Caracas · Venezuela
 

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Simonis Bolivar
Cineres
grata atque memor patria
hic condit et honorat
Anno MDCCCLII


Sepulcro del libertador Simón Bolívar Palacios (1783-1830), erigido por decreto del Congreso de Venezuela en 1852, y que estuvo en una capilla de la catedral católica de Caracas hasta que fue trasladado, el 26 de octubre de 1876, al Panteón Nacional.

«El sepulcro de Bolívar. El grabado que publicamos en la pág. 280 representa el sepulcro del general D. Simón Bolívar, que existe en una capilla de la catedral de Caracas, y que fue erigido por decreto del Congreso de Venezuela en 1852.
Sobre una gradería reposa un basamento, y sobre éste un templete que contiene la estatua de Bolívar; a los lados hay figuradas otras dos estatuas, tamaño natural: una que representa la Justicia, teniendo en la mano derecha un pergamino en que se leen estas palabras: Diligite justitiam qui judicatis terram, y a sus pies un ángel con la balanza en la mano derecha; otra, la de la izquierda, tiene asido con ambas manos un plato, en cuyo borde superior se lee, Bono publico, y está en actitud de vaciar una cantidad de monedas que en él se contienen, en significación de la íntegra consagración al bien público que Bolívar practicó durante su vida, y que todo hombre de Estado debe a su patria.
La estatua del general (mayor tamaño que el natural), que aparece envuelta en un manto, tiene la diestra sobre el pecho, en testimonio de la pureza de su conciencia, y una corona de laurel en su izquierda, premio de su virtud. En el basamento está esculpido un bajo-relieve de tres figuras, que son las tres Repúblicas que él fundó: Colombia (inclusa Venezuela), Ecuador y Perú (inclusa Bolivia); huellan un yugo, y se dirigen hacia una planta de laurel dejando detrás una de abrojos.
En el centro de la gradería se encuentra esta lacónica inscripción: Simonis Bolívar | Cineres | grata atque memor patria | hic condit et honorat | Anno MDCCCLII.
Este monumento, que ofrece en conjunto un aspecto severo y clásico, está ejecutado en fino mármol de Carrara, y con delicadeza y buen gusto, por el renombrado artista italiano Mr. Tenerani.» (Texto de Eusebio Martínez de Velasco, La Ilustración Española y Americana, Madrid, 30 de abril de 1875, año XIX, número XVI, páginas 267 y 280.)


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