Comisión española del Congreso por la Libertad de la Cultura

Seminarios y Ediciones S. A.

El Congreso por la Libertad de la Cultura decidió dotarse en España de una estructura editorial propia, Seminarios y Ediciones SA, cuya cabeza visible fue en todo momento Pablo Martí­ Zaro. Se constituyó la sociedad ante el notario Alberto Ballarí­n, de Madrid, el dí­a 11 de octubre de 1965 –mes y medio antes de la reunión celebrada en casa de Fernando Chueca Goitia, Toledo, 26-28 de noviembre de 1965–, con tres accionistas: Pablo Martí­ Zaro, Jean-Yves Bouedo (abogado del CLC, en 1966 figura como gerente de la revista Aportes y como director gerente de la revista Mundo Nuevo, ambas publicadas por el CLC a través del Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales ILARI) y Roselyne Chenu (asistente de Pierre Emmanuel, director literario y secretario general adjunto del CLC).

Seminarios y Ediciones se dotó de un Consejo Asesor, que el 18 de agosto de 1966 quedó compuesto inicialmente por catorce personas, ya vinculadas en distinto grado al CLC: Carlos Marí­a Bru, Antonio Buero Vallejo, José Luis Cano, José Marí­a Castellet, Fernando Chueca Goitia, Domingo Garcí­a Sabell, Lorenzo Gomis, Pedro Laí­n Entralgo, Jose Luis López-Aranguren, Mariano Manent Cisa, Julián Marí­as, Dionisio Ridruejo Jiménez, José Luis Sampedro y Enrique Tierno Galván.

Para ajustarse a la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, el 9 de marzo de 1967 quedaron transferidas las acciones propiedad de los dos socios extranjeros (Jean-Yves Bouedo y Roselyne Chenu) al catedrático José Luis Sampedro y al notario Carlos Marí­a Bru: seguí­a siendo secretario y consejero-delegado de la sociedad Pablo Martí­ Zaro, figurando a su nombre la mitad del capital social (250.000 pesetas).

El primer libro que publicó Seminarios y Ediciones apareció en coedición con Ediciones Guadarrama, que fue quien, de hecho, aportó la infraestructura editorial: la obra preparada por José Luis Abellán, Filosofí­a española en América 1936-1966 (Madrid 1967, 325 págs.).

Hasta 1970, aparte el libro de Abellán, su actividad editorial fue escasa, con dos colecciones de una sola entrega cada una; en Colección Pení­nsula: Julio Caro Baroja, Estudio sobre la vida tradicional española (Madrid 1968, 350 págs.), y en Colección El Ciervo: Joaquí­n Gomis Sanahuja, ¿Qué pasa en la Iglesia? (Madrid 1970, 224 págs.).

Su principal resultado fue la Colección «Hora H». Ensayos y documentos, que entre 1970 y 1976 publicó 71 volúmenes (numerados del 1 al 72, pues el 68 no llegó a aparecer, como tampoco lo hizo el anunciado 73). A esta colección se ha dedicado la página: filosofia.org/ave/001/a400.htm

Por último, mientras publicaba la colección «Hora H», inició la editorial su colección Trece de nieve / libros de poesí­a, que sumó tres entregas en 1974: 1. Eduardo Chicharro Briones, Música celestial y otros poemas (Madrid 1974, 352 págs., edición de Gonzalo Armero); 2. Manuel Altolaguirre, Fin de un amor (Madrid 1974, 62 págs.); y Antonio Claros Herrada, Paisaje inmutable (Madrid 1974, 41 págs.).

Seminarios y Ediciones S.A. En 1972, al sumarse España al sistema ISBN, se dotó a Seminarios y Ediciones del prefijo 84-299. La editorial asignó retrospectivamente ordinales ISBN a sus ediciones anteriores: en el caso de la colección «Hora H» ese código aparece impreso en los ejemplares a partir del número 34. En la página dedicada a Hora H se hacen figurar entre corchetes los ordinales asignados retrospectivamente a las ediciones dispuestas con anterioridad a tal incorporación, hasta el número 33 de «Hora H». (En los registros públicos de la Agencia Española del ISBN figura, como último número registrado por Seminarios y Ediciones, el 0079, que se corresponde con el nº 72 y último de la colección «Hora H». En esos registros hay algún error menor, que coinciden con la incorporación de la editorial al sistema: aparecen sin ocupar los ordinales 0029, 0032 y 0037; y no figuran registrados los números 32, 34 y 68 de «Hora H». Como el nº 27 de HH conoció dos ediciones, le fueron asignados los ISBN 0034 y 0042.)

Seminarios y Ediciones SA

Jesús A. Martí­nez, «Editoriales conflictivas y disidentes en tiempos de dictadura (1966-1975)», Arbor, Madrid, vol. 187, nº 747, enero-febrero 2011, págs. 132-134.

«Seminarios y Ediciones SA (SESA). Cí­rculos de intelectuales y profesores universitarios disidentes. Esta editorial reunió un nutrido inventario de intelectuales de la época, de diversa procedencia, que representó el sentido crí­tico y contestatario contra la dictadura, en su versión liberal, demócrata-cristiana o socialdemócrata. Algunos eran procedentes de las mismas entrañas del régimen, como el exministro de Educación Joaquí­n Ruiz Jiménez o el exfalangista Dionisio Ridruejo, otros jóvenes catedráticos del mundo universitario como Tierno Galván, López Aranguren o Raúl Morodo. Todos eran considerados como personal conflictivo y los informes realizados por la Brigada Central son minuciosos al respecto de todas sus actividades. Para ellos el régimen tampoco tení­a un antí­doto eficaz para la represión de sus actividades que se desplegaron en reuniones, manifiestos, publicaciones de libros…

La editorial habí­a nacido el 11 de octubre de 1965 (14. Escritura de constitución ante el notario Alberto Ballarí­n de Madrid), con la iniciativa del escritor Pablo Martí­ Zaro, el abogado francés Jean-Yves Bouedo, y la doctora en Ciencias belga Roselyne Chenu. El 9 de marzo de 1967 la Junta general de accionistas aprobó la adaptación de la empresa a la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, transfiriéndose las acciones de los dos socios extranjeros a dos nuevos socios, el Catedrático de Economí­a José Luis Sampedro y el notario Carlos Marí­a Bru, que se sumaron al promotor de la editorial, el escritor Pablo Martí­ Zaro, secretario y consejero-delegado. El capital de la sociedad era de 250.000 pesetas, correspondiendo la mayorí­a (125.000 pesetas) a Martí­ Zaro y el resto entre los dos nuevos accionistas. En aquella Junta aprobaron solicitar la inscripción en el registro como era perceptivo y así­ lo hicieron el 20 del mismo mes. Pero cinco años más tarde, en 1972, todaví­a el Ministerio de Información no habí­a resuelto la inscripción. En esos cinco años el capital social habí­a crecido cinco veces, hasta 3.500.000 pesetas, y el primitivo núcleo de tres accionistas se habí­a convertido en una larga nómina de 87 pequeños accionistas que recogí­a un importante repertorio de intelectuales, escritores y catedráticos de Universidad que desplegaban su sentido crí­tico y disidente respecto al régimen.

El 18 de agosto de 1966 la editorial habí­a nombrado un Consejo Asesor Técnico –sin parangón en otras editoriales de la época– formado por 14 miembros y encargado de la orientación de las publicaciones. Ese Consejo serí­a la cantera con la que se alimentó la empresa de nuevos socios y Consejos de Administración. En él estaban Sampedro y Bru que, al año siguiente como se ha visto, formarí­an parte del triunvirato de accionistas y del Consejo de Administración. Además estaban el arquitecto Fernando Chueca Goitia, el médico Domingo Garcí­a Sabell, los escritores Buero Vallejo, José Luis Cano, Lorenzo Gomis, Mariano Manent, Dionisio Ridruejo y José Marí­a Castellet, y los catedráticos y doctores Laí­n Entralgo, Tierno Galván, López Aranguren, y Julián Marí­as, un selecto elenco de la intelectualidad española de la segunda mitad del siglo XX. El proyecto editorial se asentaba en tres colecciones. Anthropos, sobre teorí­a sociológica, Colección Symposium, para reedición de clásicos del pensamiento social y polí­tico, y Cuadernos de Documentación sobre cuestiones éticas y sociales, y ya habí­a publicado fuera de colección obras de Caro Baroja, Daniel Sueiro, Garcí­a San Miguel o José Luis Abellán. La naturaleza de las publicaciones y el perfil intelectual y polí­tico de los miembros de la editorial y del Consejo resultaban muy incómodos para el régimen, toda vez que sólo unos meses más tarde de solicitar la inscripción, en febrero de 1968, la editorial habí­a duplicado el capital social (15. Aumentó el capital social a 505.000 pesetas, emitiendo 255 acciones, el 29 de noviembre de 1967. Escritura de ampliación de capital) con el concurso de 14 nuevos accionistas que aportaron 15.000 pesetas cada uno y que no eran otros que los miembros del Consejo Asesor, además de la incorporación de otros dos catedráticos de Universidad como José Antonio Maravall y Prados Arrate y el doctor en Ciencias Exactas Carlos Santamarí­a. Los informes sobre la lista de los 17 accionistas desvelaban trayectorias preocupantes y conflictivas para el régimen, situaban a la mayorí­a vinculados al club internacional PEN (16. Asociación internacional de escritores de larga trayectoria basada, entre otros principios de defensa del escritor, en la libertad de expresión. PEN Poesí­a, Ensayo, Novela) y a la Sociedad Editorial de Escritores (17. La Sociedad Editorial de Escritores SA –SEDE– solicitó la inscripción el 6 de abril de 1967. Estaba formada por 16 miembros, escritores, intelectuales y catedráticos de Universidad. Estaba presidida por Fernando Chueca, y como vocales figuraban Martí­ Zaro, Tovar, Prados y Maravall. También eran socios Ridruejo, Laí­n Entralgo, Sergio Vilar o Luis Felipe Vivanco), y las palabras liberal demócrata, demócrata cristiano, socialdemócrata, socialista… salpicaban la definición polí­tica de sus componentes. Sampedro era calificado de 'tendencia marxista', Castellet como autor del libro separatista Antologí­a de la poesí­a catalana del siglo XX, y a todos como participantes en actos contrarios al régimen, además de la alusión a la separación de sus cátedras de López Aranguren y Tierno Galván en 1965, la de este último convertida en 'semillero de ideas contrarias al régimen'.

En abril de 1972 el capital social de la editorial era de 3.500.000 pesetas, que aumentó sucesivamente hasta 7 millones de pesetas en 1973 y alcanzó 12 millones en 1976. El eco de la editorial era manifiesto y porque alrededor de ella habí­an confluido un nutrido grupo heterogéneo pero bajo la vitola de intelectuales de izquierda cuyos actos, escritos, manifiestos, reuniones abrí­an constantes fisuras en la crisis del régimen. En abril de 1972 los accionistas eran 87. Se habí­an sumado aportando capital, entre otros (con más de 50 acciones) Gonzalo Armero, Luis Asensio, Carlos Blasco de Imaz, íñigo Cavero, Rosario Fernández de la Cancela, Antonio Menchaca, Carlos Zayas…, y con menor aportación de capital, pero con una participación muy significada, se incorporaron Abellán, Caro Baroja, Dí­ez del Corral, José Esteban, Paulino Garagorri, Garcí­a Añoveros, Garcí­a San Miguel, Raúl Morodo, Antonio Tovar y también, significativamente, Joaquí­n Ruiz Jiménez.

A mediados de 1974 la Brigada Central de Información realizó numerosos informes relacionados con los miembros de SESA como respuesta al oficio de 'Editoriales conflictivas'. De los 87 accionistas figuraban 21, considerados más conflictivos o, si se quiere, más activos. Respecto a anteriores informes éstos eran muy completos y recogí­an la biografí­a de los informados y el seguimiento minucioso de todas sus actividades. Todos ellos tení­an una trayectoria de protestas y actividades crí­ticas con el régimen, a través de reuniones, conferencias, seminarios, escritos, manifiestos, apelando a la suavización de la censura o a la libertad de expresión, la libertad de detenidos y la amnistí­a, la reivindicación de un sindicalismo autónomo, la protesta contra el proceso de Burgos en 1970, la solicitud de la libertad de estudiantes después de los sucesos de 1956, la asistencia en algunos casos a la reunión de Munich de 1962 con el castigo de exilio, la firma de escritos para la libertad de Onetti o la celebración de Homenajes a Antonio Machado, Celaya…

Entre los expedientes más densos figura el de Enrique Tierno Galván, apartado de su Cátedra de Derecho Polí­tico en 1965 y firmante de todos los manifiestos contra el régimen. Detenido y procesado por sus actividades de ideologí­a socialista en 1975 le situaron como el artí­fice del Partido Socialista del interior, y en continuo contacto con socialistas como Luis Gómez Llorente y Miguel Boyer, y muy relacionado con el movimiento europeo. Fue defensor de encausados ante el Tribunal de Orden Público y realizó múltiples conferencias y actividades hostiles al régimen invocando la libertad de prensa o la amnistí­a. También el de Ruiz Jiménez, apeado del Ministerio de Educación después de la revuelta estudiantil de 1956, y quedó calificado como 'liberal demócrata' o 'demócrata-cristiano', con actitudes de 'franca hostilidad al régimen'. Era fundador de la Editorial Guadiana y sobre todo de Cuadernos para el Diálogo en 1966, que llevó 'una incesante campaña de crí­tica desfavorable para las actuaciones del Estado'. Defendió causas ante el Tribunal de Orden Público como la de Marcelino Camacho, lí­der de Comisiones Obreras. También se realizaron con esmero informes de Laí­n Entralgo (Rector de la Universidad Central en 1956), considerado desde 1966 'demócrata liberal', 'formando parte de grupos intelectuales izquierdistas hostiles al régimen'; López Aranguren, separado de su cátedra en 1965 y de 'tendencia socialdemócrata'; Fernando Chueca Goitia, representando a los intelectuales de izquierdas que quisieron construir un PEN club español, y relacionado con Tierno, López Aranguren, Laí­n y Ridruejo. Sobre este último se descargaban varias acepciones polí­ticas, entre ellas la de socialdemócrata y en todo caso 'liberal extremista con la finalidad de liquidar el régimen', en contraste con sus orí­genes vinculados a Falange hasta 1942, pero que años más tarde habí­a sido sujeto de las prácticas de represión por sus disidencias: confinado en Ronda, detenido en los sucesos estudiantiles de 1956 o exiliado después de la reunión de Munich. Para terminar, se referí­an a Julio Caro Baroja ('intelectual de izquierdas de tendencia socialdemócrata'), Camilo José Cela con varias actividades de protesta contra las sanciones de estudiantes, la censura y la pena de muerte; Julián Marí­as, el discí­pulo de Ortega de 'marcada tendencia izquierdista'; el catedrático de Economí­a Prados, asistente en Munich y participante en la protesta contra el juicio de Burgos como otros; el joven Raúl Morodo, 'brazo derecho de Tierno' y vicepresidente del Partido Socialista en el Interior, y Carlos Zayas, colaborador de Cambio 16 y perteneciente al 'socialismo avanzado'. Este repertorio es una muestra de las dimensiones de protesta de los intelectuales crí­ticos contra el régimen y que utilizaron las dotes de la palabra, la escritura y la enseñanza como instrumentos para acabar con él. El perfil y las actividades de estos 87 accionistas comprometidos pusieron en dificultades a las autoridades del régimen incapaz de controlar un movimiento que en realidad tení­a mayor alcance.

La editorial habí­a presentado a consulta previa todos los originales de las obras, como era obligatorio para aquellas empresas que no hubieran obtenido autorización en el Registro. En 1972, solicitando una vez más la resolución de la inscripción en el Registro, se comprometió a continuar sometiendo a consulta voluntaria previa todas las obras aún después de que hubieran obtenido el registro. Este compromiso, como el que realizaron otras editoriales disidentes como Edicions 62, desbloqueó la actitud del Ministerio y el registro fue autorizado el 13 de noviembre de 1972 (1071/72), cinco años después de haberlo solicitado. Habí­a sido la misma táctica empleada por el Ministerio y su Sección de Ordenación Editorial con aquellas editoriales que contení­an elementos de conflicto: la dilación administrativa, apelando a la falta de documentación o el silencio administrativo. Seminarios y Ediciones, dos años más tarde de su inscripción, seguí­a siendo considerada una de las editoriales más conflictivas.»

 

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