Revista Europea
 
Madrid 1874-1880

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Manuel de la Revilla, Última palabra, 1875

Manuel de la Revilla

Última palabra

[polémica: 62:321, 63:361, 65:442, 67:526, 67:533, 71:9, 73:81, 75:168, 76:205, 77:246]

Revista Europea, Madrid, 8 de agosto de 1875, año II, tomo V, nº 76, página 205.

No era mi propósito contestar al último artículo del Sr. Campoamor, pero habiéndolo hecho el señor Canalejas y pudiendo darse una interpretación torcida a mi silencio, voy á cerrar el debate, por mi parte, con breves palabras.
Nada tengo que contestar a lo que, dirigiéndose a mí, dice el Sr. Campoamor respecto a la doctrina de Krause. He dicho y repito, que no ha sido mi intento terciar en la polémica sostenida sobre el valor de dicha doctrina: 1º porque para defender al Krausismo de los ataques del Sr. Campoamor, bastaba el Sr. Canalejas; 2º porque no tengo para qué defender una doctrina que ya no es la mia; 3º porque tampoco había de atacarla cuando se ve perseguida.
He terciado en el debate para poner en claro mi posición personal, por medio de la declaración que reclamé del Sr. Campoamor, y que éste ha hecho con una franqueza y lealtad que le agradezco infinito; declaración que prueba que yo no tuve conocimiento a su debido tiempo del prólogo de mis poesías. En este punto quedo satisfecho.
Me propuse también protestar, a nombre de la dignidad de la ciencia y de la libertad del pensamiento, contra el escrito del Sr. Campoamor: ¡Á la lenteja! ¡Á la lenteja!, y aunque no he conseguido que moderase el tono de la polémica y tratara en serio lo que en serio debe tratarse, he logrado al menos (y esto es lo que yo quería) que deje a salvo las personas y las intenciones, que declare que los krausislas no son inmorales, que repruebe (siquiera sea con distingos y reservas) ciertos procedimientos gubernativos de fecha reciente; en suma, que diga todo lo contrario de cuanto dijo y, borrando la parte más lamentable de su escrito, despoje a la polémica del carácter antipático que había revestido. Es decir, he logrado que el Sr. Campoamor se manifieste tal como es, y no como le habían hecho ser accidentalmente sus intemperantes arrebatos.

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