Burgos · España
 

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Al pueblo burgalés
que antes que ninguno de
España se alzó contra los
franceses invasores
en esta plaza donde murieron por
la Patria, Manuel de la Torre,
Nicolás Gutiérrez y Tomás Gredilla
el 18 de abril de 1808
 
A los heroicos vocales de
la Junta Superior de Burgos
José Ortiz de Covarrubias, Pedro Gordo, Eulogio José Muro y José Gregorio Navas,
mártires de la independencia
patria, ahorcados en Soria
el 2 de abril de 1812.
 
El Ayuntamiento de Burgos 1937


Lápida colocada en Burgos el 18 de abril de 1937 por su Ayuntamiento, en el paño intramuros del Arco de Santa María (en la Plaza del Rey San Fernando, frente a la Catedral), para conmemorar a las víctimas burgalesas de la guerra de la Independencia. Se remonta a 1908 el proyecto de recordar en Burgos con una lápida a las víctimas locales del frustrado intento de Francia por anexionarse España, el año en el que se conmemoró en todo España el centenario del inicio de la gloriosa y decisiva guerra que le permitió mantener su independencia nacional. Pero la lápida, que en 1909 había ya quedado aprobada y diseñada, quedó sin realizar. En febrero de 1935, por iniciativa de su alcalde, acordó el Ayuntamiento de Burgos culminar tal proyecto. El Cronista de la Ciudad, entonces don Eloy García de Quevedo, volvió a redactar el texto (desde 1909 se había producido la importante novedad de haberse recuperado los nombres de los tres primeros españoles víctimas entonces de los franceses, asesinados en Burgos el 18 de abril de 1808), y en julio de 1935 el escultor don Valeriano Martínez tenía ya el encargo de realizar la placa conmemorativa (por un presupuesto total de 750 pesetas). La lápida estaba dispuesta para haber sido descubierta el 18 de abril de 1936, pero la delicada situación política que atravesaba entonces la República aconsejó posponer la ceremonia. Fue colocada justo un año después, en plena guerra civil, sin ceremonia alguna dadas las circunstancias. En el mes de septiembre de 1937 el Ayuntamiento de Burgos publicó en un opúsculo los artículos con los que el Cronista de la Ciudad glosó en la prensa, en torno al 18 de abril de 1937, los hechos conmemorados.

El 18 de abril de 1808 muestran los franceses sus verdaderas intenciones en Burgos

«18 de Abril de 1808. Para tal día hacía ya muchos que Burgos se veía invadido por los ejércitos de Napoleón sin que nadie supiese, a ciencia cierta, el motivo de su llegada a España. En las altas esferas del Poder se creía que venían como amigos y que iban de paso para Portugal; que tal vez, pensaban algunos, traían el propósito de robustecer la autoridad del recién proclamado Fernando VII. El pueblo, con instinto admirable, recelaba que algo se tramaba contra España; observaba que los extranjeros se portaban más como invasores que como huéspedes; veía sus peticiones crecientes, su conducta poco amistosa, y un malestar sordo y callado dominaba en las gentes.
Poco hacía que el nuevo monarca había pasado por Burgos dirigiéndose a buscar al que estimaba su gran amigo Napoleón Bonaparte. Éste debía haberle esperado en Burgos, pero aquí no llegó. Ciegos el monarca y cuantos le aconsejaban, siguieron a Vitoria desoyendo las prudentes advertencias del Ayuntamiento de Burgos que, al tener noticias de que el rey había inopinadamente salido para la capital alavesa, aún extremó su patriótica actuación enviando a aquella ciudad comisionados que le advirtieran y suplicaran no siguiese adelante, gestión que ningún resultado obtuvo. Fernando dijo que había leído la carta del Ayuntamiento que los comisionados le llevaron, y que agradecía su celo... pero marchó a Bayona.
Parte de las tropas francesas en Burgos acantonadas, salieron hacia Vitoria el 17 de Abril, al encuentro, según decían, de Napoleón. Parece, así lo dicen quienes entonces vivían, en documentos que están publicados, parece digo, que tales tropas encontraron en su camino a un correo español o a un guardia de Corps que traía pliegos para Burgos o, no está ello bien averiguado, para la Junta de Gobierno de Madrid. Le detuvieron, le registraron, aún se dijo que se apoderaron de la correspondencia.
Los elementos populares de Burgos, enterados con indignación de este hecho, se reunieron en grupos el 18 de Abril y acudieron a protestar violentamente ante el Intendente de la Ciudad, marqués de la Granja, quien les desatendió, «les hizo poco caso» dice un testigo presencial. La indignación fue creciendo: «Muera –decían las gentes–, ya no hay justicia en Burgos.» Atemorizado el Intendente, corrió, acompañado de personas respetables que le protegían, a refugiarse en el Palacio Arzobispal, situado entonces, como es sabido, en la plaza que hoy llamamos del Duque de la Victoria, porque allí creyó estar seguro ya que existía una guardia francesa, pues en tal edificio estaban preparadas las habitaciones para Napoleón.
El pueblo, enfurecido, arreciaba en sus «mueras»; y gritaba «fuera esa guardia»; llegó a arrojar algunas piedras, pretendió desarmar a un centinela, y entonces el jefe de la guardia, bárbaramente, sin previo aviso, ordenó hacer fuego, y dice Palomar, artesano burgalés que anotó estas y otras noticias curiosas: «A la primera descarga, tres hombres quedaron muertos en el suelo.»
Nada más pasó; aterrados los burgaleses, incapaces de hacer frente a las fuerzas que de varios sitios acudieron, se retiraron dolidos, irritados, jurando venganza. Allí puede decirse que empezó la Guerra de la Independencia; aquella fue la primera sangre española vertida, días antes de que la salida de las personas reales del palacio de Madrid diera lugar, el 2 de mayo siguiente, a los heroicos hechos y a las terribles matanzas de patriotas españoles que la Historia ha descrito y todos recordamos.
Aquellos tres hombres, víctimas de la tropa extranjera por oponerse a los invasores, fueron los primeros españoles muertos por la independencia patria. Sus nombres obscuros, eran pobres menestrales a cuyas familias el Ayuntamiento socorrió, han estado olvidados mucho tiempo. El propio don Anselmo Salvá, que acerca de Burgos en la Guerra de la Independencia, escribió un libro, acaso el mejor de los suyos, no los conocía: eran Manuel de la Torre, Nicolás Gutiérrez y Tomás Gredilla.
Halló tales nombres en un documento de la época don Juan Albarellos y los publicó en su importante obra Efemérides burgalesas. Y ahora al fin –si la lápida se hubiera labrado en 1909 no figurarían en ella–, ahora van a quedar esculpidos en piedra para ejemplo de las generaciones venideras. El hecho es sencillo; sencilla y toscamente le he relatado, acuciado por la urgencia de publicar este trabajo y por el miedo de hacerle demasiado largo. Pero dentro de su sencillez, significa tanto, vale tanto y sirvió para tanto, que bien merece ser conmemorado. El sacrificio de estos burgaleses que apasionada, violentamente se alzaron contra los invasores, no fue perdido. (...)» (Eloy García de Quevedo, Las víctimas burgalesas de la guerra de la Independencia, Burgos 1937, págs. 14-16.)

El 2 de abril de 1812 ahorcan los franceses a cuatro miembros de la Junta de Burgos

«2 de Abril de 1812. Ejecución de la Junta de Burgos. Entre los muchos españoles que, durante la gloriosa guerra de la Independencia dieron su vida por la patria, merecen un puesto de honor D. Pedro Gordo, vicepresidente, D. Eulogio Josef Muro y D. José Ortiz de Covarrubias, vocales, e intendente interino, el último, y D. Pedro Velasco, tesorero, que con otros constituían la Junta de Burgos, y fueron ahorcados por los franceses en Soria el día 2 de Abril de 1812.
Dominada la capital por las tropas invasoras, no pudo constituirse en ella la Junta de defensa que, como en las demás provincias, se formó en la de Burgos para fomentar el levantamiento y organizar fuerzas que combatiesen a los franceses, y por esta causa se estableció en Salas de los Infantes el día 13 de junio de 1809, bajo la presidencia del inolvidable marqués de Barriolucio, burgalés insigne que además organizó por su cuenta y mandó personalmente una partida llamada «Voluntarios de Burgos», en la que figuraban jóvenes de familias distinguidas, y que constaba de dos batallones de infantería y dos escuadrones de caballería.
Las vicisitudes de la campaña y lo azaroso de los tiempos impedían a la Junta tener una residencia fija, así es que anduvo errante por varios lugares, prestando grandes servicios y siendo constantemente blanco del odio de los enemigos, que la perseguían por todos los medios imaginables.
La felonía de un mal español llamado Moreno, que renegando de su patria se puso al servicio de los franceses, hizo que cayeran en poder de éstos los cuatro vocales cuyos nombres quedan consignados, los cuales pagaron con la vida su amor a la independencia española.
En Marzo de 1812, se hallaba la Junta en el pueblo de Grado, provincia de Segovia, y sabedores de ello los franceses, enviaron una columna de caballería, que guiada por Moreno, salió sigilosamente de Aranda el día 20, y forzando la marcha llegó a Grado, en la madrugada del 21. Cercado el pueblo antes de que los españoles se dieran cuenta del peligro que corrían, fueron apresados el vicepresidente y dos vocales de la Junta, el intendente, dos empleados y veinte militares de la escolta, apoderándose también los franceses de los fondos y la documentación. Otros tres vocales lograron escapar.
Después de ser objeto de toda clase de insultos y malos tratamientos, los prisioneros fueron conducidos a pie, sin comer y medio desnudos, sufriendo en el camino tales fatigas que tuvieron que asirse a las colas de los caballos para continuar andando, porque el cansancio les vencía. Pernoctando en Ayllón, llegaron al siguiente día a Aranda, y de allí continuaron su triste viaje a Soria, cargados de grillos y arrojados en un carro.
Un tribunal militar, con la precipitación que en tiempo de guerra se acostumbra, los condenó a muerte, ejecutándose la cruel sentencia el día 2 de Abril. Aquellos buenos patriotas fueron ahorcados, sufriendo la horrible pena con asombrosa entereza, y sus cadáveres quedaron un día entero pendientes de la horca.
Al siguiente, concedido permiso para su inhumación, fueron llevados a enterrar a la iglesia del Salvador, concurriendo al acto el clero, la nobleza, las cofradías y casi todo el pueblo de Soria, que quiso así rendir un homenaje a los infortunados mártires de la Patria.
Pero sin duda la improvisada manifestación disgustó a los franceses, porque antes de que terminase la ceremonia, fue interrumpida en la misma iglesia por la tropa, que a viva fuerza obligó a los celebrantes a cargar con los cadáveres y llevarlos al lugar de la ejecución, para colgarlos nuevamente de la horca y enterrarlos luego al pie de ella.
Un sacerdote, revestido como estaba para el fúnebre acto, tuvo que transportar por sí mismo el cuerpo de D. Pedro Gordo, y ayudar a ponerle en la horca.
Pendientes de ésta permanecieron los cadáveres durante muchos días, al alcance de las aves y los perros, que los devoraron en parte, hasta que rotas las cuerdas y caídos aquellos al suelo, fueron enterrados sin ceremonia alguna en el sitio mismo del suplicio.
Algunos meses después fue evacuada por los franceses la ciudad de Soria, y los restos de los vocales fueron trasladados solemnemente a la iglesia del Salvador, con asistencia del Ayuntamiento, las autoridades y el pueblo en masa, e inhumados en el panteón de la noble familia de los Sotomayores.
Al día siguiente pronuncio la oración fúnebre el Dr. D. Juan Narciso de Torres, vicepresidente de la Junta, y poco después en el lugar de la ejecución se levantó un sencillo monumento, consistente en un obelisco de piedra con expresiva dedicatoria.
No olvidó la Patria a los abnegados ciudadanos que tan bravamente habían sacrificado su vida. En Salas de los Infantes, la Covadonga de los burgaleses, como la ha llamado un distinguido escritor local (don Mauro Muñoz, Diario de Burgos, 20 de mayo de 1912) por ser la residencia oficial de la Junta, se celebraron el día 2 de Mayo de 1812 solemnes exequias, en las que pronunció fray Domingo de Silos Moreno, monje de Silos, un elocuente sermón, que fue impreso en Madrid dos años más tarde, seguido de algunas curiosas noticias.
Aquel mismo año, en la sesión que las Cortes de Cádiz celebraron en 13 de Mayo, el obispo de Calahorra y la Calzada, diputado a Cortes por esta provincia, y sus compañeros de diputación, presentaron una exposición, relatando los méritos de la Junta de Burgos y el trágico fin de parte de ella, exposición que sirvió para que las Cortes declarasen por decreto de 19 del mismo mes a los ajusticiados en Soria Beneméritos de la Patria, acordando también conceder socorros a sus familias, y celebrar un solemne funeral que tuvo lugar en la iglesia del Carmen.
En 1908, al cumplirse el centenario del Dos de Mayo, la ciudad de Soria acudió procesionalmente al monumento erigido en honor de aquellos héroes, y tributó un patriótico homenaje a su memoria.
Y en Burgos, por iniciativa del docto catedrático y erudito escritor D. Eloy García de Quevedo tan entusiasta de las glorias burgalesas (Diario de Burgos, 7 de mayo de 1912), se celebró en la Catedral, el día 19 de Mayo de 1912, centenario de la declaración de Beneméritos de la Patria, un solemnísimo funeral, con asistencia de las autoridades, corporaciones, comisiones oficiales y enorme concurso de pueblo.
Pronunció la oración fúnebre el canónigo D. Ricardo Gómez Rojí, y entonó un responso delante del túmulo el arzobispo, revestido de pontifical.» (Juan Albarellos Berroeta [†1922], Efemérides burgalesas [1919], 4ª edición, Burgos 1980, págs. 95-97.)

1908-1937: treinta años tardó en gestarse esta placa conmemorativa

Reviste interés, como muestra de las dificultades que puede conllevar la realización de un proyecto aparentemente sencillo (como pueda ser el recordar a unos héroes con un monumento), ofrecer los documentos que se conservan de los treinta años, entre 1908 y 1937, que tardó en gestarse esta placa conmemorativa, documentos que sólo ofrecen, por supuesto, una parte de esa realidad. Obsérvese la persistencia de los errores en un proceso de este tipo (el más significativo, que advertimos entre corchetes, que los franceses no fusilaron en Soria a los junteros, pues aquellos héroes beneméritos fueron ahorcados: «fueron aquí alevosamente asesinados por los bárbaros satélites del vil Napoleón...», dice el monumento colocado por la ciudad de Soria –Modesto Lafuente, en un párrafo que transcribimos al tratar del monumento de Soria, había dado por supuesto que fueron fusilados antes de ser ahorcados–).

En la sesión del Ayuntamiento de Burgos de 4 de diciembre de 1908, el concejal don Tomás Alonso de Armiño propuso, de palabra, «que se coloquen dos lápidas en el Arco de Santa María, hacia la parte de la antigua plaza Sarmental, conmemorativas de la Guerra de la Independencia», iniciativa que quedó recogida por el Secretario en el acta con que se inició el correspondiente expediente (transcribimos el documento manuscrito, registrado con el número 107 y fecha de entrada 15 de diciembre de 1908):

«Ayuntamiento del 4 de diciembre de 1908. El Señor Armiño manifestó que los actos públicos conmemorativos del centenario de la guerra de la Independencia celebrados en Burgos no fueron de la iniciativa peculiar del Ayuntamiento y por lo mismo consideraba conveniente que antes de expirar el corriente año se recordaran dos hechos de aquella épica lucha que son honra del buen nombre de esta histórica capital. Uno de ellos es la trágica muerte que sufrieron varios vocales de la Junta de Burgos, mártires de su deber y de la crueldad del General Dorsene, el cual deseando desenojar al Emperador Napoleón de quien recibió una carta reprendiendo su conducta como Jefe superior porque envalentonaba a los Castellanos, hizo prisioneros en 12 de Marzo de 1812 a D. José Ortiz de Covarrubias, D. José Nava, D. Pedro Gordo y D. Eulogio José Moreno, y les obligó a seguir a su columna, camino de Soria, en cuyo punto y antes de entrar en dicha Ciudad les mandó fusilar bárbaramente. [fueron ahorcados]
El segundo acto que debe conmemorarse de un modo solemne es la protesta en acción que muchos burgaleses llevaron a cabo el 18 de Abril de 1808, alzándose en rebelión contra las autoridades que en su demencia y fatal ceguera continuaban considerando como amigos de España a los cien mil franceses que para aquella fecha se habían apoderado de nuestras mas importantes fortalezas con el fingido propósito de hacer la guerra a Portugal. Y añadió el Señor Armiño que debían colocarse dos lápidas en el arco de Santa María, hacia la parte de la antigua plaza de la Sarmental, con una leyenda breve y concisa que recordase al pueblo castellano los dos hechos de referencia.
Por último propuso también dicho Señor Concejal que se de el nombre del famoso guerrillero D. Jerónimo Merino a la nueva calle contigua al muro sur de la Capitanía General. La corporación acordó que esta moción pasase a informe de la Comisión de Gobierno.»

En su sesión del 13 de mayo de 1909, «la Comisión de Gobierno acordó que la precedente moción pasara a su Autor Sr. Alonso de Armiño para que indique la leyenda que han de llevar las dos placas que desea que se coloquen en el Arco de Santa María». Con fecha 30 de mayo de 1909 responde «el Autor» de la propuesta a la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento de Burgos: «El Concejal que suscribe tiene el honor de proponer a la Comisión que si juzga que debe informarse al Excmo. Ayuntamiento de acuerdo con lo que en la moción se indica encargue la redacción de las inscripciones, que se han de grabar en las lápidas, al Sr. Cronista de la Ciudad, que por su cargo y por sus conocimientos históricos y literarios es persona muy indicada para ello.» El 7 de junio la Comisión acuerda que «pase esta moción al Sr. Archivero municipal a fin de que redacte las inscripciones que se han de grabar en las lápidas de conformidad con lo propuesto anteriormente por el capitular Sr. Alonso de Armiño». El Archivero municipal, y Cronista de la Ciudad de Burgos, don Anselmo Salvá, cumplió el encargo recibido, aunque en su escrito de 12 de junio de 1909 expresa, con toda prudencia y razones, la dificultad del cometido:

«Comisión de Gobierno. Por obediencia debida a la orden que en la anterior providencia del Sr. Presidente se expresa, el que suscribe ofrece a la Comisión, por él redactadas, las inscripciones que podrían esculpirse en las lápidas a que el Sr. Alonso de Armiño se refiere; pero se permite manifestar que, careciendo como carece de competencia en lo que pudiéramos llamar literatura epigráfica o lapidaria, y no teniendo tampoco dotes para inventar frases de esa forma rotunda y ese gusto clásico que exigen las públicas conmemoraciones, cree firmemente que la Comisión no podrá aceptar, quizás ni en una sola palabra, las inscripciones que ofrece, por lo que, con el mayor encarecimiento, ruega se le dispense, y sin embargo de lo cual está y estará siempre dispuesto a hacer lo que la Comisión o el Excmo. Ayuntamiento le mande. Las inscripciones de que se trata son las siguientes: para conmemorar el fusilamiento [fueron ahorcados] de los individuos de la Junta de Burgos, ésta:

'En el año 1812, durante la gloriosa guerra de la Independencia, perecieron los esforzados patriotas burgaleses, miembros de la Junta defensora de la ciudad, Don José Ortiz de Covarrubias, Don José de Nava, Don Pedro Gordo, y Don Eulogio José Moreno. La Cabeza de Castilla, en el año 1908, ofrece la memoria de estos héroes a la veneración de los españoles.'

Y para recordar el levantamiento de los burgaleses en el año 1808, esta otra:

'Al Pueblo de Burgos, que en 18 de Abril de 1808, se alzó heroicamente, contra el intento de dominación extranjera, por él solo descubierto [esta frase está tachada y sustituida por esta otra: 'sagazmente por él advertido'], dedica la Ciudad, a los cien años de tan gloriosa hazaña, perpetuo testimonio de adhesión y reconocimiento.'»

Resuelve rápidamente la Comisión de Gobierno, y sólo un día después, el 13 de julio de 1909, informa lo siguiente: «Al Ayuntamiento: la Comisión de Gobierno se ha enterado de la moción del Capitular Señor Alonso de Armiño, relativa a que se coloquen dos lápidas en el arco de Santa María, hacia la parte de la antigua plaza de la Sarmental, con una leyenda breve y concisa que recuerden al pueblo Castellano los hechos conmemorativos de la Guerra de la Independencia; y es de opinión que V. E. acuerde se coloquen las lápidas citadas en el sitio que se indica en dicha moción, con las inscripciones redactadas por el Señor Archivero Municipal. V. E., sin embargo resolverá otra cosa si la considerase más acertada.» Y en su sesión de 21 de julio de 1909 «la Corporación aprobó el precedente dictamen de la Comisión de Gobierno».

En el Expediente se conserva una hoja suelta con otro borrador para la lápida conmemorativa de los sucesos de 1812:

'En el año 1812, víctimas de la perfidia del enemigo, durante la gloriosa guerra de la Independencia, perecieron los esforzados patriotas burgaleses, miembros de la Junta defensora de la provincia, Don José Ortiz de Covarrubias, Don José de Nava, Don Pedro Gordo, y Don Eulogio José Moreno. La ciudad Cabeza de Castilla, en el año 1908, ofrece la memoria de aquellos héroes a la veneración de los españoles.'

Pero aunque el 21 de julio de 1909 el Ayuntamiento de Burgos había acordado colocar aquellas lápidas conmemorativas, no se ejecuto el acuerdo... pasaron los años, se recordaban de vez en cuando las lápidas pendientes, incluso se proclamó en España la República, hasta que, más de un cuarto de siglo después, el propio alcalde de la ciudad, entonces don Manuel Santamaría, removió este y otros asuntos semiolvidados mediante un escrito fechado el 4 de febrero de 1935:

«Al Excelentísimo Ayuntamiento: Con bastante frecuencia el Ayuntamiento adopta acuerdos que luego por diversas circunstancias no llegan a ejecutarse por quedar pendientes de algún trámite, en ocasiones tan dilatorio que da lugar a que la resolución de los mismos caigan en olvido y no lleguen nunca a cumplirse salvo el caso de que por cualquier motivo se remueva y ponga en marcha nuevamente el expediente que a ello se refiere. Como ejemplos podemos citar los siguientes casos:
1.º Las decisiones adoptadas por unanimidad de la Corporación el 21 de Julio de 1909 a propuesta del Sr. Alonso de Armiño (el que por cierto también pedía en el mismo ruego se diera el nombre del famoso guerrillero D. Gerónimo Merino a la calle, aún sin rotular, contigua al muro Sur de la Capitanía General) de colocar dos lápidas en el Arco de Santa María hacia la parte de la antigua Plaza del Sarmental con unas leyendas que redactó el Sr. Salvá y que pueden aceptarse hoy día con pequeñas variaciones que recordase al Pueblo Castellano los dos hechos siguientes:
Uno de ellos es la trágica muerte que sufrieron varios Vocales de la Junta de Burgos, mártires de su deber y de la crueldad del General Dorsene, el cual deseando desenojar al Emperador Napoleón de quien recibió una carta reprendiendo su conducta como jefe superior porque envalentonaba a los castellanos, hizo prisiones [sic, 'prisioneros' en el acta de 1908] en doce de marzo de mil ochocientos doce a D. José Ortiz de Covarrubias, D. José Nava, D. Pedro Gordo y D. Eulogio José Moreno, y les obligó a seguir a su columna, camino de Soria, en cuyo punto y antes de entrar en dicha Ciudad les mandó fusilar bárbaramente. [fueron ahorcados]
El segundo es la protesta en acción que muchos burgaleses llevaron a cabo el 18 de abril de 1808, alzándose en rebelión contra las autoridades que en su demencia y fatal ceguera continuaban considerando como amigos de España a los 100.000 franceses que para aquella fecha se habían apoderado de nuestras mas importantes fortalezas con el fingido propósito de hacer la guerra a Portugal.
Este último suceso, denominado acertadamente por el Sr. Albarellos «el Dos de Mayo Burgalés» y comentado primero por el Sr. Oliver Copons y recientemente por D. Eloy García de Quevedo, Cronista de la Ciudad, en su obra Libros burgaleses de memorias y noticias (páginas 157 y siguientes) y precisando el lugar exacto de su desarrollo; podría conmemorarse el 18 de abril próximo con la colocación de ambas placas, acto al que se invitaría a todas las Autoridades y al autor de la propuesta para que pronunciara unas palabras sobre el mismo, así como al cronista de la Ciudad para que previamente y de acuerdo con la Prensa publicase unos artículos recordando al pueblo burgalés ambos hechos.
(...) En vista de las anteriores consideraciones el que suscribe tiene el honor de proponer a V. E. que tomando en consideración esta propuesta acuerde pase a estudio de la Comisión de Gobierno para que proponga lo que estime más oportuno en cuanto a la ejecución de los acuerdos e iniciativas anteriormente consignadas.
V. E. no obstante acordará lo que estime más conveniente. Burgos 4 de Febrero de 1935.»

Un mes más tarde, el 5 de marzo de 1935, la Comisión de Gobierno pidió su parecer al entonces Cronista de la Ciudad, don Eloy García de Quevedo y Concellón:

«Mi distinguido amigo: Este Ayuntamiento acordó en 21 de Julio de 1909 colocar dos lápidas conmemorativas de la guerra de la Independencia en el Arco de Santa María en la parte que da a la Plaza del Duque de la Victoria, y a pesar del tiempo transcurrido no se ha llevado a cabo la resolución adoptada.
Recientemente se elevó por la Alcaldía propuesta a la Corporación en el sentido de que se remuevan y pongan en marcha algunos expedientes que han quedado olvidados y entre ellos se hace referencia al anteriormente citado.
La Comisión de Gobierno, que es la encargada de informar en estos asuntos, ha de elevar al Ayuntamiento la oportuna propuesta y mostrándole de antemano nuestro agradecimiento le rogamos que con sus conocimientos históricos y literarios y de una manera especial por ser Cronista de la Ciudad, nos manifieste y de su opinión respecto al texto que habrían de llevar las inscripciones de las lápidas que la Comisión quisiera se acomodara a las redactadas por su antecesor Sr. Salvá y que aparecen en el informe emitido por el mismo en el expediente promovido por el Sr. Alonso de Armiño, que le adjunto. En espera de su valiosa opinión le anticipa las gracias y se reitera suyo affmo. s. s. y amigo, q. e. s. m.»

Y el 19 de marzo de 1935 respondió el Cronista de la Ciudad, mediante la siguiente carta manuscrita que transcribimos:

«Sr. D. Manuel de la Cuesta. Presidente de la Comisión de Gobierno del Excmo. Ayuntamiento. Mi querido amigo: Agradezco mucho la confianza que en mí se pone, por esa Comisión, que acertadamente presides, pidiéndome informe acerca de las lápidas que van a colocarse en el Arco de San María conforme a un acuerdo tanto tiempo olvidado y cuyo cumplimiento yo pedí alguna vez en la prensa. Corresponderé a esa confianza lo mejor que pueda, aunque el asunto tenga sus dificultades.
En primer término, es comprometido redactar inscripciones, que han de ser para siempre, y han de tener una precisión y justeza de palabras pocas veces lograda. Por otra parte, en el caso actual, hay que corregir, retomar o borrar lo hecho por persona tan autorizada como mi antecesor en el cargo de Cronista Sr. Salvá.
Estudiado el caso y vistos los proyectos de inscripción por dicho Sr. presentados en 1909, me he decidido, aunque parezca osadía, a prescindir de ellos, por varias razones:
Por parecerme largos. Por faltar en el de la Junta de Burgos la fecha del suceso conmemorado, y llamársela Junta de la Ciudad, cuando tenía el título de Superior y representaba, al menos, toda la provincia. Por creer poco propios los términos 'testimonio de adhesión y reconocimiento' empleados en uno de ellos. Y por faltar, en el referente al suceso de la plaza del Sarmental, los nombres de las víctimas, olvidados cuando el Sr. Salvá redactó su informe, pero que publicó después, tomándolos de un viejo folleto, D. Juan Albarellos, en sus Efemérides burgalesas.
Pensando así de las inscripciones, por el Sr. Salvá presentadas, me ha parecido imposible reformarlas, y, según queda dicho, las he redactado de nuevo, en lenguaje sencillo, porque a más no alcanzo, y porque creo que lo que el pueblo ha de leer debe siempre estar muy claro; con la mayor concisión que he alcanzado; y sin omitir, a mi modo de ver, detalle digno de mención.
Tal como, después de madura reflexión, las he escrito, te las envío adjuntas. La Comisión verá si son aceptables, y tiene siempre el camino abierto para encargar otras a persona más capacitada que yo; aunque no más entusiasta y deseosa de servir a la Ciudad.
Aún una observación: comparando mi proyecto con el del Sr. Salvá, y con la misma moción de D. Tomás Alonso de Armiño, origen del expediente, se ve que a uno de los vocales de la Junta fusilados en Soria, a quien aquellos señores llaman D. Eulogio José Moreno le llamo yo D. Eulogio José de Muro. Este es, sin duda, el verdadero apellido, que figura en el Decreto de las Cortes de Cádiz de 19 de Mayo de 1812, y en todos los documentos que se recogen como notas a la Oración fúnebre pronunciada en el funeral que el 2 de dicho mes y año, celebró en Salas de los Infantes la propia Junta Superior de Burgos. Es un folleto bastante raro, que yo poseo, y donde más y mejores noticias se recogen acerca de esta página gloriosa de nuestra historia castellana.
Sin duda, o el Sr. Armiño, que hizo su moción de palabra, o el Secretario al recogerla, equivocaron aquel apellido.
Tal es todo lo que se me ofrece comunicarte, con ruego de que lo hagas presente a esa Comisión; y no tengo que decir que estoy a disposición de todos para cualquier duda que se ofrezca o aclaración que se necesite.
A ello me obliga el cargo que desempeño, y además, en este caso, mi vivo deseo de que se ejecute un acuerdo que, acertadamente, tras tantos años de olvido, trata de llevar a la práctica la actual corporación municipal. Siempre muy tuyo cº y amigo, Eloy García de Quevedo.»

Dos meses más tarde la Comisión de Gobierno tenía ya dispuesto su dictamen, que elevó al Ayuntamiento el 25 de mayo de 1935:

«Al Excmo. Ayuntamiento. Pareció conveniente a la Comisión que suscribe el asesoramiento del Cronista de la Ciudad para todo cuanto se refiere al cumplimiento del acuerdo municipal de 21 de Junio de 1909, que es el primer apartado de la proposición firmada por el Sr. Alcalde en 4 de febrero de 1935; y con tal asesoramiento de constancia en el expediente se propone:
A. Que la referida lápida contenga el texto que en el asesoramiento muy atinadamente se redacta y se razona.
B. Que los hechos históricos se conmemoren en una sola lápida debidamente dividida, ya que la fachada Norte del Arco de Santa María no consiente para su colocación simétrica, en relación con la visibilidad, que aquellas sean dos.
C. Que el material de ésta sea de piedra patinada de Hontoria de la Cantera, de tamaño adecuado, siendo su texto y alegoría en bajo-relieve y conforme al dibujo que se acompañará en su día, debido al artista burgalés Don Valeriano Martínez.
D. Que los gastos, desde luego escasos, que se ocasionen, sean satisfechos con cargo al Capítulo de Imprevistos.
E. Que la ceremonia del descubrimiento de tales conmemoraciones se celebre en la fecha que se fije, con la solemnidad que requiere el pago de una deuda espiritual hasta entonces no debidamente satisfecha.»

En su sesión de 29 de mayo de 1935 la corporación aprobó, por unanimidad y sin discusión, el dictamen, continuándose esta vez el proceso. Se conserva en el expediente el presupuesto presentado en julio de 1935 por «Talleres de Escultura de Valeriano Martínez, Puebla 37, Burgos (España)»:

«Presupuesto para ejecución de una placa conmemorativa que el Exmo. Ayuntamiento de Burgos desea colocar en el arco de Santa María, recordando dos hechos ocurridos con motivo de la guerra de la Independencia. La placa sería labrada en piedra de Hontoria, en dimensiones aproximadas de 2,10 x 1,30 metros, con las inscripciones que se ha servido redactar el cronista de la Ciudad, grabada en retundido policromado y el escudo de Burgos en relieve, colocado en la parte superior de la referida placa. El coste a que ascendería esta, incluido el picado del muro para empotrar la misma, y en general todos cuantos gastos pudiera originar la colocación, ascendería a la cantidad de setecientas cincuenta pesetas 750. Burgos, Julio de 1935. El Escultor. Valeriano Martínez [rubricado].»

El 15 de abril de 1936 el entonces alcalde de Burgos, don Luis García Lozano, se dirige por escrito tanto al Cronista, Eloy García de Quevedo, como a quien había propuesto la lápida en 1908, Tomás Alonso de Armiño, ahora Director del Instituto de Burgos:

«Sr. Don Eloy García de Quevedo. Presente. Mi distinguido amigo: en cumplimiento del acuerdo adoptado unánimemente por el Ayuntamiento en sesión celebrada el día 29 de Mayo del pasado año y con arreglo a las indicaciones hechas por V., se ha llevado a cabo la ejecución por Don Valeriano Martínez, de una placa conmemorativa para colocarla en el Arco de Santa María, recordando dos hechos sucedidos con motivo de la Guerra de la Independencia, asunto del que V. ha venido tratando con insistencia desde el libro y desde la Prensa. Según me indica el escultor la lápida estará completamente terminada y colocada ya en el correspondiente muro del Arco de Santa María el sábado próximo día 18 de los corrientes, habiendo quedado dicho señor Martínez en ponerse de acuerdo con V. para ultimar algunos detalles, y como según veo en la propuesta origen del acuerdo se tenía intención de invitar a V. como Cronista de la Ciudad y dado sus conocimientos en la materia para que previamente y de acuerdo con la prensa publicase unos artículos recordando al pueblo burgalés los hechos de referencia, me tomo la libertad de recordárselo a fin de que cuando V. quiera nos podamos poner de acuerdo para ultimar los detalles que falten e incluso señalar una fecha exacta si hubiera necesidad de retrasar el acto del descubrimiento por cualquier causa.»

«Sr. Don Tomás Alonso de Armiño. Ciudad. Mi querido amigo y compañero: con referencia a la conversación mantenida con V. respecto a la colocación de unas lápidas en el Arco de Santa María recordando dos hechos sucedidos con motivo de la Guerra de la Independencia, tengo el gusto de comunicarle que según me indica el escultor Don Valeriano Martínez aquellas estarán completamente terminadas y colocadas para el próximo sábado día 18 de los corrientes, día en que se cumple un año más de fecha tan memorable. En principio se había pensado celebrar el acto coincidiendo con la fecha de referencia, pero antes quisiera estar de acuerdo con V. y con Don Eloy García de Quevedo, como Cronista de la Ciudad, y a quien según el acuerdo del Ayuntamiento conviene invitar por si estimase oportuno publicar algún artículo en la prensa local recordando al pueblo burgalés los hechos a que el acto se refiere. Sin perjuicio de ultimar detalles que faltan para señalar la fecha exacta y la mejor forma de celebrar el descubrimiento de la lápida, adjunto tengo el gusto de remitirle el expediente que trata sobre el particular rogándole que una vez le haya examinado me indique cuando pueden pasar a recogerle con el fin de que obre en el Negociado correspondiente.»

Al día siguiente, 16 de abril de 1936, con membrete de «El Director del Instituto de Burgos», responde Tomás Alonso de Armiño al alcalde de Burgos, don Luis García Lozano:

«Mi querido amigo: te devuelvo el expediente relativo a la colocación de la lápida conmemorativa de los vocales de la Junta de Burgos inmolados en Soria y de los burgaleses que levantándose contra los franceses iniciaron la protesta contra el invasor. Sabes que en Soria existe un monumento erigido en honor de nuestros paisanos. Cuando, siendo Presidente de la Diputación, fui a presidir la asamblea que en aquella ciudad se celebró para pedir la construcción del Ferrocarril Santander-Mediterraneo, llevé una corona de flores que en nombre de la provincia deposité en el monumento y al hacerlo aproveché la ocasión para significar al Alcalde de Soria, que me acompañaba, la profunda gratitud de Burgos a la ciudad hermana que recogió amorosamente los cuerpos de los mártires, los dio honrosa sepultura, les hizo suntuosos funerales y perpetuó su memoria con aquel monumento que solícitamente viene conservando. ┬┐No te parece que sería oportuno invitar al acto que se va a celebrar en Burgos al Ayuntamiento o al Alcalde de Soria?»

Pero «la situación política» inclinó al Ayuntamiento a aplazar la colocación de la placa en abril de 1936... y aunque «la situación política» fue a peor, un año después, el 15 de abril de 1937, en plena guerra civil, el Alcalde de Burgos, ahora don Manuel de la Cuesta y Cobo de la Torre, se dirigió a las personas e instituciones implicadas anunciando que la placa quedaría colocada, sin ceremonia alguna dadas las circunstancias, el 18 de abril de 1937 (que resultaría ser la víspera del día en el que Francisco Franco decretó en Salamanca la trascendental «unificación» de todas las fuerzas políticas que actuaban en el bando nacional):

«Sr. Alcalde del Exmo. Ayuntamiento de Soria. Mi distinguido compañero: por acuerdos de este Excmo. Ayuntamiento ha sido colocada una placa en el Arco de Santa María conmemorando el hecho glorioso para la historia de Castilla del fusilamiento [fueron ahorcados] de varios vocales de la Junta Superior de Burgos por los franceses durante la Guerra de la Independencia, según ordenes dadas por el General Dorsene. El acto, dadas las circunstancias por que atravesamos se verificará sin solemnidad alguna y por este motivo nos vemos obligados a prescindir de realizarlo con asistencia de una Comisión que represente al Ayuntamiento de esa noble ciudad soriana a quien tanto debemos agradecer con este motivo especialmente, ya que recogió amorosamente los cuerpos de los mártires, los dio honrosa sepultura, les hizo suntuosos funerales y perpetuó su memoria en un monumento que solícitamente vienen conservando. Por todo ello no quiero que pase la fecha en que se va a conmemorar tan glorioso suceso sin reiterar a la Ciudad hermana el profundo agradecimiento de Burgos y a la vez testimoniar en los históricos momentos actuales que tenemos la dicha de vivir, nuestra solidaridad y cariño por esa hidalga ciudad castellana. Aprovecho la ocasión para ofrecerme suyo affmo. amigo y compañero, q. e. s. m.»

«Sr. Don Tomás Alonso de Armiño. Burgos. Mi estimado amigo y compañero: en el día de ayer la Comisión Municipal Permanente acordó por unanimidad y teniendo en cuenta las circunstancias por que atravesamos colocar sin solemnidad alguna en la parte posterior del Arco de Santa María la placa conmemorativa del Fusilamiento [fueron ahorcados] durante la Guerra de la Independencia de varios Vocales de la Junta Superior de Burgos y de la protesta en acción que muchos burgaleses llevaron a cabo el 18 de Abril de 1808 al cual se ha denominado el dos de mayo burgalés, todo lo cual propuso V. acertadísimamente el 21 de julio de 1909 [fue el 4 de diciembre de 1908] que fuese perpetuado para estímulo de las futuras generaciones. La placa ha sido ejecutada por el escultor burgalés don Valeriano Martínez de acuerdo con la inscripción redactada por el Cronista de la Ciudad, don Eloy García de Quevedo y Concellón, a quien de conformidad con los acuerdos adoptados anteriormente por el Ayuntamiento se ha invitado para que publique en la prensa algunos artículos recordando al pueblo burgalés ambos hechos. Con esta misma fecha enviamos al Alcalde de Soria una carta indicando el motivo por el cual no se invita a una representación de aquel Ayuntamiento de acuerdo con la sugerencia aceptada que V. nos hizo en carta dirigida hace precisamente un año. Sirvan estas letras de explicación y al propio tiempo de reconocimiento hacia V. como autor de la iniciativa de colocación de la placa, y sabe queda como siempre suyo affmo. amigo.»

«Sr. Don Manuel Santamaría. Presente. Mi querido amigo: por fin de acuerdo con la moción que V. presentó el 4 de febrero de 1935 se está instalando en la parte posterior del Arco de Santa María una placa conmemorativa del dos de mayo burgalés y del Fusilamiento [fueron ahorcados] en Soria por los franceses durante la Guerra de la Independencia española de algunos Vocales de la Junta Superior de Burgos. Dadas las circunstancias por que atraviesa nuestra Patria, la Comisión Permanente a propuesta mía, acordó ayer celebrar sin solemnidad alguna la colocación de la placa de referencia, motivo por el cual no puede verificarse el acto como se pensó en un principio invitando a las Autoridades, al Sr. Alonso de Armiño y a V. como iniciadores de la idea para que asistiesen al descubrimiento. Con este motivo me reitero como siempre suyo affmo. amigo q. e. s. m.»

«Sr. Don Eloy García de Quevedo. Presente. Mi querido amigo: por acuerdo unánime de la Comisión Permanente adoptado en el día de ayer, a propuesta mía, se acordó colocar en la parte posterior del Arco de Santa María, sin solemnidad alguna dadas las circunstancias por que atravesamos, la placa conmemorativa del hecho glorioso denominado el dos de mayo burgalés y del fusilamiento [fueron ahorcados] en Soria por los franceses durante la Guerra de la Independencia de la Junta Superior de Burgos. El prescindir de toda solemnidad para dicho acto no es obstáculo para que de acuerdo con las resoluciones adoptadas por el Ayuntamiento publicase en la prensa, si es posible, algunos artículos recordando al pueblo burgalés ambos hechos tan gloriosos para la historia de Burgos, máxime en los momentos actuales en que estamos viviendo otra época de luchas a favor de la independencia española contra las amenazas del extranjero. Quedo con este motivo, como siempre, tuyo affmo. s. s. y amigo q. e. t. m.»

Sobre este monumento en el Proyecto filosofía en español:

Agradecemos a doña Milagros Moratinos Palomero, Directora del Archivo Municipal, su amabilidad al facilitarnos la documentación existente en el Ayuntamiento de Burgos sobre esta lápida.


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