φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

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§ 21. Boecio

Cuando Claudiano descendió al sepulcro, contaba ya siete años de edad Boecio (Anitius Manlius Severinus Boethius), patricio romano, el cual, después de frecuentar las escuelas de Atenas, en donde recibió también las lecciones de algunos neoplatónicos, regresó a Roma. Su saber, sus dotes de gobierno y su fama merecida, le elevaron a los primeros puestos, habiendo sido varias veces cónsul y ministro de Teodorico, rey de los ostrogodos, cuya confianza mereció por espacio de muchos años. Acusado después y calumniado por sus enemigos de que conspiraba para entregar a Roma al emperador de Oriente o para restablecer la república romana, fue encerrado en una prisión en Pavía, y decapitado finalmente por mandado de su antiguo protector. Algunos le consideraron y veneraron como mártir; lo cierto es que su memoria y su sepulcro fueron objeto de respetos y homenajes{1} por parte de sus contemporáneos y sucesores.[96]

En medio de sus atenciones de gobierno, de sus preocupaciones políticas, y hasta en medio de los trabajos y oscuridad de la cárcel, supo encontrar tiempo y fuerzas para escribir varias obras filosóficas, entre las cuales merecen especial mención sus Comentarios in praedicamenta Aristotelis; sus Commentaria minora et majora in librum de Interpretatione, o sea sobre las Categorías de Aristóteles; su exposición Analyticorum priorum et posteriorum y también de los lugares tópicos del mismo filósofo, su tratado De Unitate et Uno, y, finalmente, su libro De Consolatione Philosophiae, escrito en la cárcel, y que puede considerarse como la expresión más genuina y concreta de su pensamiento filosófico.

Si se tiene en cuenta que Boecio tradujo también del griego al latín y comentó el tratado de Porfirio sobre los universales, y que escribió tratados especiales sobre el silogismo, sobre la definición y la división, será preciso reconocer que la influencia preponderante del elemento aristotélico, bien así como el carácter dialéctico que, andando el tiempo, aparecen en la Filosofía escolástica, deben su origen en gran parte a los trabajos de Boecio, uno de los autores favoritos y más conocidos de la escolástica en sus primeros pasos. Una cosa análoga puede decirse en orden al elemento neoplatónico que reaparece con el tiempo en algunos representantes de la Filosofía escolástica, comenzando por el mismo Escoto Erigena. Porque ello es cierto que en los escritos del filósofo italiano, y especialmente en los tratados De Consolatione Philosophiae y De Unitate et Uno, resalta el elemento neoplatónico al lado del elemento aristotélico; y éste es sin duda el origen y la [97] causa de ciertos errores en que incurre, entre los cuales sólo citaremos su opinión acerca de la duración indefinida, o sea de la perpetuidad del mundo y de la infinidad del tiempo y del movimiento: Hunc enim vitae immobilis praesentarium statum, infinitus illi temporalium rerum motus imitatur... Itaque si digna rebus nomina velimus imponere, Platonem sequentes, Deum quidem aeternum, mundum vero dicamus esse perpetuum.

Prescindiendo de esta y de algunas otras opiniones análogas, debidas a sus aficiones neoplatónicas, el pensamiento filosófico de Boecio coincide generalmente con el pensamiento de Aristóteles, modificado y perfeccionado por las ideas cristianas, según se echa de ver, no sólo en todo lo que dice relación a la lógica y la dialéctica, sino también en sus teorías relativas a la causalidad, a la existencia y atributos de Dios, al destino final del hombre y su felicidad suprema, a la distinción entre las facultades del orden sensible y las del orden intelectual, a la existencia y condiciones de la libertad humana, con algunas otras cuestiones que resuelve en sentido aristotélico.

No es difícil observar esto mismo en sus dos pequeños tratados o libros titulados el uno De Hebdomadibus,{2} y el otro De Trinitate. Es objeto propio del [98] primer tratado discutir y resolver si los bienes finitos, si las cosas buenas creadas son buenas por participación o por su misma substancia (quemadmodum bona sint, inquirendum est, utrumve participatione, an substantia) y esencia; o, como dice Santo Tomás, si los entes son buenos por esencia o por participación: Est ergo quaestio utrum entia sunt bona per essentiam, vel per participationem.

En el tratado De Trinitate, Boecio expone el dogma católico acerca de la Trinidad, y con este motivo habla de la cognoscibilidad de la esencia divina por las fuerzas de la razón humana, y también de las relaciones entre la ciencia y la religión, entre la Filosofía y la teología, pero en estilo demasiado conciso y con frecuencia oscuro, hasta el punto de que sería difícil penetrar su pensamiento, si este no recibiera vivísima luz de los comentarios o exposición del Doctor Angélico. Los amantes y admiradores de la doctrina de Santo Tomás, los que deseen conocer a fondo su pensamiento acerca de los principales problemas de la ontología y la teodicea, deben leer sus comentarios o exposición de los dos citados libros de Boecio.

Boecio poseía un golpe de vista muy seguro y muy profundo para definir los conceptos más abstractos con claridad y precisión. Así es que algunas de sus [99] definiciones, como la de la bienaventuranza, status omnium bonorum aggregatione perfectus, y la de la eternidad, interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio, han pasado a la posteridad como revestidas de cierto carácter axiomático.

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{1}He aquí uno de los epitafios puestos sobre su sepulcro:

Ecce Boethus adest in coelo magnus, et homo

Perspectus mundo, mirus habendus omni

Qui Theodorico regi delatus iniquo

Ticini senium duxit in exilio

In qua se maestum solans dedit urbe libellum,

Post ictus gladio, exiit e medio.

{2}El diligente critico dominicano Bernardo de Rubeis o Rossi, sospecha, con sobrado fundamento, que este epígrafe, algún tanto extraño, corresponde a una obra más lata, de la cual sólo es una pequeña parte la que hoy lleva este título entre las obras de Boecio. Es probable que, a ejemplo de Varrón, el ministro de Teodorico dio a su obra el título de Hebdomadas, o semanas, por contener o discutir en cada uno de sus libros tantas cuestiones como días tiene la semana: «Ita vero, escribe el citado P. Rossi, liber ille amplior videtur inscriptus, exemplo M. Tereutii Varronis qui libros compusuit de Hebdumadibus, alias de Imaginibus. Putat Joannes Albertus Fabricius, in singulis hujus operis libris, Varronem septem virorum illustrium imagines stylo suo delineasse, adeoque totum opus dictum De Hebdomadibus. Non aliter ergo Boetius in singulis Hebdomadarum suarum libris, forte septem selectas versarit posueritque difficiles quaestiones; quarum excerptum unum exhibeat opusculum de quo agimus.»