Soria · España
 

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Año de 1812


En el jardincillo abierto en la confluencia de la calle «Mártires de la Independencia» con la calle «Venerable Palafox», muy cerca de la plaza de toros de Soria, está colocado el que otrora fuera un patriótico monumento, hoy pintarrajeado por energúmenos tolerados por una ciudad que no lo limpia, y que en el plano-guía oficial de la ciudad de Soria (edición revisada en 2003) figura como: «35. Monumento a los Héroes de la Independencia.» No existe lápida, explicación o indicación alguna, y en el pedestal del monolito sólo se adivina una fecha: «Año de 1812.» Además, al parecer, las conveniencias urbanísticas aconsejaron, no hace tanto, trasladar a su actual emplazamiento los restos vergonzantes del monumento (¿dónde quedó la lápida, o cuándo se borró su inscripción?) desde el lugar en el que había sido originalmente erigido, el sitio preciso donde se produjeron los hechos que los nobles, leales y patrióticos sorianos de 1812 juzgaron necesario recordar.

¿Qué sucedió en Soria en 1812 para que aquellos nobles, leales y patrióticos sorianos decidieran levantar un monumento que perpetuase a las generaciones venideras la memoria de lo acontecido? Pues que los franceses, de retirada tras haber intentado apropiarse de España, invadida inicialmente por los Cien Mil Hijos de San Luis, que luego serían hasta doscientos mil hijos de... Francia, en aquel otro episodio de las siempre frustradas querencias imperiales de los gabachos, ahorcaron el 2 de abril de 1812 a «los heroicos vocales de la Junta Superior de Burgos, José Ortiz de Covarrubias, Pedro Gordo, Eulogio José Muro y José Gregorio Navas, mártires de la independencia patria» (según recuerda la lápida colocada en Burgos en 1937).

Y no sólo los ahorcaron. Al día siguiente, ante las súplicas de los nobles, leales y patrióticos sorianos de 1812, permitieron las autoridades militares francesas de la Soria ocupada su entierro católico: los Hermanos de la Caridad bajaron del patíbulo los cuatro cadáveres y los condujeron a la iglesia parroquial de San Salvador. Pero fueron tantos los nobles y leales sorianos que desafiando al ocupante francés asistieron a las honras fúnebres de los patriotas héroes mártires ahorcados, que el gobernador francés mandó entrar en el templo a sus tropas invasoras, que espada en mano obligaron a profanar templo y cadáveres, que tuvieron que ser cargados otra vez camino del patíbulo y colgados de nuevo en aquel lugar hasta que las aves y los perros los devorasen, como así sucedió.

Y todo, por supuesto, en nombre de la Ilustración, de la Libertad, de la Igualdad y de la Fraternidad con las que nuestros enemigos tenían y tienen alucinados y entontecidos a tantos afrancesados.

La conmoción que se produjo en España por aquellos terribles hechos, fruto de la crueldad, traición, vesania y barbarie de los franceses, fue extraordinaria. España, representada por las Cortes reunidas en Cádiz (decreto de 19 de mayo de 1812), las mismas Cortes que sólo dos meses antes habían promulgado la primera Constitución de España, honró inmediatamente a los vocales de la Junta de Burgos que encontraron en Soria tan desgraciado final: «terminando en un patíbulo, a impulsos de la barbarie francesa, la gloriosa carrera de sus heroicos servicios, y queriendo eternizar la memoria de tan ilustres víctimas sacrificadas por su lealtad y patriotismo, los declara Beneméritos de la Patria».

El historiador Modesto Lafuente introduce la variante de que habrían sido fusilados antes de ahorcados, y recuerda la consecuente respuesta a los invasores del cura guerrillero Jerórino Merino:

«La juntas, que se situaban en los pueblos que podían con objeto de fomentar el espíritu de insurreción y de auxiliar a los partidarios, eran perseguidas con encono por los franceses. Sorprendida la de Burgos en un pueblecito de la provincia de Segovia, y trasladada a Soria entre bayonetas, cuatro de sus individuos y algunos dependientes de ella fueron allí fusilados, y colgados de horcas después (marzo, 1812). Semejante crueldad irritó de tal modo al cura Merino, el cual tampoco adolecía de blando, que de los prisioneros franceses que en su poder tenía hizo pasar por las armas veinte por cada uno de los vocales de la junta, y otros por los empleados de ella también sacrificados, entre todos en número de 110. Matanza horrible, provocada por la injustificable crueldad del francés.» (Modesto Lafuente, Historia de España, Madrid 1861, tomo 25, páginas 170-171.)

Liberada Soria por fin del yugo francés, su Ayuntamiento, el 13 de octubre de 1812, «deseando que a estos gloriosos mártires de la Patria se les presten aquellos homenajes debidos, acordó que... se saquen sus huesos del paraje en que se hallan... [malamente enterrados los despojos al lado del lugar donde fueron ahorcados], se coloquen en un decente ataúd, y sean conducidos con solemnidad al sagrado de la insigne iglesia colegial de San Pedro... Que a seguida se demuela y quite la referida horca y que en su lugar se coloque una pirámide en que se lean los nombres de los que allí han sido sacrificados por defensores de la Patria».

El 8 de noviembre de 1812 celebró la Muy Noble y Leal Ciudad de Soria la solemne ceremonia conmemorativa: una concurrencia inmensa de la ciudad y pueblos cercanos, todas las autoridades, &c., formando fúnebre procesión, se encaminaron al campo de Santa Bárbara, donde la antigua horca ya había sido sustituida por un sencillo pero elegante monumento, en cuya inscripción se leía:

«Los héroes beneméritos de la Patria don Pedro Gordo, cura de Santibáñez; don Eulogio José Muro y don José Ortiz Covarrubias, intendente de la provincia de Burgos, y vocales todos de la Junta Superior de la misma, y don José Navas, secretario de aquella Intendencia, fieles a Dios, al rey y a su nación, fueron aquí alevosamente asesinados por los bárbaros satélites del vil Napoleón el 2 de Abril de 1812, cuyas reliquias se trasladaron a la insigne colegial iglesia de esta ciudad... Y para su eterna memoria erigió este glorioso monumento la M. N. y Leal Ciudad de Soria.»

En 1924 una Comisión de la Diputación de Burgos, que presidía Tomás Alonso de Armiño (entonces Presidente de esa Diputación, fue quien en 1908 propuso que Burgos colocase una placa recordando a aquéllos mártires ahorcados por los franceses), desplazada a Soria para asistir a una asamblea de quienes promovían la construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo, colocó una corona ante el monumento, todavía bien conservado: «Y al hacerlo –escribe Tomás Alonso de Armiño en 1936, siendo Director del Instituto de Burgos– aproveché la ocasión para significar al Alcalde de Soria, que me acompañaba, la profunda gratitud de Burgos a la ciudad hermana que recogió amorosamente los cuerpos de los mártires, los dio honrosa sepultura, les hizo suntuosos funerales y perpetuó su memoria con aquel monumento que solícitamente viene conservando.»

El monumento a los ahorcados por los franceses el 2 de abril de 1812 en Soria en su actual emplazamiento

Los muy nobles y leales sorianos de 2004, si quieren hacer honor a esos patrióticos títulos, debieran restaurar ese monumento, devolviéndole la inscripción original, y hasta, por qué no, instalar en algún local de las inmediaciones el oportuno «Centro de interpretación» (¡se acerca el bicentenario...!), recreando con los recursos que hoy permite la tecnología, para sorianos y forasteros, los hechos y las circunstancias allí conmemoradas. Y si no es así, mejor fuera que reciclasen esas piedras olvidadas, que sólo sirven como soporte de pintadas, y dediquen ese jardincillo a la Paz, a la Fraternidad Europea, al Diálogo, a la Libertad Creativa de los Pintaparedes, &c.

El Cronista de Soria, Miguel Moreno Moreno, en su libro Todas las calles de Soria (1990, 580 págs.), es buen ejemplo de la ley del silencio sobre el significado preciso de este monumento. Ofrece una fotografía con el pie: «Monumento a los héroes de la Guerra de la Independencia en Soria. Año 1812», que coloca sin otra explicación junto a la entrada que dedica a la calle «Dos de Mayo» (página 133; fecha en la que nada sucedió en Soria, pero simbólica del alzamiento nacional contra los invasores franceses, iniciado en Burgos el día 18 de abril de 1808). Por lo que explica el Cronista al tratar de la calle «Mártires de la Independencia» (páginas 251-253), parece que estuviera dedicada a cuantos fueron víctimas desde 1808, en la provincia de Soria, de la crueldad con que Francia quería apropiarse de España, entre los que menciona al final brevemente a los ahorcados el 2 de abril de 1812, sin decir que fue a ellos precisamente a los que se dedicó el monumento, cuyo significado queda por tanto disuelto en una confusiva generalidad: «Bien puede ahora juzgarse cómo la calle dedicada a los Mártires de la Independencia dio tristemente abundante nómina de sorianos y de otras procedencias, que murieron efectivamente por la independencia española. El monolito piramidal del homenaje, estuvo hasta no hace muchos años, en una zona más alta. Tuvo, de pronto, también, una larga inscripción lapidaria. Ahora ocupa el centro de un ajardinamiento.» (pág. 253)

Soria: estado en agosto de 2004 del monumento a los ahorcados por los franceses el 2 de abril de 1812Soria: estado en agosto de 2004 del monumento a los ahorcados por los franceses el 2 de abril de 1812Soria: estado en agosto de 2004 del monumento a los ahorcados por los franceses el 2 de abril de 1812

Dedique Soria si lo desea recuerdos u otros monumentos a la Guerra de la Independencia, a todos sus mártires y héroes, pero recupere antes de forma diferenciada el que esa Muy Noble y Leal Ciudad dedicó en 1812 a los junteros burgaleses allí ahorcados por el francés. Monumento original que no «tuvo, de pronto, también» –como dice el Cronista– una larga inscripción lapidaria: alguien la redactó, otros la aceptaron y esculpieron, miles la leyeron durante décadas... hasta que, en algún momento determinado, algunos, al decidir retirar o borrar la inscripción: «...fueron aquí alevosamente asesinados por los bárbaros satélites del vil Napoleón el 2 de Abril de 1812...», lograron despersonalizarlo y reducirlo a viejas piedras que sólo llaman hoy la atención por las pintadas que las ensucian. Como un libro que mantuviese el título pero ofreciese todas sus páginas en blanco, por haber sido vergonzantemente borradas, censuradas, olvidadas. Recuerde Soria...

Soria: estado en agosto de 2004 del monumento a los ahorcados por los franceses el 2 de abril de 1812

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