φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo segundo:4041424344454647484950Imprima esta página

§ 45. Escuela panteísta

Al lado y en pos de las diferentes escuelas y direcciones filosóficas que acabamos de historiar, apareció hacia mediados del siglo XII una escuela panteísta. Representa esta escuela la tradición iniciada en la escolástica por Erigena; reproduce las ideas o tendencias racionalistas y heterodoxas de Roscelin, Abelardo y Gilberto de la Porrée; pero sobre todo representa el influjo, la introducción en las escuelas de la Europa cristiana del principio panteísta contenido en algunos comentarios de los árabes sobre Aristóteles, en la resurrección y difusión de las tradiciones cabalísticas, y en los libros de Avicebrón, Maimónides y de otros autores judíos que florecieron en aquel siglo y en los dos anteriores.

Amaury de Chartres y David de Dinant son como la personificación de esas corrientes panteístas y racionalistas, que, penetrando a la callada en las universidades y escuelas, y apoderándose de algunas inteligencias, produjeron el primer choque, el principio de la batalla entre la Filosofía racionalista y la Filosofía escolástica, siendo necesario todo el prestigio de los grandes escritores del siglo XIII para decidir la victoria en favor de la última. [181]

A) Amaury (Almalaricus Carnotensis) de Chartres, apellidado también de Bène, por el lugar de su nacimiento, cuya época fija se ignora, lo mismo que la de su muerte, si bien ésta debió acaecer por los años 1206-1207 poco más o menos, fue el primer representante de esta escuela. Como sus obras, lo mismo que las de su discípulo David de Dinant, fueron condenadas al fuego en el concepto de heréticas, su doctrina sólo nos es conocida por noticias y afirmaciones tomadas de otros escritores. Sin embargo, con respecto a Amaury, poseemos el testimonio autorizado de Gerson, el cual nos dice terminantemente que aquél enseñaba.

a) Que el Creador y la criatura son una misma cosa (Creator et creatura idem); que Dios es todas las cosas, y que todas las cosas son Dios: omnia sunt Deus.

b) Que Dios se dice fin de todas las cosas, porque y en cuanto todas volverán a él, identificándose con su substancia y formando un solo y mismo individuo con él: in Deo... unum individuum atque incommutabile permanebunt.

c) Finalmente, que todas las cosas son una misma cosa (omnia esse unum), y que Dios es la esencia de todas las criaturas: Dixit enim Deum esse essentiam omnium creaturarum.

El panteísmo de Amaury puede considerarse como una consecuencia y aplicación del realismo exagerado que profesaba en la cuestión de los universales, puesto que enseñaba la unidad e identidad perfecta de esencia en los individuos: alterius naturae non est Abraham, alterius Isaac, sed unius atque ejusdem.

El historiador de la Universidad de París, Dubullay, [182] afirma que Amaury enseñaba además que las personas de la Trinidad no son coeternas, sino sucesivas, y que Jesucristo está en la Eucaristía del mismo modo que está en las demás cosas. Su teoría trinitaria, la cual, dado su panteísmo, equivale a decir que las personas divinas son manifestaciones o evoluciones diferentes y sucesivas de la substancia divina, le debía conducir y le condujo a considerar la historia como el reinado sucesivo de las tres personas divinas, en conformidad a lo cual decía que en su tiempo, terminados ya los reinados del Padre y del Hijo, comenzaba el reinado del Espíritu Santo, y con él la última época de la historia y del mundo: Filius usque nunc operatus est, sed Spiritus Sanctus ex hoc nunc usque ad mundi consummationem inchoat operari.

Staudenmayer, que parece haber tenido a la vista documentos especiales y poco conocidos acerca de nuestro Amaury, dice que éste enseñaba también que el Espíritu Santo es el alma o lo que hace veces de alma en cada hombre; resultando de aquí:

a) Que así como decimos que Cristo es Dios y hombre verdadero, lo mismo debemos decir de cualquiera persona humana, puesto que es una verdadera encarnación del Espíritu Santo, de quien recibe el ser, la vida y el alma.

b) Que en el hombre no existen ni pueden existir pecados, toda vez que sus actos proceden del Espíritu Santo, y Dios es incapaz de pecar. El homicidio, el adulterio, y generalmente los que se llaman pecados, dejan de serlo para quien está en posesión de la verdadera fe (protestantismo o luteranismo), única cosa necesaria para la salvación. [183]

Amaury negaba también la transubstanciación, y hablaba de este misterio como hablaron después ciertas ramas del protestantismo. Por esto, y por la afinidad o identidad de su doctrina con la luterana acerca de la fe y las buenas obras, merece de justicia el lugar que escritores protestantes como Flath, Vougtan, Hase y otros, le señalaron, colocándole entre los precursores de la mal llamada Reforma.

La concepción o doctrina de Amaury representa, además, la base y el espíritu de varias herejías que brotaron en los siglos XIII y XIV, y contienen la idea madre de ciertas teorías acerca de la Trinidad y de la Filosofía de la historia, que metieron mucho ruido en nuestra misma época, y cuya originalidad es muy inferior a lo que generalmente se piensa.

B) David de Dinant, contemporáneo y discípulo de Amaury, profesó, como su maestro, el panteísmo, y a juzgar por las noticias o indicaciones de Alberto Magno, de Santo Tomás y de otros escritores, su panteísmo fue un panteísmo materialista. «Algunos dijeron, escribe Santo Tomás, que Dios es el principio formal de todas las cosas, y ésta parece haber sido la opinión de los secuaces de Amaury. Pero el tercer error fue el de David de Dinant, el cual afirmó neciamente que Dios es la materia primera.»

Alberto Magno, casi contemporáneo de David de Dinant, y que tuvo frecuentes discusiones con sus discípulos,{1} nos dice que aquél enseñaba que Dios, la [184] mente y la materia prima son una misma cosa,{2} y en otra parte añade {3} que «David de Dinant decía que Dios y la materia prima se identifican, aduciendo al efecto el testimonio de Anaxímenes, el cual dijo que todas las cosas son un mismo ser, y que este ser es Dios, y David de Dinant interpreta que este ser uno es la materia, porque, según él, nada existe verdaderamente sino la materia, pues las demás naturalezas dice que no tienen existencia sino en cuanto a la apariencia sensible.»

Parece que este panteísta había escrito algunos [185] tratados teológicos en lengua vulgar, puesto que al condenar sus escritos, se habla de libros teológicos escritos in romano, y otras veces de libri gallici: libri magistri David de Dinant, et libri gallici de theologia perpetuo damnati sunt et exusti.

En un Concilio celebrado en París, después de fulminar varias penas contra Amaury y algunos de sus discípulos; después de mandar que sean quemados los cuadernos de David de Dinant, prohibiendo su conservación,{4} se añade que los libros teológicos del mismo, escritos en romance, sean entregados a los Obispos diocesanos: De libris theologicis scriptis in romano, praecipimus quod episcopis dioecesanis tradantur.

Alberto Magno y Santo Tomás mencionan y rebaten en varios lugares de sus obras el error de este panteísta, y el segundo indica que David de Dinant incurrió en dicho error, porque no acertaba a comprender o conciliar la simplicidad de la materia primera y de Dios, sino afirmando su identidad,{5} o negando toda diferencia entre los dos.

——

{1} He aquí en qué términos refiere una de estas discusiones: «un discípulo suyo llamado Balduino, disputando conmigo, adujo el siguiente despreciable raciocinio: Las cosas que existen y no se diferencian de ningún modo, se identifican: es así que Dios, la materia y la mente existen y no se diferencian de modo alguno; luego son una misma cosa... Que estas tres cosas no se diferencian en manera alguna, intentaba probarlo del modo siguiente: las cosas que carecen de toda diferencia, no se distinguen entre sí... así es que los primeros simples carecen de diferencia; porque si tuvieran alguna diferencia serian compuestos: es así que Dios, la materia prima y la mente son simples primarios; luego carecen de toda diferencia; luego de ningún modo se diferencian entre sí y son una misma cosa.»

Alberto Magno, después de refutar el panteísmo de David de Dinant, contesta directamente al argumento de su discípulo en los siguientes términos, que entrañan un profundo pensamiento metafísico: «Debe admitirse como verdadero que las cosas que de ningún modo se diferencian entre sí, se identifican; pero es falso que las primeras cosas simples, que por razón de su misma simplicidad no contienen en sí ninguna diferencia constitutiva como parte de las mismas, no se diferencian de ningún modo entre sí; antes al contrario, precisamente por esta razón se diferencian en sumo grado, pues se diferencian o distinguen por sí mismas. Así, por ejemplo, el hombre y el asno se distinguen entre sí por la racionalidad o irracionalidad; pero si se pregunta cómo se distinguen o se diferencian entre si la racionalidad y la irracionalidad, es preciso decir que por sí mismas, porque de lo contrario sería necesario proceder in infinitum en la designación de las diferencias, lo cual es imposible y absurdo.» Op. omn., tomo XIX, trat. 10, cuest. 4.ª

{2} Op. omn., tomo XIX, trat. 12, cuest. 72.

{3} Ibid., trat. 10, cuest.4.ª

{4} «Quaternuli magistri David de Dinant, infra Natale episcopo parisiensi afferantur, et comburentur... Apud quem invenientur quaternuli magistri David a Natali Domini in antea, pro haeretico habebitur.»

{5} «In hoc autem insania David de Dinando confunditur, qui ausus est dicere, Deum esse idem quod prima materia, ex hoc quod si non esset idem, oporteret differre ea aliquibus differentiis, et sic non essent simplicia.» Sum. cont. gent., lib. I, cap. XVII.