Filosofía en español 
Filosofía en español

Pedro Fedoséiev · Dialéctica de la época contemporánea · traducción de Augusto Vidal Roget

Parte tercera. Problemas filosóficos del conocimiento científico

Historia y sociología


Formaciones sociales y época histórica

Lenin dijo que el análisis de las relaciones sociales materiales había permitido generalizar las características de los regímenes existentes en diversos países mediante el concepto básico de formación social{15}. El criterio decisivo para definirlo es el modo de producción de bienes materiales. Prosiguiendo esta idea, dijo Lenin que el marxismo no se había limitado a estudiar las relaciones de producción. Marx, en “El Capital”, mostró "toda la formación social capitalista como formación viva, con sus usos y costumbres, con la auténtica manifestación social del antagonismo de clase inherente a las relaciones de producción, con la superestructura política burguesa, que salvaguarda el dominio de la clase capitalista, con las ideas burguesas de libertad, igualdad, &c., con las relaciones familiares burguesas". Esto no se habría podido hacer de no haberse tenido en cuenta lo iterativo en las relaciones económicas y también, correspondientemente, en la vida cotidiana, en la vida política, en las otras superestructuras de la formación, &c. Es misión del historiador penetrar cada vez más profundamente y llegar cada día más lejos en el estudio de esa repetición en los diversos aspectos de la vida social, en las distintas esferas de actuación del hombre, y descubrir, así, nuevas leyes históricas.

El análisis sociológico se halla orgánicamente ligado a la investigación histórica para resolver el problema de la repetición de los fenómenos históricos. Cuando se trata de la iteración de formaciones económico-sociales en distintos países, lo que se repite, como es lógico, no son únicamente los rasgos económicas, sino, además, los de la vida diaria con toda su diversidad; esto es una ley sociológica. Tal es, precisamente, el sentido de la tesis concerniente a la iteración de las formaciones económico-sociales en diferentes países. A esta idea se refería Marx cuando indicaba [464] que el primer país que había emprendido la vía del capitalismo señalaba a los otros países el panorama de su futuro. El mismo pensamiento exponía Lenin al subrayar que la Gran Revolución Socialista de Octubre posee un significado internacional en el amplio sentido de la palabra, pues influye sobre el curso de la historia del mundo, y también en el sentido estricto de la palabra, pues –señalaba Lenin– sus rasgos esenciales se repetirán inevitablemente en los otros países cuando en ellos se realice la revolución socialista.

En historia, la repetición también se entiende, aun, desde el punto de vista de la acción de la ley dialéctica de la negación de la negación. Marx, Engels y Lenin indicaban que, en la historia, suele haber una vuelta a lo viejo sobre una nueva base, y ocurre ello cuando parece que, sobre una base nueva, se renuevan ciertos rasgos desde el punto de vista de su forma. Éste es otro tipo de iteración. La repetición no es literal, sino alegórica. Es esencial en el plano teórico, pues su estudio sugiere en buena medida una determinada experiencia de la historia y proporciona una base para ver las perspectivas que presenta el devenir de la sociedad. Sabido es que todos los pensadores revolucionarios atribuyeron un valor enorme a la propiedad social primitiva. No sólo los fundadores del marxismo-leninismo, sino, además, algunos científicos progresistas de Occidente y los demócratas revolucionarios rusos estudiaron la agricultura comunal, la propiedad colectiva e hicieron pronósticos basándose en determinados datos históricos. Engels, para confirmar la vigencia de la ley dialéctica sobre la negación de la negación, adujo magníficos ejemplos tomados, en particular, de la vida y de las ideas sociales, así como de la filosofía. Sin embargo, conviene insistir una vez más en que, cuando se trata de volver a lo viejo sobre una base nueva nos encontramos con una reproducción distinta de la que se da –sujeta a ley– cuando tal o cual formación eco nómico-social se repite en diversos países.

Por supuesto, la historia estudia esas leyes en los límites de la formación dada. El análisis de las leyes que actúan en todas –o en casi todas– las formaciones es objeto, sobre todo, de los sociólogos.

La historia estudia esas leyes no sólo en el marco de una formación dada, sino, además, en el ámbito de épocas históricas que representan estadios importantes en el desarrollo de la formación. Por ejemplo, Lenin escribió, refiriéndose al carácter de las leyes en la época imperialista: "Una época se llama precisamente época porque abarca una suma de fenómenos diversos y de guerras, tanto típicas como no típicas, tanto grandes como pequeñas, tanto propias de los países avanzados como propias de los atrasados"{16}. Ésta es una indicación muy importante en el [465] sentido metodológico. La época comprende un conjunto de fenómenos característicos, en una u otra medida, de todos los países, avanzados o no. Al historiador compete definir científicamente los fenómenos típicos de la época. Saber abarcar la multiplicidad de fenómenos de una época dada, ver sus rasgos típicos y los que no lo son en los diferentes procesos, significa ocuparse del análisis histórico-concreto de una época.

Ahora bien, es precisamente el concepto de "época histórica" –que requiere de los historiadores muchas generalizaciones teóricas, descubrir las leyes históricas específicas y lo típico en los fenómenos, así como analizar, tomando un material concreto, las leyes sociológicas del desarrollo de la formación– el que se ha estudiado muy débilmente en nuestra ciencia histórica. A menudo el concepto de "época" se emplea de manera arbitraria; se han explorado poco las leyes específicas, el análisis de las cuales daría una fundamentación científica al uso de dicho concepto. Todavía no hemos estudiado con bastante profundidad las épocas como estadios importantes en la evolución del proceso histórico dentro de una determinada formación. Y sin análisis de la época no hay manera de resolver el problema de dividir científicamente en períodos el proceso histórico.

Establecer la justa correspondencia entre los conceptos de "formación" y "época histórica" significa poseer la clave para resolver muchas cuestiones relativas a la división del proceso histórico en períodos, una de las cuestiones esenciales del conocimiento histórico. El desarrollo de las formaciones, el estudio de este proceso en todo cuanto tiene de fenómeno concreto, plantea inevitablemente el problema de las épocas históricas, el de los períodos en que se divide la evolución dialéctica de las formaciones. Los teóricos burgueses se han aferrado literalmente a cada nuevo descubrimiento, cualquiera que fuese, relacionado con los períodos históricos transcurridos para minar el concepto de "formación". Según los trabajos que salen de sus plumas, la historia se descompone en épocas aisladas, no trabadas por las leyes del desarrollo interno. Uno tras otro, se han fabricado esquemas idealistas, se han difundido concepciones anticientíficas acerca de la división de la historia de la humanidad en períodos. Nosotros hemos contrapuesto, a tales excentricidades burguesas el concepto de "formación social". Eso está bien, pero resulta insuficiente para derrotar en toda la línea al enemigo. Es preciso fundamentar científicamente el concepto de "época" histórica partiendo de la doctrina marxista acerca del desenvolvimiento de la formación económico-social y, con ello, acabar definitivamente con las tentativas de los teóricos burgueses llevadas a cabo para demostrar que la historia es una alternancia asistemática de "ascensiones" y "caídas" del espíritu humano, que se traducen en épocas progresivas y regresivas, en el "nacimiento y muerte" de las civilizaciones. [466]

Han quedado especialmente poco elaboradas las cuestiones relativas a la génesis de las formaciones, es decir, a las épocas en que el nuevo modo de producción aún no ha alcanzado el dominio absoluto, y el modo de producción anterior, en trance de desaparecer, ya no determina el curso del proceso histórico. En tales casos es más necesaria que nunca la generalización sociológica de datos históricos concretos. Respecto a tales épocas, los sociólogos burgueses compusieron con mucha abundancia teorías reaccionarias, nocivas. Con ellas, sus ideólogos desconcertaron a numerosos representantes honestos de la intelectualidad occidental.

Como es notorio, no han sido pocas las tonterías que se han dicho también, acerca de la época histórica, al aplicar la noción a nuestro tiempo. También en este punto ha repercutido la incomprensión del problema relativo a lo principal y rector, a lo que determina la época y forma sus rasgos característicos en la historia del origen y desarrollo de la formación. Lenin indicaba que para analizar una época conviene ver cuál es la clase que se encuentra en su centro y determina el desarrollo histórico. De ello parten los marxistas-leninistas para definir el carácter de nuestra época. Los documentos del movimiento comunista internacional y las resoluciones de los Congresos de nuestro Partido han dado una definición marxista-leninista, profundamente científica, de nuestra época, con lo que han enriquecido la teoría del proceso histórico, han destruido las tergiversaciones dogmáticas, revisionistas y burguesas en la interpretación del significado histórico de nuestro tiempo. Uno de los rasgos característicos del dogmatismo es el antihistoricismo. El dogmatismo excluye la comprensión de la variabilidad, de la dialéctica viva del proceso histórico. Se convierte en el fundamento teórico de los errores y de las tergiversaciones políticas más burdas. Al desdeñar los cambios históricos, el dogmatismo conduce al aventurerismo en política, dificulta la acertada utilización de las nuevas posibilidades que se abren a la lucha de los trabajadores. Sin definir justamente la época contemporánea es imposible comprender profunda y científicamente el presente, analizar su relación con el pasado, y ver las tendencias y perspectivas que llevan hacia el futuro. Y en esto, precisamente, consiste la esencia de la orientación histórica en el examen de los fenómenos de la vida social. No es menos importante definir científicamente el significado del concepto de "etapa" en relación con los conceptos de "época" y "formación".

El problema de la división de la historia en períodos es el problema de lo lógico y lo histórico aplicado a la historia.

La lógica es la misma historia, aunque expurgada de todo lo casual, singular y excepcional. Ahora bien, no se debe identificar la lógica con la historia. Tomemos, por ejemplo, el concepto de "formación económico-social". No se trata simplemente de una categoría histórica. La formación económico-social no se [467] halla vinculada a unos límites cronológicos únicos para todos los países del mundo.

En países diversos, cada formación puede comenzar, y también terminar, más pronto o más tarde, y países hay que han evitado el paso por algunas formaciones en su evolución histórica. De ahí que, cuando hablamos del cambio de las formaciones económico-sociales nos referimos a una ley general, a la lógica de la historia.

En cambio cuando hablamos de una época histórica no podemos pasar por alto determinados acontecimientos o datos cronológicos. La época actual, como ha reconocido el movimiento comunista internacional, empezó con la Gran Revolución Socialista de Octubre, y no puede haber margen para la arbitrariedad en la determinación de tal punto de partida. Pero ahora nos encontramos con que los historiadores de un determinado país afirman que la época moderna, a su entender, no empieza en octubre de 1917, sino en 1946 o en 1950. No se debe proceder de este modo al tratar de las épocas históricas, esto es subjetivismo. La época histórica es un concepto histórico concreto, relacionado con un determinado período, con determinadas fechas y acontecimientos, y en esta cuestión no puede haber confusiones. De ahí que la división de la historia en períodos sea un problema que concierne a la acertada combinación de la lógica del desarrollo histórico con el curso concreto del proceso histórico.

La doctrina marxista-leninista sobre las formaciones no anula el estudio de las épocas históricas y de las etapas de su desarrollo, pero sí excluye el uso arbitrario de estos conceptos que inevitablemente embrolla las cuestiones relativas a los períodos de la historia de la sociedad, de algunos pueblos y países.

Al plantear estas cuestiones sobre los períodos de la historia, los historiadores, por supuesto, han de prestar singular atención al análisis de la época que inició la Gran Revolución Socialista de Octubre. El valor metodológico del estudio de nuestra época aumenta sin cesar. Al historiador, el análisis de la historia del medio siglo que acaba de cumplirse le permite estudiar la experiencia multilateral que la humanidad ha adquirido durante este tiempo, en primer lugar la experiencia de nuestro pueblo soviético, de nuestro Partido; le permite inferir conclusiones acerca del significado del gran acontecimiento histórico para un largo período del devenir de la sociedad, observar cómo los rasgos fundamentales de la época determinan la vida de toda la humanidad, de todos los pueblos y países, le permite mostrar en toda su plenitud las etapas más importantes del proceso revolucionario en el mundo, de la edificación de la nueva sociedad.

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{15} Ibíd., p. 139.

{16} V. I. Lenin, "Obras", t. XXX, pp. 86-87.