XXIII Congreso Internacional de Americanistas Costa Rica 1958

 
María Eugenia Dengo de Vargas

El sentido de la filosofía según Roberto Brenes Mesén

Introducción:

En nuestro estudio de los escritos de índole filosófica de Roberto Brenes Mesén hemos llegado a distinguir tres períodos bastante claramente demarcados:

Primer período:

Se caracteriza por el decidido interés del autor por los estudios científicos, en los primeros años de su quehacer: 1900-1906. Su posición es declaradamente positivista, como resultado de su formación dentro de la lógica, la filología y la psicología influidas por el positivismo de finales del siglo XIX. (Influencia de Stuart Mill y de Wundt, por ejemplo, sobre el autor). Su obra típica de esta época es Voluntad de los Microorganismos, contribución a la psicología comparada, 1905.

Segundo período:

Es el de su más viva inquietud filosófica. Insatisfecho del positivismo, el cual, sin embargo, lo ha orientado hacia el apasionante tema de la constitución de la materia, y hondamente preocupado por la indagación de primeras causas, el autor cambia su posición límite de rotunda negativa de la Metafísica, por una entusiasta convicción hacia ésta. Denominamos a éste su «período metafísico»: 1907-1917. Su obra característica es: Metafísica de la Materia, 1917. La concepción metafísica constituye la doctrina medular que informa toda la creación madura del autor, a tal punto, que podríamos llamarla el pensamiento-eje de su obra. [38]

La concepción metafísica a que se adhiere le lleva a formular un monismo emanatista el cual, muy superficialmente caracterizado, consiste en una unidad de esencia divina que, en progresiva y jerárquica gradación desde la materia grosera hasta la sustancia espiritual y divina, llena todo el espacio y constituye, en sí misma, el Universo. Todo el sistema está regido por la ley de la evolución, proceso o tiempo durante el cual se va ascendiendo hasta los puros mundos del espíritu. En la unidad divina se encuentran tres principios esenciales: Pensamiento (o Ideación), como principio divino causal; Voluntad, como fuerza dinámica e inteligente que coopera con la evolución; y Amor, como causa de vida y origen de creación. Así, pues, todo en el Universo está concebido inteligentemente, realizado voluntariamente y creado amorosamente. Por último, la ley del Ritmo cósmico rige todo el sistema. [Nos hemos visto en la necesidad de referirnos a esta concepción para dejar clara la fundamentación metafísica de la teoría del Amor, la cual sirve de base al sentido que el autor le da a la Filosofía].

Este núcleo metafísico es de tal manera el eje alrededor del cual gira toda la obra posterior, que de él se derivarán en los años siguientes:

a) Su visión panteísta de la naturaleza (ejemplos: Los dioses vuelven, artículo de Crítica Americana, p. 127; y el poema Rasur, o semana de esplendor).

b) Su idea del hombre (ejemplo: Rasur, y el artículo El Mundo del Milagro).

e) Su teoría del conocimiento (ejemplo: El Misticismo como instrumento de investigación de la verdad; Rasur, op. cit.).

d) Su comprensión de la Cultura y de la Historia: rehabilitación del paganismo (ejemplo: el artículo Los dioses vuelven, op. cit., y el ensayo Dante, símbolo del medioevalismo).

e) Su comprensión de la Poesía y el Arte como visión directa de la realidad (ejemplo: Rasur, op. cit.).

f) Su noción de la «Filosofía» (ejemplo: Nuevo sentido etimológico de «Filosofía»).

La confluencia de toda la obra en este centro metafísico hace que ella adquiera, como es obvio, un carácter orgánico y de gran unidad. Esto se observa, no sólo en los contenidos ideológicos propiamente dichos, sino también en los medios expresivos que el autor [39] emplea, pues presenta los temas filosóficos tanto en la producción en prosa (ensayos, artículos, crítica literaria), cuanto en el verso (ejemplos claros en el libro de poemas: Los dioses vuelven, Poemas de Amor y de Muerte, Rasur, &c.).

Tercer período:

Después del período antes dicho (1918) y hasta el final de su vida (1947), la obra madura de Brenes Mesén se orienta hacia el misticismo que ha escogido como vía de voluntaria y convencida depuración espiritual. De ahí que su pensamiento no sea filosóficamente puro, sino más bien una fusión de lo filosófico y lo religioso. Su última obra es la más característica: Rasur, largo poema que condensa en forma de «presencias» (es decir, sin elaboraciones discursivas) los aspectos fundamentales del pensamiento del autor.

En nuestra manera de apreciarlo, el pensamiento de Brenes Mesén es más una ideología de alcances filosóficos y abundante en elementos de religiosidad, que una filosofía propiamente dicha. Esto no obstante, lo traemos aquí como una contribución del aporte costarricense a la cultura de América.

1. El Amor como principio vital.

Como hemos dicho, Brenes Mesén plantea su concepción del Amor en un plano metafísico, y llega a desarrollar, a partir de ella, toda una «teoría» con aplicaciones éticas y epistemológicas.

En primer término, como principio vital, «el Amor es la potencia creadora de cuanto existe en el Universo», fuerza que «implica vida, conciencia y voluntad» («conciencia» y «voluntad» porque, como principios de la esencia divina que son el Pensamiento, la Voluntad y el Amor, forman una unidad siempre presente en toda forma creada; quiere decir que no hay fuerzas ciegas ni inconscientes en el Universo, sino inteligentes).

Hay en el Universo una voluntad de amor como ley íntima y fuente causal de existencia. Está presente en todo: en la vida de la Naturaleza como en la humana, como en el ritmo que rige al Cosmos, pues el ritmo se resuelve en armonía y ésta es expresión del Amor universal. Toda manifestación de vida y de belleza entraña una esencia de amor, porque éste es energía creadora de formas, es lo que «une y cohesiona». El Amor es de la esencia divina: «Por [40] encima del amor no existe autoridad alguna: porque el amor es de la misma esencia de Dios». [Del artículo Matrimonio de Amor, «La Tribuna», San José, 3 de mayo de 1942].

El autor expresa la idea antes expuesta en distintos momentos y lugares de su obra, a partir de 1917. Obsérvense, como ejemplos de ello, los textos que a continuación citamos:

«... es el espíritu divino cerniéndose o flotando sobre las aguas del abismo; es Eros sobre el Caos en la Teogonía hesíodica, el Amor que es Vida y Harmonía infundiéndose en la Kósmica Materia Primordial. Toda la materia del sistema solar queda permeada de esta energía divina...» Metafísica de la Materia, 1917, p. 58.

«...
Aquí está otra vez presente
la tragedia de los átomos
germinales de la vida;
aquí está el alma del mundo
con flecha de Eros herida
en un instante de amor.»
Balada del Amor, Los dioses vuelven, 1928, p. 52.

«...
Amor hasta la muerte,
que es no morir jamás,
porque amor es sustancia
de Dios,
que es inmortal.»
Vigilia de Brangiana, En busca del Grial, 1935, p. 211.

«... Antes que los Dioses fueran, fue el Amor. Hesiodo en su Teogonía, enseña una verdad de los antiguos Misterios: "Antes que todas las cosas fue el Caos, y luego Gaia, ... y luego el Amor (Eros), el más bello entre los Dioses Inmortales, que rompe las fuerzas, y que doma la inteligencia y el saber en el pecho de todos los Dioses y de todos los hombres". Y el incrédulo Lucrecio que conocía el profundo sentido del Amor, como creador de todo cuanto existe, en las primeras líneas de su Naturaleza de las Cosas alza un himno en honor de Venus, como Numen del Amor.» Nuevo sentido etimológico de Filosofía, 1945 (escrito en 1937), p. 67. [41]

«... Comprendí por qué la antigüedad helénica guardaba en las urnas de sus mitos aquel de que Eros, el Amor, fue el primero y más antiguo de los dioses, el verdadero creador de los mundos, porque sin él la armonía desaparece, la armonía entre las cosas y dentro de las cosas mismas. Todas las formas son criaturas del Amor, sin cuyos lazos su disgregación es inevitable. La fuerza que mantiene la vida de un átomo o la de un sol, para aquella sabia y remota antigüedad, fue el Amor. Los conceptos de Afinidad, de cohesión, de atracción, ni esclarecen, ni definen con la excelencia con que lo hace Eros, el Amor, que implica vida, conciencia y voluntad. La suprema Realidad es una síntesis de esos tres aspectos con que se ofrece a nuestra comprensión». Del artículo Universidades y Misterios, 1939.

Los subrayados en los textos son nuestros.

2. La Filosofía como Sabiduría del Amor.

En segundo término se destaca una aplicación de la teoría anteriormente expuesta a la existencia humana. Como el amor es esencia misma de la vida, el mejor sentido de ésta, si se entiende bien, debe cifrarse en él. Vivir «amorosamente» para Brenes Mesén significa vivir «fraternalmente»; es decir, llega a una comprensión cuasi evangélica del amor, consistente en la que llama su «forma impecable», que es la fraternidad.

Si el amor implica conciencia y voluntad, ha de convertirse, entonces, en continua capacidad de amar, de sentirse «hermano». Debe efectuarse un ensanchamiento suyo abarcador de toda la especie humana, más aún, de toda forma creada: el hombre debe ser «hermano» de todo ser, y en particular del hombre mismo. Si este principio, en apariencia tan simple y sencillo, fuera entendido por todos los hombres y pudiera realizarse en la vida práctica, (y el autor cree que sí se podría realizar), habría «comprensión de los problemas sociales que nos asedian». Oigamos sus propias palabras:

«Por largo tiempo la idea, a veces pasión de la libertad, ha engendrado las revoluciones de independencia o las de restauración de los derechos del hombre, libertades públicas. Las [42] revoluciones de nuestro tiempo y las que seguirán las inspira la idea, a veces la pasión, de la igualdad. Pero hay ya síntomas de que un nuevo orden social va generándose con lentitud. Se basa en el otro elemento de las tres grandes fuerzas, la fraternidad. Porque ésta ha faltado como elemento moderador en los combates por la libertad y por la igualdad, no ha habido comprensión de los problemas sociales que nos asedian; por tanto, no ha podido haber solución de ellos». Nuevo sentido etimológico de «Filosofía», p. 68.

Así, pues, la teoría del amor llega a tener, en la idea del autor, implicaciones éticas: la fraternidad debe llegar a ser una norma de vida, algo siempre presente en las relaciones humanas. Pero tengamos muy en cuenta que para Brenes Mesén la ética es aplicación necesaria de los postulados metafísicos. Si el hombre debe comportarse como «hermano» es porque hay un nexo esencial que lo une con toda criatura: éste es la unidad sustancial del Universo, uno de cuyos principios es el Amor. Así lo expresa el siguiente texto, de aliento casi panteísta:

«...
El sortilegio de la vida me ata
al árbol y a la piedra y al torrente,

y siento que mi espíritu se funde
en todas estas cosas:
que yo vivo
en la curva graciosa de la piedra,
y respiro en las hojas de la planta,
y voy cantando en las sonoras linfas.
Se ha desbordado mi existencia y fluye
por los ocultos cauces de las cosas

como una sangre ideal, sangre de ninfas,
por las violáceas venas de las rosas.»
Voces de Soledad, Hacia Nuevos Umbrales, p. 57.

Sirva éste de ejemplo de la continua e íntima confluencia que se da en el autor entre la expresión lírica y los contenidos ideológicos.

El sentimiento fraternal debe conducir, necesariamente, a una invariable actitud de servicio a los demás, para que sea operante. Como la mejor de las formas amorosas, la fraternidad debe convertirse [43] en conciencia y voluntad de amor y debe realizar, en lo práctico, la concepción metafísica. Observémoslo en el siguiente texto:

«...
¡Así soñaba la existencia mía!
Oír, y ver, y amar, y comprender
para servir en el silencio humilde
en que las fuerzas intangibles sirven;
para sentir, también, la juventud divina
del alma universal dentro del alma.»
Así soñaba, Los dioses vuelven, p. 34.

Vemos cómo aquí el autor busca unir la práctica vital de «servir» con el principio metafísico de realizar «el alma universal dentro del alma» individual, que son esencialmente la misma.

Como conclusión y síntesis de todo lo anterior se desprende la necesidad de conocer lo que el amor es: su carácter de esencia divina. Si es principio que alienta las arterias del mundo como fuente de vida, si de él mana, por consiguiente, la existencia del hombre, y si es imperativo para vivir fraternalmente (que es vivir bien), entonces se impone la urgencia del conocimiento del Amor. Esto lo da la Filosofía, según Brenes Mesén. Dicho de otro modo, «Filosofía» es o significa «Sabiduría del Amor» y no –significado tradicional– Amor a la Sabiduría.

Vemos, pues, que el sentido de la Filosofía tiene, para el autor, raíces en una concepción metafísica del amor y en una inmediata consecuencia ética de ella (fraternidad y servicio).

El autor nos dice, sin embargo, que dicho significado lo obtuvo de la lectura del Banquete de Platón. Repetimos sus palabras:

«... Un buen día, releyendo el maravilloso Banquete de Platón, tropecé con un pasaje, que yo mismo había subrayado años antes, aquel en que Sócrates declara que lo único que él sabe es acerca del Amor, porque había recibido lecciones provechosas de Diótima. Allí me detuve a meditar, y una claridad, toda hecha de alegría me dejó fascinado. Por primera vez comprendí el profundo contenido de la voz Filosofía. No significó, pues, para Platón un Amor de Sabiduría, sino la infinita Sabiduría del Amor = Philein-amor, sophia-sabiduría, arte. Esta revelación transformó mi entendimiento.» Universidades y Misterios, op. cit. [44]

Al mismo hallazgo hace referencia el autor en el ensayo Nuevo sentido etimológico de Filosofía, en el artículo Jóvenes poetas y en la reseña al libro de Artemio Moreno Parábola del Tiempo.

En el ensayo Nuevo sentido etimológico de «Filosofía» el autor expone esta su interpretación de la Filosofía, pero no le otorga todo el valor que ella merece si se la ve como resultante de su concepción del Amor, sino que la presenta respaldada por ciertos argumentos que resultan opinables y que vienen a ser recursos externos o aparenciales con los que ha revestido su concepto de Filosofía para darle, creemos, mayor solidez. Uno de estos argumentos es el de inferir que tanto para Pitágoras, como para Sócrates y Platón «Filosofía» significó sabiduría del amor; para ello recurre a la cita de cartas de Platón (II y VII), de la Apología de Sócrates y del Banquete. También presenta, con un desarrollo muy reducido, su interpretación etimológica del vocablo. Por la poca libertad de que disponemos, en cuanto a la extensión de nuestro trabajo se refiere, no presentamos aquí dichos argumentos ni las objeciones de que, creemos, son susceptibles. Pero también porque, en realidad no les otorgamos mucha importancia. Creemos que la parte valiosa de la idea de Brenes Mesén, como aportación personal suya (la cual es, además, de todo punto de vista respetable) es la interpretación que hace de la «Filosofía», con base en su «teoría del Amor». Es nuestra tesis que el autor ya tenía en mente esta su concepción, pero que de hecho no la había desarrollado antes de descubrir, en el Banquete, una clave del significado que, para él, tiene la «Filosofía». De pronto lo encuentra, se «fascina» en él, y lo encaja y ajusta a lo que ya era su teoría del Amor. De ahí que sus palabras «por primera vez comprendí el profundo contenido de la voz Filosofía» tengamos que recibirlas, más bien, como «por primera vez encontré en Platón el sentido que yo quería darle a la voz Filosofía». No sólo su teoría se completa de esta manera sino que, además, logra darle a la Filosofía, según sus deseos de siempre, un entronque más dinámico con la vida del que –dice él– ha tenido con sus alcances meramente racionalistas y especulativos.

Lo anterior lo sostenemos con base en lo que el mismo autor declara en las siguientes líneas: [45]

«Esta derivación de Filosofía, como Sabiduría del Amor, es intachable desde el punto de vista etimológico. Pero hay un influjo más poderoso que todas las razones, que me ha conducido a afirmarla». Nuevo sentido etimológico de Filosofía, p. 68.

Este «influjo más poderoso que todas las razones» es la aplicación que le encuentra a la Filosofía, entendida como Sabiduría del Amor, para realizar la fraternidad humana (texto citado). Es decir, lo que desde el principio consideró «intachable» era, más bien, su convicción del papel de la Filosofía como Sabiduría del Amor, y no el argumento mismo de que se ha servido.

Dijimos anteriormente que el autor cree que sí es posible la realización de la fraternidad. Precisamente cuando la Filosofía, cree, sea entendida en ese sentido que quiere él darle: entonces será potencia vital efectivamente operante dentro de la convivencia humana.

El autor se pronuncia siempre en contra de los alcances exclusivamente racionalistas de la Filosofía, interpretada como busca de sabiduría, y cree que ella habría desempeñado un papel mucho más importante en la Historia, si se hubiese entendido como sabiduría del amor y practicado como fraternidad. Y es porque lleva su concepción del Amor hasta el campo del conocimiento. Observemos que ya la misma interpretación de «Filosofía» tiene un enfoque gnoseológico = sabiduría, conocimiento del Amor. Además, y desde muchos años antes [en el Misticismo como instrumento de investigación de la Verdad, 1921], Brenes Mesén siempre defendió los medios intuitivos y afectivos de conocimiento (inspiración, emoción, revelación, &c.) como las vías más directas para llegar a la aprehensión de la «realidad».

Tengamos presentes sus palabras, que son mucho más claras y explícitas que las nuestras:

«La Filosofía, como amor de la sabiduría ha tenido un largo alcance intelectual. Ha promovido el conocimiento, ha ahondado en él. Y lo que es más, ha tendido a la organización de las ciencias, a la unificación del conocimiento, a la universalización de principios. Pero en ningún caso ha dejado la Filosofía de ser una disciplina intelectual. Su influencia sobre los negocios del mundo ha sido la de las ideas, cuando éstas se trasmutan [46] en emoción persuasiva. Ordinariamente la Filosofía ha ido por caminos aguilares, dentro de las esferas intelectuales. En raras ocasiones ha empujado las manos de la Vida...». Nuevo sentido etimológico de Filosofía, p. 66.

Fácilmente puede observarse la línea emocional y afectiva en que se mantiene, tan propia del temperamento iberoamericano. Veamos, en nuestra última cita, cómo piensa que el «Orden Emocional» que pregona con su idea de fraternidad podrá vivirse y realizarse en América:

«En nuestro continente la habrá [fraternidad]. Keyserling vio bien cuando aseguró que en América existe el Orden Emocional en contraposición al Racional del Viejo Mundo. La fraternidad resultará el nervio de ese Orden Emocional. Y la Fraternidad es la forma impecable del Amor, cuya potencia creadora no conoce linderos. Dentro de este nuevo Orden de Humanidad la Filosofía es la Sabiduría del Amor, que San Pablo llamó: "la cosa más grande del mundo."» Nuevo sentido, &c., op. cit., p. 68-69.

Para terminar recojamos, precisamente en esta ocasión que parece ser la más propicia para ello, la fe y el optimismo del autor en el destino de América dentro de la Historia.

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San José 1959, páginas 37-46