Filosofía en español 
Filosofía en español

Pedro Fedoséiev · Dialéctica de la época contemporánea · traducción de Augusto Vidal Roget

Parte tercera. Problemas filosóficos del conocimiento científico

Historia y sociología


La ley histórica

Sin embargo, con esto no se agota, a nuestro modo de ver, la significación teórica de las investigaciones en el campo de la historia. El estudio del mecanismo de las leyes sociológicas conduce directamente a ver, a descubrir las leyes históricas específicas. Sería un error creer que en la historia sólo actúan leyes sociológicas generales y que el historiador no puede ocuparse de ninguna otra clase de generalizaciones. Semejante criterio empobrece la historia como ciencia.

Ante la mirada atenta y escudriñadora del historiador se abre una diversidad de leyes históricas que están relacionadas, cierto es, con las leyes sociológicas generales, pero que no se agotan, ni mucho menos, con el contenido de estas últimas. El investigador puede descubrir las leyes históricas específicas al estudiar la interacción de los procesos económicos, políticos e ideológicos en la vida social. Las leyes sociológicas generales ponen de relieve la base material de dicha interacción, señalan el papel que desempeñan la economía, la política y la ideología en el devenir histórico. Ahora bien, la elucidación de las leyes de dichos procesos en su interacción, dadas unas determinadas condiciones concretas, es obra de la ciencia histórica. Por desgracia, el análisis de las leyes históricas, de los nexos entre los diversos procesos de la vida social, del entrelazamiento y de la interacción de dichos procesos, del predominio de unos (políticos, ideológicos) sobre otros en determinadas condiciones deja mucho que desear, incluso respecto a la formación capitalista, la más estudiada por los historiadores marxistas. En la elaboración de estas cuestiones resulta especialmente necesaria la colaboración –con espíritu creador– de historiadores, filósofos y sociólogos. Todavía con relativa frecuencia cedemos el campo de investigación a nuestros enemigos, que presentan la teoría de los factores independientes entre sí, y afirman que el fenómeno histórico no es más que el punto de intersección de dichos factores.

Tomemos el enorme campo de la lucha de clases. ¿Acaso es imposible descubrir, al estudiarlo, las leyes históricas específicas de esa lucha? Sabido es que Lenin investigó con suma atención la múltiple experiencia histórica de la lucha de clases. En las páginas de los libros de Lenin se refleja la experiencia histórica de las revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII, de las barricadas francesas de 1848 y 1871. Lenin examina y generaliza esta experiencia, descubre los rasgos generales de los fenómenos del pasado y del presente, se pregunta qué enseña la experiencia histórica, qué leyes encierra. Lenin analiza los rasgos generales y específicos de las maniobras y de la táctica de los enemigos de la clase obrera, de los agentes que tiene la burguesía en las filas del proletariado. Cuando Lenin habla del "luisblanquismo" (XI) de los mencheviques rusos hace referencia a la repetición de ciertos [451] rasgos, a la existencia de ciertos aspectos típicos de determinados fenómenos históricos, señala la lógica del oportunismo, inevitablemente ligado a la traición de los intereses radicales de la clase obrera. En ese casa no se trata en absoluto de analogías históricas. Lenin jamás operó con tal método, pues el de las analogías es un método superficial del paralelismo burgués, que niega las leyes del proceso histórico; es un método de confrontaciones subjetivas, y no un método que lleve a descubrir lo que existe realmente de común entre los fenómenos. De lo que trata Lenin es de descubrir la esencia del fenómeno histórico, y únicamente por este camino es posible llegar a ver los puntos comunes de diversos fenómenos, determinar los límites de ese aspecto común, aclarar el carácter específico, inherente al fenómeno dado. Sólo si se descubren los rasgos esenciales de los fenómenos históricos cabe plantear y resolver el problema de la repetición, de la aparición, en la historia, de facetas fenoménicas que resultan ser una iteración, en nuevas condiciones históricas, de tendencias, situaciones, correlaciones de fuerzas de clase y modos de lucha de dichas fuerzas, todo ello conocido ya en el pasado.

De esta suerte, en la investigación histórica se plantea, inevitablemente, el problema relativo a lo típico de tales o cuales situaciones, de los rasgos de la vida social, de la conducta de los representantes de determinadas clases en ciertas condiciones. Ese carácter típico que se da en fenómenos singulares concretos, constituye la expresión de determinadas leyes del proceso histórico, leyes que el historiador ha de descubrir. La necesidad de ver lo típico en los fenómenos singulares de la vida social y saberlo presentar al lector, aproxima la obra creadora del historiador a la del escritor. En ello se fundan los ideólogos occidentales para idear falsas teorías en el sentido de que la historia, por su naturaleza, es un arte que en nada se distingue de la literatura propiamente dicha. En realidad, la obra creadora del escritor se aproxima, en este punto, a la del científica. Recordemos, por ejemplo, que Marx y Engels estimaban el trabajo de Balzac como trabajo de sociólogo.

Belinski (XII) tenía razón al escribir: "En eso estriba, precisamente, la dificultad de reunir las condiciones que exige el talento del historiador, pues en él se han de hermanar: el riguroso estudio de los hechos y materiales históricos, el análisis crítico y la fría imparcialidad, con la inspiración poética y la capacidad creadora de combinar los acontecimientos, haciendo con ellos un cuadro vivo en el que se observen todas las reglas de la perspectiva y del claroscuro".

No se debe identificar la historia con el arte, como hacen los teóricos burgueses. A primera vista, semejante identificación en cierto modo embellece la historia y la eleva. Pero en realidad tiende a minar la historia como ciencia. De recurrir a la comparación, diríamos más bien que es la obra artística la que se [452] aproxima a la ciencia histórica. Tal comparación no va en mengua del valor del arte; al contrario, subraya su valor cognoscitivo.

En la ciencia histórica, como en toda investigación, la ley se infiere cotejando y comparando fenómenos. Puede servirnos como ejemplo de semejante inferencia la generalización que hizo Lenin de los hechos históricos concernientes a la situación revolucionaria. Lenin tomó la experiencia histórica de la revolución, en particular de las tres revoluciones rusas del siglo XIX, analizó la situación y la conducta de las distintas clases, y estableció la ley fundamental de la revolución: la revolución sólo puede vencer cuando "los de abajo" no quieren vivir al viejo moda y "los de arriba" no pueden gobernar como antes; la revolución es imposible sin una crisis general de la nación, que afecte a explotados y a explotadores.

Ante el historiador marxista, esta importantísima indicación metodológica de Lenin abre una amplia zona de investigaciones sobre la ley fundamental de la revolución, sobre la vigencia de esta ley en las diversas condiciones concretas.