Filosofía en español 
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Pedro Fedoséiev · Dialéctica de la época contemporánea · traducción de Augusto Vidal Roget

Parte tercera. Problemas filosóficos del conocimiento científico

La lingüística soviética: algunos problemas de su desarrollo


La lingüística soviética: algunos problemas de su desarrollo

Sin exageración alguna puede afirmarse que los problemas concernientes a la teoría y a la práctica de la labor lingüística poseen hoy no sólo un valor científico, sino, además, una gran significación social, que trasciende a todo el pueblo.

En la actual etapa de la edificación comunista, estudian, en nuestro país, decenas de millones de personas, niños y adultos, y el estudio de la lengua constituye uno de los elementos capitales de la formación y de la cultura generales, en constante crecimiento, de los trabajadores. Los escolares y las personas mayores de las múltiples nacionalidades y etnias de nuestro país estudian su lengua materna y, a la vez, otros idiomas. Los soviéticos de las diversas nacionalidades manifiestan singular interés por el ruso, convertido para nosotros en el idioma para la comunicación entre aquéllas y para la colaboración entre los pueblos. En la escuela media y en la superior, cada día se presta más atención al estudio de lenguas extranjeras. También fuera de nuestro país, gracias al papel, de día en día mayor, de la Unión Soviética en el campo internacional, ha aumentado en extraordinaria proporción el interés por aprender la lengua rusa y otras lenguas de los pueblos soviéticos.

Todo ello exige de nuestros lingüistas un trabajo amplio y profundo. Los científicos soviéticos han de prestar ayuda a decenas de millones de personas en el estudio de sus idiomas vernáculos, del ruso y de lenguas extranjeras; y a los extranjeros, han de ayudarles a estudiar la lengua rusa y otras lenguas de los pueblos de la U.R.S.S. Por consiguiente, a los lingüistas soviéticos les presentan sus justas exigencias tanto maestros como alumnos. Nuestros lingüistas han de satisfacer, en particular, la necesidad de gramáticas, manuales y otro material docente de la lengua rusa, de las lenguas que hablan los pueblos no rusos de la Unión Soviética y de lenguas extranjeras. Los textos han de estar escritos a un alto nivel científico, y se han de tener en cuenta todos los avances modernos que ha realizado la metodología de la enseñanza y del estudio de idiomas. Ahora cada vez resulta más evidente que el perfeccionamiento de los métodos para el estudio del lenguaje se apoya en la elaboración de los problemas teóricos de la lingüística.

Dichos problemas se hallan indisolublemente vinculados al hecho de que, en nuestro tiempo, el lenguaje adquiere una significación cada día mayor para el avance de la cultura, de la ciencia y de la vida toda de la sociedad. Elevar la cultura del lenguaje constituye un problema de suma importancia, y no se [477] puede resolver sin organizar en gran escala las investigaciones lingüísticas.

Los lingüistas soviéticos, en estrecho contacto con especialistas de las otras ciencias sociales, están llamados a ayudar al Partido y al pueblo en la resolución de las grandes cuestiones que nuestro tiempo nos plantea relacionadas con el progreso de la cultura, de la literatura y del arte, y, sobre todo, con la producción y las relaciones sociales.

Actualmente, cada vez tiene más trascendencia el análisis de las leyes del desarrollo y de la interacción de las lenguas que hablan los pueblos soviéticos en la época de la amplia edificación de la sociedad comunista en nuestro país. El Programa del P.C.U.S. señala el carácter dialéctico del desarrollo de las naciones y de las culturas nacionales en el período del movimiento progresivo de la sociedad soviética hacia el comunismo, descubre la perspectiva del florecimiento y de la creciente aproximación –y, en última instancia, fusión– de las culturas nacionales y de las naciones socialistas. Es evidente que no pueden admitirse, en esta cuestión, precipitación alguna ni excesos de entusiasmo, mas, por otra parte, tampoco hay que hacer concesiones a los prejuicios nacionalistas,

La aproximación entre las naciones, las nacionalidades y los grupos étnicos socialistas y sus culturas, va acompañada de intensos procesos de interacción y enriquecimiento recíproco entre los numerosos idiomas de la Unión Soviética, hace sentir la necesidad de una lengua de comunicación entre aquéllas, y para desempeñar esta misión se promueve a la lengua rusa, con lo que se producen cambios esenciales en el papel funcional del ruso y de los idiomas nacionales. De todo ello se desprende que el estudio de los procesos indicados no sólo ofrece un indudable interés teórico, sino que, además, responde a las necesidades prácticas de la edificación comunista en nuestro país.

La simple enumeración de esos nuevos factores de la vida de la sociedad socialista muestra hasta qué punto se ha elevado ahora la importancia de la lingüística teórica y cuán esenciales resultan, para nuestra sociedad, las cuestiones que se han convertido en objeto de amplia y viva discusión en la lingüística soviética.

A los científicos soviéticos les sobraban motivos para plantear el problema de la superación de las secuelas del culto a la personalidad en la lingüística con el fin de eliminar los serios obstáculos que, durante los últimos años, habían surgido en esta disciplina a raíz de haber aceptado sin espíritu crítico varias tesis erróneas de Stalin sobre lingüística, tesis que Stalin había formulado junto con otras tesis marxistas, de todos conocidas, y totalmente justas, en el folleto “El marxismo y los problemas de la lingüística”. Entre esas tesis erróneas, que no se ajustan a los [478] hechos, figuran: la definición unilateral de lengua, la interpretación extrahistórica del concepto de lengua como fenómeno de todo el pueblo, la elucidación equivocada del problema de la relación entre el lenguaje y el pensamiento, la concepción simplista del objeto de la lingüística, &c.

Nuestra tarea no consiste, claro está, en confrontar una cita con otra y calificar a una de acertada y a la otra de errónea. Es necesario examinar con espíritu crítico las tesis aceptadas desde hace cierto tiempo, ver con claridad las fallas habidas y dejar el camino expedito para la elaboración verdaderamente científica de las cuestiones de la doctrina marxista acerca del lenguaje.

En las discusiones celebradas, se sometieron a un profundo análisis crítico las tesis equivocadas y se examinaron, también, los problemas teóricos actuales de la lingüística, lo cual fue de gran valor para trazar la dirección de las investigaciones futuras en el campo de la lingüística.

Se planteó y se discutió el problema de la correlación entre los factores extralingüísticos y los lingüísticos en el funcionamiento y desarrollo de la lengua, es decir, el problema de cuáles son los aspectos de la lengua que están sometidos –y en qué medida– a la influencia del pensamiento y de los fenómenos sociales, y cuál es el grado de independencia de esos aspectos de la lengua y de toda ella en su conjunto; se planteó y discutió el problema de las lenguas naturales como sistemas de signos, el problema de la tipología de las lenguas, problema cuya elaboración es de primerísima importancia para la teoría general del lenguaje y, en particular, para descubrir las leyes a que obedece la evolución del mismo; el problema de la correlación entre los métodos cualitativos y los cuantitativos en la investigación del lenguaje, problema que contribuyó a impulsar las investigaciones teóricas en lingüística. En particular, durante los últimos años, han visto la luz obras teóricas sobre lingüística general, como: “La estructura de la oración” (1963), “Gramática y lógica”(1963), “La estructura morfológica de las palabras en idiomas de diferentes tipos” (1963), “Fundamentos de la teoría de la gramática” (1964), “Direcciones fundamenta/es del estructuralismo” (1964), “Gramática comparativa de las lenguas románicas, parte primera” (1964), y otras.

Se ha de consignar, asimismo, que el Consejo Científico de Teoría Lingüística Soviética, el Instituto de Lingüística y el Instituto de los Pueblos de Asia organizó varias conferencias y discusiones sobre el problema de la tipología de las lenguas. Además, el Consejo Científico encargado de estudiar el complejo de problemas relativos a las "Leyes del progreso de las lenguas nacionales en función del desarrollo de las naciones socialistas", junto con el Instituto de Lingüística y el Instituto Kazajo de Lengua, Literatura e Historia, organizó una conferencia dedicada a [479] los problemas de la acción recíproca y del enriquecimiento mutuo de las lenguas de los pueblos de la U.R.S.S., &c.

Al enjuiciar ahora la discusión lingüística de 1950, ha de señalarse que la impugnación que se hizo de varias tesis de Marr convertidas ya en dogmas fue, indiscutiblemente, positiva. Se superaron varios defectos: la unilateral concepción de la lengua como fenómeno de superestructura, las equivocadas ideas acerca de las leyes del desarrollo de la lengua, la concepción, esquemáticamente simplificada, de la estructura de la lengua, la interpretación vulgar del problema del nexo entre el lenguaje y el pensamiento, la negación del crecimiento genético de las lenguas, &c. Después de la discusión, muchas corrientes lingüísticas consideradas poco menos que como prohibidas, volvieron a ocupar el lugar que por derecho les correspondía en la ciencia del lenguaje. Por otra parte, sin embargo, ahora se ve cada vez con mayor claridad que la ingerencia de Stalin en la discusión tuvo también sus aspectos negativos: introdujo en la lingüística soviética –por vía administrativa y sin apelación– no pocas tesis erróneas, con gran perjuicio para esta rama de la ciencia.

Los lingüistas, a la vez que rechazaban, con mucha razón, varias tesis del académico Marr, eludían el examen y estudio de muchas cuestiones importantes que, inevitablemente, habían surgido en el curso de la discusión. Se reconoció y se declaró que la lengua no es una categoría propia de la superestructura, que no es posible vincularla a una sola clase, y que no se puede dividir en tantos idiomas como clases sociales. Todo eso era justo. Pero hacía falta determinar qué lugar ocupa la lengua, como fenómeno social, en la vida de la sociedad. Los lingüistas evitaban responder a semejante pregunta, y sin tal respuesta es imposible resolver numerosas cuestiones teóricas, de principio, en la lingüística.

Quiero hacer la salvedad de, que al plantear el problema de la lengua como fenómeno social, me refiera, en este caso, a la lengua propiamente dicha, es decir como objeto de la lingüística, y al habla. Me figuro que cuando los clásicos del marxismo-leninismo hablaban del lenguaje como conciencia práctica, de existencia real, y como elemento fundamental en que se expresa la vida del pensamiento, concebían de ese modo el término "lengua", incluyendo también en él el concepto de "habla". Huelga decir que en un análisis concreto y profundo de los problemas lingüísticos, la diferencia entre los conceptos de "lengua" y "habla" es de suma importancia.

¿Qué representa, pues, la lengua si nos referimos al lugar que ocupa en el sistema de la vida social, de los fenómenos de la colectividad humana? La tesis básica del materialismo histórico nos dice que no es el aspecto espiritual, ideal, de la vida de la sociedad el determinante, sino el material. De ahí que si queremos analizar los fenómenos sociales desde el punto de vista gnoseológico, [480] debemos, ante todo, distinguir y confrontar las dos partes: la material y la espiritual. Ahora bien, lo que importa no es sólo comprender en qué consiste la esencia de este enfoque, sino, además, aplicarlo en las investigaciones lingüísticas concretas.

Según la doctrina del materialismo histórico no es, de ningún modo, obligado dividir todos los fenómenos sociales en las categorías de base y de superestructura, pues existen fenómenos sociales que no encajan en ninguna de las dos. Pero el materialismo histórico exige que al estudiar y apreciar cada uno de los fenómenos se responda con precisión a la pregunta de a qué parte de la vida de la sociedad –material o ideal (espiritual)– el fenómeno pertenece. Y en particular exige que aclaremos si la lengua forma parte de los fenómenos de la cultura espiritual o es, en su esencia, un fenómeno de la cultura material. El planteamiento de este problema es legítimo y hasta indispensable. Más aún: de que se adopte o no una posición acertada al resolverlo dependen en gran medida la comprensión de la naturaleza misma de la lengua y la elaboración de los problemas teóricos principales de la lingüística.

La cuestión planteada parece muy sencilla a primera vista, pero no es así. En realidad, la lengua no sólo condiciona la esfera de la cultura espiritual, sino que, además, se halla directamente ligada a la producción, está al servicio de los procesos del trabajo, de la actividad productiva del hombre. Asimismo está directamente ligada a las relaciones sociales, a las que sirve; es un instrumento de comunicación, un instrumento de lucha y, por consiguiente, aparece como elemento componente de la esfera social. A ello se añade que en la lengua existe una parte ideal y una parte material.

A pesar de todo, hemos de reconocer que la lengua, en su esencia, es un fenómeno de la cultura espiritual. "La nominación verbal –escribió Marx– no hace más que expresar, en forma de representación, lo que la actividad reiterada ha convertido en experiencia, o sea, que determinados objetos exteriores sirven para satisfacer las necesidades de personas que viven ya en una determinada relación social (suposición que se deriva con carácter necesario de la existencia de la lengua)"{1}.

Por consiguiente, siendo ello así, en la lengua, como en todo fenómeno de la cultura espiritual, encuentra su reflejo la vida material, lo cual significa que, en determinada forma, encuentran su reflejo las relaciones sociales, entre ellas las relaciones de clase.

Es indudable que el problema concerniente al carácter de clase de la lengua no puede resolverse de manera simplista, desdeñando todo influjo de las relaciones de clase sobre el desarrollo [481] de la lengua. Mas, por otra parte, también es errónea la tesis de Marr según la cual la lengua es un fenómeno de clase y existen lenguas de clases sociales.

Por lo visto, la verdad consiste en que los procesos de la producción, las relaciones sociales –incluidas las de clase– tienen un reflejo especial en la lengua. Esta tesis no equivale, desde luego, a la afirmación de que, en la sociedad clasista, la lengua se divide en dos, en consonancia con la división de la sociedad en dos grandes clases. En este sentido, el planteamiento del problema acerca de la diferenciación social de la lengua en correspondencia con la división social de la sociedad, acerca del reflejo de las relaciones sociales en la lengua, no sólo no puede considerarse como una vulgarización, sino que está plenamente justificado, y es necesario. Dicho problema, planteado a los lingüistas, así como también a historiadores y filósofos, es de extraordinaria importancia y exige su resolución.

Con este motivo, estimamos necesario decir unas palabras acerca de nuestro criterio respecto a la obra de Marr.

En el transcurso de la discusión que se celebró en 1950 y en los trabajos que luego publicaron los lingüistas soviéticos, se sometió a justa crítica las tesis erróneas de Marr, que había tratado con simplismo y superficialidad muchos problemas de la lingüística. Sin hablar ya de la "teoría" acerca de los famosos "cuatro elementos" (XIV), sus trabajos dedicados a los problemas sociológicos y filosóficos del lenguaje y, en general, a los problemas teóricos de la lingüística, proponen en muchos casos soluciones equivocadas. Ahora bien, pese a todos sus errores, Marr planteó acertadamente un buen número de cuestiones importantes. Y formuló bien algunas tesis, aunque en un sentida general, basándose en las ideas de los clásicos del marxismo-leninismo y en los trabajos de los lingüistas soviéticos. No hemos de desechar esas tesis y esos pensamientos justos de Marr, no hay por qué hacer tabla rasa de lo que había de valioso y bueno en su planteamiento de los problemas. Esto concierne, por ejemplo, al tema de la diferenciación social de la lengua, al de las leyes generales de la evolución de las lenguas y a otras varias cuestiones metodológicas de la lingüística marxista. Temas coma "lenguaje y sociedad", "lenguaje y pensamiento", &c., dejaron de ser objeto de estudio de los lingüistas, error que causó grave daño a la ciencia y a la práctica.

No se trata ahora de volver a la doctrina de Marr; esto arrastraría hacia atrás a nuestra ciencia. Más aun: hoy no deben resolverse los problemas de la lingüística desde las posiciones en que se encontraba Marr. Carece de sentido reanudar ahora la discusión, verbigracia, acerca del carácter de clase de la lengua, acerca de la lengua como superestructura, &c. Hemos ido más lejos, y la discusión ha de partir de las nuevas posiciones de la lingüística actual. Ello no es óbice para que se examine con espíritu [482] crítico la herencia de Marr, examen que ha de llevarse a cabo con una perspectiva histórica. No debe olvidarse que, en la ciencia, hasta los errores y su crítica son instructivos. Tanto más, cuando se trata de errores de un científico de tanta altura como Marr.

No se trata, por consiguiente, de "rehabilitar" a Marr ni de volver a Marr. Y vanos son los temores de algunos científicos recelosos de que ahora los dogmas de Marr puedan volver de nuevo por sus fueros y, como si dijéramos, "tomen su desquite".

El cometido de la lingüística soviética estriba, precisamente, en superar por completo todo dogmatismo para elaborar, con espíritu creador, la teoría lingüística partiendo de los principios del marxismo-leninismo, teniendo en cuenta los resultados de la lingüística en todo el mundo, y en contacto con otras disciplinas científicas.

Ello nos obliga a dedicar unas palabras a una cuestión que sigue preocupando a nuestros lingüistas: la correlación entre las denominadas lingüística tradicional y nueva lingüística.

Ante todo hay que impugnar la división misma de la lingüística en "tradicional" y "nueva". Semejante división y esta terminología en cierto modo empequeñecen los resultados que la lingüística ya ha obtenido. No se han de empequeñecer, lo que ha de hacerse es aumentarlos. Todo nihilismo, en este sentido, es repudiable. Hay principios científicos que se han formado a lo largo de decenios e incluso de siglos, y no es posible prescindir de ellos. Cultivar la ciencia partiendo de los resultados ya obtenidos significa, precisamente, apoyar lo que hay de nuevo en ella. Semejante planteamiento del problema no excluye en absoluto, antes al contrario, presupone el empleo de los nuevos métodos de investigación del lenguaje propuestos por la lingüística estructural, la aplicación de los métodos cibernéticos en lingüística. Tales métodos cuentan con una perspectiva, tienen futuro. Se dan en ellos muchos elementos importantes, valiosos, tanto en el aspecto práctico como en el teórico. Es preciso combinar razonablemente la denominada lingüística tradicional y las "nuevas" corrientes, trabajar para llegar a la síntesis de los métodos del análisis cuantitativo y del análisis cualitativo del lenguaje, después de determinar las esferas de su mejor aplicación; al estudiar el lenguaje hay que utilizar, en todo lo posible, los resultados obtenidos en todas las demás ramas del saber: la matemática, la cibernética, así como la historia, la filosofía, la lógica, la psicología, &c., para hacer más rica nuestra lingüística. Al mismo tiempo, es necesario criticar las concepciones erróneas que propagan algunos representantes del estructuralismo soviético en varios problemas teóricos fundamentales de la lingüística.

Los lingüistas, que investigan diversas facetas del lenguaje, han de conjugar sus esfuerzos para alcanzar nuevos éxitos en la elaboración de la línea general de la lingüística soviética, que ha [483] de tener en cuenta el carácter específico de los objetivos y de los métodos propios a cada aspecto de la investigación. No ha de impedirlo en absoluto la diferencia de criterios y de concepciones científicas en el marco de la línea general dada. La discusión creadora es condición ineludible para resolver con éxito las grandes tareas que ante sí tiene la lingüística soviética, al igual que todas las demás ramas de las ciencias sociales.

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{1} C. Marx y F. Engels, “Obras”, t. XIX, p. 337.