Filosofía en español 
Filosofía en español

Pedro Fedoséiev · Dialéctica de la época contemporánea · traducción de Augusto Vidal Roget

Parte tercera. Problemas filosóficos del conocimiento científico

Historia y sociología


Sobre las conexiones entre la teoría y la práctica en la investigación histórica

La orientación histórica concreta nos permite resolver con acierto el problema radical de las conexiones entre la teoría y la práctica de la edificación comunista en el ámbito de la ciencia histórica.

En primer lugar, la historia, si generaliza la gran experiencia de la lucha de los pueblos, proporciona datos para elaborar una política y una táctica científicamente fundamentadas. Al marxismo le es extraña la fórmula de que la historia es la política vuelta hacia el pasado. En realidad, la relación entre la política y la historia es otra: el conocimiento de la experiencia histórica proporciona posibilidades reales para elaborar la política del Partido, científicamente fundamentada. Sin generalización teórica, la experiencia histórica resulta inútil. Dicha generalización se efectúa mediante los trabajos de los historiadores en que se estudian datos reales en gran abundancia, y, desde luego, no puede hacerse de otro modo.

En segundo lugar, la historia es un medio de educación comunista de las masas; les infunde seguridad en la justicia y en la invencibilidad de la gran causa del comunismo, confianza en las infinitas posibilidades de la energía creadora de las masas; les enseña a comprender el enorme valor de su organización y de su conciencia para que su actividad histórica se vea coronada por el éxito. Cabe afirmar sin exageración alguna que no existe ni una sola tarea de la educación del nuevo hombre en la que la historia no acuda para prestar su concurso, sea para formar una concepción científica y atea del mundo, un profundo sentido de internacionalismo y amistad de los pueblos, o un vivificante patriotismo soviético. La ciencia histórica, por tanto, se encuentra estrechamente vinculada al cumplimiento de importantes tareas de organización y educativas del Partido.

Todas las partes de la ciencia histórica contienen una valiosa experiencia e instructivas lecciones para la vida. Podrían tener significación actual muchas cuestiones cardinales de los siglos pasados, y no es posible admitir que se adopte una actitud nihilista frente a la historia antigua o a la historia medieval. Huelga decir, sin embargo, que en el centro de la atención ha de encontrarse la historia más reciente, sobre todo la que trata de la formación del socialismo.

El Partido infiere sus conclusiones teóricas y prácticas de un profundo estudio de toda la experiencia histórica, aplicando y desarrollando las tesis leninistas en nuevas condiciones. La sociedad soviética tiene ya una historia que cuenta medio siglo. La historia de los procesos que han dado en la sociedad soviética es importante para la actualidad, para nuestra edificación comunista. Se [469] trata de estudiar el desarrollo histórico de la U.R.S.S. y de los procesos fundamentales característicos de la sociedad soviética.

No hay duda de que a medida que los trabajos de nuestros historiadores se aproximen a la vida, se estimulará el progreso de los conocimientos históricos en todo su conjunto. Recuérdese que Marx escribió sus trabajos históricos –con los que estudian generaciones enteras de historiadores marxistas– siguiendo las huellas recientes de los acontecimientos, sin esperar a que el polvo de los archivos cubriera las fuentes históricas. Es de gran trascendencia para toda la ciencia histórica la formación de la historia científica de la sociedad soviética, de la clase obrera y del campesinado, de la creación de la cultura soviética, del desarrollo de nuestra democracia, así como la investigación de otros problemas que atañen al desenvolvimiento de la formación social socialista.

A menudo nosotros mismos subestimamos aún la trascendencia ideológica de todas estas cuestiones. Y en realidad es imposible no darse cuenta de la importancia que tiene el estudio de cuestiones como el lugar de la historia de la U.R.S.S. en la historia universal y la influencia que la Gran Revolución Socialista de Octubre y la historia de la sociedad soviética ejercen sobre toda la historia mundial, sobre los destinos de la humanidad.

Los historiadores soviéticos todavía no generalizan suficientemente la experiencia de la lucha del Partido y del pueblo por la victoria del comunismo, investigan poco los capitales problemas teóricos del proceso histórico actual, numerosas cuestiones importantes de la historia del P.C.U.S. y del movimiento comunista internacional, del movimiento revolucionario, del movimiento obrero y del movimiento de liberación nacional.

Ante los historiadores soviéticos se plantea cada día de manera más perentoria el problema de analizar todo cuanto hace referencia a cómo, nuestro pueblo cumple el grandioso programa de la edificación del comunismo aprobado en el XXII Congreso del P.C.U.S. Estamos resolviendo tareas históricas surgidas del desarrollo secular de la humanidad, como son el liquidar las diferencias esenciales entre la ciudad y el campo, entre el trabajo físico y el intelectual, y el crear una abundancia de bienes materiales y espirituales que pertenezcan a todos los miembros de la sociedad. Los hilos más importantes del proceso histórico conducen hacia nuestras empresas y tareas de hoy en día.

Cuando Lenin caracterizaba la división del mundo en dos campos, contraponía la Rusia Soviética y "el mundo extranjero capitalista". Los historiadores burgueses no tomaban en consideración semejante distribución de fuerzas en el área mundial. Cuando se produjo la Gran Revolución Socialista de Octubre, muchos de ellos se inclinaron a considerarla como un "episodio" casual. Ahora el régimen socialista existe en varios países, no ya en uno, y ha surgido el sistema socialista mundial. Sin tener en cuenta [470] este hecho, es imposible comprender el proceso histórico contemporáneo a lo largo de medio siglo. En eso consiste la falla radical e insuperable de la concepción burguesa del mundo. Muchos teóricos burgueses declaran que el mundo contemporáneo pasa por un período de "transformaciones", que los comunistas quieren llevar "ilegalmente" a la humanidad por un nuevo camino, mientras que el camino legal, a su juicio, sigue siendo el capitalismo, si bien un poco maquillado y renovado. Semejante punto de vista mantienen algunos profesores y sociólogos consejeros del presidente de los Estados Unidos. Pero ninguno de los enemigos del marxismo-leninismo puede negar que actualmente ése es el problema central de toda concepción histórica. Hoy es el problema más importante de la metodología de la historia, de toda la interpretación científica del mundo.

Al alzarse en su lucha de liberación, los pueblos quebrantaron y hundieron el sistema colonial que se había formado durante siglos, y al mismo tiempo derrocaron las viejas concepciones históricas burguesas. La vida exige de los historiadores que comprendan y aclaren esos procesos. Mas los historiadores burgueses siguen estimando la historia de los pueblos y de los estados según la vieja concepción, y siguen viendo a los pueblos y estados liberados como apéndices de las potencias coloniales; consideran la historia de los nuevos países, naciones y estados tan sólo como un "complemento" original de la historia de la vieja Europa capitalista y de América. En ello también se revela la profunda crisis de la ciencia histórica burguesa.

En la interpretación de la historia de los países coloniales, dependientes y liberados, se ha iniciado ahora un nuevo período, que se caracteriza por una extraordinaria agudización de la lucha ideológica. En estos países ya se ha empezado a estudiar y a escribir la propia historia. Pero en la elaboración de los problemas históricos, a veces se deja sentir el peso de los prejuicios nacionalistas. En las investigaciones históricas todavía vemos frecuentemente que un científico se presenta bajo la bandera, digamos, del nacionalismo árabe, o de las diversas corrientes nacionalistas que existen en Asia, en África y en América Latina. No es raro que las tendencias nacionalistas se conjuguen con el anticomunismo. Por otra parte cada vez se muestran más activas diversas manifestaciones de nacional-comunismo. Se observan tentativas de "reescribir" la historia universal de suerte que en el centro de la misma figure el "propio" país.

Los historiadores marxistas han de mostrar, desde justas posiciones metodológicas, lo que sucedió en los países liberados a raíz del hundimiento del sistema de esclavitud colonial, cómo se desarrolló y se desarrolla la historia de dichos pueblos, qué fuerzas motrices y qué leyes determinaron, y determinan actualmente, su evolución histórica.

También están llamados a contribuir seriamente al estudio [471] de los problemas metodológicos, los historiadores del P.C.U.S. El análisis de la estrategia y de la táctica de nuestro Partido en los más importantes cambios de rumbo de la historia mundial muestra cómo el Partido descubre las leyes del desarrollo de la sociedad, cómo las utiliza en la lucha por la causa de la clase obrera y de todos los trabajadores de la humanidad. En algunas obras consagradas a la historia del P.C.U.S., los investigadores examinan la actividad del Partido sobre el fondo histórico, pero aún lo destacan poco como fuerza propulsora fundamental del proceso histórico, fuerza que orienta la energía revolucionaria de las masas con el fin de que se realicen todas las posibilidades que la situación histórica ofrece a la actividad del hombre, forjador de la historia. Los historiadores del Partido pueden mostrar de manera clara y convincente de qué modo se eleva el papel de las masas, la importancia de la organización y la conciencia de estas últimas para resolver las tareas históricas.

Los trabajos consagrados a la historia de nuestro tiempo han de ser forzosamente investigaciones dedicadas a algún problema. La simple descripción concienzuda de los acontecimientos en su sucesión, y por añadidura, fundada en datos relativamente limitados en el tiempo y en el espacio, puede ser una crónica, puede constituir las memorias de un participante en los acontecimientos, pero esto no es, todavía, investigación histórica. De este defecto adolecen, por ejemplo, –entre otros trabajos– numerosas tesis de postgraduados dedicadas a la descripción de la labor de algunas organizaciones del Komsomol o de algunas destacamentos de guerrilleros en los años de la Gran Guerra Patria. Es evidente que la actividad de organizaciones, destacamentos, empresas y koljoses constituye un material lleno de vida para el historiador. Pero este material no tiene valor por sí mismo, sino para resolver los problemas de la ciencia. Si no hay problema, no hay investigación, y por muy escrupuloso que sea el autor para reunir y describir el material, un trabajo de esa naturaleza no tendrá gran alcance.

Otras veces, en calidad de motivación para plantear tal o cual tema histórico, se aducen argumentos como el siguiente: en varias regiones de la Unión Soviética el proceso de la colectivización ya se ha estudiado, mas sobre tal región aún no se ha escrito ningún trabajo, y he decidido escribirlo yo. Tal razonamiento no es convincente. Al historiador no se le pide, ni mucho menos, que confirme estadísticamente unas leyes, siempre las mismas. Los nuevos datos que el investigador introduce en la historia tienen que presentar nuevos aspectos de la evolución histórica, han de dar pie a nuevas conclusiones, han de poner al descubierto nuevas leyes. Únicamente las investigaciones de este tipo pueden llevarnos a un conocimiento más profundo de los fenómenos históricos. La simple repetición mecánica del trabajo de investigación a base de datos de un mismo tipo no enriquece [472] la ciencia histórica, pues en tales casos hasta los hechos y los documentos suelen elegirse según un patrón determinado y pueden quedar olvidados importantes fenómenos que no encajan en el surco ya trazado. La tarea de la investigación histórica no estriba sólo en reunir material y describirlo, sino, en enriquecer nuestro conocimiento de la experiencia histórica en esforzarnos por plantear y resolver problemas que ensanchen nuestro horizonte. Por consiguiente, no es posible prescindir, en este terreno, del planteamiento de cuestiones teóricas y metodológicas.

Al elaborar la metodología de las investigaciones históricas dedicadas a nuestra época, sería singularmente nocivo contraponer historia y sociología. Los historiadores de la sociedad soviética no sólo utilizan los documentos históricos, sino, además, el método de las investigaciones sociales o, como se dice a veces, sociológicas. Cabe objetar que, aplicando tales métodos, desaparece el carácter específico precisamente de las investigaciones históricas. Porque ese mismo método lo utilizan los especialistas en economía política y en filosofía al estudiar los procesos que se dan en la economía, en las relaciones sociales y en la ideología de la sociedad soviética. La diferencia estriba en que los historiadores aplican el método de las investigaciones concretas combinándolo obligatoriamente con el método histórico, con el detenido estudio de la historia de tal o cual proceso o fenómeno de nuestra vida social, con el examen de su pasado según documentos y otros materiales históricos. En los trabajos de los historiadores, el examen de los fenómenos y procesos de la vida social se presenta en su evolución histórica, sobre un amplio fondo histórico. Y esto es lo que constituye el contenido fundamental de ese tipo de investigaciones. Por lo que respecta a la aproximación de los trabajos de los historiadores a los que realizan los sociólogos de otras especialidades, la consideramos perfectamente lógica para el progreso de la ciencia social de nuestro tiempo. Las múltiples facetas que poseen hoy los fenómenos de la vida social exigen que no se separen los esfuerzos de los sociólogos, sino que se unan para el análisis científico, profundo y multilateral de los fenómenos y procesos en cuestión.

Una exigencia indispensable se impone a nuestras investigaciones históricas dedicadas a la época contemporánea: que el análisis teórico sea profundo, que los problemas planteados sean importantes, que se estudien aspectos y procesos auténticamente significativos en nuestra vida. Deslizarse por la superficie de los fenómenos, describir hechos disponiendo ya de conclusiones conocidas y preparadas de antemano, nada puede aportar ni a la ciencia ni a la práctica.

Si se concentra la atención en investigaciones dedicadas a los procesos y fenómenos que se dan en los koljoses, sovjoses, en las empresas industriales, en los organismos administrativos y en las organizaciones del Partido, los historiadores se acostumbran a generalizar [473] y analizar datos tomados de la práctica precisamente en una amplia perspectiva histórica, a descubrir deficiencias, a ver y plantear los nuevos problemas que dicta la propia vida. Los trabajos de esa índole plantean cuestiones teóricas y constituyen una ayuda práctica para dar cumplimiento a las medidas señaladas por el Partido, para mejorar su trabaja de organización e ideológico entre los trabajadores.

En relación con todo ello hemos de preguntarnos cómo se ha de preparar al futuro investigador en historia para que pueda estudiar con éxito los procesos y fenómenos de la vida actual de la sociedad soviética.

Inferir conclusiones prácticas acertadas exige hallarse profundamente ligado a la vida misma. Al estudio de los problemas relativos a la historia de la sociedad soviética se han de incorporar ampliamente los funcionarios del Partido, jóvenes con experiencia de trabajo práctico a los que es necesario ayudar para que aprendan a dar mayor profundidad a la generalización teórica de los hechos reales y adquieran hábitos de investigación histórica sobre los temas que hayan elegido. Nuestras instituciones de investigación científica pueden estudiar la actividad de la clase obrera y de los koljoses con gran profundidad y amplitud si logran que numerosos trabajadores ligados al quehacer práctico, interesados también por los problemas teóricos e históricos, les ayuden a recoger datos y a generalizarlos.

Dicho con pocas palabras: la cuestión está en sacar a la luz la problemática más importante de las investigaciones históricas, en hacer más profunda y eficiente la elaboración de los problemas de la ciencia histórica. Todavía hoy nuestro flagelo es la nimiedad temática. Hemos de liberarnos lo más rápidamente posible de este gravísimo defecto.

En él radica una de las causas de que la ciencia histórica no haya conquistada aún el elevado prestigio de que ha de gozar en la sociedad soviética, y de que la masa de lectores todavía no se interese bastante por nuestras publicaciones literarias, por los trabajos de nuestros historiadores.

El lector exige de los libros de historia un gran tema y una gran idea. Los libros de esa índole nunca permanecen largo tiempo en los anaqueles de las librerías, enriquecen nuestra cultura e influyen en la formación espiritual del hombre soviético.

A veces se oye decir que sólo pueden alcanzar gran difusión los trabajos de historia escritos para el gran público, y que las investigaciones interesan únicamente a un grupo reducido de lectores. Esta afirmación, sin embargo, exige rectificaciones muy esenciales. Dudoso es que pueda considerarse acertado separar con un alto muro la labor de investigación histórica y las publicaciones históricas de divulgación científica. Los historiadores han levantado semejante muro tan sólo en el ocaso del historicismo burgués. Por supuesto, el resultado de las investigaciones, digamos, [474] de los problemas de la física se expone mediante un lenguaje de fórmulas accesibles únicamente a quienes conocen matemáticas superiores. Pero, ¿qué nos obliga a exponer los problemas de historia valiéndonos de un lenguaje convencional inteligible sólo al especialista? Entre las personas soviéticas de diversas especialidades no se cuentan en escaso número las aficionadas al buen libro de historia. Tal lector, de buena gana tomará en sus manos un libro de investigación si está escrito de manera comprensible, si está dedicado a problemas importantes susceptibles de interesar al lector soviético, un lector sensible a la búsqueda audaz y a la palabra científica.

Entre nosotros existen no ya libros, sino incluso revistas históricas que podríamos denominar "de cámara". Este rasgo despierta legítimos recelos. Se subestima, evidentemente, las grandes posibilidades de las revistas y libros de historia para influir en las masas, el papel de estas publicaciones en la educación comunista. Ahora bien, todas ellas han de apreciarse no sólo desde el punto de vista de sus autores, sino, además, desde el punto de vista de los lectores.

¿Qué es lo que, en última instancia, determina que aumente la calidad de las investigaciones históricas, que mejore la preparación de los especialistas y que se eleve el valor educativa de la ciencia histórica?

Sin duda alguna, el que los historiadores estudien con espíritu creador los problemas más actuales y presten atención a las cuestiones metodológicas de la historia. Y en eso estriba la clave del desenvolvimiento de la historia como ciencia.

También son indispensables medidas de organización para consolidar la comunidad de trabajo de historiadores y filósofos. Últimamente no es poco lo que se ha hecho para vigorizar la labor conjunta de los filósofos y los especialistas en ciencias de la naturaleza. Pero aún sigue siendo muy débil la colaboración de los primeros con los historiadores. Ello repercute negativamente en el trabajo de unos y otros. Los llamados seminarios metodológicos se han convertido en una forma importante de colaboración entre filósofos y científicos. En tales seminarios se discuten las cuestiones teóricas más candentes relacionadas con la visión del mundo. En las ciencias sociales, esa forma de trabajo aún no se ha difundido, cosa que, por lo visto, es una falla. Formas semejantes de colaboración entre filósofos e historiadores pueden resultar muy provechosas.

Es indispensable, asimismo, coordinar más estrechamente la actividad de los representantes de todas las ciencias sociales. Puede afirmarse que los filósofos, los historiadores, los economistas, los lingüistas y los filólogos trabajan aún cada uno por su lado. Es evidente que se ha de tener en cuenta lo específico de cada ciencia, pero la diferenciación ha de completarse con la integración, y se han de tomar medidas para asociar las ciencias humanistas [475] a la investigación de los problemas científicos más importantes. El trabajo no sólo se ha de coordinar en un sentido vertical, dentro de los límites de las disciplinas científicas tomadas por separado, sino, además, en sentido horizontal, entre las diferentes ciencias sociales.

Marx y Engels escribieron en “La ideología alemana”: “No conocemos más que una sola ciencia, la ciencia de la historia. Se puede enfocar la historia desde dos puntos de vista, se la puede dividir en historia de la naturaleza e historia del hombre. Sin embargo, esos dos aspectos se hallan indisolublemente enlazados entre sí; mientras exista el hombre, la historia de la naturaleza y la historia de los seres humanos se condicionarán recíprocamente”{17}.

No se trata –huelga decirlo– de que la historia “absorba” de algún modo a todas las demás ciencias. En esas tesis, los fundadores del marxismo expusieron la idea del historicismo como exigencia metodológica fundamental y como principio general de todas las ciencias. Esto significa que hemos de examinar históricamente, en su desarrollo, en su movimiento, en su interacción, la sociedad humana y la naturaleza, con sus aspectos físico, químico y biológico. Por esto se habla de estrecha colaboración entre historiadores, filósofos y economistas, la cual, en nombre de dicha “gran historia”, ha de ser amplia y fecunda. Únicamente los esfuerzos conjuntos ayudarán a resolver los enormes problemas que nuestra época, la época de la edificación del comunismo, plantea a los sociólogos.

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{17} C. Marx y F. Engels, "Obras", t. III, p. 16, nota.