Congreso por la Libertad de la Cultura

José Ferrater Mora y el Congreso por la Libertad de la Cultura, 1951-1966

Ignacio IglesiasJosé Ferrater MoraJulián Gorkin

 
(Una versión previa de este artí­culo apareció publicada en
El Catoblepas, nº 129, noviembre 2012.)

Procuramos ir reconstruyendo aquí­ las relaciones que mantuvo José Ferrater Mora con el Congreso por la Libertad de la Cultura, en sus distintas manifestaciones (las revistas Der Monat, Cuadernos, Preuves…, el Centro de Documentación y Estudios, &c.) y a través de sus agentes (Melvin Lasky, Franí§ois Bondy, Julián Gorkin, Ignacio Iglesias, Dionisio Ridruejo, Pablo Martí­ Zaro), así­ como la evolución de las mismas a medida que fueron variando las circunstancias polí­ticas del mundo y de España. Hemos optado por transcribir en su literalidad la documentación de archivo que, siendo pertinente y conocida por nosotros, es de acceso público, facilitando así­ su conocimiento directo a estudiosos e investigadores. Iremos actualizando esta página a medida que sepamos de nuevas reliquias y relatos (por ejemplo, algunas piezas epistolares del legado de Ferrater que conserva la Universidad de Gerona mantienen restringida, por ahora, su consulta í­ntegra, aunque se sabe que existen y ofrecen un resumen sucinto de ellas).

El Congreso por la Libertad de la Cultura se forma en Berlí­n en junio de 1950 y al poco instala su cuartel general en Parí­s (inicialmente en 41 Avenue Montaigne). El inicio de sus actividades en lengua española se retrasa unos meses respecto de lo que sucede en otras lenguas: la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura publica su primer número en marzo-mayo de 1953 –Stalin muere el 5 de marzo de 1953–, cuando ya llevan tiempo en marcha sus secciones en inglés (incluida la revista Freedom First del Indian Committee for Cultural Freedom, de Bombay), francés, italiano, alemán, japonés, &c. En marzo de 1951 ya habí­a aparecido Preuves, revue mensuelle, dirigida por Franí§ois Bondy (1915-2003); y ese mismo año comienza a publicarse en Berlí­n Kontakte, Mitteilungen vom Kongress fí¼r Kulturelle Freiheit. Desde 1948 ya se vení­a publicando en alemán Der Monat, editada por Melvin Lasky –nacido en Nueva York en 1920, trotskista devenido ardoroso anticomunista– y financiada inicialmente con fondos del Plan Marshall; embrión del propio CLC, en cuya organización participó Lasky activamente (en 1953 pertenecí­a al consejo editorial de Der Monat, Preuves y Encounter.) La revista británica Encounter entró en combate en octubre de 1953, dentro del ejército del CLC, fundada por el periodista norteamericano Irving Kristol –nacido en 1920, también pasó por el trotskismo antes de incorporarse a la nómina del Congreso– y por el el poeta inglés Stephen Spender –nacido en 1909, le habí­a dado tiempo a ejercitarse en las Brigadas Internacionales durante la Guerra de España antes de convertirse en mercenario del CLC y editor de la revista hasta 1966–.

En el primer número de Cuadernos (marzo-mayo 1953) se dice que: «El Congreso por la Libertad de la Cultura, constituido en el mes de junio de 1950, reúne a intelectuales, artistas y cientí­ficos de todos los paí­ses y de las diversas tendencias. Su único denominador común consiste en la voluntad de defender el derecho de crí­tica y el pensamiento libre.» Sobre el papel dirigen entonces la organización el suizo Denis de Rougemont, como «presidente del Ejecutivo» (1906-1985; cuatro meses después de la constitución del Congreso fundó en Ginebra, el 7 de octubre de 1950, el Centre Européen de la Culture), y el músico ruso Nicolás Nabokov (1903-1978), como «secretario general»; y la auspician los nombres de siete «presidentes de honor», dos de ellos fallecidos el año anterior: «† Benedetto Croce, † John Dewey, Karl Jaspers, Salvador de Madariaga, Jacques Maritain, Bertrand Russell, Reinhold Niebuhr.»

Salvador de Madariaga [La Coruña 1886-Locarno 1978], fugaz ministro de Justicia y de Instrucción Pública y Bellas Artes siendo Alejandro Lerroux jefe del gobierno de la República española (1933-1934), diplomático y escritor exilado desde julio de 1936 en Inglaterra, cofundador en 1948 del Colegio de Europa, con sede en Brujas, desempeñó para el CLC más que una mera presidencia de honor. Otros dos españoles fueron los principales ejecutores de los designios del CLC para España y los paí­ses de lengua española; ambos se habí­an destacado, avanzada la República, como «elementos trotskistas, aventureros y tránsfugas de la clase obrera, que figuraban en la Dirección del llamado POUM, Partido Obrero de Unificación Marxista» (como decí­a la oficial Historia del Partido Comunista de España de 1960), convertidos durante la Guerra en socialdemócratas enemigos irreconciliables de comunismos y estalinismos antes de transformarse, tras la Segunda Guerra Mundial, en agentes de Washington, del socialcapitalismo que ya habí­a incorporado al socialfascismo tras una eficiente desnazificación y se enfrentaba a muerte con el comunismo o socialismo real soviético: el asturiano Ignacio Iglesias, de la misma edad que Ferrater (superviviente del democrático campo de concentración francés de Argelí¨s sur Mer y de los campos de exterminio alemanes de Dachau y Allach), y el aragonés-valenciano Julián Gómez Garcí­a (a) Julián Gorkin, once años mayor, quien podí­a presumir de haber sido revolucionario profesional hasta 1929, a sueldo de Moscú como agente de la Komintern, de haber pasado parte de la Guerra en la cárcel, juzgado y condenado por la República, y que fue reclutado en su tranquilo retiro mexicano para convertirse en soldado profesional antiestalinista («y el trotskista y agente de Falange, Julián Gorkin, confiesa de plano igualmente a quién sirven sus infamias anticomunistas y quién las paga», dice de él Mundo Obrero ya el 22 de julio de 1948), cuya primera victoria consistió en airear, ocho años después de su neutralización, el nombre de Trotsky como ví­ctima de Stalin y el del catalán Ramón Mercader (un año más joven que Ferrater) como ejecutor (el famoso libro de Gorkin apareció en francés en 1948, en italiano en 1949, en español e inglés en 1950…); cuya segunda misión consistió en dar forma al relato del general Valentí­n González El Campesino (Vida y muerte en la URSS 1939-1949: en francés en 1950, en español en 1952, en inglés en 1953…); y a quien ya probada su eficiencia y fidelidad le fue encomendado luchar por la libertad de la Cultura. [Una vez restaurada en España, felizmente para todos los partidos polí­ticos, la monarquí­a borbónica, El Campesino manifestó su apoyo al PSOE, llegando a vivir el triunfo electoral de Felipe González; los archivos de Ignacio Iglesias, Julián Gorkin y Pablo Martí­ los custodia desde hace años la Fundación Pablo Iglesias.]

El nombre de José Ferrater Mora aparece en publicaciones vinculadas al Congreso en 1951, cuando la revista Kultura traduce al polaco dos artí­culos suyos: «Filozofia, niepokój i odnowienie» (Kultura, Parí­s 1951, 4/42:27-37) y «Wittgenstein-geniusz niszczycielski» (Kultura, Parí­s 1951, 7/45-8/46:44-51). «Filosofí­a, angustia y renovación» se habí­a publicado en La Habana (Lyceum, agosto 1949, 5:67-71) y «Wittgenstein o la destrucción» en Buenos Aires (Realidad, revista de Ideas marzo-abril 1949, 14:129-140, vol. 5:2145-2146, firmado en Baltimore, Md., invierno 1948/9). La revista en polaco Kultura habí­a sido fundada en Roma en 1947 por Józef Czapski (1896-1993), Jerzy Giedroyc (1906-2000) y Gustaw Herling-Grudzinski (1919-2000); al constituirse el Congreso, pasó a publicarse con sus auspicios en Parí­s. El artí­culo sobre Wittgenstein también fue publicado en alemán, «Wittgenstein oder die Destruktion» (Der Monat, Berlí­n 1952, 41:489-495), en la revista impulsada por el medio polaco Melvin Lasky, uno de los ideólogos principales del Congreso (Lasky, al pedirle en 1957 a Ferrater unas páginas sobre Ortega: «…and this reminds me of how much we still think of your essay for us on Wittgenstein, and how nice it would be to have another contribution from you.»).

En la revista en español de esta institución anticomunista, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, el nombre de José Ferrater Mora aparece incorporado a la relación de «colaboradores» que se hace figurar en la contracubierta de cada número a partir del número 4 (enero-febrero de 1954). Desde 1951 hasta 1966, durante quince años, mantuvo pues Ferrater ví­nculos con ese Congreso financiado por los Estados Unidos del Norte de América para «defender el derecho de crí­tica y el pensamiento libre» mancillado por los perversos comunistas soviéticos y sus malvados secuaces.

Como es bien sabido, del 25 al 29 de abril de 1966 publicó The New York Times una serie de artí­culos sobre la CIA, cuestionando los lí­mites de sus actuaciones cuando, al dejar de ser un mero instrumento del gobierno democrático de turno, se convertí­a en un poder polí­tico en sí­ mismo dentro del Imperio. Cuanto tení­a que ver con los arcana imperii clásicos (espionaje, discretas neutralizaciones de personajes molestos, impulso de grupos y organizaciones paramilitares subversivas y terroristas para desestabilizar al enemigo, &c.) fue más o menos aceptado por quienes, en su hipocresí­a, sí­ que se rasgaron las vestiduras y se indignaron al irse desvelando que la CIA también dedicaba millones y millones de dólares a la infiltración directa en los que se suponí­an sacrosantos terrenos de la Cultura. Ellos, liberales burgueses que disfrutaban de la libertad del capitalismo, frente a tantos periodistas, cientí­ficos y escritores comunistas ví­ctimas del totalitario dirigismo estatista soviético, y que en su generosidad dedicaban parte de su tiempo a ser paladines de una emancipadora Libertad de la Cultura, se negaban a reconocerse también como otros soldados más de la Guerra Frí­a, como intelectuales mercenarios a sueldo, y preferí­an que no se confirmase que nóminas, amables viajes y generosas dietas por asistir a reuniones y congresos, pagos por preparar libros y artí­culos para determinadas editoriales y revistas, no procedí­an tanto de un supuesto libre mercado de la cultura, o de la extravagante generosidad de algunos millonarios acomplejados redistribuidores de riqueza a través de sus fundaciones, o de reconfortantes e imaginadas aportaciones voluntarias de las fuerzas del trabajo a través de los sindicatos anticomunistas, sino en buena medida directamente, cuando no exclusivamente, de la CIA, de ese oscuro brazo ejecutor de los designios del Imperio. Pero The New York Times del 27 de abril de 1966 lo habí­a asegurado terminante: «A través de canales similares, la CIA ha apoyado a grupos de exiliados de Cuba y refugiados de los paí­ses comunistas de Europa, u organizaciones de intelectuales anticomunistas pero liberales, como el Congreso por la Libertad de la Cultura, y algunos de sus diarios y revistas.» ¡Y lo habí­a publicado, además, el mismo dí­a en el que, ya maduro el diálogo entre católicos y marxistas, la diplomacia moscovita y la diplomacia vaticana habí­an organizado un primer y espectacular encuentro en el Vaticano: el papa Pablo VI concedió audiencia durante cuarenta minutos al mismí­simo Andréi Gromyko, eterno ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, quien abandonó el Vaticano rodeado por escolta de motoristas! Con la guerra de Vietnam de fondo y mientras el presidente Mao consolidaba la Gran Revolución Cultural Proletaria…

No conocemos, por ahora, los detalles del reclutamiento de Ferrater para la rama hispana del Congreso, pero cabe suponer que fue a través de Ignacio Iglesias. En los tres primeros números de Cuadernos (correspondientes a 1953) no se hace figurar quiénes son los encargados o responsables de la revista. En el primer número ya aparece una andanada de Gorkin contra Sartre, «La crisis de los intelectuales y el masoquismo comunista», y en una página titulada «Nuestro carnet» se presentan sucintamente los nombres de 25 implicados en el proyecto (ninguna mujer) de los que sólo siete son hispanos: Natalicio González («ex-Presidente de la República de Paraguay, en la actualidad dirige en México la Editorial Guarania»), Salvador de Madariaga («ex-delegado de España a la Sociedad de Naciones… es profesor de literatura española en la Universidad de Oxford»), Fernando Valera («actual ministro del Gobierno republicano en el exilio… autor de varias obras, entre otras una en varios tomos sobre Maimónides»), Julián Gorkin («escritor polí­tico español y notable periodista, actualmente en el exilio, es autor de varios libros»), Ignacio Iglesias («periodista español, en la actualidad en el exilio; ha escrito numerosos ensayos de carácter polí­tico e histórico; miembro de la Comisión Internacional contra el Régimen Concentracionario») y los pintores mexicanos Rufino Tamayo y Jorge González Camarena. En la contraportada se anuncian futuras colaboraciones de Alfonso Reyes, Ví­ctor Alba, Luis Araquistain, Germán Arciniegas, José Carner, R. Garcí­a Treviño, Gironella, Rodolfo Llopis, Joaquí­n Maurí­n, Federica Montseny y Eduardo Santos, entre los hispanos. Una nota reconoce que los editores no quedan satisfechos del todo: «Este primer número de Cuadernos constituye un simple número modelo o de prueba… A partir del próximo número ampliaremos cuanto sea menester las colaboraciones y los temas iberoamericanos como corresponde a una publicación en lengua española.»

En su número 3 (último trimestral de la revista, que a partir de 1954 pasará a ser bimestral) aprovecha Cuadernos que Ortega ha cumplido setenta años para rendirle «respetuoso homenaje» como «uno de los maestros indiscutibles de la intelectualidad hispánica» (y de paso apropiarse de su nombre), con un texto de Marí­a Zambrano, «Ortega y Gasset, filósofo español», y otro de Segundo Serrano Poncela, «Razón y débito a Ortega». (Marí­a Zambrano de la misma generación que Gorkin; más joven Serrano Poncela –que habí­a sido Delegado de Orden Público en Madrid a las órdenes de Santiago Carrillo, y de quien muchos aún no le habí­an olvidado como firmante de las órdenes de extracción de mil detenidos en la Cárcel Modelo de Madrid, en noviembre de 1936, asesinados en Paracuellos–, nacido en 1912 y quinto, por tanto, de Iglesias y de Ferrater.) Es muy probable que un ejemplar de este número 3 tan orteguiano fuera el que recibiera Ferrater junto con la invitación a colaborar en la revista.

Ya hemos dicho que el nombre de José Ferrater Mora aparece en la relación de colaboradores del número 4 (enero-febrero 1954) de Cuadernos, en el que ya figuran los nombres de los responsables de la revista: «Director de publicaciones: Franí§ois Bondy. Redactor Jefe: Julián Gorkin. Secretario de Redacción: Ignacio Iglesias»; amparados por ocho nombres de un «Consejo de Honor: Germán Arciniegas, Eduardo Barrios, Américo Castro, Emilio Frugoni, Rómulo Gallegos, Jorge Mañach, Luis Alberto Sánchez y Erico Verissimo.» En ese mismo número publica Ignacio Iglesias una reseña del reciente libro de Serrano Poncela sobre Unamuno y aprovecha precisamente para elogiar a Ferrater:

«Se iba haciendo de veras necesario emprender seriamente el estudio del pensamiento y de la personalidad –ambas inseparables– de Miguel de Unamuno sin las limitaciones que se vení­an imponiendo más o menos voluntariamente ciertos crí­ticos y ensayistas, obsesionados por algunos aspectos particulares de la obra unamuniana cuando no por lo puramente anecdótico. Esta tarea, tan necesaria por tratarse de una obra que ha venido gravitando sobre la mente española en forma harto concluyente, en particular sobre las generaciones intelectuales de estos treinta últimos años, la emprendió, por decirlo así­, el joven filósofo español José Ferrater Mora, el cual nos ofreció hace unos años su Unamuno, bosquejo de una filosofí­a, libro en el que precedió a toda una reelaboración del pensamiento unamuniano para mejor poder presentarlo en forma de doctrina coherente. Ahora la culmina satisfactoriamente otro joven de la España peregrina, S. Serrano Poncela, merced a su reciente obra El Pensamiento de Unamuno.» (Ignacio Iglesias, Lecturas. Serrano Poncela, El Pensamiento de Unamuno, Fondo de Cultura, México 1953», CCLC 4:101.)

Es probable que en el verano de 1954 ya mantuviese Ferrater contacto personal en Parí­s con el Congreso y sus funcionarios, pues estuvo por España y por Francia de vacaciones (Serrano Poncela, que le escribe desde Puerto Rico el 13 de septiembre de 1954, se refiere a esas vacaciones; y su amigo José R. Echevarrí­a, en diciembre y desde Parí­s, le pregunta: «He recordado al leerlo nuestras charlas de Parí­s. ¿Será posible renovarlas pronto?»).

De hecho, el primer artí­culo de Ferrater publicado en Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura aparece en el número fechado en el primer bimestre de 1955 (impreso en las últimas semanas de 1954): «El intelectual en el mundo contemporáneo» (CCLC 10:7-14, enero-febrero 1955). (A través de Renato Poggioli [1907-1963] este artí­culo fue traducido al italiano por Luigi Berti [1904-1964], «L'Intelletuale e il mondo contemporaneo», y publicado en la revista que dirigí­a: Inventario, julio-diciembre 1955, v. 7, nº 4-6, págs. 2-13.)

El interés prioritario de Ferrater era entonces su Diccionario, poder mejorarlo para su cuarta edición e incluso lograr que fuese traducido al inglés y al francés (ambicioso proyecto para el que buscó sin éxito el apoyo de la UNESCO, en escrito dirigido el 9 de enero de 1955 al profesor Herbert Wallace Schneider, entonces Director de la División de Filosofí­a y Ciencias Humanas de esa institución).

Ferrater habí­a firmado en La Habana, en abril de 1941, el prólogo de la primera edición de su Diccionario de filosofí­a, publicado ese mismo año en México, en la misma editorial Atlante que en 1944 editó la segunda edición (cuyo prólogo firmó el autor en Santiago de Chile, en abril de 1944, de cuya Universidad fue profesor hasta 1947). De diciembre de 1947 a 1949 disfrutó Ferrater de dos becas de la Guggenheim Memorial Foundation, en el marco de los programas de intercambio de estudiantes y profesores entre España y los Estados Unidos reiniciados tras la Segunda Guerra Mundial (el nombre de Ferrater aparece en la página 39 del libro Estudiantes españoles en los Estados Unidos. Diez años de intercambio, editado por la Asociación Cultural Hispano-Norteamericana, Madrid 1956, 159 páginas). Como Ferrater se quedó en licenciado y no llegó a convertirse en doctor, tení­a ciertas limitaciones a la hora de poder aspirar a una plaza de catedrático. En 1949 fue contratado como lector de español en el Bryn Mawr College, cerca de Filadelfia, un pequeño colegio universitario sólo para mujeres fundado en 1885. Bryn Mawr le renovó el contrato de 1951 a 1956 como asociado y desde 1957 como profesor, ya incorporado al departamento de filosofí­a (que habí­a de dirigir entre 1972 y 1977, al jubilarse Milton C. Nahm). Hoy ese colegio, contagiado de memoria histórica, dice de Ferrater en internet: «He too was a refugee from fascist Europe.» Ni peregrino, ni emigrante, ni exiliado: otro refugiado de la Europa fascista…

De manera que fue ya en Bryn Mawr donde firmó, en 1950, el prólogo de la tercera edición del Diccionario, que fue publicado por una editorial más potente, Sudamericana (Buenos Aires 1951). En 1954 ya entraba dentro de los planes de la familia Ferrater pasar una larga temporada en Parí­s. No debe olvidarse que Ferrater estaba casado con una francesa, Renée Rosalie Petitsigné, cuatro años mayor que él, con quien ya habí­a estado en Parí­s tres meses al terminar la Guerra, antes de partir para La Habana, y que el hijo de ambos, Jaime, tení­a entonces 9 años. (Por ejemplo, en octubre de 1954, desde Italia, Carmen Medinaveitia, esposa de Américo Castro, les informaba de las condiciones y precios de un piso de alquiler en Parí­s que a ellos les habí­a buscado Bataillon.) Y Cuadernos se va convirtiendo en una referencia cercana: «Por aquí­ anda Gorkin, el director de Cuadernos. Nos conocí­amos ya de España, de modo que hemos estado juntos y charlando bastante», le escribe Serrano Poncela desde Puerto Rico, el 10 de mayo de 1955.

La estancia en Parí­s de licencia sabática, principalmente para preparar la nueva edición del Diccionario, pudo realizarse al curso siguiente, desde septiembre de 1955 hasta agosto de 1956. A su domicilio de «30 rue du Plateau, Parí­s XIX» le escribe, por ejemplo, Francisco Javier Conde, catedrático de Derecho Polí­tico en la Universidad de Madrid, el 5 de enero de 1956 [Conde mecanografió por error el año que acababa de terminar], acusando recibo de un artí­culo sobre Ortega, fallecido en octubre, que Ferrater le habí­a enviado para la revista Clavileño. Culminación de estos meses firmó en Parí­s, agosto de 1956, el Prólogo a la cuarta edición del Diccionario de Filosofí­a (Sudamericana, Buenos Aires 1958).

Como es natural se incrementaron durante esos meses de Parí­s sus relaciones con el Congreso por la Libertad de la Cultura, con Julián Gorkin y con Ignacio Iglesias. Cuadernos se hizo eco del fallecimiento de Ortega en su número 16 (enero-febrero 1956) –pues la revista se preparaba con cierta antelación sobre la fecha de portada– con un artí­culo de Marí­a Zambrano y otro de Madariaga. Juan Marichal (nacido en 1922 y casado con Solita Salinas, hija de Pedro Salinas), colega de Ferrater en Bryn Mawr como profesor de español, le escribe a Parí­s con asiduidad durante estos meses, agitados por lo caldeado de la situación en la universidad española: «Podrí­a conseguirme algunos ejemplares del número, 11 creo [de Cuadernos], en que salió mi artí­culo de 'liberal'? Si el Sr. Iglesias (que no responde a una carta mí­a) los tiene y se los da ¿puede recortar mi artí­culo y enviarlo a L. Berti por indicación de Poggioli?» (12 febrero 1956); «Muchas gracias por lo de Cuadernos…» (21 febrero 1956); «¿Le dijo Iglesias si habí­a recibido una carta mí­a? De todos modos, le volveré a escribir en cuanto tenga los números de liberal. Por cierto, que acabo de recibir carta de Gorkin con un artí­culo de un señor inglés. Y me pide mi opinión. Se la voy a dar hoy mismo. Es un asunto que me preocupa: la confusión de las gentes en materia de 'liberalismo'» (24 febrero 1956); «Ha habido episodios divertidos con el Santo Oficio… [en Bryn Mawr] Este se cree por otra parte que su artí­culo de Cuadernos habrá sido comentado en consejo de ministros o algo así­. Yo he tratado de 'calmarle' y mostrarle que no se fijan tanto en nosotros» (26 marzo 1956); «Por cierto, que le voy a preguntar a Ayala si habrí­a sitio para mi nuevo trabajo –mejor dicho final trabajo orteguista– en su homenaje. Aunque quizá me gustarí­a verlo más en Cuadernos por su difusión y por el enfoque de mi estudio» (3 abril 1956); «Un nuevo favor, ¿podrí­a ud. pedirle al Sr. Iglesias que me mandara un ejemplar –si fuera posible dos– del número de Cuadernos, 18, en que ha salido su trabajo sobre Ortega? No me enví­an la revista hace meses, exactamente desde agosto pasado. Y me gustarí­a tener no sólo su trabajo sino también la foto. Y podrí­amos poner una de las fotos en el Seminario, por eso quiero también más de un ejemplar. Muchas gracias. ¿Le envié ya el resumen de mi research de este verano sobre 'liberal'?» (25 mayo 1956); «¿Podrí­a ud. preguntar a los de Cuadernos si les interesarí­a un trabajo mí­o –el prólogo a la edición de los ensayos de literatura española de don Pedro, 'Pedro Salinas y los valores humanos de la literatura española'? Y si es posible –caso de interesarles– ¿cuándo podrí­a salir?» (1 junio 1956).

En efecto, el número 18 de Cuadernos (mayo-junio 1956) dedica un pequeño homenaje a Ortega: breve necrológica de Ignacio Iglesias («Don José Ortega y Gasset», pág. 32) y dos artí­culos: «Los dos estudios que siguen –con motivo del septuagésimo aniversario de Ortega Cuadernos ofreció otros–, debidos a sus destacados discí­pulos José Ferrater Mora y Julián Marí­as, aspiran a ser una inicial y firme calibración del quehacer filosófico orteguiano; el comienzo de un examen sereno y objetivo de la obra del pensador desaparecido.» El texto del destacado discí­pulo Ferrater se titula «Ortega y la idea de la vida humana» (págs. 33-39). Estos dos artí­culos ya vení­an anunciados en el número 17 de Cuadernos, incorporándose por vez primera el nombre de Julián Marí­as, desde el interior, al de las personas vinculadas a la revista. (Marí­as andaba de conferenciante esos meses por Estados Unidos.)

Las oficinas centrales del Congreso estaban entonces, en Parí­s, en el 104 del Boulevard Haussmann, y aparentaban ser distintas de las que ocupaba la redacción de Cuadernos (y la de Preuves) en el 23 de la Rue de la Pépinií¨re, pero de hecho se trataba de un mismo local en un mismo edificio magní­fico con fachada a las dos calles y entradas distintas, pues tampoco habí­a por qué malgastar, aunque fueran abundantes, las partidas dedicadas al anticomunismo ideológico.

En el otoño Gorkin tiene ya confianza con Ferrater como para solicitarle su intervención en la campaña propagandí­stica que el Congreso centra en esos momentos sobre Polonia. El 30 de octubre de 1956 «José Ferrater Mora, Dept of Philosophy Bryn Mawr College Bryn Mawr (Penn)» recibe un telegrama de Wester Union procedente de Parí­s –«1956 OCT 30 PM 7 33»– que dice: «Rogámosle adhesión través Cuadernos Conferencia escritores polacos libres. Gorkin.»

Telegrama de Gorkin a Ferrater, 30 de octubre de 1956

Ferrater suscribió tal adhesión, como queda recogido en el nº 23 de Cuadernos (marzo-abril 1957):

«Carta a la Asociación de Escritores Polacos. Con las firmas de Salvador de Madariaga, Luis Araquistain, José Ferrater Mora, Ramón Sender, Arturo Barea, Francisco Garcí­a Lorca, Jorge Guillén y Julián Gorkin, como escritores españoles refugiados y colaboradores de Cuadernos, se dirigió una carta a la Asociación de Escritores Polacos, con ocasión de reunirse en asamblea general, con un saludo cordial. Decí­a esta carta entre otras cosas: «Son numerosos los escritores españoles y latinoamericanos que, huyendo de las dictaduras, se ven obligados a vivir y a trabajar en el exilio desde hace años. Son numerosos asimismo los que, obligados a vivir bajo esas dictaduras, tienen que embridar su inspiración y ponerle sordina a su pensamiento, lo que constituye la peor de las torturas para los espí­ritus libres y creadores. Comprendemos, por consiguiente, sus sufrimientos y sus preocupaciones en los momentos en que se disponen a deliberar y a adoptar acuerdos.» El nuevo Presidente de la Asociación de Escritores Polacos ha contestado por medio de un extenso telegrama de saludo y de gratitud a todos los escritores españoles emigrados.» (CCLC 23:111.)

El numero 22 de Cuadernos (enero-febrero 1957, pág. 38-42) publica su artí­culo «Unamuno y la idea de la realidad» (Marichal le habí­a enviado precisamente a Parí­s –9 abril 1956– unas notas bibliográficas que le habí­a solicitado sobre Unamuno).

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 17 de diciembre de 1956

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa.
(USA)

Estimado amigo:

Hoy hemos recibido la suya del 11 de los corrientes.

Por correo ordinario le enviamos los números de Cuadernos que le faltan para completar su colección. También van unos ejemplares del último número –el 22– con su artí­culo sobre Unamuno.

Quiero aprovechar esta ocasión para desearle felices pascuas navideñas y un próspero Año Nuevo,

Cordialmente suyo,

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción


Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 13 de marzo de 1957

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa.
(USA)

Estimado amigo:

El amigo Franí§ois Bondy me ha recomendado muy encarecidamente le solicite a usted el texto en español de su ensayo «Tres filosofí­as», que Preuves va a publicar y del cual me ha hecho grandes elogios.

Mucho le agradecerí­a pues, tenga a bien prepararme ese estudio lo más pronto posible, para publicarlo asimismo en Cuadernos en fecha próxima.

Quedo, como siempre, su amigo y servidor,

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

En el número 24 de Cuadernos (mayo-junio 1957) aparece anunciado, como de próxima publicación, el artí­culo de Ferrater titulado «Tres filosofí­as». Por la carta anterior parece que Ferrater habí­a negociado este artí­culo directamente con Franí§ois Bondy, y que Ignacio Iglesias habí­a aceptado encantado la sugerencia de su superior y anunciado el artí­culo antes incluso de contar con el original:

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 21 de marzo de 1957

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. (USA)

Estimado amigo:

Acabo de recibir su atenta del 18 de los corrientes, por la cual le quedo sumamente agradecido.

Mi deseo es publicar su artí­culo en el próximo número 25 (el 24 verá la luz dentro de unos dí­as), por lo que espero poder tenerlo en mis manos a mediados del mes de abril.

Perdone esta molestia que le ocasiono y reciba un cordial saludo de su afmo. S. S. y amigo

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

Ferrater enví­a el original del artí­culo a principios de abril, y «Las tres filosofí­as» aparece en el nº 25 de Cuadernos (julio-agosto 1957, págs. 21-34).

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 9 de abril de 1957

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa.
(USA)

Estimado amigo:

Acuso recibo de su carta del 4 de los corrientes, que me llegó acompañada de su ensayo «Las tres filosofí­as», por todo lo cual le quedo muy agradecido.

Espero poder insertarlo en nuestro próximo nº 25, y tendré en cuenta, en el momento de efectuar los pagos, lo que usted me pide.

Reciba un cordial saludo de su afmo. S. S. y amigo,

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

Esta panorámica de Ferrater caracterizando la filosofí­a europea, la norteamericana y la soviética sirvió para dar forma a la nebulosa ideológica por la que navegaban algunos de los agentes del Congreso por la Libertad de la Cultura, que aconsejaron fuera vertida a otras lenguas, y así­ apareció en francés, alemán, italiano y catalán: «Les trois philosophies» (Preuves, junio 1957, 76:20-31), «Die Drei Philosophien» (Der Monat, junio 1957, 105:51-62), «Le tre filosofie» (Inventario, 1959, XV:13-32), «Les tres filosofies» (Punt, 1959, 13:102-122, 14:172-184). Aunque no llegó a cuajar la versión inglesa: parece que a los editores de Encounter no les emocionó tanto. En efecto, Franí§ois Bondy reconoce a Ferrater (21 enero 1957) que «Las tres filosofí­as» es el artí­culo con el que sueña todo editor, que aparecerá en Preuves de abril y que recomendará su publicación en las restantes revistas de la red. Pero no se apresuró en tal recomendación, pues nada sabí­a Melvin J. Lasky cuando le ofreció a Ferrater 75 dólares por unas páginas sobre Ortega para Der Monat (27 febrero 1957), que renovase el buen sabor de boca que aún mantení­a de su ya lejano artí­culo sobre Wittgenstein (al que arriba ya nos referimos); Ferrater renuncia a sobar de nuevo a Ortega y ofrece las tres filosofí­as, mencionando el parecer de Bondy. La respuesta de Lasky (5 marzo 1957) confirma que no habí­a tanta coordinación entre los guardianes del anticomunismo: «I would be very grateful if you would send me a copy of the 'Three Philosophies' wich you mention. Bondy's recommendation is very 'appetizing' and I am only sorry that he did not mention it to me before.» Ese mismo dí­a Bondy le dice que el artí­culo en Preuves se demorará a mayo, para que el autor pueda revisar la traducción (que no le enví­a hasta el 27 de marzo). El 9 de abril Bondy acusa recibo de la versión en francés revisada, asegura a Ferrater que el artí­culo aparecerá en junio y lamenta no saber cómo marcha la versión inglesa para Encounter. Cuando Lasky confirma (25 mayo 1957) que el artí­culo ya ha aparecido en Der Monat le anima de nuevo a escribir sobre Ortega, y le anima sugiriendo que también serí­a publicado en francés e italiano…

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 11 de diciembre de 1957

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr Pa.

Estimado amigo:

Le incluyo un recorte sobre uno de sus libros, por si no llegó a sus manos por otro conducto.

¿Sigue recibiendo Cuadernos regularmente? No deje de ir pensando en enviarnos una nueva colaboración.

Desgraciadamente no recibí­ el ejemplar, que me anunció hace meses, de la nueva edición de su Unamuno. Si tiene correspondencia con la Sudamericana, recuérdeles, por favor, el encargo de enví­o.

Reciba los mejores saludos de su amigo,

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

En el número 31 de Cuadernos (julio-agosto 1958, págs. 101-102) firma Manuel Lamana (1922-1996) una reseña sobre La filosofí­a de Ortega, de Ferrater: «La filosofí­a de Ortega y Gasset es un libro escrito en inglés para público de esa lengua. Ha sido traducido al español, con conocimiento y conciencia, por Raquel Bengolea. De todas formas, pese a la pulcritud y al cuidado de la traductora, es de desear la versión original del propio Ferrater Mora.» En el número 32 (septiembre-octubre 1958) ya se anuncia el artí­culo «La filosofí­a y la sociedad contemporánea», que aparecerá en el nº 34.

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 5 de septiembre de 1958

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Querido Ferrater,

Le pongo estas lí­neas para tranquilizarle. Estuve diciéndole que no habí­an llegado los volúmenes de su Diccionario Filosófico y hubiera sido más justo decirle que no habí­an llegado a mi poder ni habí­a tenido ocasión de verles el color. Se me ha ocurrido interrogar a Iglesias a ver si por casualidad tení­a alguna noticia de ese envió y resulta que sí­, que llegaron a su poder y se los llevó a su casa. Lamento lo ocurrido tan solo porque hubiera podido evitarme el decirle a usted con gran seguridad que no habí­an llegado y obligarle a escribir inútilmente a su editor en ese sentido. Todo está aclarado, pues, y le agradezco el enví­o.

Buen trabajo y reciba un abrazo de su siempre amigo,

Julián Gorkin

Ignacio Iglesias se llevó a casa la cuarta edición del Diccionario…, pero preparó una cariñosa reseña, publicada en el nº 33 de Cuadernos (noviembre-diciembre 1958, pág. 112).

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 30 de septiembre de 1958

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Mi estimado amigo:

Acaba de llegarme su carta del 24.

De acuerdo con Bondy he dado a traducir su magní­fico ensayo para Preuves. Desde luego está encantado de publicarlo, lo que no puedo decirle es si lo hará inmediatamente. En todo caso Preuves le pagará por su cuenta.

En Cuadernos lo hemos dejado para el número 34, pues para este número que sale ahora tenemos ya demasiadas cosas urgentes y hemos preferido utilizar su ensayo para el otro. Desde luego, una vez que nos traigan la traducción francesa, mandaremos un ejemplar a Der Monat.

Un buen abrazo de su siempre amigo

Julián Gorkin

En el número 34 de Cuadernos (enero-febrero 1959, págs. 13-24) aparece publicado, en efecto, el artí­culo «La Filosofí­a en la sociedad contemporánea» de Ferrater. Las tareas encomendadas al Congreso por la Libertad de la Cultura y de Cuadernos iban entrando en una agradable rutina y parece que sus funcionarios se fueron adormeciendo al ir burocratizando sus tareas, de manera que, a pesar de su exquisita prevención ante la expansión comunista y las repetidas giras de Gorkin por las repúblicas americanas que hablan español, no supieron apreciar el potencial representado por la guerrilla cubana, victoriosa el primero de enero de 1959. Todo lo contrario: una nota incluida en el nº 35 de Cuadernos (marzo-abril 1959) incluso felicita a Fidel Castro por su triunfo armado:

«Felicitaciones a Betancourt y a Fidel Castro. La Secretarí­a Internacional del Congreso por la Libertad de la Cultura y Cuadernos expidiéronle un cable de felicitación a su eminente colaborador y amigo Rómulo Betancourt, con motivo de su popular y arrolladora elección a la Presidencia de la República de Venezuela.
En representación de la Asociación Cubana por la Libertad de la Cultura, que debido a la situación que atravesó el paí­s ha permanecido en receso durante año y medio, los profesores y publicistas cubanos Raúl Roa y Pedro Vicente Aja han hecho público un escrito de adhesión a Fidel Castro y al Dr. Manuel Urrutia, jefes de la Nueva Cuba, por su triunfo y el de las libertades culturales y los derechos humanos. La Secretarí­a Internacional y Cuadernos han enviado un cable en el mismo sentido, haciéndola extensiva al Dr. Roberto Agramonte, nuevo ministro de Estado. Otro tanto han hecho los Comités de Argentina, Chile, Perú, Brasil, México y varios más.» (CCLC 35:123.)

El 6 de agosto de 1959 murió Luis Araquistain en Ginebra. Araquistain, treinta años después de su libro El peligro yanqui, escrito por un admirador de la Revolución de Octubre, se habí­a convertido en firme colaborador del anticomunista Congreso por la Libertad de la Cultura, llegando incluso a dirigir Cuadernos durante dos números: una nota en el número 37 (julio-agosto 1959) anuncia que Araquistain asume la dirección, y el equipo de la revista queda así­: «Director: Luis Araquistain. Redactor Jefe: Julián Gorkin. Secretario de Redacción: Ignacio Iglesias», lo que se repite en el número 38 (septiembre-octubre 1959), aunque en el caso de Araquistain ya fuera de hecho a tí­tulo póstumo; en el número 39 (noviembre-diciembre 1959) le dedican artí­culos Gorkin, Rodolfo Llopis y Gregorio Marañón (y de nuevo vuelve Julián Gorkin a figurar como Director e Ignacio Iglesias como Secretario de Redacción).

Ferrater no llegó a coincidir con él en Parí­s en 1956 («sentí­ mucho que no nos hubiéramos podido ver durante su estancia en Parí­s, máxime conociendo ahora el fastidioso motivo de su reclusión», le escribe Araquistain desde Ginebra el 26 de octubre de 1956, en una carta en la que le confirma: «Sí­, estoy preparando una especie de historia del pensamiento español contemporáneo, en el sentido más lato de la palabra. Quisiera incluir todo el siglo XIX hasta la fecha.»). Por lo que Gorkin responde a Ferrater el 23 de septiembre de 1959, cabe deducir que éste le habí­a trasladado el interés del Bryn Mawr College por adquirir la biblioteca de Araquistain.

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 23 de septiembre de 1959

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Muy estimado amigo:

Se le han mandado los números 35 y 36 que faltaban en su colección.

En el numero 39 de Cuadernos publicamos el primer artí­culo que nos entregó y reservamos el otro para un poco más adelante. Desde luego tomamos nota para mandar ejemplares a los amigos que nos indica.

Dentro de breves dí­as me iré a Ginebra a hablar con Ramón Araquistáin y le trasladaré lo que me dice usted de parte de la Decana de ese College sobre la Biblioteca de Araquistáin. El decidirá lo que crea más conveniente.

Reciba los saludos cordiales de su siempre amigo,

Julián Gorkin

El artí­culo de Ferrater publicado en el nº 39 (noviembre-diciembre 1959) se titula «Variaciones sobre la tonterí­a» (págs. 74-78), y no mereció los honores de aparecer anunciado en la cubierta del número.

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 17 de noviembre de 1959

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa.

Estimado amigo:

Le pongo estas breves lí­neas para acusarle recibo de su libro La filosofí­a en el mundo de hoy, por el cual le quedo muy agradecido. Procuraré ocuparme de él en uno de los próximos números de Cuadernos.

Dentro de breves dí­as verá la luz el nº 40, encabezado con un ensayo de Laí­n Entralgo. Por este motivo, he preferido dejar para el siguiente el que usted nos entregó sobre Ortega y el mencionado Laí­n. Este lo sabe y se alegra mucho de que sea usted el que se ocupe de su obra La espera y la esperanza.

Con mis más cordiales saludos.

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

La realidad de la evolución de la Revolución cubana, que cuestionaba la efectividad del activismo del Congreso y de Cuadernos en Hispanoamérica, y la efervescencia de los movimientos que se vení­an produciendo en España, desde el «Mensaje del Partido Comunista de España a los intelectuales patriotas» (abril 1954) hasta la convocatoria de la «Huelga Nacional Pací­fica» (18 junio 1959), pasando por el «Manifiesto a los universitarios madrileños» (febrero 1956), la declaración comunista «Por la reconciliación nacional» (junio 1956), o el Frente de Liberación Popular de Julio Cerón (septiembre 1958), entre otros hitos, obligaban a serios replanteamientos tácticos y estratégicos del Congreso.

Del 8 al 13 de julio de 1959 el Congreso reunió en Lourmarin, en pleno corazón de la Provenza, con cobertura de la Universidad de Aix-en-Provence y dineros de la Fundación Ford, a tres docenas de intelectuales de siete paí­ses para tratar del «Provincialismo y universalismo en la cultura europea», bajo la batuta de Pierre Emmanuel. La reunión se vení­a preparando desde hací­a meses (Marichal pregunta a Ferrater, 9 abril 1959: «Ha sabido algo de la reunión de Aix? ¿Le invitaron a ud.?»). El 8 de junio Aranguren informa a Ferrater del coloquio previsto en Lourmarin. Asistieron Marí­as, Aranguren, Cela, Laí­n, José Luis Cano y José Marí­a Castellet… además de Gorkin & CIA. «PS. JL Cano me dice que lo de Aix resultó poco interesante» (añade Marichal en una nota que remite a Ferrater desde Alicante, el 16 de julio). Julián Marí­as lamenta que ni Ferrater ni Marichal hubiesen sido invitados a Lourmarin (carta a Ferrater, Soria, 28 julio). Y eso que Ferrater estaba por Europa. Cela reconoce a Ferrater que sus «relaciones con Ignacio Iglesias y todo el Congreso para la Libertad de la Cultura son óptimas»:

Papeles de Son Armadans

Palma de Mallorca, 8 de setiembre de 1959

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa., USA.

Mi querido amigo,

¿En qué cabeza cabe que yo pueda sentirme molesto por la tan justificada duplicidad de destino de su artí­culo? Aleje todo temor ya que nada está más lejos de mi ánimo que el propósito de reñir con usted, uno de los escasos españoles a los que admiro y respeto. Yo creo, querido Ferrater, que más claro ni el agua.

Cierto es que, por desgracia, Cuadernos no se ve demasiado en España, pero tampoco lo es menos que los pocos que lo leen son, a la vez, lectores de Papeles. Mis relaciones con Ignacio Iglesias y todo el Congreso para la Libertad de la Cultura son óptimas y, en cierto sentido y sin proponérselo, mis páginas van muy acordes con el común pensamiento de todos.

Cuando tenga unas cuartillas, no deje de enviármelas. Sabe bien que en Papeles manda usted.

Un fuerte abrazo de su buen amigo,

Camilo José Cela

Después del verano de 1959 el Congreso decide constituir una institución nueva, el Centro de Documentación y de Estudios Españoles (aunque el «Españoles» solí­a sufrir elipsis, seguramente para contentar ya a federalistas catalanes, vascos y gallegos que el Congreso buscaba mimar e impulsar cuidadosamente). Gorkin, en nombre de Madariaga y en el suyo propio, se apresura a invitar a Ferrater a formar parte del «Consejo de Honor» del nuevo tinglado:

Centro de Documentación y de Estudios

Parí­s, 18 de noviembre de 1959

Sr. D. José Ferrater Mora
Bryn Mawr College
Bryn Mawr - Pa. USA

Querido amigo:

Tengo el gusto de dirigirle la presente en nombre de don Salvador de Madariaga y en el mí­o propio.

Bajo la prestigiosa presidencia del primero ha quedado constituido en Parí­s un Centro de Documentación y de Estudios Españoles, cuyos fines son los que se indican en el adjunto escrito, unánimemente aprobado por los fundadores. Forman el Centro personalidades de la vieja emigración española y otras, mayoritariamente, de las emigraciones de estos últimos años, conocedoras de la actual realidad de nuestra Patria y en enlace constante con sus elementos más representativos. Vienen a sumar unas y otras las experiencias de valor internacional con las experiencias de orden interior.

Cuantas personalidades –españolas y extranjeras– nos ha sido posible consultar han considerado que una de las tareas más urgentes es esta de la clarificación del clima, de la evolución y de los grandes problemas de nuestro paí­s después de la cruenta guerra civil y de más de veinte años de pérdida de las libertades fundamentales. Todos esperan excelentes resultados de la obra que hemos emprendido y no le oculto que tales esperanzas determinan en nosotros cierto complejo. De todos modos haremos lo posible por satisfacerlas y para dar respuesta a las diversas interrogantes españolas.

Hemos emprendido ya la legalización en Francia de este Centro –legalización que se llevará no menos de cuatro o seis meses– y de manera que pueda actuar con la máxima independencia. Mientras tanto y para poder realizar los primeros trabajos de organización, de enlace y de estudio, funcionará como un Centro de la Revista Cuadernos. Puedo anunciarle que en cuanto pueda funcionar legalmente como tal Centro, actuará con la debida autonomí­a, siendo más bien Cuadernos un instrumento reflejo de los diversos trabajos. Por lo demás, el Centro aspira a editar cuanto antes su propio Boletí­n en lengua española y en cuanto ello sea posible, en francés y en inglés para la información internacional.

Le invitamos a que nos dé su aceptación como Miembro del Consejo de Honor de dicho Centro. Podrí­amos disponer de los más prestigiosos nombres de intelectuales residentes en España, que han aprobado nuestra iniciativa, pero por razones que no dejará de comprender, consideramos que por lo menos en la primera etapa hay que prescindir de tales nombres. En cambio, queremos reunir en este Consejo de Honor a la docena de grandes figuras intelectuales españolas diseminadas por el mundo.

Desde luego, cualquier aclaración que necesite estamos dispuestos a hacérsela.

En espera de su respuesta y con gracias anticipadas, queda muy atentamente suyo,

Julián Gorkin
Vicepresidente.

Dos dí­as después Gorkin, sin poder aún tener respuesta a la carta anterior, y de nuevo con membrete del Congreso, confirma a Ferrater que, en efecto, tienen mucho interés en que asista a la reunión extraordinaria que están organizando en Berlí­n (para celebrar el décimo aniversario de la constitución allí­ del Congreso en 1950). Parece que Ferrater tení­a que hacer algún ajuste de agenda:

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 20 de noviembre de 1959.

Sr. D. José Ferrater Mora
Bryn Mawr, College
Bryn Mawr, Pa. - USA -

Querido amigo:

He leí­do la carta que le ha dirigido usted a Nabokov y a continuación me ha llegado la que me dirige a mí­.

En efecto, tení­a yo un gran interés en que asista usted a ese interesante Congreso de Berlí­n, que va a reunir a cerca de un par de centenares de personalidades del mundo entero. Entre ellas Madariaga, Castro, Julián Marí­as sin hablar de una veintena de importantes figuras iberoamericanas. Hubiera usted hecho un gran papel en la Comisión que dirigirá Raymond Aron.

Acabo de consultar su asunto con la Secretarí­a Organizadora y, de acuerdo con ella, insisto para que haga usted todo lo necesario con el fin de efectuar el viaje. ¿Cree usted que una carta de nuestra Secretarí­a General a esa Universidad, con la que ha adquirido usted un compromiso, ayudarí­a a aplazar su curso a una fecha anterior o ulterior? Si lo cree así­, denos las debidas indicaciones y lo haremos inmediatamente. De no poder venir crea que lo lamentaré –y lo lamentaremos todos– mucho.

Un buen apretón de manos de

Julián Gorkin

El interés reafirmado para que procurase asistir a Berlí­n, y la prueba de confianza de invitarle a formar parte del Consejo de Honor del Centro, llevaron a Parí­s una doble confirmación afirmativa:

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 1 de diciembre de 1959

Sr. D. José Ferrater Mora
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. - USA -

Querido amigo:

Me llegan hoy sus dos cartas del 27: la que se refiere a Berlí­n y la correspondiente al Centro de Documentación y de Estudios.

No hace falta que conteste usted directamente a la Secretarí­a Organizadora de la Conferencia de Berlí­n, pues yo hago traducir su carta y se la comunico. Ya les he anunciado su aceptación y me ruegan que se la agradezca muy cordialmente. Me alegro que pueda usted venir a reunirse con varias de las personalidades cuyo contacto como español nos interesa mucho. Desde luego le mandarán a usted toda la documentación referente a dicha conferencia.

Respecto del Centro, todas las personalidades de dentro y de fuera que han tenido conocimiento de su constitución han aceptado colaborar con gran entusiasmo. Sin duda esto respondí­a a una necesidad y a un sentimiento generales.

Un buen apretón de manos de su siempre amigo

Julián Gorkin

En diciembre de 1959 Cuadernos se traslada de oficina y abandona el local que compartí­a con el Congreso (en 23 de la Rue de la Pépinií¨re / 104 Boulevard Haussmann) para trasladarse a 18 Avenue de l'Opéra (el mismo domicilio, por cierto, que el recién nacido Centro de Documentación y de Estudios Españoles), manteniéndose la sede del Congreso en el Boulevard Haussmann.

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 22 de enero de 1960

Sr. D. José Ferrater Mora
Bryn Mawr College
Bryn Mawr Pa.

Mi querido amigo:

Con un poco de retraso, debido a la gripe, le acuso recibo de la suya del 3 de los corrientes y de su artí­culo «Sobre una cuestión disputada: Cataluña y España».

Su artí­culo me gustó, y además se me antoja necesario. Se está envenenando demasiado la cuestión y hora va siendo de hacer oí­r alguna voz sensata. Espero poder publicarlo en el verano próximo.

Antes publicaré el otro suyo sobre los libros de Ortega y de Laí­n. Esperaba poder hacerlo en el nº 41, que verá la luz dentro de un par de semanas, pero no pudo ser a causa del espacio que hubo que dedicar al viejo Alfonso Reyes.

¿No se siente usted con ganas de hacerme cuatro o cinco cuartillas para la sección de libros, comentando la polémica abierta en España sobre la religiosidad de Ortega, en la que vemos a nuestros amigos Marí­as, Aranguren y Laí­n batallando contra el dominico P. Ramí­rez? Supongo tendrá el libro de este último y todos los folletos de "Taurus" de aquéllos. Me parece que el fondo del problema es otro: si puede existir o no en España un catolicismo liberal, progresista. Si se ataca a nuestros amigos es por esto. Todo lo demás son argucias polémicas.

Contésteme sobre esta petición mí­a y mientras tanto reciba los más cordiales saludos de su buen amigo.

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

En efecto, en el número 42 (mayo-junio 1960), y con los honores de aparecer en segundo lugar en la cubierta, se publica «Dos obras maestras españolas» (págs. 47-54), que dedica Ferrater a glosar La idea de principio en Leibniz de Ortega y La espera y la esperanza de Laí­n. En el mismo número (págs. 115-116) firma Ignacio Iglesias una reseña al libro de Ferrater, La filosofí­a en el mundo de hoy (Editorial Revista de Occidente, Madrid 1959).

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 19 de febrero de 1960

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Querido amigo:

Acabo de entregar su carta a la Comisión Organizadora del Congreso de Berlí­n.

Tenemos un arreglo con Air France para todos los pasajes, lo que nos permite gozar de una substancial reducción. Su representación en los Estados Unidos se pondrá directa y oportunamente en relación con usted. Claro está que el pasaje será Nueva York-Berlí­n-Nueva York; dentro de el no sólo quedará abierta y a su albedrí­o la fecha de regreso, sino cualquier otro viaje que usted quisiera hacer por su cuenta, gozando asimismo de la reducción de conjunto. Duerma usted tranquilo que ya empezamos a tener la costumbre de la organización de los Congresos.

Hasta pronto y un buen abrazo de su siempre amigo,

Julián Gorkin

Cuadernos anuncia en su número 43 (julio-agosto 1960) la reunión «Progreso y Libertad», celebrada en Berlí­n del 16 al 20 de junio de 1960, en conmemoración del décimo aniversario de la fundación allí­ del Congreso. Asistieron Ferrater, Julián Marí­as y todos los funcionarios y colaboradores de la organización, que tuvieron ocasión de anudar lazos y relaciones. En el número 45 de Cuadernos (noviembre-diciembre 1960) dedica Ferrater tres páginas a comentar Ortega. Circunstancia y vocación de Julián Marí­as. ¿Qué propiedades tendrí­a el aparato de radio que no pudo recoger Ferrater en Parí­s puesto que Iglesias lo habí­a dejado guardado bajo llave cuando se fue de vacaciones?

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 6 de septiembre de 1960

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr Pa

Estimado amigo:

A mi regreso de vacaciones me encuentro con la desagradable sorpresa de que no pudieron entregarle el aparato de radio, cuando pasó a buscarlo. En efecto, yo lo habí­a encerrado bajo llave para mayor seguridad, puesto que usted quedó en pasar por aquí­ cuando mi secretaria habrí­a reanudado sus actividades. Pero por lo visto pasó usted antes, y esto ha sido la causa de que no pudiese recoger el aparato de radio en cuestión. Le repito que lo siento infinito. Dí­game, por favor, que es lo que debo de hacer. En espera de sus órdenes volveré a meter de nuevo bajo llave el aparato de radio.

Otro asunto. Ayer se recibió para usted la nota que le incluyo, procedente de los servicios de correos. Me permití­ abrir el sobre por temor a que se tratase de algo que habrí­a de resolverse aquí­ rápidamente.

En espera de sus noticias reciba los más cordiales saludos de su buen amigo,

Ignacio Iglesias
Secretario de Redacción

El Congreso habí­a entendido que se hací­a ya necesario constituir una plataforma estable en el interior de España, un Comité español efectivo. Tras la reunión «El escritor y la sociedad del bienestar» (Copenhague, 9-13 septiembre 1960), a la que asistieron como ponentes Julián Marí­as y Lorenzo Gomis (fundador en 1951 de El Ciervo), importantes funcionarios del Congreso (John Hunt, agente de la CIA dotado de un español perfecto, Edward Shils, Pierre Emmanuel, &c.) se reunieron en Parí­s con varios intelectuales españoles y dieron por constituido el Comité español.

Paralelamente el Centro de Documentación y Estudios vení­a ya publicando un Boletí­n Informativo de combate, escrito en español, mecanografiado y reproducido a ciclostil, con un portada genérica impresa a dos colores, grapada al resto de los folios. En el número cuatro (diciembre de 1960) el pie de imprenta dice, en francés, en la página 17 y última: «Centre de Documentation et D'Etudes. 18, Avenue de l'Operá. Paris (1). Bulletin d'information. Le Directeur-Gérant: Michel Collinet.» Michel Collinet (1904-1977) habí­a militado en las Juventudes Comunistas en 1925, y su simpatí­a hacia el POUM le llevó en julio de 1936 a desplazarse a Barcelona como voluntario tras el 18 de julio; en 1938 se casó con Simone Breton, ex-esposa de André Breton, militando los dos en el socialdemócrata PSOP, y participando en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Ese número ofrecí­a como «documento» la famosa carta de intelectuales abajofirmantes sobre la censura, entregada mediante notario el 26 de noviembre de 1960: «El problema de la censura. Carta dirigida a los Ministros de Educación Nacional y de Información y Turismo». Un escrito que llevaba las firmas de varios que ya habí­an sido tocados por el Congreso, y de otros que pronto lo serí­an. Tiene el mayor interés advertir que esta versión es una primera redacción respecto de las que fueron difundidas después profusamente, lo que permite sospechar información privilegiada por parte del Congreso. En el documento publicado por el Boletí­n, el segundo párrafo termina: «Y todos estos hechos se agrandan cuando se trata del caso particular de la cultura en lengua catalana.» Frase sospechosa que no figura en la versión que ofreció el propio Cuadernos en su número 47 ([Protesta contra la censura de más de 300 escritores, artistas e intelectuales españoles]), ni aparece siquiera en la versión (en catalán) publicada en México por Horitzons, el órgano del comunista PSUC («Contra la censura»).

Seguramente Gorkin, el Congreso y sus amigos, no valoraron suficientemente que recurrir a la estrategia de los escritos de protesta se les podí­a volver en contra. Como se verá inmediatamente, Gorkin atribuí­a los escritos de abril de 1959 pidiendo la amnistí­a (firmados curiosamente por separado por intelectuales y por artistas plásticos) a una de las habituales maniobras de propaganda del Partido Comunista; y auspiciaron el escrito contra la censura para demostrar la falta de libertad en España (y obstaculizar así­ las negociaciones que mantení­a el gobierno español con los entes europeos), un escrito susceptible de ser firmado por sonoros nombres de escritores y escritoras del franquismo, exfalangistas, socialdemócratas, socialfascistas, católicos, protestantes y otros despistados. Pero los propios comunistas hicieron suyo ese escrito contra la censura y, además, decidieron organizar una gran Conferencia, en Parí­s, a favor de la Amnistí­a. Coincidí­a esto, además, con la asunción por parte del Congreso, con cierto retraso y demostrando pretéritos errores graves de análisis e inteligencia, de lo que sucedí­a en Cuba (véase la declaración de la Reunión de los representantes de las Asociaciones iberoamericanas del Congreso por la Libertad de la Cultura, Parí­s, 14-16 de diciembre de 1960).

Salvador de Madariaga y Gorkin, el 23 de febrero de 1961, remiten a Ferrater, y a otros amigos del Congreso, documentos sobre la Conferencia comunista pro Amnistí­a y le informan del plan adoptado, que consiste en advertir de las maniobras, constituir un «Comité de patronato de altas personalidades democráticas europeas y latinoamericanas» para «desarrollar una auténtica campaña en favor de la libertad» y organizar otra conferencia alternativa a favor de los presos polí­ticos españoles:

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 23 de febrero de 1961.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Muy distinguido amigo:

Abusando del nombre venerable de don Ramón Menéndez Pidal, que encabezó va para dos años un escrito firmado por numerosos intelectuales españoles solicitando de las autoridades la libertad de los presos por delitos de opinión, el comunismo trata de cubrir una de sus habituales maniobras de propaganda, de infiltración y de «frente único» en la propia España, en la Europa occidental y en Latinoamérica.

So pretexto de pedir «la amnistí­a para los presos y exilados polí­ticos españoles», un «secretariado» innominado y domiciliado en Parí­s en un local comunista, cuyos hilos se mueven desde Praga, se cubre con nombres de personalidades democráticas e independientes en abigarrada mezcolanza con otros comunistas –como Maurice Thorez, Jeannette Vermeersch, Louis Aragón, etc.– y los habituales compañeros de ruta para dirigir llamamientos, hacer campañas y organizar conferencias internacionales. Podemos asegurar que algunas de las personalidades democráticas cuyas firmas se exhiben no las han dado nunca y otras muchas las han dado ignorando que iban a verse mezcladas con las comunistas y lo que se oculta detrás de esa operación.

Permanecemos constantemente atentos a lo que sucede en nuestro paí­s y en contacto frecuente con los opositores al régimen; no ignoramos, por consiguiente, que hay numerosos presos polí­ticos en cárceles y presidios, algunos desde hace largos años, y que la represión hace periódicamente nuevas ví­ctimas sometidas a la jurisdicción militar. Nada más legí­timo que las campañas de protesta y de presión en favor de la libertad de todos esos presos. Pero, ¿es admisible que puedan abogar sinceramente por la amnistí­a –término, por otra parte, inaceptable– en España quienes han aprobado a voz en grito todas las persecuciones del stalinismo, la condena y la ejecución de Imre Nagy y recientemente aun la inconcebible condena de la compañera de Pasternak y de la hija de esta? Por esto y porque el franquismo explota a fondo el peligro comunista, real o ficticio, es evidente que una campaña inspirada y movida por los comunistas perjudica grandemente a los presos polí­ticos en lugar de favorecerlos. Buena prueba de ello es que ya la prensa española ha comenzado a explotar la actual campaña para tachar de comunistas incluso a los presos que no lo son y, en general, para justificar la represión policiaca. No es la suerte de los presos polí­ticos españoles lo que interesa a los comunistas, sino el especular sentimentalmente con ellos para cubrir sus jugadas polí­ticas, disimular sus propias injusticias y persecuciones y atraerse unas colaboraciones que no lograrí­an por otros medios.

Las organizaciones y las personalidades auténticamente demócratas no han aguardado a la actual especulación comunista para multiplicar sus protestas contra las represiones franquistas y para manifestar su solidaridad con las ví­ctimas. Hace ya meses la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres y la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos adoptaron una declaración conjunta sobre España condenando las represiones y comprometiéndose a apoyar la acción en defensa de los presos y de las libertades españolas. Con anterioridad la Internacional Socialista habí­a adoptado una resolución semejante. Por su parte la Comisión Internacional de Juristas viene preparando un Libro Blanco sobre los Tribunales militares, el sistema penitenciario y la situación de los presos polí­ticos que, según nuestras noticias, debe publicarse en breve en varios idiomas. Esta acción, independiente de las especulaciones comunistas, es la que nos corresponde apoyar a los intelectuales españoles en la emigración.

Se ha celebrado recientemente una reunión en Parí­s con elementos democráticos españoles y de la Europa occidental y hemos recibido el encargo de dirigirnos a las principales figuras intelectuales españolas de la emigración solicitando su adhesión al siguiente plan:

1. Advertir a las personalidades democráticas independientes, de cuya buena fe han abusado los comunistas, llamándoles la atención sobre la maniobra que encubren y la explotación que de ella hace el franquismo, perjudicial a los presos polí­ticos;

2. Constituir un Comité de patronato de altas personalidades democráticas europeas y latinoamericanas para desarrollar una auténtica campaña en favor de la libertad de todos los presos polí­ticos españoles, sin excluir, claro está, a los propios presos comunistas; y

3. Organizar, con la adhesión y el apoyo de las Organizaciones y el mayor número de personalidades democráticas posible, una próxima conferencia en un paí­s de Europa occidental en favor de los presos polí­ticos de nuestro paí­s.

A tí­tulo informativo debemos decirles que los núcleos democráticos de la emigración –y el propio Gobierno republicano en el exilio– se manifiestan dispuestos a denunciar la maniobra comunista y a sumarse a la acción a que nos referimos anteriormente.

En espera de su reacción favorable a esta carta, quedamos muy confraternalmente suyos

Salvador de Madariaga                 Julián Gorkin

Esta carta iba acompañada de un dí­ptico impreso de la convocatoria realizada por ese secretariado innominado y domiciliado en Parí­s en un local comunista, cuyas cuatro páginas reproducimos a continuación, y otras dos páginas, de las que prescindimos aquí­, una que ofrece una relación más amplia y especí­fica de franceses que apoyaban la Conferencia (Simone de Beauvoir, Franí§ois Mitterand, Jean-Paul Sartre…) y la otra una hoja de recogida de firmas, que debí­an ser remitidas «au Sií¨ge de la Conférence: 12, rue du Quatre-Septembre, Paris (2º), Tél.: RIC 49-99»:

Conference d'Europe Occidentale
pour l'Amnistie aux emprisonnés
et exilés politiques espagnols

Les 25 et 26 Mars 1961, dans les salons
de l’Hotel Continental, a Paris

Ordre de Jour

1.- La situation des emprisonnés et exilés politiques espagnols;

2.- Formes et ampleur de l'action et démarches í  entreprendre dans les différents pays d'Europe Occidentale pour développer un large courant d’unanimité en faveur de l’Amnistie.

Secrétariat de la Conférence: 12, Rue du Quatre-Septembre. Paris 2. Tel.: RIC 49-99.

Pourquoi cette conférence?

Récemment, de hautes personnalités telles que le Président de l'Académie Espagnole, Don Ramón Menéndez Pidal, les Bí¢tonniers de l'Ordre des Avocats de Madrid et de Barcelone, ainsi que des ecclésiastiques, ont pris la responsabilité de s'adresser aux autorités espagnoles, afin de rendre public le drame de la répression contre les délits d'opinion. De telles démarches répondent í  une aspiration profonde en Espagne.

Ces interventions, inspirées par des sentiments humanitaires et fondées sur des considérations juridí­ques, ont trouvé un echo dans de nombreuses consciences í  travers le monde.

A leur exemple, des personnalités d’Europe et d’Amérique sont publiquement intervenues pour demander une amnistie, aprí¨s tant d'années de souffrances, pour les emprisonnés et exilés politiques.

A partir de ces faits, naquit et grandit l’idée d'une Conférence des Pays d'Europe Occidentale pour l’Amnistie.

Des noms illustres de la littérature, des arts, des sciences, de la politique et de l’Université ont appuyé un Appel pour l’Amnistie convoquant une telle conférence.

L'idée prenant corps, un Secrétariat International Provisoire a été constitué afin de préparer la Conférence d'Europe Occidentale et de coordonner les efforts faits dans chaque pays. Cette Conférence se tiendra í  Paris les 25 et 26 mars 1961. Elle exprimera l'émotion ressentie devant la prolongation du drame espagnol vécu par tant de prisonniers et d'exilés politiques et par les victimes des tribunaux militaires d'exception qui continuent í  frapper les simples délits d'opinion et í  infliger de lourdes condamnations pouvant aller jusqu'a la peine de mort. Une large amnistie serait accueillie dans le monde entier avec un immense soulagement.

Les premiers signataires appellent toutes les personnalités, toutes les organisations et associations favorables aux grandes causes humanitaires í  apporter leur appui individuel et collectif í  la Conférence. L’ordre du jour de cette dernií¨re sera strictement limité aux questions relatives í  l’Amnistie, afin de réaliser l’unanimité.

Le Secretariat de la Conference

Paris, le 19 décembre 1960.

Appel pour une amnistie en Espagne

Il est profondément troublant que vingt ans aprí¨s la fin de la guerre civile, des milliers d’Espagnols se trouvent en prison, des centaines d'entre eux depuis dix, quinze ou vingt ans; que des dizaines de milliers d'Espagnols, parmi lesquels des intellectuels de renommée mondiale, vivent toujours en exil; que des femmes et des hommes de toutes tendances politiques et de toutes conditions sociales, inculpés en raison de leurs opinions, soient condamnés, aujourd'hui encore, par des tribunaux militaires.

Nous proposons, afin de contribuer í  obtenir une amnistie pour tous les détenus et exilés politiques espagnols, la réunion d'une Conférence des pays d'Europe Occidentale, avec la participation de personnalités représentatives ayant la plus large influence.

Premiers signataires

en Autriche

MM. Julius DEUTSCH, Ancien Ministre

Franz HEINISCHE, Membre de la Présidence de la Fédération Ouvrií¨re Autrichienne

Erwin KOCH, Pasteur

Dr. Marcel RUBIN, Compositeur

en Belgique

MM. Paul FINET, Membre de le Haute Autorité de la Communauté Européenne du Charbon et de l'Acier

Camille HUYSMANS, Ancien Premier Ministre

Chanoine LECLERC, Professeur í  l’Université Catholique de Louvain

en Finlande

MM. Paavo AITIO, Premier Vice-Président du Parlement

Vaino MELTTI, Préfet du Département Uusima-Helsinki

Pasteur Alwar SUNDELL, Député au Parlement

en France

MM. Vincent AURIOL, Ancien Président de la République

ARAGON

Jean CASSOU, Conservateur en chef du Musée National d'Art Moderne

CHAGALL

Jean COCTEAU, de l’Académie Franí§aise

Mme S. COLLETTE-KAHN, Vice-Présidente de la Ligue Franí§aise et Secretaire Générale de la Fédération Internationale des Droits de l'Homme

MM. Arthur CONTE, Deputé, ancien Ministre

Pierre COT, Ancien Ministre

Albert DETRAZ, Secrétaire Général de la Fédération du Bátiment C.F.T.C.

Edgar FAURE, Sénateur, Ancien Président du Conseil

Benoí®t FRACHON, Secrétaire Général de la Confédération Générale du Travail

Louis MALLE, Cinéaste

Franí§ois MAURIAC, de l’Académie Franí§aise, Prix Nobel

André MAUROIS, de l'Académie Franí§aise

Daniel MAYER, Président de la Ligue des Droits de l’Homme

Marcel PELLENC, Sénateur

PICASSO

Paul RAMADIER, Ancien Président du Conseil

Révérend Pí¨re RIQUET S. J.

Armand SALACROU, de l'Académie Goncourt

Franí§ois TANGUY-PRIGENT, Ancien Ministre

Maurice THOREZ, Député, ancien Vice-Président du Conseil

R. W. THORP, Bí¢tonnier de l’Ordre des Avocats

Henry TORRES, Ancien Sénateur

Mme Elsa TRIOLET, Prix Goncourt

en Grande-Bretagne

MM. Kingsley AMIS, Ecrivain

Malcolm ARNOLD, Compositeur, Oscar 1957

A. J. AYER, Professeur de l’Université d’Oxford

Michael AYRTON, Peintre-Sculpteur

Sir Isaiah BERLIN C. B. E., Professeur de l’Université d’Oxford

Lord  BEVERIDGE K. C. B., Economiste

MM. Roredic BOWEN Q. C., Avocat, Membre du Parlement

R. W. BRIGINSHAW, Secrétaire Général du Syndicat des Imprimeurs

A. K. CAIRNCROSS, Professeur de l’Univesité de Glasgow

Eric FLETCHER, Membre du Parlement

 

Professeur L. C. B. GOWER M. B. E., Professeur de l’Université de Londres

Rt. Hon. Lord HENDERSON P. C., Ancien Sous-Secrétaire d’Etat aus Affaires Etrangí¨res

F. Elwyn JONES Q. C., Avocat, Membre du Parlament

Dave LAMBERT, Secrétaire Général du Syndicat des Travailleurs de l’Acier

Mme Rosarmond LEHMANN, Ecrivain

Very Rev. George F. MACLEOD, Ancien Modérateur de l'Eglise d’Ecosse

MM. Henry MOORE, Sculpteur

Rt. Hon. P. J. NOEL-BAKER, Prix Nobel, Membre du Parlement

William PAYNTER, Secrétaire Général du Syndicat des Mineurs

John PIPER, Artiste

Sir Leslie PLUMMER, Membre du Parlement

MM. Jeremy THORPE, Membre du Parlement

Harry WEAVER, Secrétaire Général du Syndicat des Travailleurs du Bí timent

en Grí¨ce

MM. ARGYROPOULOS, Ancien Ministre des Affaires Etrangí¨res

Sprid DIVARI, Député, ancien Vice-Président du Conseil d'Etat

Nicos KITSIKIS, Député, ancien Doyen de l’Ecole Polytechnique

Michel C. KYRKOY, Député

Marios VANOGLIS, Compositeur

en Italie

MM. Enzo Enriques AGNOLETTI, Directeur de la revue «Il Ponte» de Florence

G. B. ANGIOLETTI, Président de la Communauté des Ecrivains Européene

Michelangelo ANTONIONI, Cinéaste

Italo CALVINO, Ecrivain

Carlo CASSOLA, Ecrivain

Luigi DALLA PICCOLA, Compositeur

Vittorio GASSMAN, Acteur de Théatre

Paolo GRASSI, Directeur du «Piccolo Teatro» di Milán

Renato GUTTUSO, Artiste Peintre

Carlo LEVI, Ecrivain

Luigi LONGO, Député au Parlament

Alberto MORAVIA, Ecrivain

Pietro NENNI, Député au Parlement

Agostino NOVELLA, President de le Fédération Syndicale Mondiale. Secrétaire Général de la C. G. T. italienne

Ferruccio PARRI, Sénateur, ancien Président du Conseil

Guido PIOVENE, Ecrivain

Dario PUCCINI, Ecrivain

Fernando SANTI, Secrétaire Général-Adjoint de la C. G. T. italienne

Luchino VISCONTI, Cinéaste

Elio VITTORINI, Ecrivain

en Norví¨ge

M. Langmann Carl BONNEVIE, Ancien Président de la Cour Supréme de Justice

en Suí¨de

M. George BRANTING, Sénateur, Avocat, Ecrivain

en Suisse

MM. Max BILL, Architecte, Sculpteur

Hans HERNI, Artiste Peintre

Hermann LEUENBERGER, Président de l'Union Syndicale Suisse

Lucien Ferdinand MULLER, Professeur de philosophie a l’Université de Gení¨ve

Hans OPRECHT, Député, ancien Président du Partí­ Socialiste Suisse

Otto SCHUTZ, Conseiller National

———
I. C. C. (London)

La campaña propagandista a favor de la Conferencia de los paí­ses de Europa occidental por la amnistí­a en España fue muy intensa: Mundo Obrero, por ejemplo, fue dedicando páginas en todos sus números, desde enero de 1961, a informar de la convocatoria, los trabajos preparatorios, la repercusión en la prensa de Francia, Bélgica, Italia, Inglaterra, &c. Y, en el mensaje de adhesión a la Conferencia firmado por ciento cincuenta intelectuales españoles, ¡hasta firmó algún colaborador de Cuadernos!

El Congreso tení­a que hacer algo con urgencia y no quedarse paralizado viendo actuar al enemigo: no le resultaba tan sencillo como a los comunistas reunir docenas de firmas, pero al menos podí­a hacer publicar una carta denunciando la estrategia comunista en los periódicos más importantes. Gorkin se fue a Oxford a despachar con Salvador de Madariaga y ni siquiera se preocuparon por consultar el escrito con los amigos abajofirmantes, que habí­a confianza tras diez años en el mismo bando, los que Ferrater llevaba implicado en la lucha. De manera que The New York Times y Le Monde publicaron la nota de Salvador de Madariaga junto con los nombres de José Ferrater Mora, Francisco Garcí­a Lorca, Francisco Ayala, íngel del Rí­o, Vicente Llorens, Eugenio Granell, José Maurí­n, Federico de Oní­s…, que se enteraron de lo que habí­an firmado, por la prensa. Pero Ferrater no tardó en quejarse:

28 de marzo de 1961

Sres. Salvador de Madariaga y Julián Gorkin
Cuadernos
18, Avenue de l'Opéra
Parí­s (1e).

Estimados amigos:

Me sorprendió mucho (y entiendo que han participado de mi sorpresa los demás firmantes) ver mi nombre al pie de una carta enviada desde Londres al New York Times. Aunque hubiese estado absolutamente de acuerdo con todos y cada uno de los términos de la carta, creo que hubiese sido deseable leerla antes de poner mi firma. En general, soy enemigo de firmar documentos colectivos (a los que tan aficionados son los comunistas, como sabemos por triste experiencia). Como la mayor parte de los escritores, entiendo que puedo por mí­ mismo, aunque sea trabajosamente, manifestar mis propias opiniones. Más enemigo tengo que ser, pues, de firmar un documento colectivo previamente no examinado.

Como ustedes recordaran, les dí­ mi reacción favorable al plan que habí­an ustedes propuesto. Pero manifestar una reacción favorable a un plan es cosa muy distinta que firmar un documento colectivo. Por lo demás, este documento no reflejaba el plan en cuestión; era sólo la expresión de una actitud negativa frente a una empresa que tení­a todos los visos de haber sido ingeniada por grupos comunistas. No necesito decirles que las empresas comunistas merecen mi repulsa. Sus fines polí­ticos y la inmoralidad de sus métodos me son absolutamente extraños. Por lo tanto, estoy completamente de acuerdo en que hay que hacer todo lo posible para oponerse a ellos. Pero hay que oponerse a ellos con habilidad, siempre que ésta no se halle en conflicto con el decoro polí­tico. Los comunistas suelen pedir cosas que en sí­ mismas son inobjetables: «evitar la guerra», «liberar a los presos polí­ticos», etc. etc. Ya sabemos, por supuesto, que eso no es lo que realmente les importa. Pero una actitud puramente negativa revela en los anticomunistas una cierta debilidad. Aparte otros puntos, hubiera sido mejor, por ejemplo, indicar que las personas que han firmado el manifiesto en cuestión se proponen un fin loable, pero que es una lástima que entre los firmantes haya gentes que no protestaron jamás contra loa crí­menes de Budapest, etc. etc. etc. Esto parece una mera sutileza, pero no lo es; es contestar a la habilidad con la habilidad; es decir que ciertas personas no hubieran debido firmar el manifiesto. Y como estas personas son presumiblemente quienes lo prepararon o redactaron, es manifestar una clara y enérgica repulsa a tales personas más bien que a lo que dicen. Lo cual supone, claro está, una clara y enérgica repulsa a los motivos por los cuales dicen lo que dicen mientras pretenden otra cosa.

Me he extendido un poco sobre este punto para que vean ustedes que un documento colectivo, caso de forjarse, puede requerir el auxilio de las personas que, al final, vayan a firmarlo. Cuatro ojos suelen ver más que dos.

En la carta en la cual les manifestaba ni reacción favorable a sus planes me permití­a ponerles de relieve, además, el hecho de que ciertas personas cuyas convicciones democráticas son indudable –personas como Mauriac, Malraux o Maurois, para limitarme a la «M»– habí­an firmado el manifiesto de inspiración comunista. Cierto que se puede clamar que son unos incautos. Pero no se debe. De lo contrario, nos enajenamos sus simpatí­as, que se necesitan para cuando se inicien empresas de carácter netamente liberal y democrático como las representadas por el CONGRESO y por CUADERNOS, a quienes tanto debemos los que comulgamos con los ideales de democracia y libertad. De ahí­ que la fórmula que antes proponí­a salvara a esas personas de considerarse inclusive a sí­ mismas como incautas. A nadie le gusta ser incauto, aunque lo sea.

Lo que cabrí­a hacer con tales personas es dirigirse a ellas para ponerles de relieve el inconveniente que ofrece prestarse a maniobras cuyos fines tienen poco que ver con los que se proclamen, pero no tomarlas en bloque. Los bloques son siempre sospechosos –y es por ello que los comunistas son tan aficionados a ellos. A los comunistas no les gusta, o no les conviene, matizar. Pero nosotros tenemos que hacerlo, pues la libertad es en gran parte libertad para matizar.

Rogándoles perdonen la desmedida extensión de esta carta, les saluda amistosamente,

[ José Ferrater Mora ]

El liberal y democrático Ferrater está de acuerdo en el fondo, pero no en las formas, que demostraban poca habilidad. Poca habilidad pero indudable efectividad, pues aquellas humildes cartas produjeron reacciones inmediatas que trajeron efectos duraderos y daños no pretendidos. Algunas de las heridas documentadas permiten barruntar el alcance de su impacto. Juan Marichal, su gran amigo y confidente, le escribe poco después de haber recibido ya explicaciones de Vicente Llorens:

«Querido José Marí­a: ha estado aquí­ Lloréns y me ha explicado lo de la extraña carta que ud. y otros amigos (él por ejemplo y Ayala) habí­an firmado y que nos habí­a dejado a todos los (pocos) buenos liberales de estas latitudes un poco inquietos y hasta consternados. Porque no hay duda que lo de Parí­s ha sido un poco 'Frente Popular', pero sin que esto tenga las malas consecuencias descritas por el don Salvador. Ya entendemos ahora lo que otras gentes han dicho de él en el pasado. Espero con mucha impaciencia el artí­culo de Ayala en Cuadernos. Y me parece además que el futuro de España se presenta con muy buena cara: para mí­ es signo indudable de esto el que un no-idealista como Ayala empiece a hacer y decir algo. […] Estuvo aquí­ un vecino de ud., un insufrible platense, un llamado Bunge. ¡Qué insoportablemente pedantes son a veces los amigos de allá de allá abajo.» (Juan Marichal a Ferrater, Cambridge Mass., 1 abril 1961.)

«He aquí­ los datos que V. amablemente me pidiera. Pode lo superfluo. Le traigo saludos de Caws y Marichal, a quienes ví­ la semana pasada.» (Mario Bunge a Ferrater, Filadelfia, 4 abril 1961.)

Ferrater ya temí­a, en su carta a Madariaga y Gorkin, que a los incautos, aunque lo sean, no les gusta reconocerlo. El gran cacique de entre los editores progres de la gauche divine franquista barcelonesa, Carlos Barral, abajofirmante solidario de la Conferencia comunista de Parí­s, fuera incauto o no lo fuera, ejerció de comisario polí­tico intransigente ordenando a Ferrater el enví­o de más pruebas para poder afinar la condena. Ni siquiera firmó personalmente la carta, pues la dictó a través de la secretarí­a del negocio familiar, que él probablemente estarí­a pescando en Calafell o produciendo versos en otro tajo:

«Estimado amigo: La prensa española de estos últimos dí­as, sobre todo la más fascista y ortodoxa, han hecho uso de su nombre a propósito de sus inofensivas declaraciones acerca de la conferencia pro-amnistí­a que ha tenido lugar recientemente en Parí­s. Creo que cualesquieran sean sus opiniones estrictamente personales, en esta cuestión debiera Vd. de haber tenido en cuenta el uso que de sus manifestaciones inevitablemente habí­an de hacer personas interesadas en reformarlas. Por cuanto estoy seguro de que las palabras que haya Vd. pronunciado o suscrito tendrán muy poco que ver con los textos con los que su nombre viene mezclado, le agradecerí­a mucho en mi nombre y en el de algunos amigos que me hiciera llegar un resumen de ellas. Cordialmente, Carlos Barral.» (Carlos Barral a Ferrater, Barcelona, 6 abril 1961, con papel timbrado de Editorial Seix Barral SA; la carta está dictada 'Dict: CB/CR' y no la firma Barral, sino 'p.o.'.)

El 10 de abril de 1961, Jaime Salinas (hijo de Pedro Salinas y hermano de Solita, la mujer de Juan Marichal), eficiente empleado entonces de Carlos Barral, le advierte también desde Barcelona de la reacción causada por su carta en Le Monde denunciando «la conferencia de europeos occidentales en pro de la amnistí­a de los prisioneros y exiliados polí­ticos españoles», utilizada por las autoridades españoles. No conocemos la respuesta de Ferrater a Salinas, pero éste, el 18 de abril, le reconoce que ha quedado más tranquilo y le aconseja denunciar pública y oficialmente a quienes se han servido de su nombre. Al dí­a siguiente Jaime Salinas remite a Ferrater copia de una carta enviada por algunos intelectuales españoles a The Times y de otra carta enviada a Vicente Llorens.

No pudo imaginar Gorkin, cuando utilizó los nombres de quienes creí­a fieles incondicionales de sus tropas, la crisis de fiabilidad que se le vení­a encima. El ruido de plumas entre los suyos obligaba a una respuesta contundente, en la que puso toda la carne en el asador, recurriendo incluso al recuerdo de las estampillas de caoutchouc que le habí­an llevado a romper con el comunismo en 1929:

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 10 de abril de 1961.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Mi querido amigo:

En respuesta a su última carta y no siéndome posible hacerle una extensa por mis muchas ocupaciones, me permito adjuntarle copia de la que, con esta fecha, les dirijo a íngel del Rí­o y a otros amigos. En ella encontrará usted la explicación, quizá prolija, pero necesaria, de lo que ha sucedido exactamente. Crean que ni Madariaga ni yo nos hubiéramos permitido hacer uso de sus firmas si no hubiéramos creí­do que nos autorizaba a ello la manera cómo les planteamos el problema y las respuestas recibidas. Espero, en todo caso, que no dudará de nuestra buena fe.

En sentido general estoy perfectamente de acuerdo de que nadie tiene derecho a usar de los nombres de otros al pie de un escrito que no se les ha sometido. Sí­rvase comprender las razones que ha habido para no hacerlo así­.

Reciba un apretón de manos de su siempre amigo,

Julián Gorkin

Parí­s, 10 de abril de 1961.

Sres. íngel del Rí­o, Francisco Ayala,
Francisco Garcí­a Lorca y Vicente Llorens.
Nueva York. -USA-

(Con copias a
D. José Ferrater Mora y
D. Eugenio Granell.)

Queridos amigos:

Me es grato acusarles recibo de su carta fechada el 30 de marzo y recibida por mí­ el 7 de los corrientes. Don Salvador de Madariaga se encuentra de viaja desde hace varios dí­as y no me será posible verle en Parí­s, donde tenemos convocada una reunión de los sectores españoles de la emigración, hasta el 18 de los corrientes en que, claro está, le daré a leer su carta, así­ como las recibidas separadamente de Ferrater Mora, de Granell y de Maurin. Es tanto más obligado esto cuanto el autor de la iniciativa de reaccionar contra la maniobra comunista pro-amnistí­a, así­ como el autor de la carta dirigida a Le Monde de Parí­s y al New York Times, fue al propio Madariaga, si bien con mi plena adhesión. Pero por no hacerles esperar hasta dicha fecha, me permito hacerles algunos esclarecimientos que juzgo indispensables.

En la carta firmada por ambos que las dirigimos con fecha 23 de febrero, les decí­amos en su parte concreta:

«Se ha celebrado recientemente una reunión en Parí­s con elementos democráticos españoles y de la Europa occidental y hemos recibido al encargo de dirigirnos a las principales figuras intelectuales españolas de la emigración solicitando su adhesión al siguiente plan:

1. Advertir a las personalidades democráticas independientes, de cuya buena fe han abusado los comunistas, llamándoles la atención sobre la maniobra que encubren y la explotación que de ella hace el franquismo, perjudicial a los presos polí­tico;

2. Constituir un Comité de patronato de altas personalidades democráticas europeas y latinoamericanas para desarrollar una auténtica campaña en favor de la libertad de todos los presos polí­ticos españoles, sin excluir, claro esta, a los propios presos comunistas; y

3. Organizar, con la adhesión y el apoyo de las organizaciones y el mayor número de personalidades democráticas posible, una próxima conferencia en un paí­s de Europa occidental en favor de los presos polí­ticos de nuestro paí­s.»

Es decir, que en el punto 1 del plan expuesto no les ocultábamos nuestro deseo de «advertir» a las personalidades democráticas etc. Como pasaran los dí­as y no recibiera respuesta alguna de ustedes por las causas que me explicaron Maurin y Granell, puedo decirles que ya habí­amos renunciado a producir esta «advertencia» y estábamos decididos a pasar a la segunda parte del plan, como les detallaré más adelante. Por fin, y ya en ví­speras de celebrarse la conferencia comunista, me llegó una carta de José Maurí­n y una primera carta de Granell diciéndome que habí­an decidido adherirse a nuestra iniciativa, si bien me anunciaba el segundo que me comunicarí­a en otra carta algunas observaciones hechas durante la reunión que habí­an celebrado. Habí­a recibido asimismo la adhesión directa de Federico de Oní­s y de José Ferrater Mora y decidí­, entonces, trasladarme sin perder tiempo a Oxford a reunirme con Madariaga. Seguros de que disponí­amos de un voto de confianza por su parte, incluso para la «advertencia» de que les hablábamos en nuestra carta y no disponiendo sino de tres o cuatro dí­as antes de la celebración de la conferencia comunista, añadimos sus firmas a la de Salvador de Madariaga en la carta enviada a Le Monde de Parí­s y al New York Times, carta redactada en unos términos que no se salí­an de las atribuciones que habí­amos creí­do recibir de ustedes. (La carta al New York Times se mandó por haber aparecido en este periódico un escrito de un representante de la Asociación Internacional de los Juristas demócratas, de inspiración comunista y haber sembrado una gran confusión respecto de la Comisión Internacional de Juristas de tipo democrático y que se dispone a publicar un Libro Blanco sobre la situación jurí­dica y penal en España).

En mi vida he dispuesto abusivamente de la firma de nadie y una de las razones que me llevaron a romper con el comunismo en 1929 fue, precisamente, al abuso que se hací­a de las estampillas de caoutchouc con las firmas de Barbusse, Romain Rolland, Máximo Gorki, etc. No cabe sospechar, por otra parte, que nuestro don Salvador de Madariaga haya necesitado nunca hacer un uso abusivo tampoco de la firma de otras personalidades. Si usamos esta vez de sus nombres fue por las razones apuntadas más arriba y porque no disponí­amos de tiempo material para someterles el texto de dichas cartas. Quiero esperar que tomarán en serio estas prolijas explicaciones, que me creo obligado a darles.

A mi regreso a Parí­s encontré la segunda carta de Granell con la firma de todos ustedes, la de Maurí­n y la suya al pie de la resolución exacta que habí­an adoptado. No ví­ en esta resolución una descalificación del contenido de la carta de Madariaga, sino un deseo de cara a actuaciones futuras que no sólo comparto sino que vengo exponiendo desde hace años en mis conferencias y en dos de mis libros en el sentido de que nuestro confuso mundo occidental suele reaccionar siempre tarde y mal ante las iniciativas comunistas, lo que nos ha llevado a un gran debilitamiento en la dirección de los asuntos mundiales. Precisamente el plan de cara a España –sin hablar de otros que nos disponemos a aplicar en Latinoamérica– que les expondré seguidamente tiene por finalidad corregir esa equivocada polí­tica.

En lo que a España respecta y en aplicación del plan que les anunciábamos, estamos decididos a convocar una conferencia que reúna la representación de personalidades pertenecientes a los sectores liberal y democrático del interior y de la emigración, así­ como de las Internacionales y Organizaciones culturales y jurí­dicas democráticas con el fin de plantear no sólo el problema de los presos polí­ticos españoles sino el de las libertades civiles e individuales en España y Portugal, comprendiendo hasta la lucha contra la censura, contra la jurisdicción militar y las torturas, por un Estatuto jurí­dico y por la liberación –todo el mundo rechaza el término de amnistí­a– de los presos polí­ticos españoles. Este deseo lo expresan todas las tendencias liberales del interior del paí­s y creemos que es el mejor servicio democrático que podemos prestarles. El hecho de que todas las Organizaciones democráticas de la emigración española se hayan pronunciado abiertamente contra la conferencia comunista celebrada en Parí­s, como se lo demostrarán a ustedes las adjuntas fotostáticas, nos asegura su colaboración para una lucha que no puede prestarse a maniobras ni especulaciones como las comunistas. Esa reunión que proyectamos quedarí­a en una manifestación esporádica si no tuviéramos el propósito de que de ella surja una comisión permanente de juristas y de intelectuales encargada de proteger a las oposiciones en el interior por todos los medios a su alcance contra los abusos del poder franquista.

Venimos preparando otro plan de envergadura mucho mayor desde hace varios meses, respondiendo asimismo a una iniciativa de don Salvador y mí­a y suscrita por los componentes del «Centro de Documentación y de Estudios», cuya obra decidieron ustedes patrocinar hace un año. Se trata de la convocatoria en Estrasburgo y por el Movimiento Europeo que abarca a las tendencias liberal, demócrata-cristiana y socialista, de una Asamblea que reúna a personalidades españolas del interior y de la emigración según la base de acuerdo que también suscribimos en Oxford Madariaga y yo, cuya copia les adjunto asimismo. Hemos redactado esta base de acuerdo en vista de un conflicto surgido entre algunas personalidades de derecha del interior y las Comisiones Ejecutivas del Partido Socialista y de la U.G.T. No les oculto que la diplomacia franquista se está movilizando activamente para impedir dicha reunión, presionando al gobierno francés para que la prohí­ba y a los directivos del Movimiento Europeo pera que rectifiquen su acuerdo de auspiciarla. El 18 de los corrientes celebra el Consejo Federal Español una reunión en Parí­s, que presidirá Madariaga, con el fin de liquidar en lo posible el conflicto surgido y pasar ya a la convocatoria de dicha conferencia. Por esto verán ustedes que no dejamos de actuar en torno al problema español, no obstante los muchos obstáculos que encontramos en los propios medios españoles, pues, conviene decirlo, en los internacionales encontramos unas facilidades y un entusiasmo que traducen un excelente estado de conciencia por la solución del problema español.

Deseo plantearles ahora como final de esta larga y, a mi juicio, necesaria explicación esta simple pregunta: ¿No creen ustedes que la publicación de esa rectificación que solicitan significará en estos momentos una especie de descalificación para Madariaga y para mí­, precisamente cuando más necesitamos el concurso de las personalidades intelectuales españolas? Tengan por cierto que cualquier descalificación de ese tipo será explotada lo mismo por los elementos franquistas que por los comunistas añadiendo una dificultad a las muchas que ya venimos encontrando y que más de una vez han llevado a mi ánimo la desazón y el deseo de olvidar a veces mi calidad de español. Les ruego examinen la cuestión en el bien entendido de que ni Madariaga ni yo hemos pensado un solo instante hacer un uso abusivo de sus nombres y sí­rvanse contestarnos con toda franqueza.

Se lo agradecerá su siempre cordial compatriota y amigo,

Julián Gorkin

12 de abril de 1961: «El triunfal vuelo de Gagarin simboliza la superioridad y la fuerza invencible del socialismo. El vuelo del primer astronauta de la historia es un acontecimiento de inmensa significación, llamado a tener incalculables consecuencias, no sólo en el dominio cientí­fico sino en el terreno social y polí­tico. La humanidad entra en una nueva Era, empieza su expansión por el Cosmos. El hombre ha logrado un triunfo sin precedentes sobre la naturaleza, un triunfo que demuestra, frente a todas las ideologí­as decadentes, engendradas por la agoní­a del capitalismo, las ilimitadas y optimistas perspectivas del género humano. No es un azar que este paso decisivo lo haya dado el socialismo. Con el socialismo, como anunció Engels, comienza la verdadera historia de la humanidad.» (Mundo Obrero. í“rgano del Comité Central del Partido Comunista de España, nº extraordinario, Madrid, abril 1961.)

15 de abril de 1961: Raúl Roa, embajador de Cuba ante la ONU y antiguo dirigente de la Asociación Cubana por la Libertad de la Cultura, acusa a los Estados Unidos de Norteamérica de haber puesto en marcha una invasión armada contra Cuba. Al dí­a siguiente Fidel Castro, ante la agresión imperialista, proclama que la revolución cubana es socialista y marxista. En la madrugada del dí­a 17 más de mil trescientos invasores anticastristas, entrenados y financiados por la CIA, son desembarcados en Playa Girón: dos dí­as después la Brigada 2506 quedaba totalmente derrotada por el ejército revolucionario cubano, que apresó a 1.183 mercenarios y neutralizó al resto.

Por los párrafos que siguen, de dos cartas de Juan Marichal a Ferrater, cabe confirmar que este asunto dio mucho más de sí­, incluso para reafirmar las posiciones liberales de quienes, desde el Imperio, advertí­an en la distancia que «aquellos chicos están muy dominados por las voces comunistas»:

«Querido José Marí­a: acabo de recibir una carta de Lloréns en que manda copia de una carta de mi cuñado Jaime, y añade que no piensa contestar a la carta de Jaime. Y yo acabo de rogarle que conteste a Jaime, que debe insistir en lo realmente sucedido, y no dar la callada por respuesta. Que hay además, que hacer escuchar en lo posible a la gente de allá. Y pienso si ud. habrá contestado o no: porque creo que deberí­a ud. contestar. ¿No le parece? Aquellos chicos están muy dominados por las voces comunistas y conviene hacer que escuchen otras.» (Juan Marichal a Ferrater, Cambridge Mass., 3 mayo 1961.)

«Querido José Marí­a: He escrito ahora a Ayala. Me ha gustado lo fundamental, lo final de su artí­culo de Cuadernos. Es quizá uno de los mejores análisis polí­ticos de nuestra situación. (El artí­culo ganarí­a mucho –para el porvenir de España– si Ayala quisiera centrar su tema: y olvidarse de todo el comienzo y las alusiones un poco excesivamente locales.) ¡Me alegro que no haya ud. firmado la rectificación de Ibérica! Jaime me dice que la carta de ud. ha gustado mucho, y que las de los demás han sido lamentables. De esto me alegro mucho.» (Juan Marichal a Ferrater, Cambridge Mass., 26 mayo 1961.)

Se refiere Marichal al artí­culo «De la preocupación de España», firmado por Francisco Ayala en el número 49 de Cuadernos (junio 1961, págs. 52-64). Después de la Conferencia comunista de Parí­s, de la conmoción por el vuelo de Gagarin, de la humillación de Playa Girón, Cuadernos tení­a que renovarse urgentemente. Dejó de ser bimestral y a partir del número 48 (mayo 1961) se convirtió en mensual. Además el Congreso, a través de Cuadernos, decidió comenzar a engrasar directamente a los amigos y aliados españoles para que pudiesen, a través de sus empresas editoriales, seguir manteniendo la cultura libre en España. Regalándoles páginas completas de publicidad dotaban de paso a Cuadernos de cierta cercaní­a a la España real, la del interior: quienes recibieran la revista en España comenzarí­an a percibir Cuadernos como algo más cercano, al encontrarse con anuncios de empresas españolas con domicilio en España (pues al lector de España, aunque supiese que Gustavo Gili o Manuel Aguilar eran empresarios españoles, que Cuadernos dedicase páginas de anuncios a Gustavo Gili de México –nº 44– o Aguilar México –nº 45–, no dejaba de confirmarle que era algo venido de fuera). Así­, en el número 48 (mayo 1961), y por vez primera, aparecen tres anuncios a página completa de editoriales españolas domiciliadas en España, una liberal, otra católica y la otra literario progresista: Revista de Occidente, Taurus Ediciones y Editorial Seix Barral SA (de Seix Barral ya habí­an tenido el detalle de anunciar, en el numero 41, la convocatoria del premio de novela 'Biblioteca Breve'). Tres páginas de anuncios que adornan también el número 49, en el que se brinda otra página a Editorial Sudamericana, de Buenos Aires; y en el número 50, donde la Editorial Gredos, de Madrid, se suma al generoso festival…

Como en junio y julio de 1961 anduvo Ferrater por Parí­s, y desde finales de julio a septiembre por Barcelona, tiempo tuvo de tratar en persona el curso de los acontecimientos y los malentendidos habidos con los amigos del Congreso y con los del interior.

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 22 de agosto de 1961

Distinguido señor mí­o y amigo:

El Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, compuesto por personalidades pertenecientes a casi todas las tendencias democráticas de la emigración española –en enlace con otras del Interior–, ha decidido organizarle un homenaje a D. Salvador de MADARIAGA, su Presidente, durante la última semana de septiembre y con ocasión de su setenta y cinco aniversario.

Por su parte el Congreso por la Libertad de la Cultura, del que D. Salvador de Madariaga es uno de los Presidentes de Honor, y la revista Cuadernos, de la que es eminente colaborador desde el comienzo, han decidido sumarse fervorosamente a este homenaje al gran escritor de renombre universal, al consecuente liberal opuesto a todas las dictaduras y todos los totalitarismos, al ilustre español que simboliza quizá como nadie la causa de la convivencia española en la libertad y, en fin, a uno de los fundadores y gran militante del Movimiento Europeo.

Estos y otros muchos tí­tulos de don Salvador de Madariaga –su vida toda dedicada a la defensa de las libertades culturales y de los derechos humanos– le hacen acreedor a la adhesión del mundo libre y, muy particularmente, del mundo de habla española y portuguesa. Me permito por ello recabar su prestigiosa adhesión.

Gracias anticipadas y reciba los cordiales saludos de

Julián Gorkin
Director de Cuadernos

Parece que Ferrater volvió a Filadelfia emprendedor, y le propuso a Ignacio Iglesias que el Congreso patrocinase una edición de refritos. Le respondió directamente el general Gorkin, con una carta de lo más interesante, en la que le desvela los planes inmediatos para responder a la habilidad de los comunistas controlando editoriales y premios. Además, se trata de no permitir «que en el desierto español los comunistas acaben de liquidar toda influencia de los Maestros del 98 al 36 y de establecer una continuidad crí­tica entre esos Maestros y el porvenir»:

Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 31 de octubre de 1961.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Querido Ferrater:

Iglesias acaba de pasarme su carta del 11 de octubre.

La idea que usted sugiere nos parece de interés. Sin embargo tenemos en estos momentos proyectos de cara a España que nos parecen de un interés más original. En lugar de reunir en una edición especial lo que podemos llamar una serie de «refritos», creemos poder editar dentro de breves meses, un número extraordinario de Cuadernos, equivalente al editado sobre América Latina, intitulado «España frente a su destino». Se está trabajando en ello y es posible que vea la luz en febrero o marzo del año próximo.

He de decirle, por otra parte, que con ocasión de la visita a Buenos Aires de Laí­n Entralgo, de acuerdo con Guillermo de Torre, se ha decidido reunir en Sur algunos de los trabajos que usted propone, más otros del número de Atlantic Monthly y varios originales en un número extraordinario dedicado a España. Sur reunirá trabajos sobre todo literario-artí­sticos, mientras Cuadernos se propone estudiar todos los problemas que ofrece la realidad española sin dejar, claro, de estudiar los literario-artí­sticos.

También nos ronda por la cabeza una próxima publicación periódica, paralela con Cuadernos, para estudiar todos los problemas intelectuales españoles. Observamos que los comunistas son muy activos en este dominio, hacen inversiones en editoriales y demás, medio monopolizan algunos premios y casi acaparan las traducciones del español a todos los idiomas. La única gente que no tiene ayudas en España es la gente liberal y democrática, por lo que hay que ofrecerle un instrumento. Se trata, además, de no permitir que en el desierto español los comunistas acaben de liquidar toda influencia de los Maestros del 98 al 36 y de establecer una continuidad crí­tica entre esos Maestros y el porvenir.

Creo que estará usted de acuerdo conmigo en que esta es la gran labor que se nos impone.

Reciba un gran abrazo de su siempre amigo

Julián Gorkin

Después del contubernio de Múnich (el IV Congreso del Movimiento Europeo, 5-8 junio 1962), organizado principalmente por Salvador de Madariaga y Julián Gorkin con dineros del Congreso por la Libertad de la Cultura, tuvo la ocasión el cuartel anticomunista de Parí­s de contratar a bajo precio ardorosos colaboradores procedentes del interior, antiguos falangistas reciclados en socialdemócratas a los que instruir para las nuevas batallas que habí­an de darse en el interior. Seguramente a Ferrater le sorprenderí­a algo esta primera carta que firmaba Dionisio Ridruejo:

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s 30 de agosto de 1962

Sr. D. José Ferrater Mora

Mi distinguido amigo:

Por encargo del Congreso para la Libertad de la Cultura y de su revista mensual en lengua española, Cuadernos, vengo ocupándome en preparar un libro colectivo, de análisis y resumen de la situación polí­tico-social de nuestra Patria, partiendo de sus supuestos esenciales, que llevarí­a por tí­tulo «España ante su porvenir». Tengo el gusto de enviarle adjunto un esquema de dicha obra, con su división en dos partes, claramente diferenciadas, y el reparto de las mismas por capí­tulos, especificando en cada caso el nombre de la persona en que se ha pensado para su redacción.

El hecho de haber tenido que planear la obra sin una consulta previa y colectiva con aquellos autores cuya colaboración se recaba, constituye, sin duda, una dificultad adicional, pero le ruego tenga en cuenta las particulares circunstancias en que he debido hacerme cargo del empeño. Así­, pues, le agradeceré acepte el prestarnos su ayuda, con la molestia consiguiente, en beneficio de la unidad y amplitud de la obra propuesta. Por supuesto, queda usted en perfecta libertad de modificar el contenido del capí­tulo que se le ofrece, rectificándolo allí­ donde le parezca conveniente para su articulación con el resto del libro y a fin de que éste resulte lo más completo y sintético posible. De ese modo, le agradecerí­a cualquier observación o iniciativa al respecto, y tanto en relación a su encargo concreto como al plan general establecido. Caso, como es de desear, de su aceptación del trabajo, serí­a menester que la extensión del mismo fuera de un mí­nimo de 15 folios a máquina (doble espacio, tipo pica) y un máximo de veinticinco.

He de agregarle que la obra en cuestión deberá publicarse en cinco lenguas –castellano, francés, inglés, alemán e italiano–, corriendo la edición francesa por cuenta de Calman-Lévy. La remuneración de estos trabajos será decorosa y puntual.

Por último, tendrí­amos muchí­simo interés en contar con todo el material para el libro antes del 15 de octubre, lo que bien comprendo constituye un esfuerzo considerable. Si dicho plazo le parece excesivamente breve, le rogarí­a nos comunicase la fecha aproximada en que podrí­amos contar con éste.

Sin otro particular, tiene el gusto de saludarle suyo afmo.

Firmado: Dionisio Ridruejo.

En el original de esa carta figuran dos anotaciones manuscritas por Ferrater, la fecha «15-IX-62», en la que habrí­a recibido la carta, y la fecha «24-XI-62», en la que habrí­a cumplido el encargo. Previamente debió escribir a Dionisio Ridruejo aceptando el encargo, pues éste le respondió desde Parí­s, el 29 de septiembre de 1962, rogándole el cumplimiento de la fecha establecida para entregar su colaboración en el libro que preparan para la Societé de Editions, dándole total libertad sobre el resto de las cuestiones que plantea. Pero Ferrater, al enviar a Parí­s el 24 de noviembre el texto encargado, lo remite directamente a Ignacio Iglesias, quien le responde cuatro dí­as más tarde:

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

Parí­s, 28 de noviembre de 1962

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr Pa. (USA)

Querido amigo:

Me apresuro a acusarle recibo de su atenta carta del 24 del corriente, así­ como de su estudio sobre la pluralidad nacional española.

Enví­o las cuartillas en cuestión al amigo Gorkin, puesto que es él, junto con Ridruejo, quien centraliza los trabajos destinados al proyectado libro España ante su porvenir. Supongo que él le contestará a las preguntas que usted me hace.

Con esa misma fecha le hago enviar por correo ordinario cuatro ejemplares del número de Cuadernos donde vio la luz su último artí­culo.

Muy cordialmente suyo,

Ignacio Iglesias
Redactor Jefe

Pablo Martí­ Zaro, recién iniciada su tarea en España como eficiente agente del Congreso por la Libertad de la Cultura, tras el contubernio muniqués y el aprendizaje parisino, escribe desde Madrid a Ferrater, el 19 de enero de 1963, para pedirle que cambie el tí­tulo del artí­culo que les ha enviado, para evitar repeticiones de tí­tulos. Seguramente Ferrater, que mantení­a cada vez más contactos personales y epistolares con otros jóvenes españoles anticomunistas y cercanos al liberalismo norteamericano, como el institucionista Javier Muguerza, comenzó a sentirse cada vez más distanciado del Congreso, no tanto por sus fines, sino por sus estrategias, sus modos y también por los nuevos reclutas.

Un año después de la primera carta, vuelve Ferrater a recibir otra de Dionisio Ridruejo quien, junto con Gorkin, le informa desde Parí­s (26 septiembre 1963) de la constitución de un «Consejo Democrático Español», al que le invitan a adherirse. Esta vez Ferrater rehúsa y responde directamente a Gorkin:

14 de Octubre de 1963

Sr. D. Julián Gorkin
42, rue Pasquier
Paris, 8e.

Estimado amigo:

Perdone que no haya contestado antes a su carta del 26 de septiembre pasado; en esta época del año los compromisos son abrumadores, y las fuerzas para atender a ellos cada vez más escasas.

La iniciativa de que me da cuenta en la carta y en los documentos adjuntos es laudable en cuanto que muestra un continuo interés por la causa de la libertad en España. Sin embargo, no me parece que pueda ser ni efectiva ni siquiera prudente. Entre las varias razones que me llevan a formular este juicio destacaré por el momento sólo una: las iniciativas de este tipo deben a la hora actual partir de España y no de quienes están fuera de ella, en muchos casos desde hace ya muchos años. Aunque en su carta habla usted de «los verdaderos iniciadores residentes en el interior», esta referencia es demasiado vaga. En el interior hay mucha gente, y muchos grupos; serí­a menester, antes de llevar a cabo un proyecto como el apuntado, que esa gente y esos grupos llegaran a un acuerdo suficientemente explí­cito y detallado para que luego los residentes fuera pudiesen adherirse a él. Por el momento no creo que el Consejo proyectado fuera ni útil ni razonable.

Lamento darle una opinión desfavorable sobre el asunto, pero estimo que es mejor la sinceridad que una adhesión a medias.

Sin otro particular, le saluda cordialmente,

[ José Ferrater Mora ]

Responde un Gorkin preocupado, sobre todo porque Francisco Ayala también ha rehusado formar parte del Consejo Democrático Español, con una carta «bastante semejante» a la de Ferrater. Aunque la negativa de Ayala es menos grave que la de Ferrater, que forma, al fin y al cabo, entre los ocho miembros del Consejo de Honor pregonado en toda su correspondencia por el membrete del Centro de Documentación y Estudios (por orden: Pedro Bosch Gimpera, Pablo Casals, José Ferrater Mora, Francisco Garcí­a Lorca, Jorge Guillén, Federico de Oní­s, Claudio Sánchez Albornoz, Ramón Sender):

Centro de Documentación y Estudios. 42, rue Pasquier. Paris

Parí­s, 22 de octubre de 1963.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. - USA.

Estimado amigo:

Al mismo tiempo que contesto yo a su carta del 14 contesta Ridruejo a una bastante semejante que nos ha dirigido Paco Ayala.

Si el problema se reduce a exhibir una carta suscrita por los principales intelectuales liberales del interior apoyando la constitución del Consejo Democrático Español, no ofrecerá ello la menor dificultad, ya que obramos de acuerdo. No le oculto que nos sorprende un poco ofrecerles tan escasa confianza los firmantes de la carta-invitación con el acuerdo, entre otros, de Madariaga.

Todos sabemos –y lo hemos afirmado múltiples veces– que el porvenir de España se fragua, principalmente, en España misma. Consecuentes con esta realidad nuestra posición es ésta: todo lo que se pueda hacer dentro, hay que hacerlo dentro; y lo que no, de fuera para dentro. Dentro se ha suscrito, por ejemplo, una carta firmada por 102 intelectuales en torno a la represión asturiana, pero ha tenido efectividad, a pesar que ha resultado ser una maquinación del partido comunista, gracias a la agitación que hemos realizado en el exterior. ¿Puede hacerse dentro una publicación planteando los problemas crí­ticos y constructivos de la realidad española en función del mundo actual y de cara al porvenir? La Revista de Occidente está ahí­ para demostrar que no. Y otro ejemplo ha sido el ensayo de revista de Ruiz Jiménez y Aranguren en que la censura ha suprimido los tres textos fundamentales e, incluso, una Nota bibliográfica, simplemente porque se hablaba de Madariaga. Pues entra en nuestros proyectos una publicación que no sea de combate o anti, como los periódicos de la emigración sino crí­tica, constructiva, dialogal, de estudio de los problemas con que tendrá que enfrentarse la España que queremos. Eso hoy no puede hacerse dentro y, sin embargo, responde a una necesidad urgente, teniendo en cuenta las contradicciones y la crisis del régimen y la confusión general en la preparación del porvenir. Es uno de nuestros proyectos, que habrá que realizar reuniendo el mayor número de concursos posible.

Otra necesidad es la constitución dentro de Comisiones de Estudio para elaborar una serie de documentos sobre la herencia que le dejara a España el régimen actual en problemas sin cuyo conocimiento no hay programa futuro posible. Por ejemplo, el de las estructuras agrarias y su reforma o reformas, de las estructuras industriales teniendo en cuenta el «outillage», las fuentes de energí­a, los transportes, etc.; la situación económico financiera general, las posibilidades de inversión más urgentes, el comercio interior y exterior; las estructuras sindicales y su democratización, la polí­tica exterior de España en función de la realidad europea y mundial, los planes educacionales y de sanidad, etc. Repito que las Comisiones deben funcionar dentro con la máxima objetividad y utilizando los materiales reales, pero la coordinación y la edición de tales materiales sólo puede hacerse desde fuera. Asimismo una serie de folletos como el publicado de Ridruejo, otro que tenemos en cartera de otro autor y otros en preparación de cara al interior y asimismo a la emigración, tratando de fusionar la conciencia del porvenir en torno a la necesidad numero uno, que es el sentar las bases de la futura convivencia civil española.

¿Para qué mayores detalles? ¿Está usted dispuesto a apoyar esto como intelectual español, al margen o por encima del dentro y del fuera y de las formaciones polí­ticas existentes o por existir? De eso se trata y no de otra cosa. No le oculto, amigo Ferrater, la impresión que produce cuando unos hombres quieren dedicar los últimos años de su vida a tareas tan ingratas y tan sacrificadoras de su tiempo y de sus aficiones, sin espera de prebendas ni recompensas, ver en seguida a otros españoles saltarle con un no envuelto en tales o cuales justificaciones. Este ha sido siempre mi caso y me temo que va a seguir siéndolo. Perdone que le hable con esta franqueza, pero las perspectivas son demasiado graves y amenazadoras para que andemos con guantes.

Le ruego a usted una respuesta decisiva sobre el aporte de su nombre y su colaboración en el bien entendido que sea ella cual fuere contará usted siempre con mi admiración y con mi amistad,

Julián Gorkin

Gorkin no quiere medias tintas ni paños calientes, necesita una respuesta decisiva, y la obtiene:

31 de Octubre de 1963

Sr. D. Julián Gorkin
42, rue Pasquier
Paris, 8e.

Estimado amigo:

He recibido su carta del 22 del actual, que contestaré, para mayor claridad, en algunos puntos.

1. Parece usted suponer que Ayala y yo nos hemos puesto de acuerdo para escribir cartas «bastante semejantes». No hay tal, sólo ocurre que, siendo las dos reacciones, a mi modo de ver, bastante razonables, las cartas tení­an que ser necesariamente «bastante semejantes».

2. Mi buen amigo, Alfonso Aldave, con quien he hablado esta tarde por teléfono, me ha indicado que ustedes suponí­an que ni «negativa» (escribo esta palabra entre comillas por las razones que se verán en el punto siguiente) se debí­a a que no querí­a comprometerme por razón de que he ido, o pienso ir, a España en visita. Si lo que me ha dicho Aldave es cierto, la sospecha en cuestión es, para decirlo suavemente, infundada. Por lo pronto, no se me ha ocurrido pensar en semejante cosa. Segundo, no me afecta que mi nombre figure aquí­ o allá, porque cuando voy a España lo hago como ciudadano de un paí­s extranjero y sin ninguna «mala conciencia». Finalmente, mi nombre figura justamente en el membrete de la carta que me ha dirigido usted, y me parece muy bien.

3. Confunde usted una negativa a figurar en una Comisión de iniciativa, y a un Consejo, o a ambos, con negar la colaboración. Yo no le he negado ninguna colaboración; si se forma una Comisión o un Consejo, o ambos, y lleva a la práctica iniciativas que me parecen aceptables, no tendré inconveniente en colaborar en ellas. Así­, por ejemplo, si se publica una revista como la que usted propone, no veo razón para oponerme a colaborar en ella, ello no obstante el desdichado destino, o ausencia de destino, que tuvo una colaboración mí­a a un volumen del cual he tenido hasta ahora tan escasas noticias como de la colaboración misma. A menos que me demuestren lo contrario, estimo que colaborar a una empresa tiene poco que ver, o no tiene necesariamente nada que ver, con dar el nombre para –por ejemplo– «la autorización del Consejo a su Presidente para que éste pueda actuar en nombre colectivo, con la debida información a sus miembros». En lo que toca a este último punto –que es uno entre varios–, no estará de mal recordarle el poco alentador resultado que dio la cesión del nombre en un caso anterior, cuando ello dio lugar a que se publicara una carta que ni yo ni, según creo saber, la mayorí­a de los firmantes habí­a visto.

4. El asunto de «los principales intelectuales liberales del interior» sigue estando tan oscuro como antes. Por cierto que no se comprende cómo tales intelectuales, si son los mismos, o parte de ellos, acceden a firmar una carta de protesta tan fuerte como la que salió a luz con motivo de la represión de los mineros y, en cambio, tendrí­an escrúpulos con respecto a la manifestación pública respecto a la constitución de un Consejo Democrático Español. Pero todo este punto, si usted quiere, puede no ser importante; en todo caso, en el momento presente parece serlo menos que los anteriores.

5. Todas las personas que figuran en la lista sugerida para la constitución del Consejo Democrático Español me merecen los mayores respetos. Pero no veo cómo y por qué a estas alturas, cuando ha pasado tanta agua bajo todos los puentes, van a salir «los mismos de siempre». Además, no veo por qué tanto intelectual en un mundo en el cual –como comentábamos recientemente con mi amigo, Alfonso Aldave– los intelectuales (a quienes, por lo demás, y por efectos de una inveterada costumbre, se les suele pedir que den su nombre para esto y lo de más allá para luego, cuando se han cumplido los fines propuestos, no preguntarles ni siquiera cómo está la familia) tienen un papel entre otras gentes que tienen también su papel, y que no es papel flojo: jefes de empresa, banqueros, dirigentes sindicales, profesionales de varias clases, técnicos, et caetera, et caetera. Todo eso, siento decí­rselo, me parece «cosa del otro mundo».

6. En suma, y para reiterar el punto más importante, no me niego a colaborar cuando sea menester, y lo único que hago es abstenerme de dar ni nombre en blanco. Una cosa es, por ejemplo, formar parta de una Comisión o un Consejo con actividad regular y efectiva, y en donde cada miembro in praesentia, propone, discute, acepta, rechaza, vota, se abstiene, etc. etc. –Comisión o Consejo, por lo demás, en la cual no veo por qué deberí­a figurar yo, que no hago polí­tica, ni vivo de ella– y otra cosa, muy distinta, es tener por ahí­ su nombre, que, además, maldita la falta que hace.

Ha escrito usted en su carta: «las perspectivas son demasiado amenazadoras para que andemos con guantes». Ya ve usted que no ando con guantes y que le digo –espero que suficientemente razonada– mi opinión.

Cuente, desde luego, con mi amistad y, aunque ello le parezca raro (pero menos raro en vista de lo que digo antes) con mi colaboración en el sentido antes apuntado.

[ José Ferrater Mora ]

La lectura de la respuesta de Gorkin a Ferrater podrá resulta hoy de cierta utilidad a quienes no quieren enterarse de cómo se fue fraguando en buena medida la llamada transición hacia la democracia coronada, y de cómo se fue preparando el desguace y el desmantelamiento de España antes de su entrada en esa biocenosis perniciosa que es la Unión Europea, controlada por otras Potencias:

Centro de Documentación y Estudios. 42, rue Pasquier. Paris

Parí­s, 5 de noviembre de 1963.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. - USA.

Mi estimado amigo:

No cabe polémica entre nosotros tratándose, después de todo, de una cuestión de actitud personal. Usted me conoce lo suficiente para saber que no ando con tapujos ni con medias tintas. Sospeché la connivencia con Ayala porque han sido ustedes dos los únicos en oponer prácticamente una negativa, hay coincidencia en sus argumentos y, además, Ayala se comunicó con Victoria Kent hablándole de la actitud de ambos. Yo a Alfonso Aldave no lo he tratado personalmente. Pero es cierto que concebimos la sospecha de que bien pudiera responder su actitud al deseo de viajar a España en lo porvenir. Por ejemplo, el Dr. Trueba nos ha manifestado reiteradamente que estaba dispuesto en todo momento a darnos su nombre, si bien nos rogaba tomáramos en consideración esta misma necesidad, ante todo profesional, de viajar a España.

Cierto es que los amigos con los que estamos en permanente relación del interior firmaron, en numero de 102, esa carta a Fraga Iribarne. Madariaga, Ridruejo y yo mandamos cable a Fraga con nuestra adhesión. Ha resultado después, de una manera que nos parece inequí­voca, que en realidad la iniciativa habí­a respondido a una maquinación, explotada ya desde tres semanas antes por la Pasionaria desde Radio Praga y por la prensa comunista internacional. En Madrid se sirvieron de José Bergamí­n y por eso Fraga le dirigió a él la respuesta. Sin embargo hemos sido nosotros los que hemos movido a la opinión internacional reproduciendo la carta, no la hemos desmentido después para no darle un triunfo fácil a Fraga y en este momento estamos tirando, para expedir internacionalmente, una nueva carta, más valiente que la anterior, firmada por 188 intelectuales, sin Bergamí­n. Coloca este nuevo documento en situación harto embarazosa al gobierno y nos dará lugar a una campaña que, sin todos nosotros aquí­, quedarí­a, quizá, semi ahogada. Fraga piensa visitar Londres a fin de mes, e incluso visitar a Harold Wilson y hemos tomado las providencias consiguientes.

Múnich se organizó desde aquí­, principalmente, y desde aquí­ y gracias a Madariaga presionamos para que en febrero no se abriera la negociación entre las autoridades del Mercado Común y los ministros franquistas, que se habí­an hecho grandes ilusiones.

Concretamente: hay que acabar con el dentro y fuera y con las generaciones viejas o jóvenes para considerarnos todos elementos representativos de la Democracia española, empeñada en restablecer las libertades en nuestro paí­s y en integrarlo al mundo democrático, evitando en lo posible que a la peste siga el cólera. Se trata de saber si en este empeño coordinado entre los de dentro y los de fuera está usted dispuesto a dar su nombre, además de su colaboración, en lo posible. Claro está que sin un mí­nimum de confianza, después de introducir correcciones o de aprobar o no aprobar el manifiesto que se someterá a todos, no es posible que actúe el núcleo central y, en ese caso, serí­a preferible no dar su nombre. Si, por el contrario, le inspiramos a usted ese mí­nimum de confianza, en el bien entendido que podrá, como todo el mundo, sugerir, criticar, modificar, debe dárnoslo.

Recibirá en breve el nuevo documento de los intelectuales y mientras tanto le saluda a usted muy cordialmente,

Julián Gorkin

La respuesta de Ferrater tiene algo de despedida, sin cortar relaciones:

24 de Noviembre de 1963

Sr. D. Julián Gorkin
42, rue Pasquier
Paris, 8e.

Estimado amigo:

Perdone que no haya contestado antes a su carta del 5 del actual. La verdad es que no sé donde volver la cabeza; he de trabajar como un forzado nada más que para no estar más de dos o tres meses atrasado. Es una locura.

Le agradezco sus nuevas explicaciones y el interés que muestra por el asunto. No creo, sin embargo, que pueda añadir gran cosa a lo que le habí­a manifestado ya, con todo el detalle necesario, en mi carta anterior. Quiero decir, o repetir, en suma, que prefiero que mi nombre no figure en el proyecto –lo que, dicho sea de paso, no creo que sea ningún inconveniente, pues hay otros, y mejores, nombres que el mí­o, polí­ticamente casi nulo–, pero que ello no impide que tenga usted mi colaboración en los casos que se vayan presentando para cualquier propósito especí­fico en el que pueda hacer algo que sea interesante o fecundo.

Espero, que tengamos ocasión de vernos, en febrero, en ocasión de mi viaje a Europa que planeo para esas fechas, y entonces podremos hablar con menos premura y, espero, con un poco menos de trabajo a cuestas del que en estos momentos me está oprimiendo.

Un saludo muy cordial de su amigo

[ José Ferrater Mora ]

Y como el Congreso era generoso, cuando su estructura en España le permitió ya crear un premio propio (que compitiese con los premios que, según Gorkin, estaban controlados por los comunistas), un jurado totalmente congresual otorgó a Ferrater el primer Premio de los escritores europeos:

«Premio de los escritores europeos. Ediciones Insula, en colaboración con el Comité d'Ecrivains et d'Editeurs pour une entráide Européenne, ha creado un premio de los Escritores Europeos, dotado con la suma de 15.000 pesetas, que se adjudicará anualmente a la obra seleccionada entre las publicadas en el año natural anterior al de la concesión. Para la concesión del premio correspondiente a 1962, el jurado ha estado constituido por los señores Pierre Emmanuel, José Luis L. Aranguren, Julián Marí­as, José Luis Cano, Fernando Chueca, Lorenzo Gomis, José Marí­a Castellet, Marí­a Manent y Carlos Marí­a Bru, presididos por don Pedro Laí­n Entralgo y actuando como secretario don Pablo Martí­ Zaro. Acordó galardonar el libro de José Ferrater Mora, El Ser y la Muerte, editado por Aguilar en 1962.» (ABC, Madrid 8 de enero de 1964, pág. 51.)

Tras haber visitado en Parí­s, probablemente, a los amigos del Congreso durante su estancia en la capital francesa en la primavera de 1964, puede Gorkin en el otoño informar a Ferrater de nuevos proyectos:

Servicio de Prensa. El mundo en español. 23. Rue de la Pápiniere. Parí­s

Parí­s, 9 Noviembre 1964

Querido Ferrater:

Nos llega la adjunta carta para usted. Aprovecho la circunstancia para mandarle un cordial saludo. Y para anunciarle la próxima publicación de la revista mensual Mañana, tribuna democrática española al servicio, de acuerdo con los de dentro, de un diálogo cohesionador de todos los que propugnan por una solución democrática del problema español. En suma, el instrumento que vení­amos preparando desde Múnich y para el que, por fin, he encontrado unos medios independientes del Congreso.

Ya recibirá más noticias. Por el momento un buen apretón de manos y que 1965 nos sea propicio a todos.

Suyo,
Julián Gorkin

Y mucho más tarde, a principios de 1966, reaparece Ignacio Iglesias para informar a Ferrater de Mundo Nuevo, revista sucesora de Cuadernos, e invitarle a colaborar en el nuevo proyecto:

Mundo Nuevo. Revista de América Latina. 97, rue Saint-Lazare. Parí­s

Parí­s, 2 de febrero de 1966

Sr. D. José FERRATER MORA
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr. Pa.

Estimado amigo:

Como usted sabrá sin duda la revista Cuadernos, dirigida en los últimos tiempos por el Sr. Arciniegas, cesó su publicación con el nº 100, correspondiente al mes de septiembre último.

Dicha revista será reemplazada por Mundo Nuevo, que verá la luz dentro de unos tres meses y cuyo director será el crí­tico uruguayo Sr. Rodrí­guez Monegal, continuando ocupándome yo de la redacción.

En la relación de posibles colaboradores que hemos establecido, figura naturalmente usted. Quisiéramos, pues, nos destinara uno de sus próximos ensayos, de manera que su nombre figure ya en los primeros números de la revista.

No dudo que usted aceptará gustoso nuestro ofrecimiento. En espera de su respuesta reciba los mejores saludos de su amigo,

Ignacio Iglesias

Esta vez Ferrater no rehúsa participar en la nueva revista, pero se interesa por la soldada:

Mundo Nuevo. Revista de América Latina. 97, rue Saint-Lazare. Parí­s

Parí­s, 24 de febrero de 1966

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr. Pa. 19010

Estimado amigo:

Me es grato acusarle recibo de su atenta carta del 15 del corriente.

Efectivamente se me olvidó referirme en mi carta anterior a la remuneración por las colaboraciones. Nuestras tarifas serán, por lo que concierne a los artí­culos de 10$ la página de la revista, es decir, un poco más de lo que solí­amos pagar últimamente en Cuadernos.

Por lo que se refiere al tipo de colaboración, ¿qué hé de decirle?, sino que nos interesa todo cuanto sale de su pluma. Los ensayos que usted publicó en Cuadernos tendrí­an también marco adecuado en Mundo Nuevo. Creo que estas simples aclaraciones le permitirán animarse a enviarnos algo lo antes posible.

Muy cordialmente suyo,

Ignacio Iglesias

Después vino la crisis que determinó la transformación del Congreso y una mejor afinación de sus fines, tras los hechos desvelados por The New York Times el 27 de abril de 1966, ya glosados arriba.

Centro de Documentación y Estudios. 42, rue Pasquier. Paris

Parí­s, 26 de octubre de 1966.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -USA-

Mi distinguido amigo:

El adjunto Suplemento a la revista Mañana tiene por fin principal anunciar a sus suscriptores y distribuidores –a sus lectores en general– su suspensión provisional. Nos honra usted con su prestigioso nombre en el Consejo de Honor del Centro de Documentación y de Estudios, que ha asumido su edición, y al mismo tiempo que le testimoniamos nuestra gratitud por su confianza creemos deber darle algunas explicaciones complementarias.

En las condiciones en que ha habido que editar la publicación en Francia, protegiéndola de las presiones diplomático-administrativas, asegurando la recepción de una buena parte de los originales del interior y difundiendo hasta el ochenta por ciento de los ejemplares asimismo en el interior, los costos se han hecho de todo punto insostenibles. Las organizaciones sindicales que desde el primer numero nos prestaron su valiosa ayuda, se han visto obligadas a suspenderla al dar comienzo el segundo semestre de 1966. De todos modos se imponí­a la suspensión, ya que la vigilancia policiaca se vení­a encarnizando cada vez más en contra de la revista y, a partir del número en que publicamos el informe de la Comisión Nacional de Responsabilidades sobre la corrupción de los familiares y los favoritos del general Franco, apenas llegaba a sus destinatarios no obstante los costosos medios de que nos valí­amos para su introducción.

Leyendo las publicaciones mensuales o semanales que se editan en España misma, principalmente desde la entrada en vigor de la nueva Ley de Prensa e Imprenta, observamos que, con las consiguientes adaptaciones de tono y, desde luego, con una independencia absoluta, es posible tratar los más variados temas informativos, sociopolí­ticos y estructurales para la formación principalmente de unas generaciones jóvenes ávidas de saber y de preparar el porvenir de acuerdo con el espí­ritu universal de nuestro tiempo. Por consiguiente acariciamos el propósito –y emprendemos los preparativos– para una publicación, con el mismo tí­tulo o con otro, lo más amplia y abierta posible en Madrid. Lo único que no podemos garantizar es los meses que nos llevarán estos preparativos y la creación de la empresa en consecuencia. Mas responde este propósito –con otros complementarios– a una necesidad y a él dedicamos nuestro afán y nuestro esfuerzo.

Estamos altamente satisfechos del resultado de este año y medio de publicación. Hemos encontrado un eco sorprendente en el interior e internacionalmente, Hemos abierto y ampliado el diálogo democrático entre todos los sectores vivos de la sociedad española. Y hemos constituido un sólido equipo redaccional que no puede no debe disolverse. En una palabra: la realidad ha sobrepasado nuestras esperanzas y ahora se trata de perseverar con tesón.

Con nuestra gratitud reiterada, reciba los saludos cordiales de

Julián Gorkin
Director Delegado

En 1966 aún recibió Ferrater Mora un par de circulares procedentes del Centro de Documentación y de Estudios, de cuyo Consejo de Honor seguí­a todaví­a formando parte:

Centro de Documentación y Estudios. 42, rue Pasquier. Paris

Parí­s, 28 de noviembre de 1966.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -U.S.A.-

Mi estimado amigo:

Acaba de llegarme de Madrid información directa y de primera mano respecto a las reacciones provocadas por el Proyecto de Ley Orgánica del Estado presentado por el propio General Franco ante sus Cortes. Me permito sintetizar seguidamente alguno de los rangos caracterí­sticos de esta reacción.

Es indudable que en la opinión española –y asimismo en la internacional– se habí­a suscitado una esperanzadora expectativa ante los anuncios de aperturas sucesorias en sentido liberalizador. La decepción, por no decir el descorazonamiento en la opinión publica española –incluso en ciertos medios del régimen– han sido enormes. Todo el mundo se da cuenta de que se trata de una mezcla de utopí­a integrista, de República neo-fascista y de Monarquí­a autoritaria, es decir de un monstruo que no le da satisfacción a nadie y que sólo tiene por fin equivocar a la opinión internacional de cara al Tratado Comercial de Compensaciones que, bajo la presión del caí­do Gobierno alemán –y del francés– se está elaborando en Bruselas sin el menor condicionamiento polí­tico. En este «éxito» parece que piensa basar el gobierno franquista su propaganda y sus esperanzas en favor del «sí­».

Se sabe que en Madrid, en Cataluña, en el Paí­s Vasco y en Asturias principalmente, la decepción es tal que no votarí­an más allá del 10 o el 15 por ciento, como ya ha ocurrido en recientes elecciones municipales. Se sabe también en Madrid que 1.500 amanuenses del régimen, a dos céntimos la firma, están llenando montones de papeletas con un «sí­» para meterlas en las urnas y dar la sensación de una votación masiva.

Una de las medidas más escandalosas y que mayor descontento ha producido es la privación del derecho a votar a seis millones de jóvenes, ya que el gobierno sabe que votarí­an con un rotundo «no». Puedo anunciarle la celebración en un lugar de España de una reunión de representantes de las principales fuerzas democráticas del interior con el fin de suscribir y lanzar un Manifiesto con firmas en contra del proyecto y del amañado Referéndum.

Como primera medida y antes del dí­a 14, sugieren las oposiciones del interior –como lo pide el adjunto texto que acaba de ponerse en mis manos– que se publiquen artí­culos, declaraciones o cartas en los grandes periódicos internacionales y de la emigración, denunciando el espí­ritu totalitario, basado todaví­a en el recuerdo de la guerra civil y en el espí­ritu de los vencedores de esta inconcebible operación franquista. Ruego que se me hagan llegar los recortes correspondientes para que puedan conocerlos las oposiciones democráticas de dentro y de fuera.

Reciba un saludo cordial de

Julián Gorkin

En los momentos actuales de España serí­a muy conveniente que hombres como usted, con un prestigio internacional aparecieran en la vida pública, sobre todo en alguno de los periódicos o revistas más importantes de Europa o América Latina, haciendo un análisis de la nueva Ley Orgánica del Estado español que pretende, en cierta medida, configurar una Constitución.

Es preciso que –para evitar que la prensa internacional quede inmersa en la propaganda del Gobierno español y en la confusión legal que la Ley conlleva consigo– se patentice en qué medida la ley es un texto anacrónico que imposibilita, realmente, el acceso a una alternativa democrática real. Pero es preciso llegar a los ventanales periodí­sticos de importancia con una enorme carga de serenidad para que transcienda del estudio no solamente una posición polí­tica, sino una rigurosa demostración de los inmensos equí­vocos encerrados en una Ley que refleja, de una manera clara, la concepción paternalista y oligárquica de los gobernantes españoles.

Como toda la propaganda y publicidad gubernamental queda referida –y así­ ha transcendido ya, infortunadamente, a algunos órganos periodí­sticos internacionales– al hecho mismo de que se trata de una apertura democrática, es preciso destacar aquello que justamente revela y refleja lo contrario. Evitarí­amos así­ que se creyera, posiblemente, que se trata de una toma de posiciones polí­ticas previas y no del análisis de una Ley que no resiste comparación posible con cualquiera de las que informan la vida democrática del mundo occidental.

Creo que con ese trabajo se prestarí­a un servicio inestimable –como un boomerang– a la vida española, puesto que clarificarí­a en el exterior de una manera precisa, y no desde un contexto solamente polí­tico, la serena y razonada discrepancia con un texto que –al margen mismo del procedimiento de su elaboración secreta, de su «promulgación» en las Cortes sin discusión y de su aplicación y establecimiento por medio de un referéndum que no posee la menor garantí­a de control o de contrastación pública– nada tiene que ver con una evolución democrática real.

Es preciso tener presente –porque sobre ese aspecto también su aportación será de enorme eficacia polí­tica en el «interior» de España–,  que el texto del proyecto de Ley Orgánica ni tan siquiera ha reflejado las más moderadas esperanzas del pueblo español para una democratización progresiva y sustancial ya que en la composición de las nuevas Cortes, y por provincia, sólo dos procuradores-diputados serán elegidos por sufragio directo y éste, a su vez, delimitado censitariamente a los «cabezas de familia» con lo cual se desposee del voto a la mayorí­a de nuestra nación: a la juventud.

Su artí­culo o estudio, publicado en una y otra parte, podrí­a ser enormemente positivo porque demostrarí­a, además, que no se trata de una impugnación basada en una antigua problemática –que es la acusación constante que se aduce contra la España peregrina– sino de un análisis racional que considera y tiene en cuenta la evolución misma del pueblo español –es decir, desde su propia perspectiva– y sus necesidades actuales que no pueden ser otras que la democratización, la pluralidad polí­tica y las formas sustanciales que definen, universalmente, el Estado de Derecho.

Rogarí­amos que el estudio fuese publicado antes del 14 de diciembre, fecha del Referéndum.

* * *

Centro de Documentación y Estudios. 42, rue Pasquier. Paris

Parí­s, 1 de diciembre de 1966.

Sr. D. José Ferrater Mora
Department of Philosophy
Bryn Mawr College
Bryn Mawr, Pa. -U.S.A.-

Mi estimado amigo:

Tengo el gusto de enviarle un complemento de información a mi anterior carta del 28 de noviembre.

ESPAí‘A Y EL MERCADO COMíšN. Se sabe que el Gobierno franquista ha querido hacer coincidir la presentación por Franco de la Ley Orgánica del Estado y la fecha precipitada del Referéndum con la obtención de un éxito previsto por Ullastres y por Castiella respecto del Mercado Común. En efecto, después de la entrevista de Castiella con el ministro de Negocios Extranjeros del Gobierno Erhard dicho ministro exigió de la Comisión Hallstein la redacción rápida de un proyecto de apertura hacia la Asociación de España al Mercado Común de forma que pudiera ser aprobado por el Consejo de Ministros de la Comunidad, que debe reunirse mañana en Bruselas. Conozco los términos de dicho documento favorable, en lí­neas generales, a dicha apertura de asociación, ya que Ullastres, en nombre del Gobierno franquista se negaba a la aceptación de un simple Tratado Comercial de Compensaciones. La caí­da del Gobierno Erhard y el anuncio de que Willy Brandt iba a ocupar la cartera de Negocios Extranjeros ha contribuido a modificar la situación y, en consecuencia, Castiella ha hecho un viaje a Parí­s para que fuera el Gobierno francés quien patrocinara el proyecto. Sin entrar en mayores detalles, me atrevo a decir que la redacción del nuevo proyecto no estará lista mañana y, seguramente tendrá que aplazarse hasta el mes de febrero. Serí­a éste un golpe fuerte para el gobierno franquista que pensaba centrar su propaganda en favor del «sí­» hasta el dí­a 14 en este éxito por parte del Mercado Común. De ahí­ que se intensifique una campaña obsesional en España con un costo fantástico, no obstante lo cual la apatí­a es completa sobre todo en las regiones que indicaba en mi carta anterior, ya que en los pueblos es más fácil que las autoridades impongan su voluntad.

ACUERDO DE LAS OPOSICIONES DEMOCRíTICAS DEL INTERIOR. Anunciaba en mi carta del 28 la reunión desde los monárquicos liberales hasta alguna tendencia cenetista para suscribir las cinco condiciones mí­nimas en favor del «no» frente al proyecto franquista. Y hoy habrán visto ya en la prensa el éxito de esta iniciativa suscrita con sus nombres por todas las figuras representativas de la oposición. La prensa dice que se trata de «la primera vez que esto ocurre», olvidando el precedente de Múnich en junio de 1962. No necesito decir la extraordinaria importancia que tiene el que después de varios años de propiciar esto, que ha sido el centro de las preocupaciones y la acción de Mañana, se haya realizado por fin. Puedo anunciarles que este nuevo eje constituido con ocasión del Referéndum tendrá una continuidad para la polarización en torno a una alternativa democrática de las fuerzas vivas del paí­s, que deben recibir el apoyo de las fuerzas democráticas internacionales.

ACTITUD DEL VATICANO. Franco ha querido obligar a una reunión de Obispos con el fin de que se pronunciara en favor del «sí­» y obligar a hacer campaña en las iglesias españolas en consecuencia. Esta reunión tení­a que verificarse hace dos o tres dí­as, pero ha habido vivas reacciones por parte de la base de la iglesia española y el propio Vaticano ha tomado cartas en el asunto para impedir esta acción polí­tica unilateral por parte de la jerarquí­a española. Tampoco necesito decir la importancia que tiene este hecho.

ACTITUD DE DON JUAN. Ya habrán visto que el pretendiente Borbón-Parma se apresuró a mandarle a Franco un telegrama de adhesión y felicitación con motivo de su discurso y de su proyecto de Ley Orgánica del Estado. Puedo asegurar que se han hecho presiones sobre don Juan de Borbón para que enviara un telegrama, pero éste se ha negado a ello, guarda el más absoluto silencio y ha abandonado incluso Estoril para trasladarse a un lugar de Francia donde permanece por el momento. Puedo asegurar, asimismo, que el acuerdo suscrito en Madrid por los monárquicos liberales se ha hecho con el consentimiento virtual del propio don Juan. Les indico esto simplemente a tí­tulo informativo.

Quedo muy atentamente suyo,

Julián Gorkin

GBS   Informa de esta página por correo
filosofia.org
Proyecto Filosofía en español
© filosofia.org
www.lechuza.org
Congreso por la Libertad
de la Cultura 1950-1979