas: «Causas ajenas a nuestra voluntad nos han movido a publicar conjuntamente los números 9 y 10. Rogamos a nuestros lectores nos disculpen.»). Hasta el número 13 se dice: «Aparece el último día de cada mes»; una nota en el número 14-15 explica que «Alférez, a partir del próximo mes de mayo, aparecerá los quince de cada mes». En los números 1 al 4: «Dirección y administración: Marqués de Riscal, 3. Madrid.». A partir del número 5 y durante el resto de los publicados se desdoblan esas funciones, por una parte la redacción: «Dirección: Pinar, 5» (dato que quizá por error no aparece en el número 14-15) y por la otra la «Distribución y suscripciones: EPESA, Alcalá 20» (en el número 16, EPESA aparece como «Distribuidora y concesionaria» y en los números 17 al 24: «Distribuidora y suscripciones: EPESA, Alcalá 20, Madrid»).

En ese mismo recuadro, en el primer número, se hacen figurar, por orden alfabético, los nombres de los ocho fundadores de la revista y en los números sucesivos, excepto en el último, se coloca en ese espacio un comentario, un lema o una cita, cuya lectura sirve para perfilar bien el contexto ideológico que animaba a la publicación y a sus dirigentes en cada número.

Los artículos van firmados (a veces en abreviatura), y hay dos pseudónimos colectivos: Alférez (se supone que ofrece el parecer del grupo hegemónico en torno a la revista) y Gambrinus (que cabe deducir sirve a un grupo que forma parte de la revista, pero que no se identifica sin más con Alférez).

En su número tres la revista anuncia un libro (en realidad un folleto) publicado por ella: Julio Ycaza Tigerino (del «Taller de San Lucas», cofradía de escritores y artistas nicaragüenses), Génesis de la independencia hispanoamericana (Madrid 1947, 52 págs.). Pero, como no vuelven a aparecer anuncios de este tipo, debe suponerse que no se continuó esa voluntad de expansión editorial.

Índice general de la revista Alférez
Índice alfabético de autores y artículos
Las consignas de cada número

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