Congreso por la Libertad de la Cultura

«El escritor y el Estado del Bienestar»
Copenhague, 9 al 13 de septiembre de 1960

Españoles en el seminario organizado en 1960 en Copenhague por el Congreso por la Libertad de la Cultura
Españoles en Copenhague 1960 a cuenta del CLC: Esteban Pinilla de las Heras, José Marí­a Castellet & Isabel Mirete, Julián Marí­as, Lorenzo Gomis y Francisco Ferreras Valentí­ & Nuria Casanovas.

El Congreso por la Libertad de la Cultura organizó en Dinamarca, en septiembre de 1960, un coloquio literario internacional sobre El escritor y el Estado del Bienestar, dirigido por Pierre Emmanuel. (“The Writer and the Welfare State”, Copenhagen, 9-13 september 1960; “Les écrivains et la société du Bien-íªtre”; crónica «oficial» de Michel Deguy en Preuves, cahiers mensuels du Congrí¨s pour la liberté de la culture, Paris, décembre 1960, nº 118, págs. 53-58). Intervinieron, entre otros, el novelista sueco Eyvind Johnson (1900-1976), el escritor irlandés Frank O'Connor (1903-1966), el ensayista danés Jens Kruuse (1908-1978), el filósofo sueco Ingemar Hedenius (1908-1982), el psicoanalista austriaco Igor Caruso (1914-1981), el filósofo católico español Julián Marí­as (1914-2005), el escritor norteamericano de origen judí­o Saul Bellow (1915-2005), la filósofa irlandesa Iris Murdoch (1919-1999), el escritor personalista católico francés Jean-Marie Domenach (1922-1997), el “escritor americano negro” James Baldwin (1924-1987), &c.

Asistieron, invitados por el Congreso por la Libertad de la Cultura, varios españoles, y se dedicó la tarde del 10 de septiembre a España. Además de la ponencia de Julián Marí­as (Le bon usage de la pauvreté et des richesses), ofreció una subponencia Lorenzo Gomis (Le chant de la pauvreté). Carlos Barral, también presente, recuerda en sus memorias, Cuando las horas veloces (1988), su encontronazo con Julián Marí­as: «Comenzó en la sala de conferencias, en una réplica muy agresiva que me tocó pronunciar –me habí­a pasado la pelota Castellet escudándose en mi mejor francés– tras dos lamentables discursos de Lorenzo Gomis y de Marí­as que vení­an a ser un elogio cristiano de la pobreza. La izquierda española allí­ presente –Castellet, el sociólogo Esteban Pinilla y yo– no podí­a pasarlo por alto. Arremetí­ en tono volteriano contra el solemne heredero de Ortega y se produjo una gran crispación» (págs. 55-56). También asistieron el poeta Jaime Ferrán (1928), Francisco Farreras (que ya estaba en nómina del CLC), &c.

El coloquio de Copenhague sirvió para que Pierre Emmanuel volviese a encontrarse con Marí­as y con Castellet (presentes en Lourmarin 1959), y también para pulsar con qué otros españoles podí­an contar, y con quienes era preferible no hacerlo, para lograr cuajar cuanto antes el Comité español del CLC.

«Participación española en una conferencia. A la Conferencia internacional sobre “El escritor y el Welfare State”, celebrada últimamente en Copenhague, han asistido los profesores españoles D. Carlos Barral, don Jaime Ferrán, D. F. Farreras, D. Lorenzo Gomis, D. Esteban P. de las Heras, don J. Castellet y D. Julián Marí­as, todos los cuales aportaron a la reunión interesantes estudios. La sesión inaugural fue presidida por el primer ministro de Dinamarca.» (ABC, Madrid, viernes 23 de septiembre de 1960, pág. 39.)

Conferencia en Copenhague. El escritor y el bienestar

En realidad el tema de la reunión que tuvimos en Copenhague unos cuarenta escritores convocados por el poeta Pierre Emmanuel no era exactamente éste. El tí­tulo inglés hablaba del escritor y el Welfare State; el tí­tulo francés, del escritor y la société du bien-íªtre.

Algunos traducen Welfare State por Estado Providencia, lo cual me parece exagerado; otros, por Estado Nodriza, como si considerara a los ciudadanos como niños. Más afortunada me parece la traducción que suele dar nuestro compañero John McDonnell: Estado Benévolo. Una de las formas que toma precisamente la benevolencia del Estado –aparte la previsión de los males y la distribución de los bienes– es la discreción. Al Estado no le vemos, sino es en sus huellas benévolas: lo que tenemos delante es la sociedad. Quizá por eso apenas fue cuestión del Estado en las conversaciones: nuestro examen se fijó más en la sociedad.

Me parece que en el curso de los debates quedó bastante claro que nos estábamos refiriendo a, por lo menos, cuatro tipos de sociedades distintas. Intentaré darles un nombre, de una manera breve y aproximada, pero por desgracia sólo una de ellas (la sociedad opulenta) tiene un nombre reconocido y, para mi descripción, justo. En primer lugar tení­amos presente la sociedad que veí­amos alrededor, favorecida por el Estado Benévolo, caracterizada por el bienestar, la comodidad, la organización, la seguridad y, a mi modo de ver, sobre todo por la tranquilidad. Le llamaré por eso la Sociedad Tranquila (su imagen son los paí­ses escandinavos y, en otra medida, Inglaterra). En segundo lugar, una sociedad que se caracteriza también por el bienestar y por un nivel de vida elevado, pero que en el fondo es bastante distinta: ni el Estado tiene el mismo papel, ni el ritmo y el estilo de vida son los mismos, ni busca sobre todo la seguridad y tranquilidad, sino la prosperidad (su imagen serí­an los Estados Unidos y también Alemania): es la que Kenneth Galbraith ha llamado la Sociedad Opulenta. Luego hay el tipo de sociedad que se orienta también hacia la seguridad y tranquilidad, como la Sociedad Tranquila de los paí­ses escandinavos, pero no con la ayuda del Estado Benévolo, sino de un Estado mucho más ambicioso o exigente (Estado Empresario o Interventor, le llamarí­a) que se esfuerza por moldear, rehacer y empapar toda la sociedad. (En realidad no es el Estado, sino el Partido a través del Estado). Me refiero a los paí­ses comunistas, cuya sociedad llamarí­a quizá Sociedad Vigilada, o mejor, Sociedad Intervenida. (El objeto de la operación o intervención es la Sociedad Proyectada.) Y queda finalmente un cuarto tipo, lo que podrí­amos llamar Sociedad agitada.

Este juego de poner nombres quizás a algunos les parezca gratuito, pero (aparte de que escribir consiste más o menos en esto de poner nombres) es la mejor manera que encuentro de resumir la impresión de unos debates complejos y apasionantes. Además, cuando pasamos a hablar del papel del escritor tení­amos más o menos presente la imagen de un tipo u otro de sociedad.

El paso de la sociedad al escritor se hizo a través de un vigoroso retrato –que trazó el director de Esprit, Domenach– del hombre del consumo, del consumidor al que va destinado este nuevo bienestar social. Julián Marí­as hubiera preferido que en vez de hombre del consumo se hubiera hablado de hombre del goce, y situándose en una perspectiva de sociedad opulenta (orientada hacia la prosperidad). concluí­a que el papel del escritor tiene que ser enseñar a ser ricos, es decir, enseñarle a ese hombre del goce a sacar partido de su goce. A mí­ me parecí­a que este hombre del goce corre el riesgo de gozar cada vez menos, o de una manera menos profunda, distraí­do por la continua multiplicación y cambio de los objetos y desasosegado por el mismo espí­ritu de riqueza o prosperidad; pensaba que el trabajo del escritor tení­a que consistir más bien en ayudar a los demás a adquirir, en medio del nuevo bienestar, la mirada lenta, contemplativa y crí­tica de lo que tradicionalmente se ha llamado espí­ritu de pobreza. No es extraño que mirara con simpatí­a la sociedad tranquila y las lentas bicicletas de Copenhague. Otros, se negaban a plantearse el “problema del bienestar” y pensando en la Sociedad Agitada y quizá cordialmente vueltos hacia la Sociedad Intervenida pensaban que el trabajo más urgente del escritor es favorecer con todos los medios a su alcance la transformación de la sociedad a través de la organización.

Era frecuente ver a los escritores de las sociedades mejor organizadas proclamando la necesidad de la poesí­a, y a los poetas de las sociedades agitadas proclamando la necesidad de la organización. Era curioso ver, dentro de cualquiera de las sociedades en presencia, la sutil y profunda divergencia entre materialistas y espiritualistas, confiados los materialistas en las virtudes ilimitadas de la organización racional y el progreso, empeñados los espiritualistas en suplir los defectos de toda organización y las peligros de la facilidad material con un esfuerzo espiritual proporcionado. Como decí­a el ensayista danés Jens Kruuse, el hombre tiene la capacidad de estropearlo todo, incluso el progreso o el Welfare State. El peligro de la organización y el bienestar existe, y amenaza con bloquear la posibilidad de meditación moral. Unos insistí­an en la urgencia de un trabajo histórico, circunstancial y conectado de un modo u otro con la organización. Los otros pensaban que el trabajo de creación y de crí­tica que corresponde al escritor se hace mejor cuanto más libremente y que la posibilidad de resistir moralmente a la presión exterior es esencial. Tanto más cuanto, como dijo Pierre Emmanuel, vivimos en una sociedad en que lo interior y lo exterior no coinciden. El hombre sufre porque es espí­ritu.

No he dado más que una idea pobrí­sima de los puntos en que polarizaban las discusiones. Vale la pena al menos que mencione otro: la tensión entre ideólogos y poetas, o más ampliamente entre intelectuales y artistas, que a veces se establecí­a en el interior de un mismo escritor. Por fortuna, la palabra escritor comprende tanto a unos como a otros. Precisamente la riqueza del tema y la abundancia y variedad de sus implicaciones producí­an un vaivén de puntos de acuerdo y desacuerdo que acercaban y separaban ahora a unos, ahora a otros. Esta fluidez a unos desalienta y a otros estimula. Por mi parte creo que es lo que ha permitido a esta conversación continuar secretamente, con ese mismo ritmo ondulante, en el interior de los que la compartimos. Las diversas palabras continúan obrando.

El psicoanalista vienés Igor Caruso nos recordó que los niños (y los ratones) a los que se ama más salen más sanos y fuertes que los que han tenido los mismos cuidados, pero no el mismo amor. La manera como se da el bienestar es más importante que el bienestar mismo. El bienestar solo es insuficiente cuando esconde una falta de interés humano. Y cabe preguntarse: desde unas u otras posiciones ¿no es la capacidad de interés humano uno de los dones más fecundos del escritor? ¿Serí­a escritor si no le interesara hondamente la suerte del hombre? Siempre se puede ser tan escéptico que se crea que no. Pero a mí­ me gustó ver en los diversos conversadores un mismo interés humano herido e inquieto.

Lorenzo Gomis

(El Ciervo, Barcelona, octubre de 1960, año 9, número 88, página 13.)

«Apertura del curso en la Escuela de Visitadoras Sociales Psicólogas. En el anfiteatro de la Facultad de Medicina tuvo lugar el acto de apertura de curso 1960-61 de la Escuela de Visitadoras Sociales Psicólogas. Presidiendo el decano de la Facultad de Medicina, doctor Sánchez Lucas, con el profesor Sarró, director de la Escuela; la secretaria provincial de Sección Femenina, señorita Teresa Soldevila; la regidora provincial de Asistencia Social, señorita Isolina Bennassar, y la directora, señorita Montserrat Castells. Empezó con la lectura de la Memoria del curso anterior, a cargo del vicesecretario, doctor E. González Monclús, y el reparto de los certificados de estudios y especialidad a las alumnas acreedoras de los mismos.
Seguidamente el director de la sección de Sociologí­a del Instituto de Estudios Norteamericanos, don Esteban Pinilla de las Heras dio la lección inaugural, disertando sobre el tema “Problemas humanos en una sociedad de madurez: comentarios a la conferencia de Copenhague sobre Welfare State”.
El conferenciante resumió la finalidad y temario de la conferencia de Copenhague, celebrada a mediados del pasado septiembre, a la que asistió como miembro de la delegación española, explicando el alcance sociológico del término Welfare State, y por qué habí­a escogido como traducción española el de “sociedad de madurez”. Expuso los principales puntos de vista que se ofrecieron en aquella conferencia, dividiéndolas en cuatro tendencias básicas: la racionalista, utilitaria y demócrata, cuyo mejor expositor fue el profesor Ingemar Hedenius, de la Universidad de Uppsala, Suecia; la tendencia espiritualista, crí­tica, subjetivamente pesimista, y en parte nostálgica, de un pasado en que el hombre parecí­a más integrado en su sociedad de lo que aparece el hombre moderno de la sociedad industrial, que fue expuesta por el escritor francés M. Jean-Marie Domenach; la posición personalista y ética, de gran profundidad filosófica, contenida en un documento de gran calidad, que fue presentado a la conferencia por la profesora Iris Murdoch, de Oxford; y por último, la tendencia que podrí­a calificarse de realismo sociológico, con una posición metódica dialéctica y una finalidad personalista, representada por el doctor Igor Caruso, de Viena.
Seguidamente glosó diversos aspectos sociológicos de los problemas humanos y sociales, implí­citos en cada uno de estos temas de posición. Después de una breve intervención del doctor Sarró, el decano de la Facultad, doctor Sánchez Lucas, dio por inaugurado el curso 1960-61.» (La Vanguardia Española, Barcelona, miércoles 2 de noviembre de 1960, pág. 23.)

«Serí­a prolijo relatar ahora los orí­genes de lo que posteriormente se llamarí­a Comité Español del Congreso por la Libertad de la Cultura. En 1959 y en la Provenza –en Lourmarin, concretamente– se celebró un coloquio para tratar sobre los problemas de Europa. Fuimos invitados, entre otros, si no recuerdo mal, Pedro Laí­n, Julián Marí­as, José Luis Aranguren, Camilo José Cela, José Luis Cano y yo mismo, que era el único catalán del grupo. Tuvimos allí­ la suerte de conocer y entablar lo que ha sido una larga amistad con el poeta francés Pierre Emmanuel, quien demostró en seguida un vivo interés por las cuestiones españolas, con una sensibilidad especial por los problemas de las nacionalidades hispánicas quizá, como me comentó en una ocasión, por ser él mismo un occitano cuyas raí­ces se diluí­an en la historia. En todo caso, Pierre Emmanuel nos incitó –no sé si en aquel momento, o al año siguiente en Copenhague, en un coloquio internacional sobre el Welfare State, en el cual nosotros evidentemente jugábamos el papel de los parientes pobres– a constituirnos en una comisión más o menos subterránea –polí­ticamente hablando– que recibirí­a ayuda cultural (en forma de libros, becas, bolsas de viaje, etc.) del Congreso por la Libertad de la Cultura desde Parí­s y del cual él era uno de los directores. » (José Marí­a Castellet, «El diálogo durante los años sesenta o la institucionalización en la clandestinidad», en Relaciones de las Culturas castellana y catalana: Encuentro de Intelectuales: Sitges, 20-22 diciembre 1981, Servei Central de Publicacions de la Presidí¨ncia, Generalitat de Catalunya, Barcelona 1983, pág. 120-ss.; en La cultura y las culturas, Editorial Argos Vergara, Barcelona 1985, pág. 112-113.)

«También asistí­ a otra reunión, promovida igualmente por Pierre Emmanuel, en Copenhague. Allí­ conocí­ a la profesora de Filosofí­a en Oxford Iris Murdoch, orientada después hacia la novela. También al escritor americano negro James Baldwin, hombre extraño, de considerable talento literario. El dí­a que di una conferencia por la mañana, se me acercó por la tarde y me dijo: “No le he hecho ningún comentario, porque soy muy tí­mido, pero quiero decirle que me ha hecho profunda impresión”.» (Julián Marí­as, Una vida presente. Memorias [1989], Páginas de Espuma, Madrid 2008, págs. 396-397.)

«La propia reunión fundacional del Comité español tuvo lugar después de la conferencia “El Escritor y la Sociedad del Bienestar”, organizada por el CLC en Copenhague entre el 9 y el 13 de septiembre de 1960, donde como ponentes acudieron J. Marí­as y L. Gomis, y, en calidad de observadores, Barral, Vallejo, Sastre, De las Heras, Galván, Castellet y Jaime Ferrán. Observaba también la conferencia Francisco Farreras. Ridruejo no pudo acudir, otra vez, por sus problemas en España. Los asistentes a la conferencia, con posterioridad a la misma, se reunieron en Parí­s con los altos cargos del CLC, John Hunt, Pierre Emmanuel y Edward Shils, dando pie a la fundación de la Comisión española del Congreso por la Libertad de la Cultura.» (Olga Glondys, «Causas y circunstancias del establecimiento del Comité Español del CLC», X Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Santander, 16-17 septiembre 2010.)

Correspondencia Gorkin-Aranguren en torno a Copenhague 1960

Parí­s, 16 de septiembre 1960

Sr. D. José Luis Aranguren
Velázquez, 25
MADRID - España.

Mi admirado compatriota y amigo:

Le escribo a usted en nombre de Pierre Emmanuel, que no ha regresado todaví­a de Copenhague y en mi propio nombre.

Tengo informes de que los intelectuales españoles que han ido a Copenhague han producido una extraordinaria impresión por su madurez y su alteza de miras; han recibido, al mismo tiempo que la admiración de todos los otros asistentes, las mayores pruebas de afecto.

Creemos altamente necesario hablar personalmente con usted en torno a las sugestiones que le hizo usted a Pierre Emmanuel en su última carta. ¿Le serí­a a usted posible tomar el avión y venir a pasar un par de dí­as a Parí­s o más si lo cree conveniente? Claro está que tanto los gastos de viaje como de estancia aquí­ correrí­an por cuenta nuestra. Le agradeceré mucho, en interés de todos, que procure usted hacer ese esfuerzo a la mayor brevedad posible. Ni falta hace que me escriba usted si puede hacer este viaje enseguida; aquí­ le recibiremos inmediatamente con sumo gusto Pierre Emmanuel, el Secretario de esta Organización y yo mismo.

Esperando estrecharle la mano en breve, reciba un saludo cordial de su admirador y amigo

Julián Gorkin

———

Madrid, 19 Septiembre 1960

Sr. Don Julián Gorkin
P a r í­ s

Mi estimado amigo:

Al regresar aquí­ después de haber pasado con mi familia, todaví­a en el campo, este fin de semana, me encuentro su grata carta del 16 y celebro mucho las noticias que me da de Copenhague. Uno de los jóvenes que han estado allí­, Ferrán, vino a verme al campo, en ví­speras de su partida, y de otro, Castellet, he tenido una tarjeta desde Copenhague.

[…] Todo esto significa que, por razón a los exámenes y del trámite burocrático, inmediatamente me es imposible ir. Podrí­a hacerlos un poco después y, preferentemente aprovechando un fin de semana, pero este próximo he de traerme a mi familia, de modo que ya nos meterí­amos en el mes de Octubre. Precisamente en la primera semana de Octubre habrí­a tenido que ir a Parí­s (y es posible que vaya Marí­as) para unas Conversaciones Católicas con Mons. Jobit, el Párroco de Saint-Severin, el Aúmonier de l'Ecole Normale Superieure etc. Conversaciones que continúan las que, por estas mismas fechas celebramos aquí­ el año pasado – y por las razones expuestas ya he contestado que no iré.

Por otra parte y como continuación de mi correspondencia con Emmanuel debo agregar que últimamente veo con pesimismo nuestro proyecto. La entidad que habí­a de patrocinarlo habí­a organizado una Rencontre europeista para el mes pasado, en Mallorca: pues bien, a última hora, ha sido prohibida. Y hoy mismo Laí­n me ha insinuado, por teléfono, alguna razón más de temor, cuanto a la viabilidad de nuestro proyecto. Esto no significa, a mi juicio, que debamos nosotros desistir de él, al contrario, si no quieren que se celebre, que sean ellos quienes lo impidan. Simplemente se lo digo para que contemos con esa posibilidad.

[…] En fin, le saluda muy cordialmente –con saludos también para Emmanuel y para Ignacio Iglesias– su buen amigo

[ FPI-AJGG-557-11 ]

[El proyecto al que se refiere Aranguren se concretó en mayo de 1961: la Asociación Española de Cooperación Europea organizó una mesa redonda sobre Soluciones occidentales a los problemas de nuestro tiempo, presidida por Aranguren, en la que intervinieron Pedro Laí­n, Julián Marí­as, Dionisio Ridruejo, Enrique Tierno Galván, Lorenzo Gomis, José Luis Cano, José Marí­a Castellet y Esteban Pinilla de las Heras; asistiendo como invitados unos franceses, italianos y polacos.]

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