Épica española
Poesía de D. Manuel Machado, leída por D. Samuel Crespo
I
España
Como ola irresistible, los corceles de Arabia corren por la España toda, y bajo un mar de blancos alquiceles, se hunde la vieja monarquía goda. De las risueñas márgenes del Turia, a las enhiestas cumbres de Cantabria ¿quién detendrá la musulmana furia? ¿Quién, de la Fe cristiana asistido no más con fiero brío, encenderá en la noche la mañana, echará atrás el río y hará del vendaval la injuria vana? Un hombre fue, sobre el peñasco ingente que la ayuda de Dios hizo sagrado... ¡Pelayo! ¡Covadonga! Allí, impotente, cayó el esfuerzo musulmán, domado. Allí la mar y el río en su carrera cesaron invasora. Allí en la noche se engendró la Aurora ¡y allí nació la España verdadera!
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¡España, España, en el crisol fundida de ocho siglos guerreros, bastión de Europa, en ellos defendida de la oriental barbarie de los fieros africanos... España fuerte y pura, celosa de las patrias libertades, España de Rodrigo y de la Jura, España militar, España dura, España de las yermas soledades! [36] Pastora en la montaña, labradora en los valles profundos... ¡España aventurera y soñadora, a caza de imposibles y de Mundos! ¡España de la gesta bizantina! España de los nobles comuneros; España de la gracia levantina, España de los vascos marineros... España campesina y traginera. España de castillos y leones. ¡España de los fuertes galeones, que siguieron al Sol en su carrera!...
Envío
Si alguien pregunta un día qué hizo España, decid: Resistió al moro, redondeó la Tierra, y trajo el oro de donde el Sol poniente lo escondía. Todo eso fue, y pasó... No importa. Pero, mañana, –¡hoy mismo ya!– nadie se oponga a que grite valiente a los destinos: «¡Quiero!» Y a que ese «quiero» sea su nueva Covadonga.
II
Los conquistadores
Como creyeron, solos, lo increíble sucedió; que los límites del sueño traspasaron, y el mar, y el imposible. ...Y es todo elogio a su valor, pequeño.
Y el poema en su nombre. Todavía decir Cortés, Pizarro o Alvarado, contiene más grandeza y más poesía, de cuanto en este mundo se ha rimado.
Capitanes de ensueño y de quimera, rompiendo para siempre el horizonte, persiguieron al sol en su carrera.
Y el mar –alzado hasta los cielos–, monte es, entre ambas Españas, sólo digno cantor de sus hazañas.
{Festival celebrado en el Teatro Real de Madrid, el día 12 de octubre de 1924, para solemnizar la Fiesta de la Raza, Imprenta Municipal, Madrid 1925, páginas 35-36.}
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